Nuestramérica. Plan Cóndor II

  • Por Mario Campa /Diario Red / 30 de junio de 2026.

El Hondurasgate mostró solo los fierros visibles de una máquina aceitada cuyos engranes escapan a la vista.

La esperanza puesta en un gol de Roberto Sánchez e Iván Cepeda en tiempo de compensación se desvaneció pronto. Las recientes derrotas de la izquierda en Perú y Colombia adelgazaron la menguante red de resistencia en América Latina frente a la Doctrina Monroe y el corolario Trump (Donroe). Sumado a lo visto en Argentina, Bolivia y Chile, los ultras ganan presencia territorial y la legitimidad que la victoria obsequia. El progresismo y las soberanías tienen una base nutrida y galvanizada, aunque están en repliegue. Seguida al pie juntillas, la teoría del péndulo anticipaba este escenario tras la última marea rosa (¿roja?). Por lo mismo, porque el péndulo va y viene, el optimista incorregible obtiene de flaco consuelo que la actual oleada de reveses tiene fecha de caducidad inexorable, si bien el tiempo es incierto y las garantías nulas.

Trump logró su cometido. En Colombia, la intromisión de Washington condicionó la elección presidencial. Argentina y Honduras solo fueron preámbulo de lo vendría después, con menos tapujos. Mediante favoritismos abiertos y amenazas veladas, la Casa Blanca envió señales de que a sus ojos es legítimo y deseable intervenir cuando los intereses de las potencias peligran. Washington intervino antes en la región, y hoy día confirma con hechos sus planes de retrotraer al presente el manual político del pasado. A fin de cuentas, lo vintage está en boga. Con las especificidades del siglo XXI, la actual escalada de intromisiones bien podría catalogarse como el relanzamiento de un capítulo macabro en la historia sudamericana.

El Plan Cóndor fue una campaña de represión política y terrorismo de Estado coordinada en los años setenta y ochenta por las dictaduras militares de América del Sur. Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay fueron los escenarios donde más dólares fluyeron y más sangre fue derramada. Auspiciado por Estados Unidos mediante recursos y entrenamiento, esta red secreta permitió a los regímenes rastrear, secuestrar, torturar y asesinar a miles de opositores políticos e intelectuales de izquierdas. Con la Guerra Fría y el macartismo de trasfondo, el Plan Cóndor fue el instrumento clave para salvaguardar los intereses de la superpotencia. Si suena familiar es porque de esas raíces brota hoy día una nueva rama torcida.

América Latina es terreno de ensayo de prácticas que combinan la zanahoria con el garrote. El lado amable toma forma en los flotadores financieros a la Argentina, los aranceles punitivos menos asfixiantes, el pago de servicios por deportaciones facilitadas, o las líneas de crédito para exportar minerales críticos (a Estados Unidos). Cuando el premio no basta, entra como segunda línea de ataque un garrote blando en forma de sanciones a tres instituciones financieras mexicanas vendidas en partes o el retiro de visas a funcionarios asfixia sin usar la fuerza. En cambio, el lado crudo—el del garrote duro—adquiere tonalidades sangrientas, como prueban los bombardeos de embarcaciones en el Caribe, las muertes prematuras en Cuba por la crisis inducida desde afuera, o las balas y los misiles que llovieron sobre Caracas. Esos tres niveles de intromisión toman distintas combinaciones y son usados con pragmatismo por quien se ostenta como “artista de la negociación”.

El Plan Cóndor II es un proyecto en construcción. Indefinido y moldeado sobre la marcha, conforme las condiciones de posibilidad cambian y el ánimo de Trump evoluciona con ellas, ocurre con la complicidad de oposiciones con ánimos vengativos. En etapas tempranas, un primer encuentro casi siempre ocurre años antes en la forma de asistencias al congreso conservador del CPAC o mediante donativos a las campañas de los republicanos, como prueban los casos de Bolsonaro en Brasil y Salinas Pliego en México. El proceso de auscultación también suele incluir alguna visita a la Casa Blanca o una reunión con los hijos de Trump. En fases posteriores, a partir de que el pacto de complicidad es sellado y el intercambio de favores es prometido, una red secreta de intercambio de información y de recursos económicos—algunos no monetarios—es echada a andar. El caso Hondurasgate mostró solo los fierros visibles de una máquina aceitada cuyos engranes escapan a la vista.

Esa secrecía y opacidad se vieron antes con toda crudeza en la Guerra Fría. Ayer, crecieron en la región al amparo de los servicios de inteligencia y las complicidades inconfesables. Hoy día, los arreglos en lo oscurito entre Washington y las oposiciones predisponen a los favorecidos a gobernar desde la arrogancia de saberse impunes, respaldados por la superpotencia. El caso extremo es Netanyahu, blanqueado por Estados Unidos y empoderado con una licencia para exterminar. Aunque las condiciones en América Latina son distintas, esa suerte de borrachera a cuenta de la Casa Blanca tendrá efectos indeseables de dimensiones inciertas, pero sentido seguro.

La Doctrina Donroe es de momento incontestableLos diques que contienen un avasallamiento político en América Latina son Lula y, más al norte, Sheinbaum. Mientras las dos naciones más grandes obstruyan la vía de entrada en hombros a Trump, el Plan Cóndor II tendrá alcances limitados. El riesgo descomunal es la elección de octubre en Brasil. En el anverso de la moneda, la oportunidad más grande trasciende lo estrictamente regional, y es una derrota clara de MAGA en la elección intermedia de noviembre. Los siguientes cuatro meses podrían ser prolegómeno de varias décadas de historia.

You must be logged in to post a comment Login