Balotaje Argentina 2015: El malo, el mal menor y lo incómodo
por OLP-SIMON BOLIVAR
En 2015 estamos ante un panorama impensable en la historia argentina desde que en octubre de 1945 se dio comienzo a la campaña presidencial que cristalizó en la dicotomía: Braden o Perón. Por primera vez en buena parte de un siglo a la derecha, clara, directa, indudable, se le presentan las condiciones necesarias para llegar al poder mediante elecciones limpias (o sea sin fraude), abiertas (o sea sin proscripciones) y populares (o sea en la cual votará todo el electorado). No porque no lo hubiera intentado utilizar como recurso, sino porque fue siempre una intención postergada. Repetimos que este era un panorama impensable para nuestro país desde hace 70 años. La derecha tradicional argentina nunca se fue: pero, del mismo modo, siempre le fue imposible obtener la dirección del país por la vía de las urnas. ¿Esto significa que en este período gobernó la izquierda? Por supuesto que no. Pero los que gobernaron, en campaña, tuvieron que levantar un importante número de banderas populares. Como dijo el ex presidente Menem “si decía lo que iba a hacer nadie me votaba”. El problema está en que, hoy en día, la derecha dice en mayor medida que antes lo que va a hacer y el pueblo lo vota. No desestimamos el voto como herramienta para decidir quién va a ser el encargado del Estado, pero sí creemos que la democracia representativa actual muestra sus límites en este tipo de situaciones ya que nos obliga prácticamente a firmar un cheque en blanco a quienes nos gobernarán durante 4 años. Es un panorama difícil para quienes luchamos por transformar la realidad para ponerle fin a este injusto sistema capitalista. Intentamos aportar algunas líneas para el debate.
Macri: El candidato de la derecha
Como todos los argentinos sabemos, Mauricio Macri es el líder político de la derecha actual. Desde hace 8 años su partido dirige la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Esta gestión se basó en el aumento de las tarifas de los servicios públicos que gestiona o en los que tiene injerencia: el subte, el ABL, los taxis, las patentes. Las partidas presupuestarias para salud, educación y vivienda fueron sub-ejecutadas, es decir se gastó menos de lo previsto. A esto se le suman los negociados inmobiliarios y la toma de deuda para solventar gastos corrientes y de infraestructura. En resumen, aumentó la recaudación a través de impuestos y toma de deuda pero redujo el gasto público social.
¿A qué se destinaron los recursos? Mayormente a tres fines: vialidad, publicidad y aumento de las fuerzas represivas (la policía metropolitana). Subtrenmetrocleta, globitos y policía es el saldo de 8 años de gestión Pro, mientras que la ciudad se ha vuelto un paraíso de la sobreexplotación laboral (los talleres clandestinos que los inspectores y policías de Macri nunca encuentran), del abuso inmobiliario para inquilinos (un derecho humano que el Pro dice que cubre con créditos públicos para cubrir los costes de entrar a un alquiler), de escuelas y hospitales que se caen a pedazos por la falta de obras de mantenimiento, etc.
Por otro lado, el famoso “diálogo” que pregona Macri como garante de gobernabilidad no primó en la Ciudad de Buenos Aires en estos 8 años. Los desalojos en La Boca y Constitución, la represión en el Hospital Borda, el desalojo del Indoamericano, donde la Metropolitana actuó de forma conjunta con la Policía Federal, y la lista sigue. También hay que nombrar la tristemente célebre UCEP de Macri, que “limpiaba” las calles de la ciudad, desplazando violentamente a quienes duermen en la calle por la imposibilidad de acceder a una vivienda digna. Y esa fue otro de los rasgos del PRO en la capital, las villas en la ciudad siguen creciendo y la urbanización de ellas no parece estar en la agenda. Tampoco el diálogo primó con los estudiantes secundarios, que año a año son ejemplo de resistencia a las políticas del macrismo.
Sería imposible resumir en este texto la enorme cantidad de medidas anti-populares y abiertamente de derecha de Mauricio Macri en la ciudad. Escuchas ilegales, “fino” Palacios, Niembro, corrupción, desvío de fondos, abandono de la educación pública, represión y la lista sigue y seguirá.
Este es el modelo de gestión que Macri le ha dicho al pueblo argentino que quiere implementar en el país y, lamentablemente, muchos de nuestros compatriotas le han creído y lo apoyan. Pero tenemos que entender que este éxito de Macri se ha debido, en buena parte, al fracaso del espacio político al que él se opone: el kirchnerismo.
Scioli: El no tan popular león herbívoro
No hace falta que nosotros expliquemos quién es Daniel Scioli. Los kirchneristas, que lo conocen aún mejor que nosotros, ya nos vienen contando de él hace rato. Hebe de Bonafini dijo sobre Scioli y la provincia hace pocos meses, antes de que Randazzo baje su pre-candidatura, que: «Los hospitales dan vergüenza, las escuelas dan vergüenza, no paga lo que tiene que pagar. Si se recorre la Provincia se ve que es un desastre; pintó todo de color naranja y regaló gorritas, regaló ojotas y toallitas en las playas. Él se cree que porque pintó carteles en la autopista va a ganar. Que diga qué hizo y qué va a hacer». 678 decía “los fondos buitre eligieron a sus candidatos para el 2015: Macri, Massa y Scioli”. Roberto Baradel, dirigente gremial de SUTEBA y kirchnerista reconocido, decía de Daniel Scioli y su gobierno que “se para más a la derecha que el gobierno de Macri, porque allí no se amenaza con descuento a los trabajadores».
Vale la pena también escuchar algunas de las declaraciones de quienes rodean a Scioli. Maurice Closs, gobernador de Misiones y posible ministro de Turismo de Scioli respondió a la pregunta “¿Qué más corregiría?” de La Nación diciendo que “el sistema desdoblado de tipo de cambio no es algo común en el mundo. En ninguno de los países que vos ves que andan bien transcurren mucho tiempo con un tipo de cambio desdoblado y mucho menos con atraso cambiario”. En criollo, propone devaluar.
Miguel Bein, referente económico del equipo de Scioli dijo en el programa de Fantino que: “Hoy, en este mundo, vos no podés cobrarles impuestos a las exportaciones. Eso estaba muy bien trece años atrás”. En 2014, Macri proponía lo mismo y Cristina le respondía: «Macri dice por un lado que va a bajar las retenciones y los impuestos, y por otro, que va a aumentar la inversión social y productiva. Yo me pregunto cómo lo pretende hacer y qué partidas presupuestarias va a recortar para lograrlo». Nosotros nos hacemos la misma pregunta. Scioli promete el 82% móvil a los jubilados para captar los votos de Massa, pero a la vez promete bajar las retenciones. La pregunta de Cristina sigue siendo válida: ¿Cómo se puede decir que hay que dejar de cobrar impuestos a las exportaciones y a la vez prometer más gasto social? En algún lugar hay que recortar y más en un momento de crisis mundial con un bajo precio de las materias primas.
Por otro lado, Urtubey, quien hasta hace algunos días sonaba como candidato de Scioli para ser canciller, se sinceró y dijo que “hay que arreglar con los holdouts”. Aníbal Fernández con su habitual elocuencia respondió: «tanto lo que dice Macri, como lo que dice Urtubey, que es más o menos lo mismo». A las pocas semanas Aníbal volvió a pegarle a otro miembro del equipo de Scioli diciendo que le «llama la atención Marangoni [candidato de Scioli para el Banco Nación], tanta desesperación por parecerse a Melconián [economista del PRO]. No termino de entender». Cosas mucho más terribles se podrían decir de los cavernícolas de Berni o Granados que son los nombres que más suenan para el Ministerio de Seguridad.
Scioli, a diferencia de Menem en el ‘89 y de Néstor en el 2003, que venían de provincias chicas y lejanas al puerto de Buenos Aires, llega con una gestión conocida por buena parte del electorado. El ser el gobernador hace 8 años de la provincia más importante del país es un gran nivel de exposición, y la mayor parte de la gente de Buenos Aires conoce, y no acuerda, con la gestión que ha realizado. Esta se ha basado en la subejecución de partidas a salud, educación, viviendas y obras de infraestructura, la apuesta al aumento de las fuerzas represivas con el “mataguachos” Granados a la cabeza (mas bonaerenses y la creación de la policía municipal). No es estructuralmente diferente a lo que ha hecho Macri.
Ahora bien, es real que ni Scioli, ni sus asesores, ni los deslices que tienen son sinónimo de lo que es el kirchnerismo como movimiento político. Sería injusto valorar o balancear al kirchnerismo en base a estas individualidades. Como ya dijimos en varios análisis el kirchnerismo ha tomado medidas claramente progresivas en algunas áreas aunque muchas veces no pueden ser separadas de otras que se encuentran en las antípodas. Ahora bien, el problema está en que Scioli y sus asesores, si ganasen, serían los que manejen el país.
No solo es importante el escuchar lo que dice el candidato y su equipo si no también ver lo que ha pasado con el que originalmente era el candidato del kirchnerismo duro: Randazzo. Como sabemos, poco tiempo antes de las PASO fue desplazado de la carrera por la presidencia y reemplazado por el dirigente que más incomodaba a la militancia kirchnerista. En el medio de la campaña de Scioli, el ministro de Transporte realizó importantes críticas, e incluso cuestionó a Cristina por su decisión de elegir al gobernador de la provincia de Buenos Aires como candidato del FPV. En política nada es azaroso, y los dirigentes de ese nivel no son ingenuos. La pregunta que abre el zigzagueante andar de Randazzo es: ¿Qué podría pasar con Scioli una vez que gane? ¿Cumpliría con las pobres promesas de campaña o haría algo similar a Randazzo? El armado de las listas que hizo Cristina, intentando “cercar”, con los dirigentes más allegados a ella, ante un posible y probable desbande de Scioli responde esta pregunta.
Las compañeras y compañeros kirchneristas nos dicen que es mejor apostar por la posibilidad de que Scioli cumpla que lidiar con la certeza de tener a un presidente como Macri, pero si uno mira lo que ha hecho Scioli, lo que dice su equipo, lo que dicen los mismos kirchneristas de él y su Equipo, no parece que quede mucho lugar para la duda.
Para colmo estamos ante una crisis económica (una caída en lo que ganan los empresarios) con un importante déficit fiscal (el Estado gasta más de la plata que tiene) y con pocas reservas (al Estado le quedan pocos dólares). Para alguien como Scioli que tiene los pies bien dentro del sistema no hay muchas posibilidades. Karina Rabolini ayuda a dejar las cosas aún más claras: «La ideología de Daniel es decir «a ver. ¿qué se necesita?». Es pragmático». Esta es la definición de ser de derecha. El pragmatismo para alguien como Scioli no es sinónimo de nacionalizar el comercio exterior para ayudar a resolver los problemas de las divisas por ejemplo. El pragmatismo consiste en llevarse bien con quienes manejan el mundo. El pragmatismo es hacer lo que los empresarios necesitan: bajar salarios directa o indirectamente para ser más competitivos a nivel internacional y para que de esta manera puedan volver a ganar lo que ganaban antes.
¿Qué hacer?
En el último tiempo se produjo una disociación entre el discurso del oficialismo, sobre lo separada que está la Argentina de cualquier crisis internacional; y una realidad que, mes a mes, se vuelve cada vez más dura. La inflación, ninguneada como problema, es una preocupación constante y real de los sectores que dependen de ingresos fijos, sean salariales o subsidios estatales. Sería ingenuo culpar de una posible derrota del kirchnerismo simplemente a las “campañas sucias” de Clarín y a los informes tendenciosos de Lanata. El Estado mantiene deudas importantes con el pueblo argentino, y ese factor no puede descartarse a la hora de analizar los porqué de estos resultados inesperados.
En estas semanas un debate recorre el campo popular: ¿cuál debe ser la posición del campo popular? Quedan 3 opciones: Scioli, Macri o alguna forma de no votar a estos dos (ausentarse, blanco, inválido, etc.). Sanamente nadie en el campo popular se ha decantado a apoyar a Macri, por lo que nos queda el debate entre el voto a Scioli o el no votarlo.
Los compañeros que llaman a votar a Scioli explican que este es el voto “útil” en el sentido de que se estaría apoyando a un mal menor en contra del peor: la derecha directa. De esta manera sería un acto de responsabilidad de la izquierda el votar al “menos malo” sabiendo que no se avanza en un centímetro en lo que se busca, a lo sumo se logra evitar retroceder, o hacerlo demasiado. En un punto la fortaleza de esta posición es la muy elogiable voluntad de poder, de incidir en la realidad, de afectar el destino, la aceptación de la “incómoda” situación y el negarse a las respuestas fáciles. Sin embargo, creemos que los compañeros de izquierda que se referencian en mayor o menor medida en Scioli, al apostar a “lo posible”, reiteran las frustraciones del campo popular, postergando indefinidamente el proyecto necesario.
Muchos compañeros nos dicen que no debemos ser indiferentes, que no debemos ser tibios. En esto estamos de acuerdo, no se puede hacer política apostando a medio camino. Por eso decimos lo que vemos y creemos. La realidad es que para nosotros sería más fácil votar por Scioli, inclusive sería más cómodo ya que no pensamos que el kirchnerismo como proyecto sea igual al PRO. Sin embargo estamos seguros de que Scioli no va a ser un dique de contención, sino que es parte del ariete que va a atacar los derechos de los desposeídos. Sumado a esto no creemos que haya una mejor correlación de fuerzas para quienes apostamos a salir de este sistema enfermo que reproduce la pobreza y destruye la dignidad humana. Creemos que defender a rajatabla una estrategia que viene demostrando enormes falencias puede ser útil en el corto plazo, pero contraproducente a la larga.
Repasando brevemente los últimos años vemos que se abordó la política desde esta visión que nos llevó hasta este punto y no produjo los resultados esperados. En pos de una estrategia de reformas dentro del Estado, de apoyar siempre lo posible en lo inmediato sin pensar de qué manera construir lo posible en el mediano plazo, no se lograron los cambios estructurales que se decían pretender. La primer batalla grande que dio el kirchnerismo fue por la 125 enfrentándose a los sectores concentrados del campo. En este caso el Gobierno perdió en el Congreso. Luego vino la Ley de Medios, para combatir a quienes apoyaron al retrógrado campo argentino, con el famoso 7D donde en teoría le íbamos a decir Chau a Clarín. Hoy en día, en cambio, Scioli se queja de que Macri no quiera ir a discutir en conjunto a TN. Por último se intentó democratizar el sistema judicial para combatir las trabas que le puso la justicia a la Ley de Medios. Finalmente, la justicia viene revirtiendo las medidas que tomó el kirchnerismo para reformar la justicia. A nuestro entender, estos tres ejemplos centrales sirven para reforzar la idea de que no se puede centrar la disputa de poder hacia el interior del Estado siguiendo las reglas de juego del sistema.
Agregamos algo obvio a esta altura: entendemos perfectamente a los compañeros y compañeras que votan a Scioli contra Macri y sabemos que con ellos principalmente construiremos la resistencia al ajuste de los próximos años buscando construir una alternativa. Sin embargo, nos vemos obligados a decir lo que pensamos aunque sea incómodo: no creemos que haya que seguir alimentando la lógica del mal menor, del posibilismo, de centrar la construcción dentro del Estado, de patear lo estratégico siempre para el mañana priorizando el día a día. Inclusive creemos que esta forma de entender la militancia y estrategia ha sido una de las que ha permitido que Macri tenga una importante probabilidad de ser presidente.
Aspectos positivos como la política de integración y la propagandización de un modelo cultural más cercano a los intereses populares, han sido opacados por la figura de Scioli. El candidato se refirió al narcotráfico y a los cortes de calle en una misma frase, como si ambos fueran equiparables en algún nivel. A su propuesta de “blindar las fronteras” con el ejército para combatir el narcotráfico, Scioli agregó la de desalojar los cortes de calle sin orden judicial “para no joderle la vida a la gente”. Se trata de un drástico giro a la derecha en materia de seguridad y represión, que contrasta con la política kirchnerista de no reprimir sistemáticamente la protesta social. Mientras escribimos estas líneas, el “mataguachos” Granados se preparaba para desalojar una importante toma de tierras en Merlo.
Asimismo, las ataduras del modelo vigente a temas como extractivismo (y sus daños colaterales como el millón de litros de agua con cianuro volcados a los ríos de San Juan) o el pago (sin investigar) de una deuda fraudulenta, desarman ideológica y políticamente al campo popular. Y en cuanto a los avances regionales, no hay motivos para dudar que Scioli vaya a alinear al país con Estados Unidos, regularizar la situación con los fondos buitres y endeudar nuevamente a la Argentina. La diferencia con Macri será el enfoque más gradual del viraje de política exterior, en lugar de un viraje más brusco del Pro. Pero lo cierto es que el sciolismo no es sinónimo de solidaridad bolivariana.
La victoria de Scioli o de Macri abre escenarios opuestos para la militancia pero, para la gran mayoría del pueblo argentino, creemos que las consecuencias van a ser similares a pesar de que detrás de Scioli se encolumne una importante cantidad de compañeros con los que pretendemos resistir en conjunto. En resumen: no votaremos por Macri, pero tampoco tenemos razones suficientes para votar por Scioli. No llamar a votar a ninguno de los dos no es por un prurito, ni político ni ideológico, sino porque no queremos abonar a una nueva frustración del campo popular y del pueblo argentino.
A su vez, todas las organizaciones del campo popular tenemos la responsabilidad de no haber logrado construir una mínima alternativa de poder real a estos proyectos. Esa responsabilidad les cabe a quienes han enfocado su energía en construir un poder estatal que se demostró incapaz de romper con su lógica capitalista. Pero obviamente también a quienes, desde otra perspectiva de construcción de poder por fuera del Estado y contra el discurso posibilista y cortoplacista, tampoco hemos logrado consolidarnos como alternativa.
En resumen, no apoyamos a Scioli, no por las cosas que faltan sino porque no creemos que este sea el camino para conseguirlas.
OLP – La Simón Bolívar

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