Pisar las calles nuevamente: Fernando Esteche y una libertad arrancada desde la unidad

Resumen Latinoamericano/Carlos Aznárez – Hay instancias en que a la Justicia que no es justa hay que forzarla, cercarla, ponerla en evidencia. De eso se trata lo que ha ocurrido en Argentina con la reciente libertad condicional del dirigente del Movimiento Patriótico Revolucionario Quebracho, Fernando Esteche. Prácticamente su salida a la calle fue arrancada a esa justicia-injusta a punta de una combinación de movilización popular, meritorio trabajo de la defensa y un sorprendente y necesario marco de unidad de todos los matices del campo popular.

Sin dudas, Quebracho tiene en su haber un largo derrotero de compromiso con el nacionalismo popular revolucionario, anticapitalista y antiimperialista. En ese marco, sus militantes vienen estando al pie del cañón desde los años 90 y sus banderas, su cosmogonía encapuchada de pañuelos palestinos y su agenda de comportamientos rebeldes han dejado una profunda huella en esta sociedad saturada de pacatería.

Es evidente que Esteche tiene un particular carisma con su propia gente y también con lo que no lo son. En dupla con ese otro baluarte de la lucha popular que es el Boli Lezcano (aún preso y recuperándose lentamente de una mala jugada que le hizo su propia salud), los dos dirigentes de Quebracho han interpelado varias veces  a gobernantes, a jerarcas políticos, a viejos y jóvenes luchadores travestidos en funcionarios y a todo aquel que se les puso en el camino criticando “sus métodos” que en muchas ocasiones orillaban la violencia. Para violentos: el ex gobernador Sobisch, impulsor intelectual del asesinato del maestro Carlos Fuentealba, Clinton, el carnicero de Belgrado, Rodrigo Rato, el ladrón fondomonetarista, los sionistas criollos, aliados disciplinados de los genocidas del pueblo palestino, los ingleses usurpadores de Malvinas. Todos ellos fueron marcados a fuego por Quebracho. En estas últimas dos décadas, sus banderas flamearon junto al humo negro de neumáticos quemados, en casi todas las patriadas y puebladas conocidas. En cada una de ellas, Esteche, con su característica gorra, se hizo ver y escuchar, y obtuvo a punta de irreverencia, un éxito mediático que no siempre es bueno para la salud.

Sin embargo, más allá del morbo policial que en algunos plumíferos despertó Quebracho (“otra vez los violentos”, “ahí están lo de siempre…”), hay que reconocer que fueron acumulando lealtades, incluso entre los que discrepaban de sus salidas altisonantes. Allí precisamente se iba gestando el entorno unitario que estallaría con fuerza tiempo después.

Es por eso, que en ese largo derrotero, en el que nunca dejaron de ser piqueteros ni renunciaron a los palos, las capuchas y el bullicio de sus “milicianos”, fueron entrando de a poco en el corazón de muchos compañeros, incluso de aquellos que en otras ocasiones los acusaban de tal o cual cosa –casi siempre infundadamente-, a pesar de que en estos días lo desmientan.

Ahora Esteche está nuevamente en la calle, y apenas abandonó la prisión, reafirmó que agradece su libertad a la lucha popular unitaria, que no se arrepiente de nada y que Quebracho seguirá peleando como siempre.

Todos los que seguimos convencidos de que la lucha a dar, es por la Revolución y el Socialismo, festejamos y abrazamos esta victoria, nos confundimos en ese estallido de alegría que comenzó en los Tribunales donde se leyó la sentencia y prosiguió frente a las mismas puertas del Penal de Ezeiza. Pero a la vez, tomamos conciencia de que los “Quebrachos”, a veces duros, como el árbol que  dio origen a su nombre, y en otras ocasiones más pragmáticos, lograron algo en este año de prisión que se parece mucho a un milagro: sumar todos los matices del campo popular. No faltó nadie en lo que puede parecer una ensalada circunstancial, pero que debería hacernos reflexionar sobre qué cosas son las que realmente nos dividen y no nos permiten –como en esta ocasión- amalgamarnos para rescatar a los presos políticos que nos quedan. Fernando camina otra vez libre, pero aún nos falta el Boli, y los presos de Las Heras y Corral de Bustos. No es poca cosa lo conseguido en los tiempos que corren, pero hay que hacer esfuerzos para visibilizarlo como ejemplo, eludiendo mediocridades, comportamientos mezquinos, envidias y hasta actitudes competitivas. De allí que la libertad de Esteche debe ser el símbolo para animar luchas futuras, por un 2015 sin presos políticos ni judicialización de la protesta. Sería una forma de honrar esta experiencia y un paso fundamental a nivel de la solidaridad entre los que luchan.