Pensamiento crítico. ¿Se ha vuelto la izquierda occidental partidaria de la guerra?

por Mathias Detekt /Resumen Latinoamericano, 30 de abril de 2026.

El ataque militar masivo y coordinado de Estados Unidos e Israel contra Irán, lanzado el 28 de febrero de 2026, puso de manifiesto el fracaso total de la izquierda occidental, su abandono de cualquier perspectiva antiimperialista concreta y su incapacidad para estar a la altura de las circunstancias. De hecho, este ataque no provocado, que constituye el «crimen de agresión» considerado el «crimen supremo» por el Tribunal de Núremberg y, posteriormente, por el Estatuto de Roma y el derecho internacional, prácticamente no generó manifestaciones ni protestas masivas en Francia ni en otros países occidentales. Esta falta de movilización antimilitarista por parte de la izquierda occidental y el papel que desempeña en tiempos de guerra se analizarán en los siguientes párrafos. El término «izquierda occidental» se refiere a la nueva izquierda surgida en Occidente tras la Segunda Guerra Mundial, que se impuso a la izquierda tradicional, especialmente después de la caída de la URSS. El filósofo marxista italiano Domenico Losurdo la describe, entre otros, en sus libros »  
Marxismo occidental  » y «La cuestión comunista  «.

Hubo un tiempo en que un movimiento pacifista convencido, que abarcaba a toda la izquierda, existió en Occidente y logró movilizar a millones de personas para manifestar su oposición a la invasión estadounidense de Vietnam. Este movimiento coincidía con las posturas de los países del Tercer Mundo y del Movimiento de Países No Alineados (soberanía nacional, no injerencia y lucha contra el colonialismo y el imperialismo). Sin embargo, décadas después, esos mismos jóvenes occidentales llegaron a aprobar, al menos implícitamente, todas las guerras occidentales, mientras que el resto del mundo seguía rechazándolas. De hecho, la postura de la izquierda occidental ha oscilado entre, por un lado, un llamamiento explícito a la intervención militar en Libia en 2011 y en Siria a partir de 2013 y, por otro lado, una aprobación implícita de las intervenciones militares de la OTAN en Yugoslavia en 1998, en Afganistán en 2001 y los bombardeos aéreos masivos de Israel y Estados Unidos contra Irán en 2025 y 2026.

La postura de «ni uno ni otro»

La postura de aprobación explícita se justifica en la «defensa de los derechos humanos» a expensas del derecho internacional. Implica manipular e instrumentalizar la resolución de las Naciones Unidas (ONU) sobre la «responsabilidad de proteger» para respaldar las intervenciones militares occidentales que violan la Carta de la ONU. Esta postura no es exclusiva de la izquierda, ya que también la apoya la derecha y la extrema derecha occidentales. La postura de aprobación implícita es más insidiosa y merece un análisis más profundo. Generalmente se manifiesta con lemas del tipo «Ni la OTAN ni Milošević», «Ni la OTAN ni los talibanes», «Ni Bush ni Saddam», «Ni Trump ni Khamenei», etc. Además de establecer una falsa simetría entre agresor y víctima, lo que equivale a un abandono total de los fundamentos del derecho internacional, esta postura equipara a dos partes desiguales. El poderío militar y la capacidad de causar daño de Estados Unidos, la OTAN e Israel son incomparables con los de los países atacados. Equipararlas también implica abandonar todo sentido de la realidad y el equilibrio de poder en el mundo. La postura del «ni uno ni otro» resulta muy conveniente, ya que permite a la izquierda occidental calmar su conciencia a bajo costo, situándose por encima del conflicto y ajena a toda realidad histórica. Ignora deliberadamente su complicidad en la agresión, dado que vivimos, trabajamos y pagamos nuestros impuestos en los países agresores.

«Denunciar» y «apoyar»

Si hay algo en lo que la izquierda occidental sobresale, es en «denunciar y apoyar». Dedica su tiempo a «denunciar el régimen» de los mulás, los talibanes, Gadafi, Bashar al-Asad… Al mismo tiempo, no faltan las declaraciones de «apoyo» a las mujeres afganas e iraníes, a los pueblos libio y sirio… Pero, si se examina con detenimiento, esta «denuncia y apoyo» no es más que una pose virtuosa. Estas declaraciones no tienen ningún efecto concreto en los países afectados, simplemente porque esta izquierda occidental carece de peso en el escenario mundial, dado que no tiene los medios materiales para respaldar estas declaraciones con acciones. No tiene armas, ni dinero, ni brigadas internacionales que enviar para «apoyar» a nadie. El único efecto que produce es aquí, y consiste en participar, junto con la derecha y la extrema derecha, en la fabricación del consentimiento de la población occidental a la guerra mediante el refuerzo de la propaganda bélica. Esto siempre ha consistido en encontrar una justificación noble para la guerra (apoyarla) y demonizar a los estados atacados (denunciarla).

Pero en su grandilocuente celo, la izquierda occidental no se detiene ahí. No solo participa en la propaganda bélica, sino que también ataca y «denuncia», siempre en connivencia con la derecha reaccionaria, a las pocas voces políticas o mediáticas que se atreven a oponerse a la guerra, acusándolas esta vez de «apoyar» al villano de turno. Así, defender los principios fundamentales de la Carta de la ONU te convierte en «cómplice» del enemigo. Si defiendes el derecho internacional sin «denunciar» al villano, eres «sospechoso» de «apoyar» al otro bando; eres un «campista». Porque, recordemos, la nueva izquierda no pertenece a ningún bando; es «ni una cosa ni la otra». No se ensucia las manos. Preserva su pureza moral manteniéndose neutral, aunque «la barricada solo tiene dos lados, camaradas», como decían sus antepasados. La nueva izquierda tiene las manos limpias, pero no tiene manos…

¿En qué consiste la evaluación?

Desde un punto de vista moral, solo importan las consecuencias de nuestros actos. ¿Qué ha logrado la Nueva Izquierda occidental en los últimos 30 años? Respuesta: ¡Nada! ¿Ha conseguido resolver un conflicto? ¿Mediar un acuerdo de paz? ¿Prevenir una guerra? ¿Influir en las posturas beligerantes de los gobiernos occidentales mediante la movilización antibélica? ¡No! Ha seguido, implícita o explícitamente, a la OTAN tras la destrucción de Afganistán, Libia, Siria e Irán, con el añadido del triunfo de los movimientos yihadistas. Occidente e Israel son los mayores beneficiarios de las expediciones imperialistas y neocoloniales que la Nueva Izquierda se niega a condenar de forma inequívoca y sin ambigüedades.

Si la izquierda occidental continúa proclamando su solidaridad con los pueblos del Tercer Mundo, ya es hora de que reconozca que la inmensa mayoría de la humanidad se opone a las intervenciones militares occidentales que apoya. Para solidarizarse verdaderamente con los pueblos del Tercer Mundo, debería comprender que su único ámbito de acción se limita a sus propios países occidentales y que su único deber urgente es frenar y prevenir el inmenso sufrimiento y la destrucción que sus gobiernos occidentales han infligido al resto del mundo durante décadas. Esta es la tarea histórica que tiene ante sí. Una vez que lo haya logrado, podrá entonces «denunciar» a los gobiernos del otro lado del mundo. Hasta entonces, ¡que cumpla con su deber y guarde silencio!

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