Siria. Escalada en Alepo y presión sobre el acuerdo del 10 de marzo

Resumen Medio Oriente, 07 de enero de 2026.

La escalada militar en Alepo pone a prueba el acuerdo del 10 de marzo entre Damasco y las FDS, en medio de la presión internacional y las diferencias entre Estados Unidos y Turquía sobre el futuro del noreste sirio.

El mando de operaciones del Ejército sirio anunció que las posiciones de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) en los barrios de Sheikh Maqsoud y Ashrafieh son ahora objetivos militares legítimos.

También decidió declarar a ambos barrios como zona militar cerrada, a partir de las 15:00, hora local de Damasco, del miércoles.

La decisión no se tomó al margen de la situación actual sobre el terreno. Por segundo día consecutivo, Alepo presenció intensos pero intermitentes enfrentamientos entre facciones afiliadas al Ministerio de Defensa sirio y las FDS. 

Estos enfrentamientos se extienden desde las inmediaciones de Sheikh Maqsoud y Ashrafieh hasta Bani Zeid, alcanzando los ejes de Castello y Sheikh Maqsoud.

Los combates causaron bajas y, posteriormente, provocaron desplazamientos de las zonas residenciales adyacentes, según la agencia de noticias SANA.

El ejército sirio instó a la población civil a distanciarse inmediatamente de las posiciones de las FDS en los dos barrios y anunció la apertura de dos corredores humanitarios temporales: el cruce de al-Awarid y el cruce de la calle al-Zuhur

A las 15:00 entró en vigor un toque de queda total. Aunque esta medida parece tener una dimensión humanitaria, refleja en esencia los preparativos para una fase más robusta en la gestión del conflicto.

En este contexto, surgen dudas sobre la viabilidad del acuerdo del 10 de marzo entre las FDS y el gobierno de Damasco.

También se cuestiona si la declaración de Sheikh Maqsoud y Ashrafieh como zona militar constituye una violación del entendimiento existente o una reinterpretación de sus términos ante la presión de los acontecimientos sobre el terreno.

Acuerdo del 10 de marzo: escalada en Alepo y presión sobre FDS

El periodista Sardar Jawhari declaró a Al Mayadeen que «el acuerdo del 10 de marzo sigue vigente, pero se enfrenta a una difícil prueba que afectará su futuro».

«Lo que sucede en los barrios de Sheikh Maqsoud y Ashrafieh y sus alrededores constituye una clara violación del acuerdo, especialmente porque estipula explícitamente un alto al fuego en todo el territorio sirio», subrayó.

Jawhari enfatizó que los ataques perpetrados por las fuerzas del Gobierno de Transición Sirio representan una violación directa de los términos del acuerdo del 10 de marzo, así como una violación del acuerdo de abril de 2025.

El periodista cree que la reunión de París, celebrada el martes y que reunió a funcionarios sirios e israelíes bajo los auspicios de Estados Unidos, implicó intercambios inesperados entre ambas partes.

Dicha situación dio vía libre al gobierno sirio en los barrios de Alepo, a cambio de concesiones de Damasco en el sur de Siria o en otras zonas.

Jawhari señaló que se ejerce una presión considerable sobre las FDS para obligarlas a hacer concesiones respecto a la situación de los kurdos en el noreste de Siria.

Consideró que la región se encuentra en una coyuntura crítica que podría determinar el futuro del noreste de Siria y la naturaleza de su relación con el resto del país y con el gobierno de Damasco.

Washington equilibra, Ankara maniobra

En medio de la compleja red de cálculos regionales e internacionales, surgen interrogantes sobre las posturas de Turquía y Estados Unidos ante los acontecimientos en curso y el alcance de la influencia de cada país en la escalada o la contención de la situación.

Jawhari explicó que los enfoques estadounidenses y turcos sobre lo que está sucediendo difieren fundamentalmente.

Washington opera desde la firme convicción de que necesita a las FDS como socio clave en la coalición internacional contra el Daesh, al que Estados Unidos declaró militarmente derrotado en 2019.

Desde esta perspectiva, Washington intenta mantener un punto medio en su gestión de este asunto, buscando un equilibrio entre preservar su alianza con los kurdos y evitar distanciarse de Turquía, miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Por el contrario, Jawhari cree que Ankara sigue una política de «evadir sus problemas», intentando exportar sus crisis internas al ámbito sirio, en un momento en que las negociaciones en Turquía sobre el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) y la cuestión kurda en general se estancaron.

Según él, esta situación está directamente vinculada a los acontecimientos en el noreste de Siria. Turquía busca limitar cualquier posible avance kurdo en el noreste de Siria, por temor a que cualquier progreso allí pueda tener repercusiones dentro de su territorio.

Esto explica los constantes esfuerzos de Ankara por impedir que los kurdos obtengan sus derechos políticos, para evitar posibles repercusiones internas. En última instancia, Turquía se verá obligada a aceptar lo que se acuerde en Siria.

Cambios estructurales y un largo camino

En cuanto a los posibles escenarios para el noreste de Siria, Jawhari señaló que la situación siria ya no tolera el retorno a un modelo centralizado rígido, considerando esta opción inviable por el momento.

Indicó que el país se encamina inevitablemente hacia cambios estructurales que afectarán al noreste de Siria, así como a las regiones costeras y meridionales.

Esto significa que el futuro de Siria será radicalmente diferente de su forma anterior, un proceso que tardará años en concretarse e implementarse.

Jawhari añadió que las FDS poseen una influencia significativa en el noreste de Siria, mientras que persisten facciones radicales dentro del gobierno.

Damasco no está convencido del acuerdo vigente, pero se encuentra bajo presión, en particular de Estados Unidos y Arabia Saudita, para impulsar su implementación, aunque es probable que esta tarde años debido a las complejidades de la situación política y militar.

El acuerdo del 10 de marzo de 2025 se anunció como un marco político y de seguridad para la integración de las FDS y sus instituciones civiles y militares en las instituciones del Estado sirio.

Subrayó el alto al fuego, la unidad del país y la garantía de los derechos de todos los componentes de la sociedad siria, especialmente de la comunidad kurda.

También pretendía reactivar las instituciones estatales en el norte y el este de Siria y evitar cualquier partición o vacío de seguridad que pudiera ser explotado por grupos extremistas.

Fuente: Al Mayadeen

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