Atrapados en Yarmuk, el drama de 18.000 palestinos en Siria
El barrio de Yarmuk, en Damasco, era antes de la guerra una zona relativamente próspera que albergaba a la comunidad palestina en Siria. Casi cuatro años después del inicio del conflicto, el área se ha convertido en una trampa para 18.000 personas que malviven atrapadas sin comida y con frío.
La agencia de Naciones Unidas para los refugiados palestinos (UNRWA) ha lanzado un llamamiento urgente ante el deterioro de la situación en Yarmuk y ha advertido de que la zona está al borde de la «catástrofe humanitaria».
En 2014, la UNRWA sólo pudo repartir alimentos 131 días, con una media de 89 cajas diarias a pesar de que harían falta al menos 400 para cubrir las necesidades mínimas de la población. Además, no hay electricidad, y la mayoría de los civiles atrapados no pueden acceder a servicios básicos como agua potable, refugio, atención sanitaria o calefacción.

Un portavoz de la agencia de la ONU, Chris Gunnes, ha pedido a las autoridades que «faciliten» el reparto de ayuda entre la población civil, toda vez que la situación ha empeorado por la «grave escalada» del conflicto armado.
En este sentido, ha subrayado que la UNRWA tiene capacidad para distribuir hasta 1.000 paquetes de comida, pero para ello haría falta una mayor colaboración y el «cese inmediato de las hostilidades».
La situación ha llegado a un punto en el que las familias han tenido que recurrir a quemar ropa para tratar de calentarse. Naciones Unidas ha difundido un vídeo en el que un padre de familia –rodeado de cuatro niños– cuenta a uno de los menores por qué mete prendas en la chimenea.
«No tenemos nada para estar calientes, sólo nuestra ropa», cuenta este hombre, que lamenta también que la utilización de estas prendas como fuente de calor supone un foco de enfermedades. Las familias también queman muebles para tratar de sobrevivir al invierno.

Sin comida
La UNRWA ha recogido testimonios dramáticos como el de Mahd, incapaz de alimentar sus hijos. «Lo más difícil es cuando se levantan por la mañana pidiendo leche y pan y tengo que darles rábano o alguna verdura, y en ocasiones tampoco hay», ha dicho.
Otra de las historias recogidas por la agencia es la de Aziz, de diez años, que todas las mañanas tiene que caminar un kilómetro para conseguir agua. Aziz ha explicado que dedica «cinco horas al día» a esta labor, aunque sólo hay agua «disponible» cada cinco días.
07-02-2015
Chris Cramer, de unos 50 años de edad, falleció en la ciudad de Tabuk a mediados de enero, según dijo el departamento de Estado de Estados Unidos. Sin embargo, su muerte no se divulgó hasta dos semanas después, el 1 de febrero. Las causas de este fallecimiento no están claras. Por un lado, la policía saudí dice que se suicidó arrojándose al vacío desde su habitación en la tercera planta de un hotel local. A esta versión oficial, se contrapone la de la familia, que estaba en contacto permanente con Cramer, y que sostiene que fue asesinado.Cramer trabajaba desde hace doce años para la compañía americana Kollsman Inc., que pertenece al grupo israelí Elbit Systems (ESLT), una empresa dedicada a la fabricación de armas sofisticadas y electrónica militar. El mismo día que se conoció la muerte de Cramer, ESLT sacó un comunicado diciendo que no sabía lo que había ocurrido y que las autoridades de Estados Unidos lo estaban investigando.
Los medios saudíes han guardado un estricto silencio y los medios hebreos han sido muy parcos en la información. Una buena parte de ellos ni siquiera han publicado noticias al respecto mientras que otros se han limitado a reproducir lo que ha dicho la cadena de televisión americana Fox, que fue la que levantó la liebre cuando la familia de Cramer lo consideró oportuno.
A través del abogado de la familia, Noah Mandell, que también era amigo del difunto, se ha sabido que a principios de enero Cramer viajó a Arabia Saudí para resolver «un problema con el cliente». Concretamente, ese problema estaba relacionado con la venta de misiles TOW a la compañía saudí que responde al pomposo nombre de Global Defense Systems, una empresa privada. Es decir que la firma israelí había vendido los misiles TOW, a través de su subsidiaria americana, a una empresa particular saudí y no al ejército. Justamente la pregunta más inmediata es para qué necesita una compañía privada saudí, y no el ejército, esos misiles.
Naturalmente, las especulaciones que se han hecho en los últimos días incluyen una bastante razonable que sugiere que esos misiles israelíes estarían destinados a los rebeldes sirios y que se encontrarían en Arabia Saudí de paso hacia el territorio controlado por los rebeldes, ya sea en el norte del país, para lo que deberían entrar por Turquía, o en el sur del país, para lo que deberían entrar por Jordania.
El secretismo que rodea este asunto sólo contribuye a que cundan las especulaciones. Ninguna fuente israelí ha aportado nada nuevo ni ha aclarado nada más allá de lo citado por la cadena Fox, de manera que los medios hebreos parecen haber sucumbido otra vez a la férrea censura militar.
Según el abogado Mandell, Cramer viajó a Arabia Saudí para resolver el citado «problema con el cliente», es decir con la compañía privada saudí. «El sistema de misiles ya se había vendido a una compañía saudí que se quejaba de que no funcionaba. A Cramer lo enviaron para ver si podía probar que los saudíes los estaban usando incorrectamente», dijo el abogado. El letrado también sostiene que el sistema de misiles TOW «fue saboteado» antes de que llegaran a Arabia Saudí Cramer y otro empleado de la compañía subsidiaria americana. «Cuando llegó Cramer se vio que todo (el sistema) era inoperable y Cramer lo reparó», declaró Mandell.
Otra pregunta que suscita este tinglado tiene que ver con qué hacía un empleado de una compañía israelí de fabricación de armas en ese país. Y una de las respuestas más obvia es que el incidente confirma lo que es un secreto a voces: que existen estrechos vínculos de índole militar entre Arabia Saudí e Israel.
Los medios de comunicación hebreos hablan continuamente de la existencia de relaciones secretas entre Israel y Arabia Saudí, y lo hacen con mucha más frecuencia desde que hace cuatro años estalló el conflicto sirio, aunque nunca dan detalles de estas relaciones debido a la censura militar. Los dos países comparten el objetivo de echar al presidente Bashar al Asad de Damasco, cada cual por sus propios intereses. Los saudíes entrenan a milicianos y yihadistas del mundo árabe que luego viajan a Siria a combatir contra el régimen, mientras que los israelíes suministran apoyo logístico y militar a los rebeldes.
Fuente original: http://www.publico.

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