Argentina. Nuevo tiempo. Nuevo ciclo: ¿Qué perspectivas abren las PASO?

Por  Eduardo Lucita*/ Resumen Latinoamericano/ 07/08/15  .  –  Los plazos se cumplieron. Las PASO serán este domingo, se sabrá entonces como quedan alineadas las fuerzas para octubre. Sin embargo las ideas no aparecen y el sistema de partidos se ha desdibujado. Un futuro carente de certezas.

Finalmente llegó el día, ese ensayo general hacia la sucesión presidencial que son las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) ocurrirá pasado mañana, en lo que será el último acto de la selección de candidatos. Se presentan 13 fórmulas presidenciales, pero solo en tres de ellas – Cambiemos, UNA y FIT- habrá efectivamente disputa interna. Es la interna en el FPV para Gobernador en la Provincia de Buenos Aires la que concentra la mayor atención por su capacidad de resolver el resultado final. Es que se trata del principal distrito electoral del país, concentra el 37 por ciento del padrón nacional, solo en el Conurbano bonaerense reside el 23 por ciento de los votantes del país.

Campaña vacía
¿Pero hasta donde estas internas expresan una confrontación real? Porque hasta ahora salvo menciones muy puntuales, o el caso de Sergio Massa (FR) que se ve obligado a decir algo para remontar la caída previa, poco se ha escuchado de ideas, de propuestas, de programas… Por el contrario hay abundancia de estudios marketineros, encuestólogos al por mayor y mucho focus groups y asesor de imagen. Para no pocos es la campaña más vacía de los últimos 30 años.

En Cambiemos y UNA todo parece una formalidad, el carácter hegemónico del PRO y del FR al interior de esas alianzas no parecen estar cuestionados. En el primer caso podrá servir para ordenar la composición posterior de las listas y fortalecer la alicaída UCR, en tanto que en el segundo solo es otra muestra más de la feria de vanidades que ha caracterizado todo este largo proceso
No parece ser lo mismo para el FPV en la decisiva Provincia de Buenos Aires, no porque se discutan ideas sino porque allí compiten una fórmula (Domínguez-Espinoza) que es clara expresión del ascendente aparato del PJ  dentro del FPV (barones del Conurbano con un fuerte tinte del catolicismo conservador) con otra (Férnandez-Sabatella) que pareciera rememorar la idea de la transversalidad de los inicios del kirchnerismo, idea que ya ha quedado en el pasado. En tanto que la candidatura del FR (F.Solá) de gran conocimiento en la provincia parece pisarles los talones.

Incluso en el FIT entre quienes llaman a fortalecer y renovarlo y aquellos que claman por la unidad de la izquierda -todo teñido de fuerte obrerismo y economicismo- el debate no despunta. Cierto es que hay una confrontación subyacente sobre la renovación de dirigentes y como pensar el frente a futuro, incluso por su dirección. Sin embargo no parecen estos ser temas para dirimir en unas primarias electorales, por el contrario están perdiendo una óptima oportunidad para mostrar que frente a la crisis del capitalismo dependiente argentino la izquierda antisistema tiene un bagaje político-cultural superior al de los candidatos que expresan los intereses de las clases dominantes y las distintas fracciones del capital. Es de suponer que pasadas las PASO y ya en la recta final a octubre el debate de ideas y programas ocupe el centro de las intervenciones de los principales candidatos en confrontación con las alternativas sistémicas.

Para completar un panorama bastante gris los dos candidatos (D.Scioli-M.Macri) que todo indica disputarán finalmente el balotaje tienen perfiles muy parecidos. Los dos cultivan un lenguaje “civilizado”; los dos provienen de hogares empresariales, también del mundo del deporte (aunque cumpliendo roles diferentes), los dos dicen poco y nada cuando hablan… Se parecen demasiado.

¿Y la economía?
Ese vacío de ideas se hace palpable en materia económica. Ninguno de los candidatos con posibilidades arriesga demasiadas opiniones, solo generalidades. El cepo y el tipo de cambio son cada tanto mencionados, pero ninguno profundiza sobre los desequilibrios estructurales que acumula la economía nacional, menos aún sobre cómo salir de ellos. La crisis social brilla también por su ausencia. La precarización, la falta de viviendas, las insuficiencias en la prestación de servicios esenciales (salud, educación, transporte), la violencia, el narcotráfico, no tienen respuesta.

Ninguno parece dar cuenta que el neodesarrollismo, como programa de gobierno, ha tocado sus límites. Límites que se expresaran una y otra vez en las numerosas crisis ocurridas desde la mitad del siglo pasado en adelante. Porque estos años hubo crecimiento, creación de empleo, asistencialismo, pero no cambios profundos que modifiquen estructuralmente al país. Quiénes sí han tomado nota son los sectores del gran capital, que habiéndose beneficiado ampliamente ahora apuestan por otro programa y por una realineación de la economía y de la política exterior. Apostaron por una oposición unificada detrás de su programa y fracasaron, ahora esperan los resultados, también con incertidumbre.

Es que la salida no es sencilla. No todas las fracciones del capital coinciden en la devaluación o en la magnitud de la misma, o en los mecanismos para controlar la inflación o en cómo reducir el déficit fiscal; tampoco en cómo mejorar la competitividad de la economía, aunque tienen claro que para ellos los costos laborales son altos y que hay que subir las tarifas. Esto es lo que explica que los asesores económicos de cada candidato con posibilidades parecen correrse hacia el centro, mejor centro derecha. Ya casi nadie habla de política de shock, por el contrario crecen los gradualistas, aunque nadie dice en que ritmos y con qué intensidad.

Futuro sin certezas
Así luego de tres períodos consecutivos de gobiernos kirchneristas (neodesarrollistas) estamos a poco de ingresar en un nuevo tiempo y un nuevo ciclo, que inevitablemente será distinto, no solo porque hay variables internas que están agotadas sino porque el contexto internacional político-económico ha cambiado.

Para completar el cuadro el sistema de partidos es casi inexistente, la vieja aspiración de las clases dominantes de fortalecer un sistema bipartidista -dos partidos fuertes que se alternaran en el ejercicio del poder político y la administración de los asuntos del Estado- ha saltado por los aires. Lo que se presenta con posibilidades de triunfo en estas elecciones primarias son solo coaliciones electorales –muchas forjadas para la ocasión- que además están compuestas por frentes, que a su vez aglutinan diferentes expresiones locales y personalidades más mediáticas que políticas. Por eso no puede haber programas, porque se necesita un mínimo de consenso interno. Tampoco promesas electorales, para que nadie reclame demasiado.

En este contexto urge que la izquierda –más allá de los resultados electorales que obtenga este domingo y en el próximo octubre- y los movimientos socio-político-culturales dispuestos a superar la etapa reivindicacionista y a jugar en política -que no es solo lo electoral pero es también lo electoral- alcancen una plataforma común y los necesarios lazos de unidad para hacer frente a los desafíos y riesgos del próximo período.

*integrante del colectivo EDI-Economistas de Izquierda

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