Venezuela: Crónica de un golpe anunciado

Resumen Latinoamericano/Dr. Juan E. Romero* –  La característica esencial de la guerra de V Generación, es el sacrificio de la realidad. Se parte de la premisa de “modificar” la percepción de nuestro entorno. Para ello se recurre a tres operaciones básicas: 1) generalización, 2) estereotipificación y 3) transmutación. La generalización permite convertir una parte de la realidad en un hecho aplicable a todo y generalizable. Así las FFAA, encargadas del control de protestas son militaristas y esa condición viene dada por la influencia del “castro-comunismo”. Observamos en la construcción de esta interpretación un hecho cierto: las FFAA se encargan del control de protestas, e inmediatamente se produce la “generalización “y el estereotipo: son violentas y represivas y ello es así, por influencia cubana. De una realidad (las FFAA y su papel de control hegemónico de la violencia) se pasa a “otra” completamente construida (son influenciadas por Cuba y por ello reprimen). Con ello, se completa la tercera operación: la trasmutación de la realidad.
Todo ello, acompañado por montajes (parte realidad parte elucubración técnica) que se completa con la “opinión” de analistas, que validan esas operaciones. Finalmente, se produce la recirculación inmediata y constante, a través de medios de comunicación y las redes sociales, en una interminable red de trasmisión. Ese esquema, se plantea cómo base de un conjunto de acciones que buscan justificar una transición forzada, del sistema político venezolano. Asistimos a la (re)aplicación del esquema de conspiración suave del 2002. Los métodos empleados han pasado por el “ablandamiento”, generado por los problemas de distribución y de escasees de productos esenciales (café, harina, pañales, papel higiénico, alimentos perecederos, etc), que en parte son responsabilidad de no haber generado cambios en una economía rentística y basada en el mercado especulativo de la reventa y el sobre-marcaje de precios. En esta etapa, posterior a ese ablandamiento que se ha dado desde marzo del año 2013, se asiste a la  protesta y calentamiento de calle. Para ello, el caldo de cultivo lo constituye el carácter contestatario de los estudiantes, cuyas exigencias en torno a seguridad y mejora de condiciones de vida, se solapan con una agenda paralela, destinada a crear el caos, incertidumbre y finalmente desencanto.

El movimiento estudiantil, que históricamente ha sido contra-hegemónico, utiliza hoy banderas liberales esencialmente. La defensa de lo personal (mi derecho a marchar, mi derecho a protestar) pero esa defensa de lo “personal, escuda – o mejor esconde- otra realidad diferente: la penetración de sus banderas y reivindicaciones por una agenda de intereses estratégicos, cuyo objetivo es el control de importantes recursos energéticos. En este panorama – tal como ocurrió en 2002- no todo es culpa de la acción de la oposición. Desde algunos sectores del Gobierno Bolivariano, se produce la negativa a rectificar los errores en la planificación económica y política. En evitar los dogmatismos y las interpretaciones ortodoxas. El momento que se vive, exige una profunda revisión de los diversos mecanismos de articulación entre la aplicación de los supuestos ideológicos y paradigmáticos del Plan de la Patria y el accionar de los funcionarios del Estado.

Hay un distanciamiento, entre la praxis burocrática y la praxis revolucionaria del proyecto bolivariano. Hemos asistido a la trasmutación del funcionario en un burócrata y no en un servidor público. Hemos asistido a la pérdida del impulso revolucionario y su sustitución por un “hacer burocrático” que no acepta sus errores. Todo ello puede conducir a una situación de explosión social, que “impulse” un pronunciamiento de algunos sectores militares, que en un “sentido” patriótico intervengan. Eso fue lo que ocurrió en 2002 y hoy asistimos a la reproducción de ese esquema. En ese entonces, Chávez se equivocó al no cambiar a Alí Rodríguez (cuestión que finalmente hizo) y con ello,  se facilitó el golpe. Lo que salvo la situación, fue la movilización popular, pues los militares “patriotas” no actuaron inmediatamente. Todo con un costo de vidas, que aún lamentamos.

Espero que no se repitan los errores y no estemos asistiendo, tal como el libro de García Márquez, a una crónica de una muerte (golpe) anunciada.

*Historiador y politólogo

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