La radical autodefensa de las mujeres kurdas

Dilard Dirik/Resumen Latinoamericano, 15 de julio de 2015 – La resistencia de las mujeres Kurdas opera sin jerarquía o dominación y forma parte de algo más grande, la transformación social y la liberación Instituciones poderosas del mundo operan a través de la estructura del Estado, el mismo que tiene el monopolio final sobre la toma de decisiones, la economía y el uso de la fuerza. Al mismo tiempo, se nos dice que la violencia prevalente de hoy es la razón por la que el Estado necesita protegernos contra nosotros mismos. Las comunidades que deciden defenderse contra la injusticia son criminalizadas.

Sólo basta echar un vistazo a la definición genérica de terrorismo: el uso de la fuerza por parte de agentes no estatales para fines políticos. No importa el terrorismo de Estado. Como resultado, las mujeres, la sociedad y la naturaleza se están quedando indefensas, no sólo físicamente, sino social, económica y políticamente. Mientras tanto, los aparatos de seguridad del Estado omnipresente, que abiertamente conducen economías de comercio de armas y se benefician del enfrentamiento de comunidades mediante sus guerras sucias, dan la ilusión de proteger a un, «nosotros», contra un misterioso, «ellos”.

En la naturaleza, los organismos vivos tales como las rosas van a desarrollar espinas, sus sistemas de defensa propios, no para atacar, sino para proteger la vida. En el último año, el mundo fue testigo de la resistencia histórica de la ciudad kurda llamada Kobane. Donde las mujeres de una comunidad olvidada se convirtieron en los enemigos más feroces del grupo Estado Islámico, cuya ideología se basa en la destrucción de todas las culturas, comunidades, lenguas y colores de Oriente Medio, y se van contra todo uso convencional de la fuerza y de ​​la guerra. No fue porque los hombres estaban protegiendo a las mujeres o un estado protegiendo a sus «sujetos» que Kobane se escribiría en la historia de resistencia de la humanidad, sino porque sonrientes mujeres y hombres pusieron sus ideas y cuerpos en la línea del frente ideológico contra el cual el grupo Estado Islámico y su visión de un mundo violador se derrumbó. Sobre todo en el Medio Oriente, donde ya no es suficiente para las mujeres «condenar la violencia», cuando la violencia se ha convertido en un factor tan constante en nuestras vidas, donde nuestro construido o percibido status como “víctimas” se utiliza como justificación por parte de los imperialistas para lanzar guerras en nuestras comunidades.

El ascenso del grupo Estado Islámico mostró los desastres que traen la total dependencia en los hombres y en un estado-ejército: no otra cosa que el feminicidio. Como tal, se necesita un mecanismo de auto-defensa radical. La conducta de guerra del movimiento de liberación kurdo se basa en el concepto de «legítima defensa» e incluye el establecimiento de mecanismos sociales y políticos de base para proteger a la sociedad más allá de la simple defensa física. Abdullah Öcalan, el representante ideológico del PKK, o Partido de los Trabajadores del Kurdistán, califica esto como la «teoría de la rosa». Para que la sociedad de manera similar se resista a ser militarista, debe abstenerse de imitar conceptos de fuerza de tipo estatal en lugar de proteger los valores comunales, derivando su poder desde la base. La sociedad, en especial las mujeres, reclama Öcalan, deben en primer lugar ser «xwebûn», o ser uno mismo. Sólo con la realización de la propia existencia de uno y su significado, se puede reclamar el derecho a vivir y defenderse a sí mismo y la comunidad. Esto debe basarse en una sociedad que está politizada, consciente de sí misma y activa, mientras que internaliza la ética del amor en la comunidad – incluyendo valores fundamentales como el compromiso con la liberación de la mujer, en lugar de depender de la ley impuesta por el Estado capitalista y su aparato policial.

Lo que ha convertido al Kurdistán en un lugar de peregrinación para las mujeres y los movimientos antisistema de todo el mundo es esta postura ideológica que defiende la vida, frente a un ejército de la muerte. Las fuerzas de defensa en Rojava ilustran cómo la autodefensa puede funcionar sin jerarquía, control o dominación: En medio de la guerra, las unidades del Pueblo Kurdo de Defensa, o YPG, y la brigada de sus mujeres la YPJ, así como las unidades de seguridad interna, Asayish, se centran en la educación ideológica. La mitad de esta se centra en la igualdad de género. Academias educan a los combatientes a entender que ellos no son una fuerza de venganza y que la movilización actual es una necesidad debido a la guerra. Las academias Asayish trabajan hacia una comunidad con un Asayish sin armas, que verbalmente media en los conflictos en los barrios, con el fin último de la abolición de las fuerzas de seguridad kurdas por completo, mediante la construcción de una «sociedad ético-político» que pueda resolver sus propios problemas. Rechazan la etiqueta de policía, porque en lugar de servir al estado, sirven a la gente, porque son personas.

La academia Asayish en Rimelan, solía ser un centro de servicio secreto del régimen sirio. Algunos estudiantes fueron torturados por el régimen como presos políticos. Los Comandantes son elegidos por los miembros del batallón, con base en su experiencia, el compromiso y la voluntad de asumir su responsabilidad. Esta idea de liderazgo en el espíritu de sacrificio es la razón por la cual muchos de los mártires de la YPG / YPJ tenían experiencia y eran comandantes muy queridos. Para las mujeres, la defensa propia es más una cuestión de vida o muerte: Las mujeres yazidi de Shengal (Sinjar), que son presentadas como pasivas y pobres víctimas por los medios de comunicación, ahora rechazan ser calificadas como víctimas de violación y, similar al YJA Star (ejército de la mujer del PKK) y el YPJ, las Fuerzas de Defensa de la Mujer en Rojava, construyeron un ejército con sus propias mujeres autónomas, llamado YPJ-Shengal, la fuerza de autodefensa de las mujeres yazidi, paralela a sus estructuras de autogobierno autónomas emergentes.

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