Pinochet y el asesinato del ministro de Defensa de Allende, José Tohá

Por  Arturo Alejandro Muñoz / Resumen Latinoamericano / Politika 28 de octubre 2014.- ¿Fue asesinato por celos? El secretismo que cubre ese crimen no ha podido evitar el comidillo popular, el cual achaca parte de la responsabilidad a la viuda del general golpista por una cuestión de celos y poder enfermizo

Siento que en materia de derechos humanos, específicamente en lo referido a investigaciones por asesinatos cometidos durante la dictadura por agentes del Estado, hay aún cuestiones pendientes. La muerte del ex ministro del interior del gobierno de la Unidad Popular, José Tohá González, es una de ellas.

Hace algún tiempo, merced a confesiones realizadas por Federico Willoughby (ex vocero de la dictadura militar en su primer año de gobierno, y asesor del dictador Pinochet Ugarte), pudimos enterarnos que este último había tenido algunos romances extra matrimoniales, muy particularmente en la época que sirvió como agregado militar en la embajada chilena en Ecuador.

La historia se remonta al año 1957, cuando Pinochet, siendo oficial del ejército chileno (con el grado de Mayor) pero aún lejos del generalato, fue asignado por el gobierno de Chile a la República del Ecuador, específicamente enviado en misión militar a Quito, luego de haber sido seleccionado junto a un grupo de oficiales para potenciar la Academia de Guerra de Ecuador. Tres años y medio en que Pinochet fue parte de la socialité quiteña, pero en los que tuvo que lidiar con la atosigadora presencia de su esposa, Lucía Hiriart Rodríguez, con quien había contraído matrimonio en 1943.

En la hermosa capital ecuatoriana Pinochet conoció a Piedad Noé, distinguida dama perteneciente a la aristocracia quiteña, eximia pianista y dueña de hermosos ojos claros que encandilaron al duro militar sureño. El romance surgió vertiginoso y Lucía Hiriart, desencantada y furiosa, regresó a Chile con sus tres hijos –Augusto, Lucía y María– dispuesta no a terminar su matrimonio sino, por el contrario, a salvarlo y atarlo férreamente a su propia vera… como finalmente ocurrió.

Según el periodista ecuatoriano Byron Rodríguez, quedaron el rumor y el enigma de que Piedad tuvo un hijo idéntico al padre. Lo concreto es que Pinochet regresó a Chile, país extremadamente conservador en asuntos de familia, pero jamás dejó de apoyar y ayudar a Piedad Noé en la manutención del hijo que ambos habían procreado.

En Ecuador, desde hace muchos años, circula el rumor de que Pinochet siempre estuvo preocupado por el bienestar de su hijo Juan, el que por cierto, siguiendo el ejemplo paterno, ingresó a la Escuela de Oficiales del Ejército del Ecuador, y desde allí, sin dudas ni titubeos, en una u otra medida, sirvió de corresponsal a su padre. Fue, sin lugar a dudas, la mejor forma de espionaje que concluyó finalmente con la participación de ‘Juan’ –convertido ya en oficial del ejército ecuatoriano– en la pasada «Guerra del Cóndor» sostenida por el pueblo del Guayas con sus vecinos hermanos del Perú, país que en esa época dirigía el corrupto Alberto Fujimori.

Las sospechas de los periodistas ecuatorianos y chilenos (y también peruanos), apuntan a que el oficial Juan ‘Pinochet’ Noé habría participado el año 1995 en la ‘Guerra del Cóndor’, evento caracterizado por algunos violentos entreveros bélicos protagonizados por militares peruanos y ecuatorianos en las cercanías del río Cenepa y que estuvo en un tris de transformarse en un conflicto bélico mayor y total entre ambas naciones. ¿Dónde estará hoy día? Misterio misterioso…

Lo anterior me permito contarlo sólo para enfatizar sobre un punto que dice relación con el asesinato de José Tohá González, ex ministro del gobierno de Salvador Allende, cuya muerte se produjo en las instalaciones del Hospital Militar –en Santiago de Chile– bajo circunstancias extrañas que aún permanecen envueltas por un pacto de silencio que tomó cuerpo junto al secretismo de los uniformados de aquella época. ¿Cuál es exactamente el punto? Lucía Hiriart Rodríguez… ella es el centro de la atención que merecen estas líneas.

Es bueno recordar que hasta la madrugada del día martes 11 de septiembre de 1973, Allende y sus ministros confiaban ciegamente en la lealtad del novel general en jefe que sucedió a Carlos Prats; algunos ministros de la Unidad Popular eran incluso amigos de Augusto Pinochet… José Tohá, de todo el gabinete, era sin duda alguna el más cercano a ese militar.

Tan estrecha era la cercanía que Tohá se constituyó en visita rutinaria en la casa del general, departiendo con él y con su familia en reiteradas oportunidades. Además, Pinochet también le manifestaba amistad y confianza… no así doña Lucía, la que al parecer tenía más de “una hachita que afilar” con el pacífico ministro.

Mónica González, la premiada periodista chilena, en una de sus “crónicas de autor” (publicada por el quincenario The Clinic el 11/9/2013), escribió lo siguiente:

“Lucía tenía el poder. Podía enrostrarle cosas (a Pinochet), rebelarse.
Cuando llevaban sólo cinco años en el poder, y el general Sergio Covarrubias le enrostró a Pinochet que estaban al borde del precipicio por seguir defendiendo a Manuel Contreras, a pesar de todas las evidencias que Estados Unidos había reunido en su contra para culparlo del asesinato de Orlando Letelier y Ronnie Moffitt, Pinochet decidió deshacerse de su hombre en las sombras. Y pasó a retiro a Contreras.

Fue esa noche que se dio una de las más grandes crisis del matrimonio del dictador. Lucía le dijo que traicionaba a su mejor aliado y luego partió rauda a la casa del general caído, en Príncipe de Gales. Los que la vieron dicen que fue impresionante. La esposa del general arengó a los agentes de la DINA que habían ido a apoyar al jefe de la policía secreta.

“Esta afrenta se lavará con sangre”, la escuchó exclamar un oficial que me relataría lo sucedido.
Y cumplió. Lucía se pasó una semana fuera del hogar. Una semana en la que la figura de Piedad nuevamente pobló los sentidos del dictador. Hasta que el general Sergio Covarrubias fue enviado al exilio: desde la jefatura del estado Mayor Presidencial, el principal asiento al lado de Pinochet en el Diego Portales, pasó a dirigir los batallones de Punta Arenas.”

Conocido el carácter autoritario de doña Lucía, el rumor cobró no sólo cuerpo sino también empezó a probarse las vestimentas de realidad posible. Pinochet no habría mantenido un romance únicamente con Piedad Noé en Ecuador, sino también jugó al “amante bandido” con una iquiqueña –de ancestros alemanes– que vivía en la capital de la región de Tarapacá, romance que fue descubierto por algunas autoridades militares y políticas en la época de la Unidad Popular, cuestión que en gran medida fue “tapada” por el entonces ministro José Tohá, quien hizo lo posible por cuidarle las espaldas, el honor, la carrera y el matrimonio, a su ‘amigo’, el general.

Respecto de este ‘affaire’, José Tohá estaba enterado al dedillo no sólo mediante los informes de la policía civil y del GAP, sino, además, por boca del propio militar, aunque siempre guardó el secreto como lo hacen los amigos de verdad. El problema radicaba en que Lucía Hiriart también fue informada de todo ello por algún miembro de la “inteligencia” militar (o de la Armada), y después del golpe de Estado de septiembre de 1973, con Tohá ya detenido en la isla Dawson y luego en el Hospital Militar, al colegir que el ex ministro estaba perfectamente enterado de los deslices sentimentales de don Augusto (y que le había ayudado a “taparlos”), consideró que una información como aquella, en manos de un destacado representante del recién derrocado gobierno socialista, podría transformarse en un misil que dañaría no sólo a la Junta Militar sino, además, destruiría su matrimonio y enlodaría a su familia.

Para doña Lucía, la cuestión se transformó en asunto de “seguridad nacional”, excelente ropaje con el cual disfrazó su propia ira.

Como bien señala el investigador político Juan Pablo Moreno, no hay en toda la Historia de Chile un ejemplo más cercano a los métodos usados por las mafias estadounidenses en sus peleas y luchas internas, que lo hecho por Pinochet y sus cercanos con los altos funcionarios de la Unidad Popular y con algunos oficiales constitucionalistas (e incluso con dos generales golpistas como él), que pagaron con sus vidas el haber conocido los dobleces, servilismos y romances extramaritales del “presidente de la Junta Militar”.

Entre esos asuntos, se encontraba un secretillo personal, inconfesable públicamente ya que le habría significado el repudio de toda la cúpula del generalato y de su propia familia (muy particularmente de su esposa, Lucía Hiriart), el cual logró resolver con la ingenua ayuda administrativa de su ‘amigo’, el ministro de Defensa, José Tohá González, en el invierno del año 1972… pero, ‘doña’ Lucía quedó con bala pasada (mental y anímicamente, claro), pues no toleraba que el propio ministro de Defensa se hubiese esforzado por cubrir los pecados carnales de su marido. Todos estos antecedentes forman parte del expediente judicial abierto el año 2000-2001 por el entonces Ministro de la Corte de Apelaciones, Juan Guzmán Tapia, quien investigaba el asesinato de José Tohá.

Aún más (otro antecedente a considerar), en su libro “Ego Sum, Pinochet”, las periodistas Raquel Correa y Elizabeth Subercaseaux, en la segunda edición de esa obra (año 1999), cuando el dictador estaba detenido en Londres, avalan la existencia de la ya mentada amante iquiqueña y las razones que pudieron haber motivado a Lucía Hiriart para solicitarle al Mamo Contreras el asesinato de Tohá. Esto está claramente explicitado en el proceso judicial que llevaba adelante el juez Guzmán, pero así como uno de los testigos principales, de apellido Fischman, se acobardó y optó por el silencio, la propia familia del ex ministro Tohá decidió no ahondar en el asunto para evitar que saliese a la luz pública un posible acto de corrupción administrativa efectuado por el ex ministro de defensa que realizó en beneficio de su ‘amigo’ Augusto Pinochet.

Todo lo que se ha relatado en líneas anteriores, sumado ello a la cercanía y ‘don de mando’ que Lucía Hiriart Rodríguez tenía sobre la DINA (merced a su estrecha amistad con Manuel Contreras), nutrieron el rumor que sigue recorriendo algunos ámbitos de la política y del periodismo chileno, atizando una suposición que bien podría tener bastante de cierto… que la muerte de José Tohá no la ordenó Pinochet directamente (el que tampoco deseaba matarlo) sino, y este es el quid a investigar, la orden –saltándose los manidos ‘conductos regulares’ propios de una organización jerarquizada verticalmente– habría emanado de manera directa y top secret desde la más alta instancia de la DINA… la cual era muy, pero muy leal con la fanática y despechada Lucía Hiriart.

Las sospechas continúan vivas… sin embargo, desde el retiro del juez Juan Guzmán, nadie se ha atrevido –en el poder judicial y en La Moneda– a investigar oficialmente esta arista.

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