Chile. La política que se aprovecha del miedo no construye seguridad
Resumen Latinoamericano, 25 de abril de 2025.
Chile se ha transformado en uno de los países donde el temor de las personas a la delincuencia ha alcanzado los niveles más altos en la región y en el mundo. Solo este último año, estudios publicados por Gallup, Paz Ciudadana e Ipsos son consistentes al respecto. La angustia producida por esta percepción tiene enormes efectos en la vida cotidiana e incluso puede llegar producir cambios importantes en las actividades y rutinas de las personas.
Pero todo esto ocurre no solo por la realidad delictual en sí misma, que no pretendemos desconocer ni minimizar, sino también por el uso político que se hace de ella. Como, por ejemplo, con la reciente propuesta de la candidata Evelyn Matthei de instalar una cárcel de alta seguridad en el desierto, próxima a Copiapó. Cuando el miedo se vuelve una emoción dominante en la ciudadanía, es aún más necesario exigir responsabilidad —y no oportunismo— a quienes conducen el debate público. En lugar de convertir la inseguridad en una herramienta electoral, nuestros dirigentes, y más aún quienes tienen probabilidad de acceder a la primera magistratura del país, debieran asumir con altura de miras el deber de construir respuestas colectivas, ancladas en evidencia y sentido de país.
Propuestas como ésta o debates como el que se da en torno al proyecto de ley de Reglas del Uso de la Fuerza, muestran una preocupante falta de consensos y una escasa voluntad de avanzar hacia soluciones estructurales. La seguridad pública, que exige coordinación entre poderes del Estado, municipalidades, academia y sociedad civil, es sin embargo abordada con anuncios que apelan más al efecto mediático que a una transformación real. El problema no es solo de forma, sino de fondo: la política chilena se ha vuelto incapaz de generar marcos comunes donde las diferencias ideológicas no sean obstáculos, sino contribuciones plurales para la construcción de acuerdos.
Quizás lo más sintomático o elocuente en relación a lo recién señalado es la invisibilidad de voces expertas en muchas de las candidaturas que hoy levantan la voz con más estridencia en esta materia. La falta de notoriedad de profesionales con formación académica y experiencia seriamente validada en políticas de seguridad, prevención y rehabilitación, no parece casual, sino deliberada. Es como si el conocimiento fuera un obstáculo para el libre despliegue de la demagogia y que, por lo tanto, hay que hacer a un lado.
Así, se opta por ideas efectistas, fáciles de comunicar, pero difíciles de implementar, como lo cual ya se está fraguando la decepción ciudadana del futuro frente a las promesas incumplidas. En resumen, en el Chile de 2025, donde el miedo de la población frente a las nuevas formas de delincuencia y crimen organizado se vuelve terreno fértil para el populismo, deberíamos optar, en vez de por el panfleto, por propuestas ancladas en la ciencia y la evidencia, puesto que no vamos a resolver este problema mágicamente ni rápidamente. Optar por lo fácil es seguir postergando las respuestas verdaderamente adecuadas, es decir, las de fondo y de largo plazo, frente a un problema que no admite más dilaciones ni frivolidades políticas por motivos electorales.
Fuente: Radio UChile




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