Pensamiento Crítico. Venezuela y el Tablero del Poder Soberanía, petróleo y disputa geopolítica

Por María Fernanda de la Quintana, Resumen Latinoamericano, 7 de enero de 2026.

Lo que ocurre hoy en Venezuela puede explicarse como un caso paradigmático de disputa geopolítica, donde confluyen soberanía nacional, control de recursos estratégicos y reconfiguración del poder regional y global.


El petróleo como eje estructural del conflicto

Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo. Este dato explica buena parte de las presiones externas que enfrenta el país. En un escenario global de competencia entre potencias y transición energética incompleta, el control de fuentes de hidrocarburos sigue siendo un objetivo estratégico central.

Desde esta perspectiva, la Faja Petrolífera del Orinoco no es solo un activo económico, sino un recurso geopolítico de primer orden. Las sanciones, el bloqueo financiero y el aislamiento internacional funcionan como mecanismos de presión destinados a debilitar al Estado venezolano, forzando un reordenamiento político que facilite la reapertura del sector energético al capital transnacional.


Guerra híbrida y erosión de la soberanía

El conflicto no adopta la forma de una guerra convencional. Venezuela es objeto de una guerra híbrida, una estrategia que combina distintos niveles de intervención sin necesidad de una ocupación militar directa.

Asfixia económica, mediante sanciones que afectan ingresos, moneda y servicios esenciales.
Guerra informativa, orientada a deslegitimar al Estado y construir consenso internacional para la injerencia externa.
Desestabilización social, utilizando el deterioro económico inducido para generar protestas y fracturas internas.
Ataques a infraestructuras críticas, incluidos sistemas energéticos, tecnológicos y de comunicaciones.

En este contexto, la defensa de la soberanía deja de ser una consigna ideológica para convertirse en una condición de supervivencia estatal.



El frente tecnológico: soberanía de datos y nuevo orden financiero

Un aspecto que suele quedar relegado detrás de la disputa petrolera es el frente tecnológico-financiero. Venezuela ha sido el primer gran experimento de exclusión digital sistémica a escala nacional. Más allá de las sanciones comerciales tradicionales, el país fue utilizado como laboratorio para probar cómo un Estado puede ser expulsado de los circuitos financieros globales, desde el sistema Swift hasta plataformas tecnológicas estratégicas.

Esto marca una diferencia sustantiva respecto de los golpes del siglo XX. Hoy, la disputa no se limita solo al control del subsuelo, sino que se extiende a la capacidad de un país para operar dentro del sistema financiero digital global. El bloqueo ya no es solo económico: es tecnológico y de datos.

En este escenario, la posibilidad de construir infraestructuras digitales soberanas sistemas de pago alternativos, circuitos financieros propios o alianzas tecnológicas con bloques emergentes,  adquiere un valor estratégico decisivo. Si Venezuela logra estabilizar mecanismos de intercambio por fuera de la arquitectura dominada por el Norte Global, estará señalando un camino posible para otros países del Sur Global.

Es el petróleo y también la independencia de datos, transacciones y flujos financieros, un nuevo campo de batalla central del siglo XXI.

El impacto regional y el efecto precedente

Lo que sucede en Venezuela trasciende sus fronteras. Si se consolida el uso de sanciones, bloqueo digital y presión política como mecanismo para disciplinar a un Estado soberano, se establece un precedente peligroso para toda América Latina.

Cualquier país que intente mantener control estatal sobre sus recursos naturales o desarrollar infraestructuras económicas autónomas podría ser sometido al mismo esquema. El llamado “riesgo latinoamericano” no es retórico: es la posibilidad concreta de un retorno a la subordinación estructural, ahora bajo formas financieras y tecnológicas más sofisticadas.

Venezuela se ha convertido en un campo de prueba del orden global contemporáneo. No se discute solo un gobierno, una elección o una coyuntura económica, sino el derecho de un país a decidir sobre sus recursos, sus datos y su modelo de desarrollo.

El desenlace de este conflicto marcará un límite, o su ausencia, frente a la injerencia externa en la región. De ese resultado dependerá si América Latina logra sostener márgenes reales de autonomía en el siglo XXI o si seguirá siendo un territorio subordinado a los intereses extractivos y tecnológicos del Norte Global.


María Fernanda de la Quintana

Periodista. Licenciada en Ciencias y Humanidades. Máster en Bioética. Especializada en Bioética y Derechos Humanos en América Latina, Universidad de Buenos Aires.

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