Elecciones indias: De la desmesura electoral a la desmesura religiosa
Guadi Calvo*, Resumen Latinoamericano, 25 de abril de 2024.
El diecinueve de abril, ha comenzado el proceso electoral indio, cuyo resultado se
conocerá recién el día cuatro de junio, cuando se cierre la posibilidad para los 969
millones de votantes, sobre una población total de 1400, de elegir a su nuevo Primer
Ministro y a los 543 miembros de la 18.ª Lok Sabha, (cámara baja del parlamento), en
un proceso que cuenta con siete fases.
Se estima que el comicio tendrá una participación abrumadora, para el que,
aproximadamente, se invertirán, unos quince mil millones de dólares, poco menos del
doble de la de 2019, donde se gastaron uno 8.5 mil millones.
En esta oportunidad se abrirán más de un millón de centros electorales y estarán
avocados al proceso, cerca de quince millones de trabajadores y funcionarios, en el que
participarán 2700 partidos políticos, seis de ellos nacionales y más de setenta estatales.
En la anterior elección de 2019, en la que el Primer Ministro, Narendra Modi, alcanzó
su segundo mandato, había conseguido, la mayoría parlamentaria con 303 escaños, lo
que intentará superar en esta oportunidad ese número para llegar a los cuatrocientos
parlamentarios, que le permitan cambiar la Constitución, para convertir a India en una
república teocrática.
Es clave para el partido de Modi, el ultraderechista Party Bharatiya Janata, (Partido
Popular Indio) o BJP, superar la participación del electorado que llegó al 67 por ciento
en la última elección, lo que significó la mayor participación electoral de la historia del
país. Cuestión que podría ser factible, ya que, según las investigaciones, en el primer día
de elección, el viernes 19, a pesar de la extenuante ola de calor, lo hicieron 166 millones
de votantes. De confirmar en las urnas todas las presunciones, Modi, se convertiría en el
segundo, Primer Ministro de India, en ser elegido tres veces consecutivas, como lo fue
Jawaharlal Nehru (1947-1964).
El arduo proceso electoral se desarrolla en un complejo marco social donde, en donde
los regionalismos, las identidades étnicas y religiosas, juegan un papel primordial. Más
si se tiene en cuenta como jugará la comunidad islámica, de unos 220 millones de fieles
a la que Modi, ha perseguido, encarcelado y asesinado, desde que se convirtió en
Ministro Jefe (gobernador) del Estado de Guyarat en 2001.
En vista del gigantesco espectro que significa la sociedad india en cada uno de los
veintiocho estados y sus ocho territorios, las alianzas, siguen siendo un factor decisivo
en los resultados finales. Donde además juegan otros factores, cono la corrupción
crónica y generalizada, la cuestión de castas, las abismales diferencias sociales que se
incrementan año a año.
Según la revista Forbes, el país cuenta con doscientos multimillonarios, frente a los 169
del año pasado, con una riqueza colectiva estimada en 954 mil millones de dólares, que
cohabitan con 270 millones de indios, que se encuentran debajo del nivel de pobreza. Lo
que ubica a India en el lugar 143, entre los 195 países evaluados, según el Banco
Mundial, que además tiene cerca de cuatrocientos millones de analfabetos.
Por lo que el país, más poblado del planeta presenta diferencias, en lo profundo de su
sociedad, diametralmente opuestas, como que mientras vastos sectores de la sociedad,
han ingresado a un mundo de alta nivel tecnológico, que instala al país entre la elite
nuclear, lo que le ha permitido iniciar una floreciente industria espacial, que en agosto
del año pasado, le permitió convertirse en el cuarto país del mundo, después de la
extinta Unión Soviética, los Estados Unidos y China, en llegar con una nave, a la
superficie lunar. Y el primero en hacerlo, en el inexplorado polo sur de ese satélite con
la Misión Chandrayaan-3, de la Organización India de Investigación Espacial.
Al mismo tiempo, que inmensas mayorías, siguen instaladas, en un mundo que se
asemeja al siglo VI, sometidos a los caprichos del régimen de castas, donde todavía más
de doscientos millones de los impuros, intocables o dalits, viven en condiciones de
discriminación, difícil de comparar a cualquier otro colectivo social en el mundo.
A la cuestión de castas se agrega. Las disparidades de género y una creciente violencia
contra las mujeres, donde los casos diarios de violaciones en manada, se han convertido
en parte del paisaje social.
Detrás de la capa cosmética de la “modernidad”, alaba por occidente, dado que el
mercado indio, es siempre muy atractivo, la injusticia y la desigualdad social son
soslayadas. A pesar de que enormes mayorías, no conoce derechos y depende, para
todo, de los caprichos de un señor de la comarca, que a la vez depende de…. y así, hasta
alcanzar el círculo áulico que en verdad controla el país, más allá de un amañado
sistema democrático.
Si las encuestan no fallan o no acontece algún fenómeno inaudito, Narendra Modi, se
impondrá sin dificultades a su principal rival, la alianza INDIA, (por su acróstico en
inglés The Indian National Developmental Inclusive Alliance) o Alianza Inclusiva de
Desarrollo Nacional de India, qué componen cuarenta y un partidos políticos entre ellos
el otrora invencible Partido Congreso Nacional Indio, encabezado por Rahul Gandhi, o
el Partido Aam Aadmi o AAP (Partido del Hombre Común) cuyo principal líder y
Ministro Jefe (Gobernador) de Nueva Delhi, Arvind Kejriwal, ha sido encarcelado en
marzo con cargos por corrupción.
El AAP, un partido que hasta hace ocho años era solamente fuerte en la capital y su
área, y que hoy se ha expandido a muchos estados, incluso Kejriwal, corre a Modi por
derecha, arrebatándole su discurso nacionalista e hinduista.
Quien alcance a gobernar India, se enfrenta, a problemas concretos como el desempleo
que, a finales de 2023, había registraba, entre los jóvenes de 20 a 24 años, un 45 por
ciento; las protestas de agricultores, que representan más de la mita de la población del
país, que se encuentran en pie de guerra, por las modificaciones en las normas de
comercialización de sus productos; los eternos conflictos fronterizos con Pakistán,
principalmente en el área de Cachemira, siempre un foco de fuertes disputas con
Islamabad y los siempre latentes focos de la guerrilla Naxalista, de origen maoísta, en el
noreste del país y los grupos terroristas vinculados a al-Qaeda y el Daesh, que han
producido importantes atentados, en diferentes ciudades de la Unión India.
Todo por la victoria cultural.
Modi a lo largo de su ya extensa carrera política aprendió que para alcanzar los logros
políticos que cosecha en la actualidad, tendría que dar y vencer, en una batalla cultural
que no era para nada menor en un contexto como India, donde lo cultural, las religiones
y la tradición, incide de manera absoluta en la vida cotidiana, de cada uno de los mil
cuatrocientos millones de indios. Sean o creyentes o no o cuán apegados puedan estar a
las tradiciones.
Para lograr sus fines no dudo implementar sistemáticamente todas las herramientas del
Estado, emitiendo leyes que le han permitido perseguir, encarcelar y asesinar opositores,
incluso fuera de India (Ver: Canadá: ¿Un presente griego para Modi?) convirtiendo a la
mayor “democracia” del mundo, en una maquinaria perversa, donde el supremacismo
hinduista, coquetea entre el genocidio y la guerra civil.
Para lo que ha esmerilado la libertad de prensa, desde su llegada de Modi al poder, en
2014, India, en la Clasificación Mundial anual de la Libertad de Prensa, cayó del puesto
140, al 161 en 2023, de un total de 180 naciones estudiadas.
Modi ha intervenido en la independencia de instituciones estatales, como la comisión
electoral, e incluso el poder judicial, a quien ha colonizado, para darle cobertura legal a
sus arbitrariedades.
El actual primer ministro ha sabido golpear, con certeza y extrema dureza, todos los
conceptos culturales del país, mezclando el nacionalismo y la religión hindú, de lo que
emerge el concepto de Hindutva (el ser hindú).
En enero pasado, en que se puede definir como un acto más de su campaña electoral, se
inauguró el gran templo de Rama, el principal dios de la cosmogonía hindú, en la ciudad
de Ayodhya en el estado de Uttar Pradesh, donde se cree, habría nacido hace siete mil
años. Con una ceremonia que tuvo características de canonización de la propia figura de
Modi, (Ver: India. Una divinidad llamada Modi) se dio por terminada la disputa como
la comunidad islámica, donde en ese mismo predio se levantaba, una mezquita del siglo
XVI, la que, en 1992, fue asaltada y destruida por fanáticos hinduistas, lo que derivó en
serios disturbios religiosos en todo el país, que se salvaron, con muertos y más saqueos.
Entre sus acciones anti-islámicas como la Ley de Enmienda de Ciudadanía (CAA) que
apunta a dejar sin la ciudadanía india a miles de musulmanes, o el levantamiento del
artículo 370 de la Constitución india, que otorgaba estatus autónomo al estado de
Jammu y Cachemira, de mayoría islámica. Además de facilitar las condiciones, para
que miles de hindúes, se instalen en esas regiones, para modificar la ecuación de la
mayoría religiosa.
Además, la campaña anti-islámica de Modi, se ha continuado con el cambio de nombre
de ciudades fundadas por antiguos gobernantes musulmanes y la revisión de los libros
de historia, e infinidad de programas de televisión publicidad y películas, con lo que ha
infundido a las porciones de la población india un fuerte espíritu nacionalista e
hinduista para convertir al país en una desmesurada teocracia.
*Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en
África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook:
https://www.facebook.com/lineainternacionalGC.

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