Guayana “Francesa»: Además de ser el lugar desde donde se lanzan satélites, es la última colonia continental de América del Sur

Por Yusef Saber / Resumen Latinoamericano / ADS/ 02 de Oct. 2015.- Un mapa político de América del Sur, a simple vista, resulta familiar y no presenta demasiadas anomalías. Sin embargo, en el extremo septentrional del subcontinente las aguas del Atlántico bañan las costas de, increíblemente, la Unión Europea. Se trata de un territorio presuntamente hostil para la civilización; atestado de impenetrables y frondosos bosques tropicales y con el estigma de haber sido sede de la más infame colonia penal francesa hasta mediados del siglo XX. De escaso renombre y víctima de un mayor desdén aún, se alza la Guayana Francesa (GF), la última colonia continental de América del Sur.

Cuando parecía que los viejos formatos ya no iban a poder superar el paso del tiempo, he aquí este desconocido territorio francés asentado en suelo sudamericano, en pleno siglo XXI. En términos formales, la Guyana Francesa es a la vez un departamento y una región de ultramar de Francia y, consecuentemente, un territorio ultraperiférico de la Unión Europea. Si bien su status jurídico es idéntico al de cualquier otro departamento metropolitano de la Francia europea está, igualmente, limitado en su autonomía y mantiene un nivel de aislamiento prácticamente total respecto de lo que acontece en su vecindario. Resulta intrigante, por no decir alarmante, la persistencia de un régimen semejante en una  región ávida por una cada vez más profunda integración y con el referente máximo de comunidad política jamás antes vista en el continente americano: UNASUR.

Desde su institucionalización definitiva en 2008, la UNASUR se perfiló como un organismo decidido a crear un espacio geográfico donde una historia y unos principios compartidos fueran paulatinamente complementados con una identidad, una lógica y dinámicas propias. La base siempre ha sido la construcción de un espacio de vocación eminentemente política y de debate que atendiera a las más diversas problemáticas e intereses de los Estados sudamericanos. Tras los sucesivos fracasos de las iniciativas neoliberales integracionistas enmarcadas en el nuevo regionalismo, UNASUR surgió como una alternativa autóctona aunque sólo parcialmente despegada del viejo paradigma; pero en aquellos temas de los que se despegó, lo hizo contundentemente. La región ha experimentado en la última década el ascenso de gobiernos orientados a establecer una fuerte recapitulación del rol estatal y a dar un giro hacia el derrumbe de las viejas relaciones de dependencia y de desabastecimiento. Esto ha marcado el comienzo de una estrategia a largo plazo que brinda una plataforma de valoración de lo autóctono y de remembranza de un pasado común como pueblos sudamericanos, a la vez posibilitando un marco institucional que le confiera una voz única y homogénea frente a la comunidad internacional en términos de mayor equidad y ponderación. Las asimetrías y las diferencias entre los 12 Estados miembros son reales. Sin embargo, la mutación que ha sufrido el proceso integracionista sudamericano muestra que la voluntad política de las dirigencias nacionales se ha mantenido interesada en la formación de un espacio de confluencia regional. Esta breve reseña no hace más que poner en tela de juicio la extraña permanencia de una colonia francesa en el subcontinente. O bien hay resistencia a incluir a la Guyana Francesa en la agenda por temor a potenciales represalias o, peor aún, es una postura definida continuar ignorándola. ¿Por qué razón un organismo como UNASUR, defensor de los principios de la auto y de la libredeterminación de los pueblos y de la soberanía estatal habría de tolerar un enclave colonial europeo en sus propias fronteras? ¿Por qué desinteresada razón no se ha promovido desde la UNASUR un paulatino proceso de independencia en la Guyana Francesa? ¿Acaso no es la Guyana el más claro ejemplo de estancamiento y aislamiento producto del colonialismo contemporáneo?

En 1966, Guyana lograba su independencia tras décadas de colonización británica y, en 1975, Surinam se liberaba del dominio holandés para convertirse en el último Estado sudamericano en independizarse. En ambos casos, la integración con el resto de  los Estados sudamericanos ha sido muy satisfactoria desde la creación de UNASUR, sobre todo en los campos diplomático y comercial. Aparentemente, cuando en 1946 se le otorgó a la Guyana Francesa el status de departamento, las críticas referidas a la descolonización parecieron darse por  terminadas. Los académicos de la década de 1980 ingenuamente proyectaban una eminente independencia de la última y más pequeña de las denominadas Guyanas, pero nunca llegó. Francia argumentaba que los aires independentistas del pueblo guayanés siempre serían apoyados, pero que estimaba demasiado prematuro  e irresponsable someter a la Guyana al abandono de la metrópoli y condenarla a peor vida en ejercicio de su plena soberanía en tiempos tan convulsionados como los de la década de 1980.

Los análisis retrospectivos siempre resultan delicados y, quizá, las autoridades francesas estaban en lo cierto. Aun así, los resultados para el heterogéneo pueblo guayanés (mayoritariamente criollo debido a las mezclas entre aborígenes locales, descendientes de esclavos africanos y colonos franceses) fueron catastróficos: se consolidó una sociedad temerosa, disipada y absolutamente dependiente de la tutela metropolitana y de sus subsidios, económicamente relegada casi exclusivamente a la explotación forestal y poseedora, como único indicador de cierto desarrollo, del Centro Espacial de Kouru; emblema y orgullo de la República Francesa[ii]. Por su parte, la capital Cayenne, se mantiene desconectada del resto de las capitales sudamericanas y todavía se espera por la inauguración de un puente terrestre que conectará por vez primera a la Guyana Francesa con un Estado sudamericano, Brasil. Pese a la proximidad geográfica, la situación de la Guyana es desconcertante respecto al medio y al entorno en el que está inserta. Simplemente, todo es desconocido. Frente a la imposibilidad de establecer una misión diplomática, las únicas representaciones extranjeras sudamericanas en Cayena son dos Consulados Generales (Brasil y Surinam) y dos Consulados Honorarios (Ecuador y Perú). La presencia francesa en la Guyana  esconde en el fondo un doble rasero: mientras por un lado sostiene los subsidios y la representación parlamentaria en París como atractivos, por el otro se asegura el ingreso de productos europeos en el territorio guayanés a precios poco competitivos sumado a  una considerable presencia militar  y  al uso constante de radares de vigilancia. Y si de legitimidad democrática se trata, en 2010 se llevó a  cabo un referéndum impulsado por el entonces Presidente francés Nicolás Sarkozy concerniente a otorgar una mayor autonomía al territorio. Un contundente 69,8% votó por el no pero, llamativamente, sólo un 48% del padrón electoral participó. Atendiendo a estos datos, la alta tasa de abstención podría vincularse a que gran parte de la población se siente como ciudadanos de segunda clase aun sometidos a una gran confusión e inmadurez política, haciendo incompatible tan estrecha relación con la antigua metrópoli con una sólida reivindicación nacional independentista. Cabe preguntarse qué sentirá este pueblo al verse forzosamente excluido de la más asombrosa comunión política a la que nunca antes se haya encaminado su región.

Los principios y valores pregonados por UNASUR deben ser indisociables de los procesos descolonizadores en la región. La Guyana Francesa continúa estando sometida a una potencia extranjera y privada de su propia identidad y patrimonio. Asimismo, también se encuentra privada de cualquier contacto con los Estados de su propio continente. El organismo, pese a su corta existencia, ha demostrado en reiteradas oportunidades que la resolución de conflictos por vía diplomática es posible. Siglos de colonización no han hecho más que fomentar la fragmentación entre los pueblos, y en una región donde las distancias geográficas y culturales se han acortado, una auténtica integración sudamericana jamás será completa sin la eventual independencia guayanesa.

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(*) Yusef Saber es licenciado en Relaciones Internacionales de la Universidad Católica de Córdoba. Tw: @YusefSaber

fuente:  LAGWIYANN NOV

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Guayana Francesa, otro enclave colonial en América del Sur

Resumen Latinoamericano/Silvia Valerga – “América del Sur frente al colonialismo” fue el tema que convocó la visita de los dirigentes del  Movimiento de Descolonización y Emancipación Social (MDES) de Guayana a la Argentina para debatir y pensar estrategias comunes, considerando que esta colonia francesa y Malvinas son bases de la OTAN.

Situada al norte de Sudamérica, en un territorio que ocupa unos 90 mil kilómetros cuadrados, limitada por Brasil, Surinam  y sobre el Océano Atlántico, la Guayana Francesa tiene una población aproximada de 300 mil habitantes. El territorio de Guayanas, fue colonizado por Holanda, Gran Bretaña y Francia; las dos primeras ya se independizaron tomando el nombre de Surinam y República Cooperativa de Guyana, formando ambas parte de  UNASUR.

Los dirigentes independentistas de Guyana, Pierre Carpentier, del Movimiento de Descolonización y Emancipación Social, y Raymond Charlotte, cofundador de la Organización Guayanesa  por los Derechos Humanos, denunciaron que Francia ha instalado una estación de radares en Guayana para espiar a Venezuela, Brasil y otros vecinos del norte de América Latina.

Charlotte, en su condición de militante por la independencia fue encarcelado, ahora se gana la vida vendiendo pastelitos en la calle y así pudo juntar los 1.400 dólares que necesitaba para llegar a la Argentina. Relató que su viaje entre Cayena -capital de la Guayana Francesa- y Buenos Aires le demandó tres días, debido a que “los franceses tratan de mantenernos aislados del resto de América Latina”.

El militante y poeta político guayanés Pierre Carpentier, comisario de Relaciones Internacionales del MDES y delegado especial por la ONU de la Organización Guayanesa de Derechos Humanos, presentó un breve repaso por la historia social y política del territorio colonizado por Francia en el siglo XVI y una génesis del Partido que integra, “de inspiración obrera, para la liberación política y territorial de nuestro país”. “Estamos presentes con nuestro pueblo en todas las luchas sociales y políticas: por las tierras, la salud, la cultura y contra el genocidio”, dijo Carpentier.

Durante su visita  informó ante la prensa que  Francia ha instalado 60 radares en la base militar de Fregate en la ciudad de Kourou, desde donde intercepta las comunicaciones. “También operan aviones drones desde su estación de radares y escuchas desde Fregate”, indicó. Carpentier aseguró que el gobierno francés se ha esforzado en mantener a su enclave colonial en un virtual aislamiento con el resto de América Latina y desalienta el turismo y las conexiones aéreas con sus vecinos.

Los territorios coloniales de Malvinas y Guayana son ricos en recursos hidrocarburíferos y en minerales estratégicos, como también base de operaciones para las fuerzas que integran la OTAN. Ambos fueron declarados territorios de ultramar de sus respectivas metrópolis coloniales, convalidados por la Unión Europea en su proyecto constitucional.

Guayana Francesa. En este territorio (remanente colonial francés) se concentran tropas principalmente en Cayena, San Juan de Maroni y otros lugares. Pero la más importante es la Base Aeroespacial francesa en Kourou, ahora gestionada por la Agencia Espacial Europea. Está preparada para el lanzamiento de satélites con objetivos diversos. El radar ubicado en Troubiran y la Base Aeroespacial permiten la observación y el control de todos los países de la región.

Con la llegada del satélite militar Galileo, Francia cuenta en Guayana con 40.000 barbouzes (agentes no oficiales) jubilados en actividad bajo el comando del Estado Mayor de las fuerzas armadas y los servicios de inteligencia destacados en Guayana, en capacidad de intervenir contra independentistas guayaneses y también contra otros pueblos en lucha contra el imperialismo en el continente.

 

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Guayana: La favela de Francia en América latina

Paco Gómez Nadal

Otramérica

Guayana Francesa es un lugar estratégico para París. La Central Espacial desde donde se lanzan los satélites europeos y rusos justifica todos los esfuerzos. Pero acá, en el único territorio colonial que queda en la Suramérica continental, hay una resistencia independentista que tiene argumentos.

Nada es como debería ser en Guayana Francesa. Es francesa, pero no es Francia. Es Guayana pero todos los símbolos lo niegan. Es un lugar de alta tecnología desde el que se lanzan satélites y cohetes espaciales, pero no hay carreteras ni transporte público. El 35% de la población está en el desempleo absoluto pero los precios son de la Ile-de-France. Tratamos de averiguar por qué.

Por debajo de la epidermis de normalidad, Guayana Francesa es un destino privilegiado para los nuevos ‘colonos’ franceses, que vienen a trabajar por unos años a la administración gubernamental o a la Central Espacial Guayanesa (que en realidad es Europea o Rusa, pero no guayanesa) con magníficas condiciones económicas. También es una isla en la que viven afrodescendientes o asiáticos en un sopor alimentado por la política de ayudas de París y por la promesa de ser europeos.

“Yo no sé si soy francés o guayanés. No sé si tengo los derechos de los primeros o si soy un ciudadano de segunda”. Armand Actillf habla con sarcasmo. Lleva puesta una camiseta de las “Brigadas contra la Negrofobia” y en ningún momento se quita las gafas de sol, a pesar de la penumbra en la que hablamos en la pequeña oficina del Movimiento para la Descolonización y Emancipación Social (MDES).

Ésta es la resistencia. No hay mucho más. Sólo el sindicato de la Unión de Trabajadores Guayaneses (UTG), un movimiento de extrema izquierda que comparte los deseos soberanistas del MDES. En Guayana Francesa no hay más organizaciones de la sociedad civil que tengan una mirada política sobre la realidad. Tampoco hay organizaciones de derechos humanos.

Armand dice que esto es una colonia, “una colonia racista”, matiza. “Hay segregación, todos los jefes, todos los buenos trabajos son para los blancos”. Lo cierto es que sólo hay que recorrer el país para confirmar la afirmación. Los gendarmes son blancos, los funcionarios son blancos, los dueños de hoteles son blancos, los oficiales del ejército francés son blancos… Blanco por todos lados cuando no representan ni el 5% de la población. Los inmigrantes latinos que rondan la Plaza de las Palmeras también opinan que este es un lugar racista, aunque la mayoría de la población sea afrodescendiente.

Política colonial

Maurice Pindard, el fundador y aún presidente del MDES, lo explica con calma. Tiene el tono del maestro de escuela que es y la calma que precisan las causas de la historia. “Francia aplica acá una política sistemática desde la abolición de la esclavitud (1848) que se apoya en tres pilares: asimilación, asistencialismo y división”.

La asimilación es cultural. El 70% de los profesores de la enseñanza primaria y secundaria en Guayana Francesa vienen de la metrópoli e imponen un filtro europeo que niega la evidencia de la historia. La televisión es la producida en la metrópoli, los periodistas, en su inmensa mayoría son blancos, los mensajes son claros: ustedes son franceses (aunque la realidad y los derechos lo contradigan).

El asistencialismo se comprueba con facilidad en las oficinas de Le Poste (Correos). Allá hay colas casi permanentes de los franceses de segunda que necesitan los subsidios para subsistir. “Esa plata los inmoviliza, prefieren no trabajar, pero yo creo que eso también los atonta, los vuelve dependientes”. Desire es dominicana y ha vivido en Guayana por años, como miles de sus compatriotas, brasileños y peruanos, que suponen ya algo más del 10% de la población. Esta migración llega atraída por los salarios en euros y por la posibilidad, remota, de conseguir con el tiempo el pasaporte francés. Beatrice, una bretona que está temporalmente en Kourou porque su marido, militar, está destinado acá, asegura que “la gente de Guayana no quiere trabajar”. Pero después de profundizar confiesa que no le gusta este lugar. “Hay demasiadas taras de la historia”.

Es un poco más complicado. Maurice insiste en que la política asistencialista no es casual y que tiene un efecto favorable a París. “Hace 10 años la gente estaba harta de Francia y quería cambiar las cosas”. Pero eso cambió, después de una serie de protestas en las colonias, Francia anunció un referéndum autonómico para enero de 2010 pero antes preparó el camino.

“La campaña del No era la del miedo: si votan que Sí a la autonomía entonces se acaban las ayudas”, recuerda Andrè, otro miembro del MDES. Resultado: el 69,8% de los 67.000 ciudadanos habilitados para votar (de una población de 250.000) dijeron No a un cambio de estatus que no les daba la independencia respecto a Francia pero sí una mayor autonomía.

Mucho dinero para pocas gente

El dinero llega y pasa por Guayana Francesa, pero no se reparte. Un comerciante peruano cuenta con fascinación cómo aquí hay más BMW o Mercedes por habitante que en ningún lugar de América. Un lector hace un comentario a una entrada de la bitácora de la Ruta Otramérica para decir que mejor tener un poder colonial que una independencia corrupta. “La mentalidad es así. Creo que ninguno podemos explicar los estragos que dejó la esclavitud en nosotros. El tráfico de esclavos acababa con el ser humano y aún no lo hemos podido reconstruir”, concluye Maurice.

El MDES calcula el número de sus activistas en 300, una fuerza relativamente pequeña pero que debe ser la base para conseguir que, algún día, el Comité de Descolonización de la ONU reconozca a Guayana Francesa como un territorio “no autónomo” y para concienciar a la población. “Será un trabajo a largo plazo, nada vamos a conseguir mañana”, se resigna Maurice Pindard, aunque cuenta con cierta alegría como hace unos días, con la ayuda del Movimiento Internacional por la Reparación (afrodescendientes), entregaron las primeras cédulas de identidad de Guayana Francesa a 150 personas.

Un acto simbólico y, por tanto, importante, en un territorio donde está prohibida la propia bandera. Sólo en la sede del Consejo General hay una y es porque el presidente es un viejo socialista que simpatiza con la necesidad de una identidad propia, aunque sigue el patrón del Partido Socialista francés: una mirada aún colonial sobre los territorios de ultramar.

La Favela de Francia

La escenificación más evidente de este estado de cosas no se encuentra en Cayena, sino en Kourou, una ciudad al servicio del Centro Espacial. Aunque no es exacto hablar de ciudad. Es, más bien, un enclave donde viven los empleados del Centro, con varias bases militares, incluida una de la Legión Francesa, y donde sobrevive el resto.

Los indígenas (los amerindios, como los denominan los franceses) tiene acá una presencia anecdótica, en la llamada Villa Indígena, unas cuantas casas frente al mar. Su líder no está presente, pero cuentan los que allá arreglan un tejado bajo el sol infernal que para Francia “son anecdóticos”. No llega al 8% de la población y la mayoría viven en ríos y montañas fronterizas con Brasil o con Surinam. Coinciden con el MDES en que los funcionarios coloniales juegan a la división, el tercer factor que señalaba Maurice Pindard. Cimarrones, criollos, indígenas y asiáticos van cada uno por su cuenta y las leyes particulares de la colonia juegan en esa línea. Por ejemplo, si un guayanés quiere visitar algunas poblaciones indígena debe pedir autorización al prefecto.

Denis, un emigrante francés que lleva 30 años en estas tierras pero “escondido” en la selva, mira con desidia este enredo. “No le dé más vueltas, esta es la favela de Francia. Lo que le importa a París son los euros del Ariane y el Soyuz (los modelos espaciales de la Unión Europea y de Rusia), y los locales… pues a mirar, los tienen pensando sólo en la religión, en comer y en tener hijos”.

Genocidio por sustitución

A mirar… o a emigrar. La Universidad de Guayana Francesa es una broma y los buenos estudiantes van a la metrópoli. No suelen volver. Por eso en el MDES hablan de “genocidio por sustitución”. Maurce lo explica así: “Nuestros jóvenes, si son buenos estudiantes, sueñan con irse y se quedan en Francia porque acá no tienen oportunidades, pero los franceses vienen acá porque los buenos empleos son para ellos. Es el viejo sueño francés de blanquear Guayana”.

En realidad parece que la historia sí es circular. Francia nunca prestó atención a este territorio inhóspito hasta que perdió la Guerra de los 7 años y, con ella, Canadá, Louisiana e India. Entonces se vio obligada a mirar a Las Antillas y a Guayana como zona de aprovisionamiento de éstas. Luego perdió interés y se redujo a ser una provincia-cárcel con Saint Laurent-du-Maroní y las Islas de la Salvación como epicentro de un tráfico de presos que llegó a sumar los 80.000. Pero las coordenadas de Guayana Francesa, tan cercanas al Ecuador, la hacían ideal para lanzar satélites, así que Francia volvió a tomar interés y a esforzarse en mantener la colonialidad en su sitio: cualquier devaneo independentista pondría en peligro la joya de la República.

Fuente original: http://otramerica.com/

 

 

  La Guayana Francesa no quiere ser más una base militar

El fundador de la Organización de Derechos Humanos, (OGDH), Raymond Charlotte

Por Pedro Jorge Solans
Más del 70% de los guyaneses se expresaron por un cambio en el único enclave colonial que tiene América del Sur en suelo continental. Aunque el continente padece cerca de una veintena de islas no independientes y un país militarizado como Haití.

En el último referéndum que Francia organizó en su resabio colonial, por iniciativa del gobierno de Sarkozi, más del 77% de los habitantes de la Guyana Francesa  se abstuvo, dando claras señales que ya no alcanzan los magros euros que reparte la Unión Europa para dormir las conciencias libertarias de un pueblo mayoritariamente  afrodescendiente.

El panorama es alentador para las organizaciones independentistas de Cayenne que anhelan que sus  vecinos despierten ante la base aeroespacial y militar de Europa en tierra sudamericana. Por eso, dentro de sus actividades, los máximos líderes visitan los países vecinos para dar a conocer qué pasa en ese territorio caribeño rico en minerales que la OTAN usa para lanzar cohetes al espacio y espiar y controlar militarmente  el Sur.

En ese contexto, el líder independentista de la Guyana francesa y fundador de la Organización Guyanés de Derechos Humanos, (OGDH), Raymond Charlotte  dialogó en forma exclusiva con Sudestada  en Argentina donde participó de un Congreso de Economía Solidaria. “La posición de lucha en Cayenne es intransigente. La integración de Guyana debe ser sin Francia en América Latina”; señaló el dirigente de los Derechos Humanos.

Llovía en Buenos Aires, cuando el independentista guyanés esperaba en un hotel céntrico para denunciar la situación de la Guyana. Con un sombrero que no pasaba desapercibido y envuelto en la bandera de colores caribeños y selváticos era la atracción del lobby hotelero. Un abrazo abrió la conversación.

Se levantó la camisola y mostró las heridas de balas y tormentos que recibió en los diversos atentados que sufrió.  “Fui varias veces encarcelado por presunto terrorista y estuve cuatro años preso en una cárcel parisina por disturbio social en Cayenne. La última vez, un juez francés quiso canjear mi cese de actividades políticas por una jubilación que me permitía vivir bien en París. Pero me volví a Cayenne en un buque de carga”. Sonríe y esperó que el periodista Mariano Saravia traduzca su francés españolizado.

Saravia cumplió su rol de traductor y acotó que Raymond Charlotte  ejerce el periodismo y vive de su panadería. Se ganó el respeto de sus conciudadanos por ser el panadero de la calle. Recorre en bicicleta Cayenne sin pestañar todos los días del año.

“Nosotros tenemos una entidad histórica, cultural e identidaria, y como pueblo guayanés queremos y tenemos derecho a tener un Estado independiente. Casi el 80% de la población lo expresó en varios referéndum, en varias oportunidades que quiere una soberanía, pese a que Francia dopa a la gente con subsidios y jubilaciones en euros para que se pierda interés de luchar, expresó el cofundador de la OGDH. Sin embargo, la crisis europea se sintió en la base aeroespacial y ya no reparten tantos euros y la gente está viendo que nos están dejando sin estructura productiva, si matriz económica  autónoma”, explicó Raymond.

En ese mismo sentido, se expresaron Marie-Claire Newton, Pierre Carpentier y Servais Alphonsine, integrantes del Movimiento de Descolonización y Emancipación Social (MDES), de Guyana, y definieron a su territorio como  una base militar europea administrada por los franceses que viola todas las normas internacionales que existen.

Guyana es esencialmente Caribeña y su población está compuesta por pueblos indígenas y poblaciones migrantes, similares a las de Brasil, Surinam, Venezuela, Bolivia, Perú, Belice. Sólo hay una minoría blanca, pero es la que gobierna y garantiza el saqueo con La OTAN como marco político-militar. Su posición geográfica, es privilegiada para las operaciones  de desestabilización de gobiernos legítimos como fue la intervención en Haití, los ataques contra el gobierno de Surinam en 1982; y cuando un avión espía Hércules C 130 violó el espacio aéreo brasileño en el marco de la Operación «14 de julio», para liberar a Ingrid Betancourt.

Con  el radar de Troubiran y el Centro Espacial de Guyana (CSG) instalados en suelo sudamericano, la OTAN  controla los países de la región. Francia cuenta, -hasta ahora- con 40.000 agentes no oficiales, jubilados en actividad bajo el comando del Estado Mayor de las fuerzas armadas y los servicios de inteligencia destacados con capacidad de intervenir contra independentistas guyaneses.

La colaboración de gestión neocolonial Francia-EE.UU. se complementa con las bases militares estadounidenses que existen en varios países, pero especialmente con las de Colombia, Perú y Bolivia.

Charlotte destacó que los grupos independentistas tienen información correcta del rol que ocuparon los franceses en la disputa entre Colombia y Venezuela, y en la disputa entre Venezuela y EE.UU., desde Cayenne. “Francia, con sus agentes apostados en nuestro suelo, es la encargada de investigar en territorio venezolano.”; aseguró.

Congreso de la Unión de Trabajadores

Marie-Claire Newton, Pierre Carpentier, Alphonsine Servais, (MDES, Komité Drapo), el embajador de la cultura de Guyana, Jean-Michel, y Raymond Charlotte, (OGDH, Komité Drapo), participaron como invitados en el Congreso de la Unión de Trabajadores deGuyana, (UTG), que se llevó a cabo en un club de la avenida Ran Jon, el pasado 14 de diciembre de 2012.

Después de 32 años de sindicalismo nacionalista liderado por Turenne Radamonthe, se elaboró un tibio documento que expresa la necesidad de independizarse. Aunque se hizo una buena reseña de la crisis sectorial que sufren los trabajadores, todavía los gremios están bajo la influencia de las empresas francesas y son cautos a la hora de emprender una lucha independentista. Y si bien, la propuesta de las organizaciones independentistas  fue ratificada a través de los votos de sus afiliados, se advirtió la posibilidad de ruptura en la UTG: Ninguno de los delegados se arriesgó  a desafiar la consigna de la independencia nacional; sin embargo, la adhesión a los valores intrínsecos de la independencia fue tibia.

“Esta formulación podría indicar que la movilización está previniendo dificultades en sectores como el Centro de Acción Social de la isla de Cayenne (CIASIC) y en las Áreas Comunitarias Central Coast, en la Comunidad del Transporte-Board (CACL- ECA ex TCMS)”, interpretó Charlotte que se mostró muy activo en el Congreso.

«El sindicato ha participado en los grandes proyectos del siglo pasado, -recordó el dirigente Albert Darnal-, y añadió que no se ha beneficiado Guyana; pero sí, el Capitalismo a través de las sucursales de los bancos franceses BNP, CFB  que se llevan las riquezas  a París.”

El Congreso puntualizó el cambio climático en Guyana, y la dilución de la clase obrera desde la desaparición de los sectores de la producción de arroz, de la pesca, utilizando mano de obra dócil de Brasil, o fiadores de los trabajadores haitianos, o las manos baratas de la mafia de La Florida, o de Surinam, que son personas sin residencia en el sector agrícola, y en los últimos años, están llegando los asiáticos indocumentados.

Charlotte, en su análisis de la realidad, explicó que el poder francés ha borrado todos los sectores productivos en favor de las empresas de bienes y servicios públicos:

“En la tierra del oro de 18 quilates no hay escuelas de orfebres, ni  joyeros. Y al mismo tiempo, con  esta dilución, surge una clase media de padres modestos, que no hablan francés «bosque grande» ocupados o sub-ocupados en servicios y que ahora deben contarse como parte de la clase obrera. Sin embargo, el paisaje oscuro del mundo del trabajo y la confusión de los jóvenes revelan una tasa de desempleo del 46%.  Muchos de ellos, marginados, se dedican a robar la riqueza de los doseles, usando balsas, usando botes precarios, que trasladan material a zonas fronterizas  para los científicos franceses, como químicos, químicos orgánicos, ornitólogos, o botánicos- que avanzan en sus experimentaciones ilegales en territorios de los países vecinos. A esa juventud le cuesta cada vez más volver al centro de trabajo, y viven del circuito paralelo con otras moléculas sociales.”

También los trabajadores aseguran que “el índice de analfabetismo en Guyana es del 60%, y la vulnerabilidad del sistema afecta a todas las clases sociales en el puerto de Kourou. Y destacan que  mientras un funcionario que trabaja para Francia percibe entre 2000 y 5000 euros mensuales, un gran porcentaje de la población percibe 450, y un jubilado 350, y se pagan alquileres desde 85 a 850 euros.

Por otro lado, los grupos independentistas advirtieron a los trabajadores de las nuevas estrategias de los franceses: “Están cambiando las reglas porque los guyaneses nos estamos moviendo y el mundo también”; señaló Charlotte.

Con la inminente llegada de 7000 soldados franceses a la Guyana, por la descompresión en Nicosia (Chipre), la dotación de soldados franceses se elevará a 47.000 en Cayenne, y se sentirá más la amenaza real para los países de Sudamérica y la democracia.

“Creo realmente que movilizarán aún más su poderío militar en Guyana, y agudizarán la persecución a los políticos independentistas con el fin de “palestinizar” la zona creando nuevos grupos paramilitares, y dando pie a una nueva avanzada contra América Latina”; advirtió Charlotte.

Un símbolo más que significativo

Francia había impuesto su bandera y no dejó por muchos años resurgir ningún símbolo que alimentara el sentimiento de Patria en la Guyana. Recién el Consejo General de dicho departamento marítimo francés, reconoció una bandera el 29 de enero de 2010. Tras varios foros de discusión.

Consiste de dos triángulos formados por la división del paño en dos mitades por su diagonal descendente desde el lado del mástil, siendo verde el superior y amarillo el inferior. Al centro se ubica una estrella roja, cuyo diámetro es equivalente a la tercera parte del ancho de la bandera.

El antecedente de la bandera guyanesa se remonta a la utilización de una bandera blanca con el logo regional al medio, formado por dos trazos, semejantes a dos rectángulos, de color azul el superior y verde el inferior.

En tanto, la bandera original usada por los grupos independentistas, y que inspirara al actual pabellón, fue diseñada en septiembre de 1967 por el congreso fundador de la Unión de los Trabajadores de la Guyana (UTG) bajo la iniciativa de de Turenne Radamonthe, secretario general del primer sindicato guyanés.

El debate por la adopción de la bandera empezó recién en el 2005 en el Foro Social realizado en Awala-Yalimapo . En junio de 2007, con motivo del 40º aniversario de la bandera diseñada por la UTG se retomó la discusión, finalmente siendo aprobada unánimemente por el Consejo General a comienzos de 2010.

La crisis pesquera que reavivó la lucha

En medio de la crisis pesquera provocada por Los bloques que obstaculizan la pesca artesanal y libera las aguas guyanesas a la pesca de barcos extranjeros que se llevan salmón, sardinas y toda la producción ictícola a Europa generó una huelga que puso en jaque a las autoridades francesas. Bloques cerca del centro espacial «Guyana» durante un incendio del cohete Ariane V permitió  a los pescadores obtener un documento de identificación falso de «reparación» de la jefatura del centro de Kourou.

El problema central que encubre  la pesca es de orden internacional que plantea la ocupación ilegal de Guyana y que involucra a Brasil; por eso, en el sexto día de huelga de los empleadores “dignidad de la pesca” suspendieron la medida de fuerza antes que representantes  el Consulado brasileño. Sin embargo, los actores en conflicto, empresas extranjeras, pescadores guyaneses y entidades intermedias se reunieron el pasado 31 de enero en la Cámara de Comercio e Industria de la Colonia, donde también participaron el  economista, escritor y poeta Elie Stephenson, Naura, Raymond Charlotte (representando al Siese para América del Sur) y los líderes de la estrategia en torno a la industria pesquera.

A esa reunión también asistieron funcionarios franceses que fueron desbaratados por las organizaciones independentistas que se presentaron con la bandera de Guyana e irritaron a los enviados por el prefecto galo Labbé que señalaron que no podían hacer una amalgama de las reivindicaciones de un sector productivo como el de la pesca  con “un disfraz” político corporativista.

La infiltración de los servicios franceses en la huelga desbarató el fin de las conversaciones y derivó en el bloqueo al consulado brasilero en Cayenne y el retiro de las herramientas adecuadas para la pesca marítima moderna a todo guyanés.

“La diferencia entre los pescadores nativos y Francia que impulsa la pesca ilegal en las aguas guyanesas  es consecuencia de la mentalidad colonial. La integración de Guyana debe entenderse sin Francia América Latina. Este retiro de apoyo a los pesqueros guyaneses se debe en gran medida a una política de represalia tanto de París como de Brasilia que también aprovecha económicamente la condición y actúa en contra de nuestros ciudadanos. La presencia de la policía brasileña, cerca de la ocupación francesa en nuestras aguas es una violación del espacio Guyana y no se ajusta al espíritu de la CELAC”; explicó Raymond Charlotte.

El conflicto es por la pesca marítima, pero también por la presencia de otros países que se hacen ver en los buques que recorren los ríos Oyapock que va hacia Brasil y el Maroni que va a Surinam. Estos ríos son las puertas de entradas a verdaderas canteras de recursos  fósiles, pesqueros, de hidrocarburos, y mineros (oro, plomo, manganeso, uranio, bauxita, aluminio, caolín, diamantes…). El medio ambiente amazónico es saqueado por los consorcios multinacionales que gozan, por parte del Estado francés, de derechos de acceso reservados para la explotación, para patentar lo viviente y para la biopiratería, y en esta actividad no están ajenos los países vecinos, denunció Charlotte.

Los operadores extranjeros ilegales que buscan minería guyanesa, operaciones militares en Harpy bloqueado en espera de una respuesta por parte de uno de los ministerios franceses en cuestión, incluyeron una conferencia telefónica ilegal francesa. Ellos exigían la construcción de un puente para unir la Belizon interland  Saúl. Esa escucha está en un documento de 49 páginas de la pesca y de la acuicultura confidencial de la Agencia Francesa de Desarrollo elaborado en marzo de 2012 y que ha llegado al Organismo Guyanés de Derechos Humanos.

Status de colonia

Colonia Francesa desde l817, después de finalizada la Segunda Guerra en l946 pasa de Colonia abierta a una demás disimulado status de Departamento de Ultramar , para en l974 obtener la concesión de Francia de mayor autonomía económica. Desatención del gobierno frances central lleva a una crisis económica, y a manifestaciones, protestas y huelgas que se mantienen en las décadas finales del Siglo XX. . De allí salió – en l998— la construcción de una carretera que une a Cayena con Brasil, que trajo un cierto mejoramiento de la economía.

Las luchas, que también envuelven a Martinica y Guadalupe, que desarrolla la población de los tres territorios-dos son insulares del Caribe—trae como consecuencia el logro de una mayor autonomía concedida por Francia. con un Gobierno reconocido como Consejo Regional, pero siempre con dependencia de la «metrópoli».

Tal situación es lo que impedido que ese territorio de la América del Sur esté ausente en las reuniones y conformación de la UNASUR.-

La lucha por la Independencia total está planteada. Generalmente se manifiesta en la realización de actividades tanto internas como exteriores—en unión con otros territorios franceses en América.-

Se manifiestan actividades principal y semilegalmente desde algunas ciudades en Francia—principalmente Marsella y otros puertos. Y más recientemente se han dado manifestaciones públicas en Berlín—no las permiten en París—mientras que las actividades interiores han logrado unir y pasar por encima de las diferencias raciales y se constuye un movimiento por la independencia total, del que el hecho de que sea plataforma espacial franco-europea constituye su principal obstáculo La independencia de Guayana Francesa puede y debe pasar a ser un objetivo de la solidaridad de los pueblos ý de los gobiernos revolucionarios y progresistas latinoamericanos.

En lo más visible de la lucha independentista de Guayana Francesa, se destaca un bloque de unidad, en el cual participan los comunistas y otras fuerzas progresistas y nacionalistas.-

Es importante el cumplimiento de acciones de solidaridad con la independencia de Guayana Francesa, para lograr además de su independencia la integración al gran bloque suramericano unido en UNASUR.

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