Pensamiento crítico. “Aquello que hoy llamamos democracia, en realidad, no lo es”

Por Sebastian Saá. El Ciudadano_Resumen Latinoamericano. 2 de julio 2026

Franco Sandoval ha dedicado gran parte de su trayectoria a investigar la cosmovisión maya, el Popol Vuh y las tradiciones de las comunidades indígenas de Guatemala. Paralelamente, sus estudios en filosofía y sociología política lo llevaron a desarrollar una mirada crítica sobre los sistemas democráticos contemporáneos, planteando que aquello que hoy llamamos democracia se ha reducido, en gran medida, a un mecanismo electoral.

Franco Sandoval ha dedicado gran parte de su trayectoria a investigar la cosmovisión maya, el Popol Vuh y las tradiciones de las comunidades indígenas de Guatemala. Paralelamente, sus estudios en filosofía y sociología política lo llevaron a desarrollar una mirada crítica sobre los sistemas democráticos contemporáneos, planteando que aquello que hoy llamamos democracia se ha reducido, en gran medida, a un mecanismo electoral. En esta entrevista aborda ambos mundos: la vigencia del pensamiento maya y los desafíos de una democracia que, a su juicio, está lejos de representar el ideal de gobierno del pueblo.

Su trayectoria intelectual ha estado marcada por una permanente búsqueda por comprender la cosmovisión maya desde la investigación rigurosa, el trabajo de campo y el estudio de sus fuentes originales. Formado inicialmente en Antropología Cultural en la Universidad del Valle de Guatemala, destaca esa etapa como el fundamento metodológico de toda su carrera. “La gran fortaleza de nuestra formación fue el método de investigación”, recuerda, convencido de que las ciencias sociales solo tienen sentido cuando se sustentan en la observación, el trabajo de campo y el rigor científico.

Con el propósito de dedicarse a la escritura, posteriormente orientó sus estudios hacia la literatura y la filosofía. Fruto de ese proceso nació su tesis sobre el Popol Vuh, trabajo que, tras diecisiete meses de investigación y el análisis comparado de diversas traducciones, obtuvo el primer lugar en un concurso del Ministerio de Cultura de Guatemala y fue publicado bajo el título La cosmovisión maya-k’iche’ en el Popol Vuh.

Su interés por las culturas originarias lo llevó a internarse durante largos períodos en San Mateo Ixtatán, una de las comunidades más aisladas del norte de Guatemala, territorio del pueblo chuj, donde recopiló relatos, mitos y tradiciones que aún sobreviven en la memoria de sus habitantes. Aquella experiencia terminó por confirmar una de las ideas que atraviesa toda su obra: la civilización maya no pertenece únicamente al pasado arqueológico, sino que continúa viva en sus lenguas, sus símbolos, sus tejidos y su manera de comprender el mundo.

A esa formación se sumarían posteriormente estudios de filosofía y un doctorado en Sociología Política en la Universidad Pontificia de Salamanca, donde desarrolló una investigación crítica sobre los sistemas democráticos contemporáneos, publicada más tarde como Encanto y desencanto con la democracia.

En esta conversación, Sandoval recorre las distintas etapas de su trayectoria intelectual y reflexiona sobre la riqueza de la cultura maya, el significado del Popol Vuh, la persistencia de las tradiciones indígenas, el sincretismo religioso y los desafíos que enfrenta hoy la democracia.

Franco Sandoval con Arly Cholotío, reina nacional Rabin Ajaw

El rigor de la antropología

-Después de ese primer trabajo sobre el Popol Vuh continuó investigando directamente en comunidades mayas. ¿Dónde realizó ese trabajo de campo?

-Me dediqué al estudio de los mitos mayas en un pueblo llamado San Mateo Ixtatán, probablemente el lugar más recóndito de Guatemala. Está ubicado al norte de Huehuetenango, muy cerca de la frontera con México, rodeado de montañas y ríos, lejos de los grandes centros urbanos.Yo buscaba precisamente eso, un lugar apartado, donde todavía sobreviviera una mitología maya viva. Al final terminé diciendo que era el municipio más maya de Guatemala y, al mismo tiempo, un municipio con una organización social bastante particular.

La gente vivía fundamentalmente de la tierra. Cuando alguien necesitaba un terreno para cultivar o cazar, presentaba una solicitud escrita ante la municipalidad, pagaba apenas cincuenta centavos de quetzal y las autoridades verificaban que el terreno estuviera desocupado y perteneciera al municipio o al Estado. Si era así, se le entregaba. Estoy hablando de hace aproximadamente cuarenta años. Esa era la dinámica de la comunidad.

Además, en el propio centro del pueblo existían importantes construcciones y antiguos templos mayas. Lo triste, porque cuando uno investiga profundamente encuentra tanto luces como sombras, era comprobar el abandono en que se encontraban. Alrededor de esos templos pastaban cabras, ovejas y cerdos. Había solamente un funcionario del Ministerio de Cultura cuya labor consistía en limpiar el monte. El patrimonio arqueológico estaba prácticamente abandonado.

Vi muchas situaciones que sería largo relatar, pero lo más valioso fue la enorme cantidad de mitos mayas que logré recopilar.

-Cuénteme sobre esos mitos

-Algunos me parecieron extraordinarios. Por ejemplo, existe una explicación mítica sobre el origen del ser humano completamente distinta a la que plantea la ciencia. Para los mayas, los seres humanos que se portan mal terminan convirtiéndose en monos. Es decir, no es que el ser humano provenga del primate, sino que una rama de la humanidad degenera y se transforma en mono como consecuencia de su mal comportamiento. Es un castigo dirigido especialmente a los jóvenes rebeldes.

Toda esa transformación se explica mediante una compleja serie de relatos en torno a un árbol gigantesco que va creciendo. Como ese existen muchos otros mitos de enorme riqueza cultural que muestran una manera completamente distinta de comprender el mundo y el lugar que ocupa el ser humano dentro de él.

-San Mateo Ixtatán se encuentra muy lejos de los grandes centros urbanos. ¿Sintió que ese aislamiento contribuye conservar la cultura maya ancestral?

-Sí, muchísimo más de lo habitual. Hay muchas evidencias de ello. Incluso durante la época colonial quedaron situados entre dos frentes. Por un lado los españoles y por otro los lacandones, que eran un grupo distinto. Frente a esa situación decidieron desarrollar su propia forma de vida.

Además, se refugiaron detrás de la gran sierra de Los Cuchumatanes. Ese aislamiento geográfico fue determinante para conservar buena parte de su cultura. Un ejemplo muy claro es su vestimenta tradicional. Este es un huipil característico de la comunidad. El huipil es una prenda propia de las mujeres indígenas, aunque los hombres también tenían una indumentaria muy particular que prácticamente solo existe allí.

Fue entonces cuando empecé a comprender que una de las características visuales de las culturas indígenas es lo que yo llamo “la fiesta del color”. No se trata únicamente de prendas coloridas. Cuando uno observa con atención descubre que están llenas de símbolos.

En este caso aparecen representaciones del sol rodeando a la persona, como si la envolvieran de calor espiritual a través de la vestimenta.

Todo esto demuestra la enorme riqueza simbólica y cultural que posee la civilización maya, una tradición que lleva más de dos mil años de vigencia y que continúa expresándose en manifestaciones artísticas como el tejido.

-Ese patrimonio cultural no solo se expresa en los textiles, sino también en la lengua y en muchas otras manifestaciones.

Exactamente. También se manifiesta en la piedra y, por supuesto, en la lengua. Una de las características de las grandes civilizaciones es precisamente poseer una lengua propia. En este caso hablamos del pueblo chuj, que también da nombre a su idioma. En Guatemala solamente existen dos municipios donde vive este pueblo, San Mateo Ixtatán y San Sebastián Coatán. San Mateo también fue históricamente un lugar muy importante porque es uno de los únicos sitios donde todavía se obtiene sal a partir de agua de pozo.

Yo pasé muchas horas observando ese proceso. El agua se hierve hasta obtener una sal de color oscuro, conocida como sal negra.

Existe incluso una melodía tradicional muy hermosa llamada precisamente Sal Negra. En algún momento una reconocida marimba quiso atribuirse su autoría, pero yo intervine para recordar que se trata de una composición tradicional, sin autor individual, porque pertenece a toda una comunidad.

-También existe una relación muy interesante entre la lengua y algunas prácticas tradicionales de este pueblo.

-Sí. Es curioso porque la palabra chujtiene varios significados. Es el nombre del pueblo, es el nombre de la lengua y también es el nombre del baño de vapor tradicional, equivalente al temazcal. Cuando alguien decía “voy al chuj”, se refería a ese baño. Más que un lugar para asearse, cumple una función terapéutica y espiritual.

Por ejemplo, una mujer que ha dado a luz debe acudir al chuj pocos días después del parto como parte de su proceso de recuperación.

Es una práctica que viene desde tiempos muy antiguos dentro de la civilización maya, aunque naturalmente presenta variantes según cada región.

Incluso en la antigua ciudad maya de Piedras Negras existían temazcales muy desarrollados, con agua corriente y construcciones especialmente diseñadas para ese uso. Eso demuestra que se trataba de una tradición profundamente arraigada desde hace siglos.

Una crítica a la democracia contemporánea

-Después de sus investigaciones antropológicas continuó profundizando en el ámbito académico. ¿Cómo llegó a la filosofía y posteriormente a la sociología?

-Después seguí estudios de filosofía en dos universidades. Inicialmente cursé el doctorado en la Universidad Rafael Landívar, una universidad jesuita de Guatemala. Sin embargo, cuando estaba preparado para presentar mi tesis, el programa fue cerrado. Entonces continué mis estudios en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, en El Salvador, que también pertenece a la Compañía de Jesús. Al final terminé realizando muchos más cursos de los necesarios. Posteriormente cursé el doctorado en Sociología Política en la Universidad Pontificia de Salamanca.

Mi tesis volvió a convertirse en un libro y tuve la satisfacción de graduarme summa cum laude. El libro se titula Encanto y desencanto con la democracia. Para desarrollar ese trabajo revisé autores como Platón y Aristóteles y otros más modernos como Sartori, Schumpeter, Linz, Dahla y Touraine, pasando por Rousseau. Allí planteo que lo único medio real y vigente es la «democracia electoral».

Me resulta interesante observar que hoy, en España y en muchos otros países, el concepto de “desencanto con la democracia” se ha vuelto muy frecuente. Yo planteé esa discusión en el año 2000, cuando desarrollé esa investigación.

¿Cuál era la tesis central de ese trabajo?

Mi planteamiento es muy parecido a lo que hoy reflejan diversas mediciones internacionales, como las del Latinobarómetro. Actualmente esas encuestas preguntan a las personas qué tan satisfechas están con el sistema democrático, cuánto lo prefieren frente a otras formas de gobierno y una serie de cuestiones similares.

Los resultados muestran claramente que muchas personas responden: “Me da lo mismo que haya elecciones o no”. Mi tesis sostiene que aquello que hoy llamamos democracia, en realidad, no lo es. Lo que existe son elecciones periódicas, pero unas elecciones que muchas veces no son completamente libres, que no necesariamente permiten elegir a los mejores representantes y que terminan convirtiéndose en una especie de carnaval político.

Eso no representa la democracia en su sentido profundo.

Entonces, según su planteamiento, el sistema electoral actual no corresponde al verdadero significado del concepto de democracia.

Exactamente. Para explicar esa idea siempre recurro a Abraham Lincoln, un personaje al que también he estudiado profundamente. En el discurso de Gettysburg definió la democracia como “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. Ese es el concepto que debemos tomar como referencia. Mi formación inicial en antropología me enseñó que los conceptos deben poder medirse. No basta con utilizarlos como consignas o repetirlos sin examinarlos.

Si aplicamos esa definición de Lincoln a nuestros sistemas políticos, veremos que muchos de ellos, y estoy hablando de Guatemala, aunque podría decir exactamente lo mismo de España, Singapur o Indonesia, no cumplen realmente con esa idea de democracia. Lo que existe es un mecanismo que crea la ilusión de participación mediante elecciones periódicas.

Y quiero ser muy claro con esto ,no estoy proponiendo volver a las monarquías ni establecer dictaduras. No se trata de eso. Simplemente sostengo que el sistema actual no corresponde al ideal democrático que afirma representar.

-¿Qué conclusiones obtuvo de esa investigación?

Realicé un capítulo completo revisando a los principales teóricos de la democracia. Estudié con bastante profundidad a más de veinte autores. Entre ellos estaban Schumpeter, Adorno y muchos otros. Lo que encontré fue que buena parte de esos autores terminan haciendo una defensa del sistema democrático existente más que una teoría crítica sobre él. En muchos casos sus trabajos son auténticos panegíricos de la democracia.

Por eso fui tomando distancia de esa literatura, especialmente de ciertos enfoques provenientes de la sociología y de la ciencia política. Me pareció que existía una visión excesivamente ideologizada, simplificada y poco dispuesta a cuestionar las limitaciones reales del sistema. Ese fue, en buena medida, el núcleo de mi tesis doctoral.

Desde esa perspectiva, ¿cómo podría construirse una democracia más cercana a ese ideal que usted plantea?

Es una pregunta difícil. Incluso dentro de instituciones que se consideran democráticas encontramos estructuras profundamente elitistas y verticales. Sucede en los sindicatos, en las organizaciones empresariales, en muchas iglesias y en numerosas instituciones sociales.

Por eso mi propuesta no pretende ser una fórmula definitiva. Es apenas una posibilidad que merece ser estudiada. La idea consiste en construir un sistema donde el gobierno represente efectivamente a los distintos sectores vivos de una nación. Imaginemos, por ejemplo, que existen cincuenta grandes sectores sociales. Cada uno tendría un representante titular y un suplente.

Estarían representados los empresarios, las iglesias, los sindicatos, las cooperativas, los productores agrícolas, los pescadores, los artistas y muchos otros sectores que conforman la vida nacional. A partir de ese inventario de sectores podría conformarse una gran asamblea nacional. No se trataría de gobernar directamente, sino de orientar al Poder Ejecutivo.

Si el Ejecutivo quisiera desarrollar una política pública importante, una campaña nacional de vacunación, una gran red de carreteras o cualquier otra iniciativa estratégica, debería presentarla ante ese Consejo Nacional de Estado. Ese organismo la analizaría, la enriquecería y orientaría su implementación.

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