Venezuela: El paramilitarismo y la disputa por las zonas estratégicas del país / ¿Quienes protegían al Picure?
- Resumen Latinoamericano/ 13 de Mayo 2016 .- En Venezuela el pulso político está distribuido en varios de frentes y escenarios de conflicto, pero todos los caminos llegan a la Operación Freedom- 2 del Comando Sur, que en su marco operativo y coyuntural plantea «aplicar las tenazas para asfixiar y paralizar, impidiendo que las fuerzas chavistas se puedan recomponer y reagruparse».
El frente irregular/paramilitar es la parte metálica de esa tenaza, tanto por la percepción de violencia generalizada que produce como por su afectación dirigida a las arterias comerciales que unen los estados del país con mayor escala de producción de alimentos esenciales.
Es precisamente ahí, en esa necesidad de evitar a toda costa que el chavismo recomponga sus fuerzas, que darle de baja a dos importantes actores paramilitares (El Picure y El Topo) desplegados en zonas estratégicas del país adquiere un implicación política mucho mayor, dado que es el frente irregular uno de los grandes escenarios de disputa por el poder político en Venezuela. En ese entendido, la ofensiva desplegada hoy por la OLP en el eje Cota 905, Cementerio, El Valle y Coche viene a cumplir con exactitud lo realizado en Guárico (El Picure) y la zona minera del estado Bolívar (El Topo): romper con el control político que ejercen grupos paramilitares y bandas criminales en zonas económicas estratégicas para el país y en corredores con alta concentración poblacional de Caracas y Miranda.
El Picure y el formato paraco de control territorial
El fin de El Picure no nos dice nada si no analizamos su condición de tuerca dentro de un engranaje superior. Por una parte, fue el único activo parapolítico que logró instalar en la percepción la debilidad de los organismos de seguridad del Estado para imponerse en el cuarto estado con la superficie territorial más grande del país: Guárico.
El Picure fue diez veces más efectivo que las giras internacionales de Freddy Guevara, la agresividad y la experiencia de Ramos Allup y los 109 diputados escuálidos paseando y declarando mociones de censura que no se cumplirán jamás desde las comodidades de la Asamblea Nacional.
El Picure se impuso en un estado estratégico específicamente por el control de las arterias comerciales que sostienen la conexión y el flujo de alimentos desde la región llanera (Cojedes y Barinas), sur (Bolívar y Apure) y oriental (Anzoátegui) hacia los centros de mayor población y procesamiento agroindustrial ubicados en el centro-occidente del país (Miranda, Aragua y Carabobo): franja territorial que decide en gran medida la pugna electoral a nivel nacional y donde Empresas Polar, Cargill, Nestlé, Heinz, Kraft, Kellogg’s, Mary, Pepsico y empresas empaquetadoras, distribuidoras y comerciales (supermercados y bodegones) tienen un alto poder de dominio en el direccionamiento de productos alimentarios.
Guárico y el resto de los cinco estados que le son adyacentes son vitales productores de arroz, caraota, maíz, carne bovina y porcina, legumbres, tubérculos y otros vegetales: la llamada materia prima que es igualmente vital para el procesamiento agroindustrial privado y su radio de acción comercial en los superpoblados estados del norte del país.
Cubren la gran mayoría de las 2 millones 458 mil 925 hectáreas sembradas de alimento en la actualidad y que forman parte del grueso de la producción (superior al 60% en promedio) de estos rubros esenciales para el país en el curso de este año y del siguiente. Pero toda esta producción necesita surcar las tres principales troncales del estado Guárico para desplazarse hacia su objetivo citadino, razón clave de porqué dicho estado estratégico además funge como un corredor de galpones y de rutas de distribución de estos cinco estados claves del país en términos de producción agroalimentaria.
El Picure tenía las troncales de Guárico como eje fundamental de su estrategia de control territorial, afectando por la vía del terror, asesinatos y el cobro de vacunas el funcionamiento normal de esas rutas estratégicas del comercio nacional. Controlar el estado que ofrece las conexiones claves para la distribución alimentaria del país, construye la pata paramilitar de la guerra económica.
El Topo y el Arco Minero
De igual forma, El Topo ejercía un importante control sobre zonas de explotación minera, hoy valoradas a lo largo del Arco Minero del Orinoco en más de 300 mil millones de dólares, en pleno proceso de certificación internacional. Tanto ahí como en el evitar una mayor propagación de la muerte de la población en esos territorios, es donde está la verdadera implicación política de estas acciones, las cuales afectan enormemente la vértebra paramilitar del plan del Comando Sur.
El Topo controlaba la extracción, venta y disfrute de minerales estratégicos del país ubicados en Guayana. Así como El Picure era la pata agrícola del paramilitarismo, el Topo era el custodio y operador comercial privado de recursos minerales con un valor tan impresionante que pone como un niño de pecho a las Reservas Internacionales del país. Es precisamente ahí que está el carácter estratégico de darle de baja a El Topo, en la imposición del poder del Estado como actor fundamental en el territorio y de los recursos que este genera por encima de intereses privados que utilizaron a El Topo como guachiman con armamento de guerra.
¿Final?
Mientras estas acciones dirigidas a frenar el paramilitarismo de desarrollan, las expresiones más mortíferas de la guerra (linchamientos, sicariatos políticos, espiral de violencia armada, promoción de saqueos y disturbios y generación de un clima propicio para una mayor escalada de presión internacional) tenderán a intensificarse.
El tiempo que se habían estipulado para destituir al chavismo del poder (seis meses) ya está por agotarse, y eso independientemente de su propia interpretación o de futuros controles de daños, es una señal de debilidad política grande con resonancia internacional.
El comprensible desespero inyectado por el Comando Sur a Freddy Guevara, que lo lleva a decirle a la presidenta del CNE, Tibisay Lucena, que «no debes jugar con la paz de este país» y la disposición sin retorno de la AN de instalarse como un paraestado que negocie libremente medidas de intervención dosificada (vía sanciones de la política exterior gringa o Carta Democrática de la OEA) contra el país, no es más que una reacción directamente proporcional a estas acciones.
Que la OLP sea criminalizada por ONGs financiadas por corporaciones y élites de gobiernos extranjeros como Provea y organismos multilaterales de la órbita gringa como la OEA y la CIDH, y que el Mayor General que está gestionando estas acciones esté sancionado por Estados Unidos, el Ministro para las Relaciones Interiores, Justicia y Paz Gustavo Gónzalez López, constituye el blindaje y el apoyo flagrante a estos grupos irregulares y a su dominio en zonas estratégicas del país, enmarcado en el ya practicado proyecto de construir paraestados (caso Libia y Siria) que impongan su autoridad por encima de las legítimas autoridades de la nación.
No ha de sorprendernos que el despliegue que realiza ahora mismo la OLP en el corredor Cota 905, Cementerio, El Valle y Coche, sea catalogado (nuevamente) como una «violación de derechos humanos». El paramilitarismo y las bandas criminales son el principal activo político del Comando Sur en Venezuela, pues está haciendo la tarea de disputar el poder político directamente en zonas estratégicas del territorio venezolano y no en la ineficaz estructura de la Asamblea Nacional.
Sobre los protectores de El Picure y el asesinato de la verdad
La estrategia de control de daños dice que ante un hecho conmocionante no esperado, una tragedia, o una pérdida considerable frente al enemigo, la primera medida debe ser controlar el manejo de la información ante la opinión pública para bloquear su reacción lógica, aislando los efectos de la pérdida. En estos casos, los estrategas priorizan, organizan y distribuyen el contenido y flujo de la información. La consigna es persuadir y asegurar que se compensarán las pérdidas.
Lo que se ha visto en redes y en prensa 2.0 hasta ahora, luego de que fuera abatido en un enfrentamiento con las Fuerzas de Acciones Especiales de seguridad del Estado, José Antonio Tovar Colina, Alias «El Picure», delincuente emblema de las Bandas Criminales y Paramilitares en Venezuela, no es más que una operación de control de daños y propaganda que en sí misma tiene objetivos precisos:
- Minimizar el avance efectivo de los cuerpos de seguridad del Estado frente a estructuras criminales y paramilitares de alto despliegue y organización.
- Minar la confianza de la población y profundizar el escepticismo de éste frente a las acciones del gobierno para imponer orden a lo interno.
- Impedir que se instale en la opinión pública sensaciones favorables a cualquier signo de estabilidad.
- Profundizar las contradicciones entre los cuerpos de seguridad, evitando cualquier síntoma de moralización, efectividad y confianza.
- Insistir en la matriz de ineficiencia total en cualquier nivel del gobierno, sobre todo en el área de la seguridad y protección.
A estas alturas no puede considerarse a los medios de comunicación del antichavismo como elementos separados dentro de las operaciones que las bandas criminales y el paramilitarismo llevan a cabo contra el Estado venezolano y la población en general. Ya se ha dicho con suficiente amplitud en Misión Verdad a cuáles intereses responden, bajo qué lógica, y cómo proceden tanto los ultrapromocionados «medios independientes» como los periodistas de la fuente de Sucesos en Venezuela.
Basta un paseo por las redes a sólo horas del operativo contra El Picure, quien fuera abatido en el sector Los Médanos de El Sombrero, en el estado Guárico, para saber cómo se mueven los hilos y confirmar por vía de confesión de partes las vinculaciones del fascismo criollo (anclado en sus medios), con el crimen organizado y delincuentes confesos como Tovar Colina.
Es decir, el agenciamiento de términos como «asesinato» indican de facto una prueba vinculante de la relación de intereses entre los medios y las bandas. El objetivo -no tan oculto- es etiquetar a los cuerpos de seguridad del Estado como sujetos criminales y «asesinos» para engordar aún más la débil matriz de violaciones de derechos humanos. Borrando, o intentando borrar los elementos que evidencian (con una insoportable obviedad) el estado de guerra total bajo el que se encuentra Venezuela. A toda costa El Picure debe parecer la víctima, aun cuando combatía con fusiles, granadas, pistolas y escopetas.
Victimizar al victimario, y lo que en criollo conocemos como «huir hacia delante», terminan de cerrar el asqueante cuadro de complicidades obvias entre el triángulo operacional: bandas criminales, medios y políticos antichavistas.Si bien El Picure y su banda llegaron a dominar territorios estratégicos en el centro del país, la mitificación alrededor de él como figura criminal rozaba la mitología fetichista construida a pulso por los periodistas de Sucesos de los principales medios del país. Mucho consumo idiotizado de El Capo y otros vómitos de la cultura narcoparamilitar colombiana hicieron de El Picure una figura ultramediatizada, seductora y referente de tontas útiles como Thabata Molina que, aun desde Panamá, no para de ofertar sus tristes (y mediocres) servicios a los grupos mercenarios.
El enemigo no improvisa
De ninguna manera operaciones de este tipo deben entenderse como reacción a la coyuntura. La criminalización de los cuerpos de seguridad del Estado tiene ya kilometraje. No hay signos de casualidad entre la campaña «pospicure» y las denuncias y acciones de sabotaje contra la OLP ante organismos internacionales,ampliamente reseñada también por Misión Verdad hace exactamente un mes. Se tratan de acciones de amplio espectro contra la institucionalidad militar y de seguridad, capitaneada por las ya conocidas (y tarifadas) ONGs de turno proyectadas, como se sabe, por consorcios de la comunicación locales y foráneos.
Vale la pena volver a las palabras del jefe del Comando Sur, cuando en su documento estratégico contra Venezuela ordena a los empleados locales: «Mantener la campaña ofensiva en el terreno propagandístico, fomentando un clima de desconfianza, incitando temores, haciendo ingobernable la situación. En esto es importante destacar todo lo que tiene que ver con desgobierno: las fallas administrativas, la afectación con los altos índices de criminalidad y la inseguridad personal».
Insistir y volver siempre al argumento base: Venezuela toda no está enfrentando acciones regulares fácilmente identificables, sobre Venezuela se están ensayando nuevos métodos de intervención no convencional y el terreno de la guerra irregular es apenas uno de ellos. La propaganda protectora alrededor de estos nuevos ejércitos mercenarios es también un elemento complementario del plan de asedio de amplio espectro contemplado en la doctrina de la Guerra No Convencional y sus manuales.
La ejecución depende de altos niveles de maniobra, orquestación y saturación, adentro y afuera; todo al mismo tiempo. Es exactamente eso lo que ahora mismo vemos en primera fila. De esto depende la posterior percepción colectiva, el boca a boca, la opinión publica, el chismorreteo. Es la batalla por el relato, da igual si es cierto o falso. En este punto los medios deciden qué ha pasado, qué existe y qué no.
La guerra es global, la propaganda es global
Se sabe y se ha repetido también que no hay escenarios exclusivamente locales en ninguna parte del planeta. Si bien las características de los acontecimientos están determinados por condiciones individuales, la concepción del asedio es una misma; es compleja, es nueva. El procesamiento por parte de los gobiernos del tipo de operación en curso pareciera estar perdiendo la carrera con la propia aplicación dinámica y veloz de la guerra.
Un ejemplo que debería asombrarnos (si es que aún existe la capacidad de asombro) es la reciente noticia que circula justamente esta semana en los medios globales sobre el financiamiento y dirección del Gobierno británico en la propaganda de grupos terroristas que operan en suelo sirio, según lo revela The Guardian, quien tuvo acceso a documentos que demuestran la determinación del Gobierno de David Cameron por promocionar los «valores moderados de la revolución», es decir, de grupos terroristas que masacran en Siria pueblos enteros e intentan forjar una identidad nacional anti-Assad, el presidente legítimo de ese país hoy destrozado.
Como se ve, las operaciones de propaganda en beneficio de grupos mercenarios en contra de Estados y pueblos enteros no es una situación exclusiva de Venezuela, justamente porque la ofensiva occidental bajo el mismo modus operandi es global.
No existe hoy motivo para dudar del paralelismo entre países del Medio Oriente caotizados como Siria y la situación en Venezuela. La sofisticación repentina y el manejo profesional de armamento de alta tecnología, soportado por operaciones de propaganda de gran envergadura, conforman el demente coctel de las nuevas guerras. Evidencias sobran; ignorarlo, minimizarlo, frivolizarlo es también parte y consecuencia de estas operaciones.
Los operadores locales como El Nacional, La Patilla, 2001, El Estímulo y demás containers recolectores y representantes de consorcios internacionales sabrán agradecer nuestra pasividad frente a este y todos los acontecimientos que están por venir. Si su cometido es claro, la respuesta debería ser más clara y contundente aún. El inmediatismo, la banalización y la frivolización de sus operaciones nos siguen jugando en contra. El enemigo no improvisa, el enemigo es hábil.
Destruidos los consensos globales, la legislación y las regulaciones internacionales son apenas un chiste, esto se traduce en que la única posibilidad de superación del conflicto y el enfrentamiento a las megaoperaciones de propaganda y sabotaje quedan en manos de la conjunción pueblo-gobierno. No hay a la vista otras opciones que no sea la de confrontación de esta nueva realidad por vías no tradicionales. El peso del análisis convencional paraliza cualquier posibilidad de victoria. Al despliegue demente de la Guerra No Convencional no es posible vencerlo con consignas.
Entender la guerra es el primer paso para ganarla.




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