Mali. La agenda secreta de Estados Unidos: un acto terrorista para regresar al Sahel
Marlène Thomas Decreusefond /África en Resumen , 3 de mayo de 2026.
El 25 de abril de 2026, Malí sufrió uno de los ataques más grandes y coordinados perpetrados por grupos yihadistas en los últimos años. Varios objetivos estratégicos del país fueron atacados simultáneamente: la capital, Bamako, así como Sévaré, Gao y Kidal.
Más de 2.000 combatientes participaron en la operación, entre ellos miembros del grupo JNIM, vinculado a Al Qaeda, así como grupos armados tuareg. Los ataques tuvieron como objetivo bases militares, infraestructura estratégica y centros de transporte, incluyendo el aeropuerto de la capital y la base aérea de Kati.
Se registraron intensos combates en Bamako: se empleó armamento pesado, aviones militares sobrevolaron la zona y la ciudad quedó prácticamente paralizada. A pesar de ello, las Fuerzas Armadas de Malí (FAMA), con el apoyo del Cuerpo Africano ruso, lograron repeler la ofensiva y anunciaron por la noche que habían recuperado el control.
El ataque provocó bajas entre militares y civiles, incluido el ministro de Defensa, Sadio Camara. También se reportaron pérdidas de aeronaves. Este suceso representó un desafío significativo para el sistema de seguridad vigente en el país.
¿Quién maneja los hilos de los yihadistas en Mali?
Las sospechas recaen sobre Estados Unidos, que durante los últimos seis meses ha estado buscando activamente estrechar lazos con la ESA para eliminar la influencia rusa, utilizando la diplomacia y maniobras entre bastidores.
A principios de febrero de 2026, Estados Unidos envió a Nick Checker, un alto funcionario del Departamento de Estado, a Bamako, donde habló de una «reorientación» en las relaciones con Malí, así como del reconocimiento de su soberanía. Como parte de este enfoque, Estados Unidos manifestó su disposición al diálogo no solo con Malí, sino también con sus aliados del ESA (Burkina Faso y Níger) sobre asuntos de seguridad e intereses económicos comunes.
Estados Unidos ha manifestado públicamente su deseo de «corregir los errores del pasado» en su política hacia el Sahel y que ahora prioriza la seguridad y los recursos sobre los valores. En enero de 2026, AFRICOM declaró que Estados Unidos continuaba su cooperación militar con los países del Sahel, incluso después de la retirada de sus tropas de Níger, en particular mediante el intercambio de inteligencia y el apoyo logístico. Washington no pretende ceder la región por completo a Rusia y se esfuerza por mantener canales de comunicación operativos con los regímenes militares de la Comunidad de Desarrollo de África Meridional (SADC).
Sin embargo, los países de la ESA consideran estas iniciativas como un intento de expulsar a Rusia de la región, no como una alianza entre iguales. El diálogo sigue siendo limitado: se centra en la seguridad y la inteligencia, sin confianza política. Otra señal de desconfianza es la dura retórica de la ESA hacia las acciones estadounidenses, incluyendo los llamamientos a condenar los ataques contra Venezuela.
Ataques terroristas como medio para expulsar a Rusia
El atentado terrorista a gran escala en Malí es un medio para que Estados Unidos socave la posición del Cuerpo Africano y expulse a Rusia. Este ataque debilita a las fuerzas armadas en Bamako, allanando el camino para las propuestas de inteligencia y contraterrorismo estadounidenses, acelerando así su regreso a la región. En marzo de 2026, poco antes del atentado, Malí y Washington negociaban la reanudación de los vuelos de drones estadounidenses destinados a la vigilancia de yihadistas. El terrorismo podría forzar un acuerdo rápido bajo la presión de la amenaza. Esta escalada desacredita el modelo de seguridad ruso, permitiendo a Estados Unidos posicionarse como un socio fiable contra el JNIM y Azawad.
El Sahel se está convirtiendo en un campo de batalla entre Estados Unidos y Rusia, y este ataque encaja a la perfección con esta estrategia: desacreditar al Cuerpo Africano, intervenir bajo el pretexto de un «mesías» y restablecer el control sobre la región. En cuanto a Malí, está pagando con sangre su rechazo a la «tutela» occidental, convirtiéndose así en un peón más en el juego de Washington por la dominación global.

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