India. Cómo detener el pasado


Guadi Calvo*, Resumen Latinoamericano, 25 de enero de 2023.

Cuando no se cumplían cinco meses de su asunción como Ministro Jefe (gobernador) del
Estado de Gujarat, el actual Primer Ministro de India, Narendra Modi, cargaba sobre sí, con
la matanza de aproximadamente dos mil indios musulmanes, “cazados”, por las hordas
fascistas de su partido, el Bharatiya Janata Party, (BJP) (Partido Popular Indio), junto a la
fuerza madre del supremacismo hindú, la Rashtriya Swayamsevak Sangh (RSS)
(Asociación Nacional de Voluntarios), responsables, entre otros crímenes, del magnicidio
de Mahatma Gandhi.
La razia había comenzado tras un, por lo menos, confuso hecho, que derivó en el incendio
del Sabarmati Express, en proximidades de la estación de la ciudad de Godhra, provocando
la muerte de unos sesenta peregrinos hindúes, entre ellos veinticinco niños, que viajaban a
los templos de Ahmedabad. Por esos hechos, fueron responsabilizados militantes islámicos,
e incluso se intentó implicar agentes enviados por Pakistán. Las pruebas que avalan dichas
acusaciones, jamás fueron aportadas.
A partir de ese momento, y por tres días, frente a la inacción de las fuerzas de seguridad y
el gobierno estadual, se inició una matanza, que no excluyó, violaciones, saqueos, y la
destrucción e incendio, de cientos de propiedades de musulmanes. Matanzas que superaron
en cantidad y sadismo a las de Nellie en 1983, Delhi en 1984, Bhagalpur en 1989 y
Bombay en 1992-1993, que habían sido las más sangrientas hasta la de Gujarat en 2002.

Tras el baño de sangre, todos apuntaron a responsabilizar a Modi, dada la pasibilidad de
lass fuerzas policiales y la presencia de sus correligionarios en las calles, alentando a
exterminar a los enemigos de la Hindutva (identidad hindú) el concepto supremacista de los
nacionalistas indios. Ya que no solo toleró, sino que animó a los fanáticos. En
investigaciones posteriores se encontró que se había ordenado, a la policía y funcionarios
del gobierno, a direccionar los ataques, con objetivos absolutamente especificados. Dando
pie a considerar que incluso el incendio del tren había sido un atentado de “falsa bandera”,
con la clara intención de provocar los desbordes posteriores. Según, lo informado por el
Tribunal, cientos de mujeres y niñas sufrieron las formas más aberrantes de violencia
sexual, para luego ser quemadas vivas.
Tras una larga investigación realizada por el Equipo Especial de Investigación (SIT) y
ordenada por la Corte Suprema de India, en 2012, Narendra Modi fue absuelto de cualquier
complicidad, con los hechos de violencia. El SIT, también negó las afirmaciones, que
señalaban al gobierno estatal, por no haber hecho lo suficiente para evitar los disturbios. Un
año después surgieron otras acusaciones acerca de que el SIT, había ocultado pruebas, lo
que tampoco fue atendido.
La causa en sí, respecto al incendio del tren y las matanzas que se sucedieron, transitaron
diferentes comisiones investigativas y tribunales, alcanzado a condenar a una treintena de
personas, pero ninguna, que pudiera conectarse directamente con el entonces Ministro
Principal.
Los hechos de febrero y marzo del 2002, solo fueron el preámbulo de más conflictos
religiosos entre hindúes y musulmanes que dejaron a lo largo de India, miles de muertos.

Desde entonces, y tras la llegada de Modi al poder central de India, en 2014, las
provocaciones, ataques, que en muchos casos termina en linchamientos y asesinatos, contra
la comunidad islámica, la primera minoría religiosa del país, con más de 220 millones de
integrantes, no han dejado de sucederse. Informándose, prácticamente a diario, ataques,
saqueos y muertos, lo que tiene características de limpieza étnica, o en este caso, religiosa.
Modi, también ha articulado políticas estatales de provocación contra la comunidad
musulmana; con como la Ley de enmienda de ciudadanía (CAA), que permite acceder a la
nacionalidad india, a migrantes indocumentados provenientes de Pakistán, Bangladesh y
Afganistán, de las minorías hindú, sij, budista, jain, parsi y cristiana, que puedan demostrar
ser originarios de alguno de esos tres países. Dejando claramente afuera a los musulmanes.
Incluso a miles de ellos, nacidos en India, que por no ser registrados al momento de nacer,
están perdiendo no solo la nacionalidad india, sino que corren el riesgo de ser expulsados
de su país.
En 2019, Nueva Delhi, anuló el artículo 370 de la Constitución india, con más de setenta
años de vigencia, que otorgaba autonomía de estado de Jammu y Cachemira, una región en
disputa con Pakistán desde 1947, y de mayoría musulmana. Que desde la partición ha
generado tres guerras y miles de choques fronterizos, que producen centenares de muertos.
Más allá de sus antecedentes supremacistas, que lo asocian al nazi-sionismo, a Trump.
Orban y Bolsonaro, Narendra Modi, cómo Primer Ministro de India, dada la potencialidad
económica de su país, cuya población se encuentra superando a la de China, para
convertirse en la más numerosa del planeta, la que lo hace un mercado extraordinario y
codiciado para cualquier otra nación del mundo. A que se le suma su membresía en la

alianza económica de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) convierten a
Modi, en una figura bienvenida y esperada en los foros internacionales, y recibido con
expectativas en sus visitas oficiales a cualquier país, por lo que nadie está dispuesto a
recordarle sus “pecadillos” de lesa humanidad contra la comunidad musulmana.
Instrumentos de la memoria.

Más allá del blindaje político, diplomático y mediático del que usufructúa Modi, de pronto
surgen voces, ecos del pasado que lo señalan como un genocida y de eso trata The Modi
Question, el documental en dos episodios que ha exhibido la BBC, el primer capítulo, el 17
de enero, y el segundo el día 24. Que se centran, en el rol de Modi durante la masacre de
Gujarat en 2002, y que, además indaga su carrera en Bharatiya Janata Party, según ellos, el
partido político más grande del mundo, superando al Partido Comunista Chino, hasta
alcanzar a convertirse en el Primer Ministro Jefe de Gujarat.
La investigación de la BBC, halló memorándums reservados en los que se detalla la
conducta de Modi, que en su momento habían recibido fuertes críticas por parte de
gobiernos occidentales, entre los que se incluye el británico, donde se encontró que los
hechos de Gujarat, tenían todos los componentes de una limpieza étnica.
Modi, desde hace décadas, ha sido acusado de complicidad en la violencia de Gujarat,
aunque parece incombustible, ya que a partir de su llegada al poder en 2014, se ha
desarrollado un culto a la personalidad o vyakti puja, solo comparable a los de Hitler,
Mussolini o Franco, En el que no solo se reduce al renombrar calles, estadios con su
nombre o gigantografias, con su imagen, en rutas, estaciones de tren o aeropuertos.

Llegando al punto que durante la pandemia los certificados de vacunación, tenían grabada
la fotografía de Modi.
Por lo que para evitar, la exhumación del horroroso pasado de Modi con la serie británica,
Nueva Delhi, ha prohibido de plano su exhibición, invocado leyes de emergencia.
Según el gobierno indio, el documental es: “una pieza de propaganda diseñada para
impulsar una narrativa particular desacreditada”. Además de referirse a la falta de
objetividad y la mentalidad colonialista, “que persistente y son descaradamente visibles”.
Además, el documental, fue objetado en una declaración firmada por 300 ex magistrados,
funcionarios y figuras prominentes del país que acusaron a la BBC de impulsar una agenda
imperialista y constituirse en juez y jurado para resucitar las tensiones entre hindúes y
musulmanes.
Al mismo tiempo el Ministerio de Información y Radiodifusión de la Unión India, ordenó
que no se emitan segmentos, apoyándose en normativas del 2021, las que permiten la
censura en caso de emergencia. Al tiempo que
Se ordenó a Twitter y YouTube que se eliminen las cuentas que transmitieron esos
segmentos, basándose en que se estaba socavando la soberanía y la integridad de India, con
acusaciones infundadas, que transmiten basura anti-India, disfrazada de información. A lo
que la BBC, respondió que su documental: “fue investigado rigurosamente de acuerdo con
los más altos estándares editoriales”.
Leyes como las que han permitido este acto de censura son las que han hecho descender a
India, en el Índice Mundial de Libertad de Prensa de Reporteros sin Fronteras, del puesto
140 en 2013 al 150 en 2022, en un improbable intento de detener el pasado.

*Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en
África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook:
https://www.facebook.com/lineainternacionalGC.

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