India: Modi, todo contra el islām.
Guadi Calvo*, Resumen Latinoamericano, 21 de marzo de 2024.
Hemos tratado de informar y seguir, casi hasta el aburrimiento, las operaciones que el
Primer Ministro indio, Narendra Modi, lleva a cabo, desde su llegada al cargo en 2014,
contra la comunidad musulmana de su país, la que representa, “nada más” que unos 220
millones de creyentes. Cifra, que convierte a la Unión India, en el tercer país del mundo,
con población musulmana, después Pakistán (240 millones) e Indonesia (236 millones).
Aunque, es prácticamente imposible, seguir las acciones islamófobas del actual jefe del
gobierno indio, incluso, desde antes de llegar a su actual cargo, cuando en 2001, se
convierte en el Ministro Jefe (gobernador) del Estado de Gujarat, iniciando su mandato con
una matanza de más de dos mil musulmanes, de lo que, a veintidós años de sucedida,
todavía nadie pagó por nada.
En uno y otro cargo, se repitieron, sin disimulo, y a la vista del mundo, persecuciones,
matanzas, secuestros, torturas, violaciones, desapariciones, linchamientos, ejecuciones
ilegales, ataques a mezquitas y madrassas, manipulación mediática, cercenamientos de
derechos constitucionales. Siguen en rigor leyes de censura a la prensa; con graves penas a
los medios y periodistas que las inflijan, desplazamientos forzosos, saqueos y destrucción
de viviendas y comercios, aplicando la ley del bulldozer, a barrios y localidades enteras,
habitadas por esa minoría religiosa, particularmente en los estados de Uttar Pradesh, Delhi,
Gujarat y Madhya Pradesh y Jammu Cachemira.
En vista, de lo que actualmente sucede, en lo que queda de Palestina, donde casi como en
un espejo, se ha repetido exactamente lo mismo que en India, Habría que estar atento, a
cuál pueda ser la próxima fase del régimen de Modi.
Teniendo en cuenta, además, la inédita sociedad que desde el 2017 y al amparo y aliento
del entonces presidente norteamericano Donald Trump, se estableció entre Nueva Delhi y
Tel-Aviv, que además de mutuas visitas de Estado, entre ambos premieres, nunca antes
realizadas. Se establecieron multimillonarios acuerdos comerciales entre Benjamín
Netanyahu y Modi, muy particularmente, en el área de la industria armamentística.
Modi, no solo alienta, acciones directas a manera frecuente por parte de los grupos de
choque, vinculados a su partido el Bharatiya Janata Party o BJP (Partido Popular Indio), y
otras como el Sangh Parivar (familia de organizaciones), el Rashtriya Swayamsevak Sangh
(RSS u Organización Nacional de Voluntarios), el Vishva Hindu Parishad (VHP, Consejo
Mundial Hindú) y la Bajrang Dal (Brigada de Bajrangbali) (Ver: India la ultraderecha lo
carcome todo), convertidas en verdaderas bandas neonazis, que operan como paramilitares,
libres de cualquier control policial, para actuar contra la comunidad islāmica.
En concordancia a estas acciones, que buscan el exterminio y la expulsión, de los
musulmanes indios, se han implementado leyes, por vía de sus mayorías parlamentarias,
que intentan acorralarlos, cada vez más. Como la Ley de Enmienda de Ciudadanía (CAA)
de 2019, que el lunes once de este mes, fue implementada, después de haberla congelado,
tras las protestas, que dejaron cientos de muertos, en Nueva Delhi. Con dicha norma, se
intenta, dejar sin nacionalidad a miles de ciudadanos indios, de origen islāmico.
La CAA, solo aplica para inmigrantes ilegales, llegados desde Afganistán, Bangladesh y
Pakistán, hasta 2014, escapando de persecución religiosa. La ley, solo se aplica a hindúes,
sijs, budistas, jainistas, parsis y cristianos. Dejando por fuera, claramente, a los
musulmanes.
La ley trae aparejada otra intensión más oscura: A lo largo de la historia india, la pobreza
extrema y el analfabetismo, han sido dos flagelos legendarios, y más allá de los avances
que ha tenido el país durante estas últimas décadas, continúan existiendo sectores amplios,
que no han sido tocados por esos cambios. Particularmente en áreas alejadas donde la
ausencia y la corrupción del estado son una constante. Existen generaciones enteras de
indios, que jamás han obtenido documentación alguna, entre ellos muchos musulmanes,
dada la conversión de muchos dalits o intocables, cansados de la discriminación que sufren
por el sistema de castas, que todavía sigue vigente. Por lo que, al carecer de documentos y
pruebas para registrar la nacionalidad india, obviamente sin fecha de ingreso, hay que tener
en cuenta que el islām ingresó a India de mano del Imperio Mughal, túrquico islāmico que
rigió el país desde el siglo XVI al XIX. Por lo que, al no poder acreditar, ni su lugar de
nacimiento, ni su llegada al país, le permitirá, a las autoridades, a expulsar a todos aquellos
no “registrados”.
Es bien conocido que la aspiración de Modi, es convertir a su país, en una un estado
nacionalista-religioso, bajo el concepto de la Hindutva o principio de la hinduidad, más allá
de que sigue, la nación constitucionalmente continúa siendo, norma que no está lejos de ser
cambiada. Teniendo en cuenta, que, que todo indica que, en las elecciones generales, que se
realizaran entre abril y mayo, Modi, según las encuestas, será elegido para un tercer
mandato, y contará con el absoluto control de parlamento, para reformar la constitución.
El largo sueño
El pasado siete de marzo, el primer ministro Narendra Modi, volvió a visitar la ciudad de
Srinagar, la capital de verano de Jammu-Cachemira, en el marco de la campaña electoral,
para las próximas elecciones. Obligado, por la circunstancia, de que nunca su partido, el
BJP, ha conseguido un escaño en Srinagar, al tiempo de intentar conseguir avances en la
región del Himalaya, que también le ha sido muy esquiva a lo largo de su carrera.
Modi, ha llegado a Cachemira, por primera vez desde 2019, cuando tras su fortalecimiento
por la victoria electoral de ese año, decidió revocar el “Artículo 370”, que durante setenta
años otorgó autonomía, al Estado de Jammu-Cachemira, de absoluta mayoría musulmana,
lo que le permitió, dictarse su propia constitución, la que daba protección jurídica,
propiedad de la tierra y defensa de su cultura y religión.
La revocación, cuya excusa ha sido por “motivos de seguridad” y con el fin de “alinear a la
región, a las políticas nacionales”, le ha permitido al gobierno federal, dividir en territorio,
poniéndolas bajo su control y modificar los distritos electorales.
Para apoyar estas medidas, un largo sueño de la ultraderecha india, Modi, envió más de
medio millón de efectivos policiales, implementando un sistema represivo, que lo
asemejaba a la ocupación de un país enemigo: encarcelado a todos los políticos y dirigentes
sociales. El interventor enviado por Modi, en 2018, tras una ola de grandes protestas,
disolvió el parlamento estadual, que recién será restablecido según la decisión del Tribunal
Supremo, tras las elecciones que se celebraran, “algún día” de septiembre.
Además, el Estado de Jammu-Cachemira, durante, más de un año y medio, tuvo cortado el
servicio de internet.
Las operaciones de Modi, continuaron tras la derogación del 370, con el fin de modificar la
ecuación demografía-religiosa de la región, Nueva Delhi, impulsó a miles de familias
hindúes, a instalarse en Cachemira, dándoles facilidades para la compra de tierras y
propiedades en general, lo que estaba prohíbo hasta su levantamiento del artículo. Se estima
que, con esta jugada, Modi, sumo más de dos millones de votantes, al BJP.
Desde la partición de 1947, la región de Cachemira, se ha convertido el punto más sensible,
de la larga frontera entre Pakistán e India, de cerca de tres mil kilómetros. Lo que ha
llevado a las dos naciones, con poder nuclear, a tres guerras (1947, 1961 y 1971) centenares
de choques de distinto calibre que también han sumado, a lo largo de la historia, miles de
muertos. A principio de los años noventa, se comenzó a producir, una importante actividad
de la insurgencia separatista, la que, presumiblemente, cuenta con apoyo de Pakistán. Lo
que ha mantenido al Estado en constante inestabilidad.
Cachemira, siguen siendo, y ahora más, una de las regiones más militarizadas del mundo,
con puestos de control del ejército, cada muy pocos kilómetros, ya no solo en la frontera
con Pakistán conocido como “Línea de Control” (LOC por sus siglas en inglés), si no hacía
todo el interior del Estado.
El periodismo sigue siendo una presencia molesta, por lo que aprobaron nuevas leyes para
controlar su trabajo, censurando cualquier crítica y habiéndoles quitado sus móviles y
tablets.
Los periodistas, que padecen constantes ataques físicos, y detenciones arbitrarias, tienen
vedado su entrada a “áreas calientes”, por lo que se desconoce qué está sucediendo en esas
áreas. Aunque no es difícil imaginar que todo es contra el islām.
*Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en
África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook:
https://www.facebook.com/lineainternacionalGC.

You must be logged in to post a comment Login