¿Por qué los hombres violan? Por el placer de someter
Resumen Latinoamericano 5 de mayo de 2018
Giorgina Lira contesta artículo de El Pais que prentende explicar el por qué de las violaciones de los hombres a las mujeres.
Por el placer de someter
Totalmente a contramano de los supuestos del feminismo que afirma que los varones pueden no violar, no torturar, no matar, que son seres racionales, inteligentes, capaces de empatizar y de controlar sus impulsos, de que son capaces de mantener relaciones en pie de igualdad y buenos términos no sólo entre ellos sino con otras identidades genéricas, se publica en el diario El País una nota que pretende (a fuerza de testosterona y una sutil culpabilización de las mujeres) explicar por qué los hombres violan…. Mujeres. Nada dice respecto de las violaciones hacia otros hombres, hacia niñas, niños, niñes, travestis, trans. Tampoco habla de todas las demás formas de violencia impunes y archijustificada, refiriendo a la violación como algo nuevo.
Por Georgina Lira*
Tan falaz como absolutamente desinformada, me permito responder por partes.
“En parte, por la testosterona, que dificulta nuestro autocontrol.” Me pregunto entonces si existe la posibilidad de que los hombres no sean violentos, y no violen. Porque, de hecho, todos tienen testosterona.Quisiera pensar que existe la posibilidad de que los hombres sean capaces de ese raciocinio y autocontrol que tan a menudo exhiben como argumento en contra del ejercicio de los derechos políticos de todas las personas no varones heterosexuales. Porque recordemos que hay varones no heterosexuales, varones trans, etc.
“Aun así, con la misma biología, los hombres cometemos hoy menos crímenes que en el pasado.” No. No cometen menos crímenes. Simplemente, hoy son más los crímenes sancionados. Recordemos que hasta no hace mucho las leyes de muchas naciones obligaban a los hombres a castigar a sus mujeres, que la violación no era considerada delito y que de hecho aún hoy es utilizada como arma de guerra y tortura en escenarios tanto bélicos como de privación legítima e ilegítima de la libertad. Quisiera recordarle al Sr. Victor Lapuente que fue apenas a principios del siglo XX que en Inglaterra se dejaron de usar elementos de tortura en el ámbito doméstico y que, lamentablemente, el reconocimiento de las mujeres no blancas como humanas es mucho más reciente.
“Con una siniestra excepción. Seguimos agrediendo a las mujeres.” Los varones, señor Lapuente, son el principal grupo de riesgo[1] para todos los grupos etáreos, de cualquier sexo o identidad de género, con y sin discapacidad, no sólo para las mujeres: cometen el 96% de los crímenes violentos en el mundo, sin tener en cuenta los cometidos por las milicias “Y las razones hay que buscarlas en un aspecto poco conocido de la naturaleza masculina: nuestra sensibilidad.” Pues no, señor Lapuente. No es sensibilidad. Es falta absoluta de empatía. Al violador es el sometimiento de la víctima que le produce goce y no el acto sexual en sí mismo. Y es está tan demostrado por al ciencia que si usa google le rebalsarán los textos y estudios que así lo demuestran, explicando, entre otras cosas, el fracaso rotundo de la castración para evitar reincidencias. “Por ejemplo, el éxito profesional o social de nuestras parejas afecta negativamente a nuestra autoestima. En contraste, la confianza de las mujeres no se ve minada por nuestros logros. Los hombres somos el sexo sensible. Ellas, el resistente.” Quizás debería Usted preguntarse si acaso esa mengua ínfima que se da en el grado de poder de sometimiento de los varones hacia las mujeres, niñas, niños, travestis, trans, etc no es en realidad lo que a Usted lo afecta. Y si acaso tienen algo que ver los cambios de los últimos 300 años impulsados por el feminismo no tienen base en comportamientos abusivos normalizados a lo largo de la historia por una no tan importante porción de la humanidad -los varones-. Lo que los saca de las casillas es la imposibilidad de afirmar su masculinidad en el sometimiento de las demás personas. Y la violación es justamente eso: un acto de sometimiento.
“Los hombres somos más impresionables por el entorno.” Pues esa impresionabilidad no tiene una pizca de sensibilidad, ni de empatía. “Y dos cambios sociales han contribuido a que nos mostremos particularmente agresivos con las mujeres. El primero es intuitivo. La revolución tecnológica ha dejado en la cuneta de la economía a millones de hombres con estudios bajos. La incertidumbre sin precedentes que sufren les lleva a adoptar comportamientos adictivos, erráticos y potencialmente violentos.” Deje de justificar la crueldad de los hombres en los logros del feminismo o el avance tecnológico, Y lea un poco de historia o literatura, donde encontrará registros de violaciones casi con el inicio de la escritura. Y justificaciones de lo más variadas para la violación, esclavización y sometimiento de las mujeres. Si realmente alcanza a entender que la violación es un delito sumamente dañino para las víctimas, invite a sus congéneres a recordar una frase bastante simple: NO significa NO, BASTA significa BASTA: empiece a plantearse la posibilidad de actuar humanamente hacia las demás personas, más allá de su sexo, identidad sexual o identidad de género. Violan mujeres con la misma crueldad que violan niñas, niños y niñes, o travestis o trans, u otros hombres. Lo que moviliza a un hombre a violar es el deseo de someter, no el deseo sexual. ¿Será que a los varones les excita el dolor y el sufrimiento ajeno?
“El segundo cambio es contraintuitivo. La revolución feminista ha llenado de mujeres las aulas y los lugares de trabajo. En pocas décadas, hemos pasado de un monopolio masculino del espacio público a la paridad, o incluso superioridad femenina, en algunos ámbitos. Y, como advierten los antropólogos (¿Cuáles?), las ratios entre hombres y mujeres determinan las actitudes sexuales de los primeros. Ya sea en la selva amazónica o en las universidades americanas, si los hombres son mayoría, invierten esfuerzos en construir relaciones saludables con las mujeres. Si son minoría, prefieren el sexo esporádico y se vuelven más violentos.” Insisto: no hacen falta más excusas. 96% de los crímenes violentos son cometidos por varones. En el mundo. Es una constante en todas las sociedades, en algunas más en otras menos, pero no va a encontrar una sola en que la proporción se invierta. Y si a ejemplos vamos, en India y otros países donde el aborto selectivo derivó en una mengua en la proporción de mujeres, pues paso a informarle que ser mujer es una condena segura a padecer violencia sexual y de cualquier tipo.
“Pero no estamos condenados a una mayor violencia masculina” (revise las estadísticas que la violencia masculina es la violencia por excelencia). “Educar en la igualdad de género ayudaría a los hombres a liberarnos de dos estresores que alimentan nuestra violencia: los corsés emocionales y la competitividad extrema. Así, seríamos menos violentos. Y viviríamos más, como apunta el psicólogo Daniel Kruger, pues la desigualdad de género de un país predice el exceso de muertes masculinas por causas conductuales. El patriarcado es también terrible para la salud de los hombres.” Pues empiecen por aplicar algún tipo de condena social a sus congéneres cuando violan, asesinan, torturan, someten, porque mientras justifiquen y aplaudan la cosa va a seguir igual. Quizás el problema real sea que, en el fondo, no les interesa perder el privilegio de la crueldad. Educar en igualdad empieza por entender que tanto las mujeres como las identidades disidentes, de cualquier edad, de cualquier clase social, somos tan humanas como el más macho de los machos.
Es muy fácil: la mayor parte de la humanidad no mata, no viola, no somete, no tortura. Ejecutar impunemente esas acciones es privilegio de los varones heterosexuales, quienes no sólo no reciben condena, sino que son justificados con notas como ésta.
Ustedes pueden, muchachos. Manejensé.
[1] “El Varón como Factor de Riesgo: Masculinidad, salud mental y salud reproductiva” Benno de Keijzer, Texto publicado en Tuñón, Esperanza (coord.), Género y salud en el Sureste de México, ECOSUR y UJAD, Villahermosa, 1997. http://www.codajic.org/sites/www.codajic.org/files/El%20varon%20como%20factor%20de%20riesgo_0.pdf
*Psicóloga social, feminista, activista. Por diario femenino


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