Linchamientos en Argentina: El retorno del «enano fascista»

Carlos Aznárez /Resumen Latinoamericano/ 3 de abril 2014.- «Un linchamiento es la ejecución sin proceso legal por parte de una multitud, a un sospechoso o a un reo. Puede producirse, por motivos racistas, religiosos o políticos, causando o no la muerte de la víctima», dice cualquier diccionario que se consulte. Pero si hacemos historia, la palabra estremecedora, tan usual en estos días en Argentina, tiene origen estadounidense, ya que fue Charles Lynch, juez del estado estadounidense de Virginia , quien en 1780 ordenó la ejecución de una banda de lealistas sin dar lugar a juicio. A partir de ese momento, distintos poderes y personas exaltadas y con notorias tendencias criminales generaron episodios similares a lo largo de los años.  Así fue como 3.446 afroamericanos y 1.297 blancos fueron linchados en EEUU entre 1882 y 1968. Muchos de estos crímenes fueron cometidos por grupos ultraderechistas y racistas como el Ku Klux Klan, que en su furia asesina generaron grandes hogueras para introducir en ellas los cuerpos de aterrorizados pobladores afroamericanos a los que tipificaban de «demonios».
Sin capuchas blancas, sin la necesidad de levantar cruces llameantes pero con el mismo odio a los pobres, a los excluidos, hacia todas aquellas personas de piel morena que resulten «sospechosas» a sus blancos e impolutos pensamientos, turbas desencajadas y cobardes de «vecinos» han comenzado a imitar en Buenos Aires, en Rosario, en Santa Fé y otros rincones de la geografía argentina, al juez Lynch, aunque muy pocos sabrán de su pasada existencia.
Así, frente al accionar esporádico de pequeños descuidistas que arrebatan un reloj o una cartera a turistas o a cualquier desprevenido transeúnte urbano, surgen patotas de «buenos vecinos» que armados con cachiporras, palos, cadenas y en ciertos casos, armas de fuego, acorralan al ladrón (casi siempre jóvenes o casi niños) y los golpean hasta dejarlos convertidos en una masa informe. O como ocurriera en Rosario, directamente se complotan en un acto de histeria colectiva, y acorralan y asesinan a su «presa». La excusa, casi siempre proferida con gritos y comportamientos desencajados, es «que frente a la falta de seguridad, haremos justicia como sea». A este discurso se suman algunos funcionarios, como el Secretario de Seguridad, Sergio Berni (precisamente quien debería responsabilizarse de la situación y poner orden para que las calles no se conviertan en batallas entre pobres) que justifica la algarada «popular», señalando que “la gente ha reaccionado con cierto hartazgo” porque “la Justicia no puede o no quiere hacer su papel”. Si Berni dice eso, precisamente él, cuyo comportamiento habitual al frente de las «fuerzas de seguridad» le han dado fama de auténtico «Rambo», imaginemos el grado de impunidad que habrá sentido cualquiera de los desaforados sujetos, que golpearon sin cesar el cuerpo del pibe David Moreira días atrás en Rosario. David fue atacado por una jauría de lobos integrada por 50 asesinos (toda gente que seguramente se jacta de «pagar sus impuestos» y «cumplir con las normas») que lo confundieron con un ladrón. Entre todos patearon su cuerpo, lo escupieron y maldijeron, mientras se alegraban porque «este hijo de puta no robará más a nadie». Algunos, nostálgicos, dictaminaban: «hay que matar a todos estos negros de mierda. Hay que volver al 78», refiriéndose a aquella época de plomo, cuando los militares hacían el papel que ahora quieren «cumplir» estos vecinos «justicieros».
Los linchamientos se están multiplicando, los medios de comunicación echan, como siempre, más gasolina al fuego, multiplicando los efectos de una docena de incidentes, graves pero no masivos como sugieren los títulos de las corporaciones de diarios, radios y televisoras. Mientras tanto, en los estamentos de poder, sus protagonsitas parecen autistas, ya que más allá de declaraciones formales, vacías o a veces hasta provocadoras, no saben como detener la campaña criminal. Como no podía ser de otra manera, en algunas provincias ya se habla de formar «autodefensas» al estilo Colombia o México, no precisamente para calmar los ánimos sino para organizar cacerías de pobres y sospechosos de serlo. A la vez, barrio por barrio, se computa el crecimiento del narcotráfico, casi siempre con relaciones carnales con los tan «reclamados» efectivos de las fuerzas de seguridad. En eso tampoco hay originalidad.
Con esta nueva ola linchadora, ha salido a relucir, como en otras oportunidades, lo peor de una clase media tilinga que se aterroriza viendo los sangrientos informativos televisivos, y a partir de ese momento define como enemigos a todos los que son diferentes a su entorno natural. Los nuevos cruzados sacan a relucir el enano fascista que llevan dentro, y salen a la calle a «terminar con la escoria». Buscan señales en el color de la piel de los que circulan a su alrededor, en como visten y como hablan. Qué decir si por casualidad ven a alguien joven y morocho, que por casualidad pase a la carrera. No preguntan si va detrás de un ómnibus o es un simple practicante de jogging. Por las dudas se ponen alertas, y si el tipo despierta sospechas, pasan a la acción. Se dan fuerza unos a otros y cuando logran armar un grupo de diez o veinte, se disponen a aplicar la consigna de que «el orden con sangre entra». Si es con cuchillos o barras de hierro, mejor que mejor.
No son diferentes a los barrabravas de los estadios, ni tampoco a las patotas policiales de ayer, de hoy y de siempre. Incluso, no es desatinado pensar, que estos energúmenos que hoy linchan por aquí y por allá, no dudarían en aplicar picana o hacerle la «bolsa» hasta asfixiarlo, a un ladronzuelo de poca monta, al que hayan capturado. ¿Lo dudan?
En efecto, el panorama entristece y genera impotencia. Es más, anuncia tiempos peores, porque quienes hoy quieren hacer justicia por mano propia, tienen su apoyatura natural en connotados políticos, como los aspirantes a presidente Sergio Massa o Daniel Scioli, auténticos adalides de la «mano dura», quienes suelen expresar pensamientos muy parecidos a los desaforados discípulos de Lynch.
En este marco, reconforta escuchar voces como las de algunos integrantes de organismos de derechos humanos que convocan a que desde el Estado se asuman las responsabilidades que le competen. De la misma forma, repudian los linchamientos y señalan que «toda persona tiene derecho a un juicio justo, sean víctimas o victimarios», como acaba de expresar el Premio Nobel Adolfo Pérez Esquivel.
Sin embargo, partiendo del hecho de que a nadie le agrada que le roben, resulta más que sospechoso este estallido de violencia «justiciera», que no es distinto a lo que ocurrió hace pocos años en el parque Indoamericano, o a fines del 2013, en aras de la revuelta policial. La derecha sabe armar escenarios, lo está haciendo en varios países del continente, y siempre encuentra mano de obra dispuesta a cubrir las tareas «sucias». El tema no se soluciona con más y más policías, o como predican el Secretario Berni y el represor jefe del Ejército, César Milani, militarizando los barrios y gendarmerizando la sociedad. La solución pasa por más justicia social, trabajos y viviendas dignas, educación y salud pública que funcionen. En terminar con la exclusión social y distribuir las riquezas, que existen pero que van a parar casi siempre a los bolsillos de funcionarios corruptos. Esto significa, que hay que recuperar la pasión y la conciencia para seguir luchando por una sociedad muy diferente a la institucionalizada por el capitalismo brutal, verdadera matriz de aquellos que hoy linchan a sus semejantes. Por eso mismo, no hay que bajar los brazos y seguir luchando para alcanzarla.
Que no nos desanimen construyendo coartadas de violencia antipopular, racista, e indudablemente cómplice del injerencismo pro-imperialista que se nos viene encima país por país. Que no sigan tirando de la soga impunemente. El pueblo organizado también sabe, por historia y por práctica de años, generar sus propios anticuerpos.

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OTRAS INFORMACIONES SOBRE EL TEMA

Repudiamos los linchamientos

Desde el Servicio Paz y Justicia hacemos un llamado a la conciencia en nuestra sociedad.

El país vive situaciones de intolerancia, inseguridad, violencia social y estructural en el país. Se ha generado una psicosis colectiva de miedo que alienta sectores que buscan hacer“justicia por mano propia”, frente a la ausencia de las fuerzas de seguridad, llegando al linchamiento y asesinato de presuntos delincuentes (incluso menores de edad), que agravan aún más los hechos de violencia social.

Toda sociedad tiene leyes que deben ser respetadas para la convivencia ciudadana. Estas leyes las debemos garantizar todos, en especial las fuerzas de seguridad y los representantes públicos, caso contrario se fomenta el caos y la búsqueda de venganza en vez de la búsqueda de justicia. Si alguien comete un delito no significa que deja de tener derechos, debe ser llevado ante autoridades judiciales para que se le aplique la ley penal, si se comprueba lo que se presume. Los ciudadanos tenemos derecho a nuestra seguridad, si alguien la viola el camino es la justicia, no la venganza que engendra nuevos victimarios.

Los linchamientos no son individuales, sino colectivos y tienen mucho que ver con conductas y presiones sociales que llevan a lo que denomino la suspensión de la conciencia, donde,  si los demás hacen lo mismo, la culpabilidad se diluye en lo colectivo y queda en el anonimato. Esa suspensión fue utilizada en otra época por las fuerzas armadas y de seguridad, para no asumir las atrocidades cometidas.

Los linchamientos retrotraen a épocas que considerábamos superadas de violencia, miedos y falta de credibilidad en las instituciones del Estado y genera la incertidumbre y descreimiento. No es cierto que los argentinos seamos una sociedad violenta. Es importante que de una vez por todas haya auditorías sobre los contenidos de los medios de comunicación para que no se les permita promover el pánico social y la venganza. Cuando un solo delito se repite durante 24hs. en todos los canales cientos de veces, ¿significa que creció el delito o que va a crecer el miedo?

Los medios están deseducando a nuestra sociedad. La educación debe ser la práctica de la libertad y valores, no sólo en los jóvenes, sino también en los adultos para generar comportamientos sociales de solidaridad y apoyo mutuo. La sociedad no es indiferente a los problemas que vive y hay que buscar caminos de convivencia sin recurrir a la violencia, que sólo genera más violencia y más miedo.

Toda persona tiene derecho a un juicio justo y rápido, tanto la víctima como el victimario, y nadie es dueño de la vida ajena.

Adolfo Pérez Esquivel

Premio Nobel de la Paz

Presidente del Servicio Paz y Justicia

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ARGENTINA

ASI REFLEJAN LOS MEDIOS LA OLA DE LINCHAMIENTOS

Otra paliza a un ladrón: ya van siete casos en sólo 9 días

Por Fernando Soriano

Esta vez fue en General Roca, Río Negro. El asaltante quiso entrar a una casa, pero el dueño y los vecinos le pegaron hasta que llegó la Policía. Ya hubo casos en Rosario, Santa Fe y en pleno Palermo.

Esposado. El ladrón, custodiado por la Policía, que llegó cuando los vecinos lo golpeaban./DIARIO RIO NEGRO

01/04/14

El hombre es el lobo del hombre.

La frase fue eternizada por el filósofo inglés Thomas Hobbes (1588-1679), y marcó la pauta para la conformación de una sociedad moderna y contenida de su estado de naturaleza, a través del cual el hombre viviría una guerra de todos contra todos. Durante la última semana, con siete episodios de linchamientos en algunos puntos del país, pareció volverse a ese instinto detectado por Hobbes. Como una espiral contagiosa y llena de peligro, el séptimo caso se dio el domingo en General Roca, Río Negro, donde un grupo golpeó violentamente a un ladrón que intentaba entrar a robar una casa.

El hecho se suma a otros cuatro ocurridos en Rosario (en el más grave mataron a David Moreira, de 18 años, tras robar una cartera), uno en Santa Fe capital y otro el sábado en el barrio porteño de Palermo. El de Río Negro fue cerca de las cuatro de la tarde del domingo, cuando un matrimonio que regresaba a su hogar vio a un hombre que forzaba la puerta, por lo que el dueño de la casa comenzó a perseguirlo.

Durante la corrida, se sumó un vecino que había escuchado los gritos y trató de interceptar al ladrón, pero recibió un barretazo que le provocó un corte profundo en un brazo. A la persecución se agregó otra gente del barrio, y una de estas personas interceptó al asaltante. Pero no sólo lo detuvieron, algo que está permitido dentro de la figura del arresto ciudadano en estado de flagrancia delictiva , según el Código Procesal Penal. Además, le dieron una paliza en el suelo hasta que llegó la Policía.

La sucesión de hechos dados a conocer en la última semana provocó la interpretación de intelectuales y políticos. En la mayoría de los casos se observan estas actitudes sociales como una reacción ante la ausencia del Estado. Pero no dejan de tener cierto parentesco con lo que a veces puede verse en una tribuna, cuando dos sectores de una barrabrava se patean las cabezas en busca de algún tipo de venganza o acción justiciera, dentro de sus propios códigos.

Para el sociólogo Juan Pegoraro, “no hay que magnificar los linchamientos, que son tan viejos como la Humanidad”. Según explicó en Radio Del Plata, “hay una sensación de que la Justicia es lenta y está contaminada ”. Luego, Pecoraro deseó que “ojalá que no se normalice ni que se sienta que esto debe ser así; son casos particulares”.

La Justicia aparece ahora por los hechos de Palermo: por lo ocurrido el sábado, buscan a través de las cámaras de seguridad a los agresores del ladrón para iniciarles una causa penal.

En Rosario, aún no hay detenidos por el crimen de Moreira, a quien patearon en el suelo 50 personas.

En referencia a ese asesinato, el escritor rosarino Marcelo Britos opinó en su muro de Facebook que “matar a un pibe por robar una cartera es artero y criminal. Alguno dirá que matar a alguien para robarle también lo es, y es cierto. Pero marcar allí el eje de la discusión es erróneo. Los orígenes son absolutamente diferentes, y esto es lo que algunos se niegan a discutir”. La ex vicegobernadora de Santa Fe, María Eugenia Bielsa, calificó como “una catástrofe” el linchamiento de Moreira y apuntó a la idea de Hobbes al considerar que “se han roto todas las reglas del consenso social”.

El filósofo Marcos Novaro fue por el mismo lado. “Cuando renunciamos al instinto nos privamos de ciertas libertades; no podemos hacer justicia por mano propia por un arranque de furia. En estos episodios de bestialización del comportamiento, lo que tenemos es una negación de sociedad”, resaltó.

También el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) repudió estos hechos a través de su cuenta de Twitter : “La justicia por mano propia mata. No es justicia, es asesinato”, remarcó.
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Cristina Kirchner llama a frenar la ola de linchamientos en Argentina

El joven argentino David Moreira yace en el suelo tras perder la vida en un linchamiento. LA CAPITAL

JUAN I. IRIGARAY Especial para EL MUNDO Buenos Aires
01/04/2014

La presidenta Cristina Fernández, viuda de Kirchner, ha llamado a los argentinos a no dejarse arrastrar por el «odio», la «violencia», y la «venganza» contra los delincuentes ante la inédita ola de linchamientos de ladrones o simples sospechosos -siete en nueve días- por parte de la población en varias ciudades del país.

«La violencia engendra más violencia; tratemos de entendernos siempre por las buenas», instó. E hizo un curioso llamamiento a «entender» al malhechor que mata o hiere a su víctima porque, sostuvo, «si siente que su vida para el resto de la sociedad no vale dos pesos, no podemos reclamar que la vida de los demás valga para él más de dos pesos».

La Ley del Talión en América del Sur era hasta ahora una práctica común únicamente en algunos pueblos y ciudades de Bolivia y Perú, como herencia de las culturas originarias de los Andes -inca y aymara- y donde suele ser denominada, benévolamente, ‘justicia comunitaria’ o ‘justicia popular’.

Pero, insólitamente, también han aparecido brotes de esa ‘justicia’ contra ladrones, o personas en actitudes dudosas, en las ciudades argentinas de Rosario, Buenos Aires, Santa Fe, General Roca y La Rioja, con poblaciones mayoritariamente procedentes de la inmigración europea en los siglos XIX y XX, y donde se supone que impera el Estado de Derecho.

A golpes y patadas

En Rosario, a 300 kilómetros al noroeste de Buenos Aires, un grupo de vecinos consiguió interceptar a un chico de 18 años, David Moreira, cuando desde una moto forcejeaba con una mujer que llevaba a su niña de dos años en brazos para arrancarle el bolso.

Una vez que controlaron la situación y lo desmontaron de la motocicleta la emprendieron a golpes y patadas. Cuando llegó la patrulla de policía ya era tarde y el joven prácticamente estaba muerto y había perdido la masa encefálica que yacía sobre el asfalto.

Lorena Torres, madre del chico, declaró a la prensa llorando que los agresores «más que personas parecían animales». «Nadie tiene derecho a quitarle la vida a nadie», se indignó y defendió la inocencia de su hijo que, dijo, «era peón de albañil y jamás tuvo un antecedente policial».

También en Rosario, otros cuatro jóvenes, de entre 17 y 23 años, y que intentaban robar cada uno por su cuenta, fueron sorprendidos con la manos en la masa y sufrieron iguales ataques de vecinos indignados. Aunque no murieron y quedaron gravemente heridos.

La alcaldesa rosarina, Mónica Fein, socialista, rechazó la llamada ‘justicia por mano propia’ y consideró que esa práctica «nos convierte en personas que no valoran la vida». Y pidió a la Justicia que «acelere los tiempos» procesales para evitar la venganza.

Una paliza infernal

En Palermo, un barrio rico de la zona céntrica de Buenos Aires, los vecinos también atacaron a un joven de 23 años que acababa de quitar la cartera a una mujer. Los vecinos le arrinconaron en el portal de un edificio y le propinaron una zurra de infierno.

Cuando ya vomitaba sangre y parecía inconsciente, una mujer que había participado de la tunda empezó a alertar a gritos: «Lo van a matar, lo van matar», consiguiendo que la gente de clase media se frenara y lo dejara en paz.

Aunque Brasil le supera en tasa de homicidios, Argentina es el país con más alto índice de hurtos y robos del Cono Sur latinoamericano, según datos de la ONU. Además, en Rosario funciona una mafia de narcos que este año ya lleva casi un asesinato diario, en ajustes de cuentas. Según todas las encuestas, la inseguridad es la principal preocupación de los argentinos, junto a la situación económica.

En diciembre pasado, a raíz de una huelga de policías en demanda de subidas salariales, varias ciudades de provincias argentinas quedaron sin vigilancia y grupos de pobladores aprovecharon para saquear supermercados y tiendas. Los comerciantes los repelieron a tiros y hubo al menos 13 muertos.

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Secretario Berni: «La gente ha reaccionado con cierto hartazgo»

El secretario de Seguridad se refirió así a la seguidilla de golpizas a delincuentes protagonizada por vecinos. De todos modos, repudió los hechos y calificó de «asesinos» a quienes lincharon a un joven en Rosario. «Se los debe condenar», afirmó

02/04/14 –

El secretario de Seguridad, Sergio Berni, se refirió esta mañana a las violentas golpizas a delincuentes protagonizadas por vecinos. Si bien el funcionario consideró que estos hechos son “la excepción a la regla”, reconoció que “la gente ha reaccionado con cierto hartazgo” porque “la Justicia no puede o no quiere hacer su papel”.

“La sociedad está cansada de ver cómo los delincuentes entran y salen de la comisaría porque la justicia no puede o no quiere hacer su papel”, afirmó Berni en declaraciones radiales. Y remarcó que “el 80 por ciento de las detenciones no llegan a juicio, (los delincuentes) son liberados en la comisaría, la sociedad está cansada de estos hechos”.

Asimismo, Berni consideró “totalmente repudiable” el caso ocurrido el sábado en Rosario, donde David Moreira (18) -un joven acusado de haberle robado la cartera a una mujer- fue linchado por un grupo de vecinos. “Lo que ha sucedido en Rosario ha sido trágico. No estamos hablando de vecinos: estamos frente a asesinos. Eso no solamente se debe repudiar sino condenar con la rigurosidad del Código Penal», afirmó.

Berni condenó lo sucedido tanto en Rosario como en Palermo, donde un delincuente fue brutalmente atacado por vecinos. Pero consideró que estos hechos son una “excepción a la regla”, ya que “un grupo de vecinos no hace a la sociedad argentina”.

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Vecinos dan feroz golpiza a un ladrón en Palermo

La oleada de linchamientos de Rosario se trasladó a la Ciudad, donde atraparon a un carterista y comenzaron a golpearlo. «Mátenlo, así no jode más», se arengaban entre ellos.

30/03/2014

Un hombre sujetaba a un delincuente contra el piso, que hace minutos había robado una cartera, en la esquina de Charcas y Coronel Díaz, en el barrio porteño de Palermo, mientras una veintena de vecinos esperaban su turno para patearle la cara con todas sus fuerzas. La situación se repetía y no había indicios de que se iba a detener. «Estaban dispuestos a matarlo», narró un periodista en la red social Twitter.

La oleada de linchamientos comenzó la semana pasada en Rosario, donde en tres oportunidades los transeúntes atraparon a los delincuentes minutos después de robar y comenzaron a pegarle. En uno de los episodios, el jueves pasado, la feroz golpiza se terminó con la muerte de un motochorro que acababa de sacarle la cartera a una mujer que caminaba con su hija. Allí, un auto logró chocar a la moto y, al caer al suelo, los transeúntes golpearon hasta la muerte al ladrón.

Ahora, la oleada de feroces linchamientos se trasladó a la Ciudad de Buenos Aires y fue reportada en Twitter por un periodista de PERFIL, que presenció el episodio. «Un tipo grandote con uniforme de portero estaba arriba de un pibe de unos 16/7 años, inmovilizándolo. De repente, una de las personas del tumulto se acerca corriendo y le mete una patada en la cara al pibe», comenzó Diego Grillo Trubba.

En una catarata de mensajes en Twitter, Grillo Trubba contó que «los otros que entraban y salían debían haber hecho lo mismo, porque el pibe ya estaba con la cara medio deformada». Y siguió: «De la boca le salía un río de sangre que primero formaba un charco en las baldosas y luego un reguero hacia la calle».

El feroz linchamiento parecía tener un único destino: la muerte del delincuente. «En el medio se acercaba más gente. La gran mayoría gritaba ‘mátenlo’. La amplísima mayoría. ‘Mátenlo así no jode más'», narró.

La golpiza finalmente no llegó a eso porque uno de los vecinos llamó a la policía, que tardó 25 minutos en llegar. «La sensación era que si la cana no llegaba, al pibe lo mataban», escribió Diego Grillo Trubba.

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HABLA LA MADRE DEL JOVEN ASESINADO EN ROSARIO

«Así era mi hijo»

Lorena: «David era mi compañero, tomábamos mate juntos»

(APL)“Ahora, ya nadie podrá ya devolverme a mi hijo, pero encima pareciera ser que quienes lo mataron no son asesinos… ¿No lo son? Por favor, que esto no ocurra nunca más y que la Justicia esté en manos de quienes deben garantizarla. De mi parte, sólo agradecerle a La Garganta Poderosa por este espacio para limpiar el nombre de mi hijo, y recordarlo. Hijo, te fuiste sin poder disfrutar de tus sueños y proyectos, pero mamá los hará posibles junto a papá y a todos los que te amaron. Te amo, y sé que estás con Dios. Mamá”. Así concluye la carta a su hijo David, la compañera Lorena Torres. Como se sabe, David Moreira fue asesinado por linchamiento, días atrás en Rosario, por unos 50 fascitas que permanecen impunes.

Por Lorena Mónica Torres

Nació el 4 de enero de 1996, en el Hospital Centenario de Rosario. Su abuela, su hermana María y su tío estaban allí, mientras su papá trabajaba para poder sostener a su familia. Era hermoso, de pelito negro y de piel blanquita, un principito según todos. Creció en un hogar humilde, pero a su lado tenía a quienes lo amaban de verdad, como su adorada tía Anabel, que le enseñó a caminar. Era tímido, se ponía colorado y sentía mucha vergüenza cuando alguien le decía lo lindo que era. Muy compañero de todos los chicos a lo largo de su infancia y muy compañero de sus vecinos de Empalme, donde vivía actualmente, dejó amigos por toda la ciudad, que hoy en día van cayendo en mi casa para consolarme, a medida que se van enterando la triste noticia.
Tuvo 3 hermanos más: Micaela, Elías y Tomás. Los adoraba. Los vivía aconsejando, como hacía su papá, qué es vendedor ambulante y a veces no estaba en todo el día, por lo que David era para ellos un segundo papá. Después de dos años, debió abandonar la secundaria, para ayudar con esos hermanos. Y yo me enojé muchísimo con él, pero su decisión era que no les faltara nada. Entonces, empezó a trabajar como albañil y también en una fábrica de calzado con su tío Gastón, a quien quería tanto…
David era mi compañero, tomábamos mate juntos y, salía hasta tarde, me avisaba, o nos llamábamos continuamente. De hecho, ese día fatal estuvo conmigo. Me dio su billetera con lo que había cobrado, y me dijo: “Poné la pava que ya vengo, y si necesitás algo, sacá”.
No llegaba. Salí a esperarlo afuera, pero no estaba. Lo esperé. No me llamaba. No lo podía encontrar por ningún lado, y sus amigos tampoco lo habían visto, porque se habían ido a la cancha a ver a su querido Central. Davido no fue, para no gastar, porque me había ayudado a mí a comprar los útiles para sus hermanos. Y sí, lo terminé encontrando, como N.N.
Jamás imaginé verlo así… Mi marido lo reconoció por un tatuaje que se hizo en el tobillo, cuando cumplió 18 años, con las iniciales de sus hermanos. Y así, se me fue un Ángel de la peor manera, un chico al que le encantaba ayudar a todos, conocidos o no. No sabía decir no y, si veía a alguien sin zapatillas, era capaz de sacarse las suyas para dárselas… Por eso, opté por donar sus órganos: para que siguiera ayudando, a 7 personas de la lista de espera. Pues él lo hubiera querido así.
Se fue mi mano derecha, mi David querido, pero hay muchos David que pueden ser asesinados o maltratados. Y eso no puede ser así de ningún modo, así sean culpables o inocentes del delito que se los esté acusando. ¿O acaso esas personas enfurecidas que lo mataron a golpes y patadas de la peor manera, como si fuese un animal, no son culpables? Ojalá le pidan perdón a Dios y ojalá entiendan que nadie tiene derecho a hacer “justicia” por sus propias manos.
Ahora, ya nadie podrá ya devolverme a mi hijo, pero encima pareciera ser que quienes lo mataron no son asesinos… ¿No lo son? Por favor, que esto no ocurra nunca más y que la Justicia esté en manos de quienes deben garantizarla. De mi parte, sólo agradecerle a La Garganta Poderosa por este espacio para limpiar el nombre de mi hijo, y recordarlo.
Hijo, te fuiste sin poder disfrutar de tus sueños y proyectos, pero mamá los hará posibles junto a papá y a todos los que te amaron.
Te amo, y sé que estás con Dios.

Mamá

(Fuente: Garganta Poderosa)

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Hubo otros cinco casos de palizas de vecinos a ladrones

Dos fueron en Córdoba, uno en Rosario, otro en La Rioja y otro en Mendoza. Así, ya suman doce los Episodios conocidos en diez días. No hay ningún detenido por estas agresiones, que dividen a la sociedad.

En La Rioja. Un ladrón atacado a golpes tras asaltar el kiosco de una anciana y golpearla.

02/04/14

Los ataques en masa de vecinos a ladrones parecieran estar generando un efecto contagio en parte de la población: como una bola de nieve que avanza y se agranda amenazante, ayer se conocieron otros cinco casos de intentos de linchamiento. Dos ocurrieron en Córdoba, uno en La Rioja, otro en Mendoza y otro en Rosario. El fenómeno ya tiene sus propias estadísticas: en los últimos 10 días se dieron 12 episodios. Esto generó un debate que cruzó todas las posturas políticas e ideológicas, en general con opiniones condenatorias, y una división en la sociedad.

Dos de los nuevos casos sucedieron el lunes en Córdoba capital, aunque recién se conocieron ayer. En uno de ellos, la aparición casual de un policía salvó al ladrón de que lo ahorcaran y lo mataran. Fue cuando un motochorro intentaba escapar de un arrebato por la vereda del bulevar Las Heras al 600 y chocó contra un auto. “Eramos varios comerciantes los que lo detuvimos. Cuando el tipo cayó, la gente se peleaba por pegarle ”, le contó uno de los vecinos a Clarín.

Entre todos le abrieron la mochila al ladrón y le encontraron carteras, celulares, una sevillana, precintos y ganzúas. La escena podría haber sido todavía más estremecedora. “En un momento le habían puesto una soga en el cuello y se salvó de que lo ahorcaran porque pasó un móvil con un chofer de civil y un policía, que intervinieron y lo salvaron”, contó otro comerciante.

El otro hecho en Córdoba estalló cuando un ladrón le arrancó la mochila escolar a una nena de 12 años en el barrio Irupé y su papá, junto a otros vecinos, lo corrió para recuperarla. “No le pegamos patadas, no lo desfiguramos, no le salió sangre.

Le pegamos, pero no para matarlo. Lo contuvimos. Pero cuando los vecinos se enteraron de que mi nena era la víctima, se pusieron locos y lo querían linchar. Pero el tipo ya estaba en el patrullero”, contó Pablo, el padre de la nena. “Los vecinos le destruyeron la moto.

Si no se lo llevaba la Policía hubiésemos terminados todos presos. Pasa que en 30 días o menos lo van a largar. Roban y a la semana están libres”.

Según el Código Procesal Penal detener a una persona que está cometiendo un delito está permitido. Para eso existe la figura del arresto ciudadano en estado de flagrancia delictiva . Sin embargo, lo que se viene dando excede ese límite.

Rosario es el territorio que ostenta el mayor registro de estos intentos de linchamientos. Allí ocurrió el primer episodio de esta saga, que fue hasta ahora el más horroroso: el sábado 22 de marzo, unas 50 personas mataron a golpes a David Moreira (18) por haber robado una cartera. Ni por éste ni por ningún otro de los 12 episodios conocidos hay detenidos (ver Buscan…). Ayer se conoció el quinto hecho similar en esta ciudad: un joven de 17 años fue golpeado el lunes a la noche por vecinos en un barrio de la zona sur, luego de que lo descubrieran intentando robar dentro de un coche. La Policía lo rescató de la golpiza y llevó al Hospital Roque Sáenz Peña, donde los médicos constataron que presentaba traumatismos “múltiples”.

Otro de los casos conocidos ayer ocurrió en Dorrego, (en Guaymallén, Mendoza), aunque ocurrió el jueves pasado. Un ladrón fue detenido y atacado a golpes por los vecinos, luego de que el dueño de una casa llegara y lo sorprendiera robando adentro. Según los testigos, tres asaltantes habían roto el portón y desconectado la alarma de la vivienda. El propietario llegó con uno de sus hijos menores y logró detener a uno de ellos. Sus vecinos, alertados por los gritos, se acercaron y golpearon al ladrón mientras llegaba la Policía.

El quinto episodio fue en el barrio Santa Justina, de La Rioja. Allí, el domingo un hombre quiso asaltar un kiosco atendido por una anciana, a quien agredió. Los vecinos interceptaron al ladrón cuando escapaba con una caja de vinos y le dieron una paliza. Otra vez fue la Policía la que evitó que los golpes tuvieran consecuencias mayores.

La locura parece retroalimentarse. Uno de los hombres que participaron de una de las agresiones en Córdoba admitió a Clarín: “Está pésimo hacer justicia por mano propia, nos convertimos en una selva. Pero acá todos fuimos asaltados alguna vez. Y cuando lo vimos a este ladrón tirado en el piso, fue como tener a uno de los que nos asaltó”. El mismo argumento se repite entre todos los que participan en este tipo de ataques.

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En Santa Fé ya se formó la primera Autodefensa

1-04-2014

«Hartos de los diferentes episodios de inseguridad», en el barrio de Los Hornos al norte de la capital de esa provincia, vecinos decidieron conformarse y evitar que estos hechos continúen ocurriendo se organizaron y formaron autodefensas. Para poder advertir a los delincuente colgaron un sugerente cartel que ilustra el hastío de los lugareños y los momentos de violencia que se viven en el actual contexto del país.

fuente: Urgente 24

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Duras acusaciones entre oficialistas y opositores por los linchamientos

Capitanich y Zaffaroni apuntaron a Massa por haber vinculado los hechos con la «ausencia del Estado»; Macri retomó la línea del tigrense y Binner los relacionó con la «impunidad»

El debate por los linchamientos de presuntos delincuentes que se produjeron en los últimos días en distintos puntos del país se potenció ayer al quedar en medio de una discusión política marcada por críticas y acusaciones cruzadas entre los principales actores.

Tal como había ocurrido el mes pasado con el anteproyecto de reforma del Código Penal y durante la última campaña electoral con la edad de imputabilidad de los menores, un tema sensible y directamente vinculado con la seguridad ciudadana, como el de los linchamientos, copó la discusión política.

Y la línea divisoria de las posturas quedó clara: de un lado, el Ejecutivo con la apoyatura intelectual del juez de la Corte Suprema Eugenio Zaffaroni en abierto cuestionamiento a los protagonistas de los linchamientos, y del otro, los referentes opositores, que responsabilizaron al Gobierno por la falta de acción.

La polémica tiñó la agenda, sobre todo, después de que la presidenta Cristina Kirchner advirtiera sobre «voces que traen deseos de venganza y odio» y de que el líder del Frente Renovador, Sergio Massa, vinculara los ataques de vecinos a supuestos ladrones con la «ausencia del Estado».

Ayer la mandataria volvió sobre el tema en Twitter: «Cuanto mayor es el grado de exclusión, mayor violencia genera y enfrentamiento entre los argentinos, que es lo que queremos evitar», señaló.

El debate lo había retomado el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, que en su conferencia de prensa matinal arremetió contra el ex intendente de Tigre. «La afirmación de que hay un Estado ausente y por eso se producen linchamientos es un simplismo de carácter absurdo», sentenció.

El propio Massa volvió a pedir ayer «capacidad de respuesta desde el Estado» para combatir la inseguridad. «Para enfrentar a quienes viven al margen de la ley y violan o rompen el pacto de convivencia el desafío es construir un Estado que, a través de la Justicia y de sus fuerzas de seguridad, dé respuesta al deseo de los habitantes de vivir en tranquilidad», planteó.

Massa insistió en que la cuestión «no pasa porque la ciudadanía haga justicia por mano propia». «Existen fuerzas de seguridad, un sistema judicial y un Código Penal que establece sanciones para aquellos que rompen las reglas elementales de convivencia dentro de la sociedad», destacó.

Mauricio Macri casi calcó el razonamiento del tigrense. «Esto que ocurrió en Palermo y en Rosario [donde ocurrieron los episodios más violentos] se da por la ausencia del Estado que renuncia a defendernos y a cuidarnos», opinó desde Mendoza. El jefe de Pro reclamó que las fuerzas de seguridad «recuperen terreno» para evitar «una transformación salvaje» de la sociedad, y completó: «El tema me preocupa. Por eso digo «paremos la mano», pero el Estado tiene que estar presente».

El juez de la Corte Suprema, Eugenio Zaffaroni, por su parte, advirtió que los linchamientos que salieron a la luz la última semana «no son ajusticiamientos, sino homicidios doblemente calificados por alevosía y ensañamiento».

Además, en declaraciones a Radio Nacional, acusó a los medios de comunicación de «crear chivos expiatorios». En esa línea, habló de los ataques de grupos de vecinos a supuestos ladrones como «el resultado natural de una campaña de medios que estigmatizan terriblemente a los adolescentes de barrios precarios».

El juez se sumó al coro de voces oficialistas que se levantaron contra Massa. «Es un personaje políticamente lamentable, un señor que se va a pasar el 24 de marzo a Estados Unidos, va a hablar con gente del Tea Party, se saca fotos con el chanta de [Rudolph] Giuliani y todavía se llama peronista», le dedicó.

También reaccionó el presidente de la Cámara de Diputados, Julián Domínguez, aunque fue más escueto. «La de Massa fue una respuesta irresponsable», opinó.

Más allá de Massa, otros referentes de la oposición vincularon los ataques de vecinos a delincuentes, uno de los cuales terminó con un joven muerto en Rosario (ver página 23) con deficiencias en el funcionamiento del Estado.

Tras considerar que «hacer justicia por mano propia está hablando de una sociedad que necesita encarrilarse por el buen camino», el diputado y presidente del partido socialista, Hermes Binner, afirmó: «Esto se soluciona si empezamos a ver quiénes son los auténticos responsables de todo esto».

Enseguida, sin nombrarlo, aludió al vicepresidente Amado Boudou y a las investigaciones judiciales en su contra. «Cubriendo la mano de un vicepresidente no vamos a mejorar la sociedad, sino que vamos a convalidar la impunidad», lanzó.

También el presidente de la UCR, Ernesto Sanz trazó un vínculo entre los linchamientos y la conducta de los funcionarios.

«El valor vida, que tiene que ver con el valor de conservar la libertad y la dignidad, tiene que ser preservado por un Estado que se dé cuenta de que la falta de ejemplo de los gobernantes y la ausencia de una política de seguridad generan violencia social», arremetió.

Apuntó también a jueces y fiscales. «Tienen que tomar nota porque solamente el 3 por ciento de los delitos llega a condena», dijo. No obstante, amplió el abanico. «Todos tenemos una cuota de responsabilidad en esto», concluyó..

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OPINIÓN

Que la muerte de un pibe no nos sea indiferente

Miércoles 2 de abril de 2014,

por Leonor Cruz
Secretaria de Género e Igualdad de Oportunidades de la CTA Tucumán

Ver las fotos que se mostraron y esas imágenes desgarradoras de un hijo tirado al que mataron entre muchos en nombre del cansancio, la inseguridad, en nombre de cuidar lo mio. El testimonio del miedo irracional y el sálvese quien pueda retratados en el linchamiento de pibes pobres en nombre de una justicia sorda, ciega y muda.

Esa postal del salvajismo sólo me provoca dolor. Dolor es la sensación, es dolor verlo tirado ahí. Qué saben sus asesinos de él, de su historia, de su vida. Quién durante años y años se preocupó porque sus derechos, esos derechos que se suponen son para todos, le fueron negados. Quién se preguntó qué hace que un hijo, un niño, un adolescente desprecie tanto la vida. Cuantos años le despreciaron la de él.

Estos hijos/as que andan sobreviviendo en nuestros barrios, barrios con años y décadas de exclusión. Algunos le dicen vulnerables, chicos en riesgo les llaman otros, pobreza decimos muchos.

Pobreza que tiene olor, sabor, color. Pobreza que nos robó los sueños, el futuro, la vida, que nos devastó las familias, que nos consumió a nuestros hijos, que nos robó la educación, que nos robó la salud, que nos arrebató la ilusión de creer que es posible zafar ante tanta mierda. Que nos robó el trabajo, que nos quitó ese mundo simbólico del cual también nos nutrimos para crecer, aprender a ver, aprender a sentir, aprender…

Seguramente mañana saldrán a decir que son delincuentes, ladrones, hijos de putas. Mañana saldrán a pedir mano dura. Mañana saldrán a pedir mas justicia, saldrán a pedir la baja de la imputabilidad. ¿Alguien cree que ésa es la verdadera solución? ¿Qué pasa con todo lo anterior? Cuando la Justicia actúa es porque todo lo anterior falló. Falllaron los derechos ciudadanos, fallaron los gobiernos, falló la sociedad.

¿Cuál es la Justicia? ¿Matar por mano propia? ¿Eso no está mal? Pregunto: ¿Matar, linchar, eso no está mal? ¿Eso está permitido en esta sociedad? ¿La ley de la selva es lo políticamente correcto para la hipocrecía de la clase dirigente?

Nadie se pregunta qué tienen que ver con esta situación la policía, los políticos, los jueces, los medios de comunicación. Nadie se pregunta cuales son las políticas que se aplican para revertir este estado de cosas.

Innegablemente es la responsabilidad de los gobiernos, pero ¿qué pasa con nosotros? Así como nos acostumbramos a ver los hijos en la esquina limpiando un auto, vendiendo flores, pidiendo monedas, ¿nos vamos ahora a acostumbrar a ver como los matan? Total, según el discurso dominante, se lo merecían, uno menos es mejor.

¿Estas personas en algún momento se preguntaron que pasaría si nosotras cansadas, hartas, desbordadas, desesperadas, salimos a matar a todos aquellos que consideramos culpables de esta situación de exclusión social? ¿Alguna vez se lo preguntaron o tan siquiera miraron a su alrededor?

Porque les cuento, tenemos motivos más que suficientes para reaccionar. Cada día vemos pasar la vida y nos cansamos de ir a un Juzgado a llorrarle, implorarle a ese juez que interne a nuestros hijos. Que ya no sabemos qué hacer, o recorremos pasillos de ministerios, buscando respuestas de funcionarios tratando de encontrar soluciones y sólo encontramos un «no podemos hacer mucho». Les digo que no es fácil sobrevivir así, donde la marginación, el ninguneo, el «negro de mierda», el villero, el «no vas a llegar», el «este es tu lugar», el «acá no pertenecés» el «no sos igual» retumba todos los santos días de nuestra vida. Lo dicen las miradas cuando subís al colectivo, lo dicen los gestos cuando entrás a algún lugar, lo dice tu incomodidad cuando en la calle te cruzas de vereda para que no te humillen.

¿Alguna vez se detuvieron más que los segundos que marca un semáforo para mirar a los ojos a ese pibe que les limpia el vidrio, o les vende el chocolate? ¿Alguna vez se detuvieron a darle una sonrisa porque de eso también se constituye el ser humano?

Es urgente dar un debate a fondo de qué clase de vida queremos vivir, qué clase de país queremos construir desde donde nos toque estar. Es urgente volver a encontrarnos y re-encontramos. Es urgente volver a apelar a la ternura, la solidaridad, la empatía. Hablar, poner palabras a tanta violencia, recuperar la humanidad perdida en el consumismo desenfrenado.

Esto no se soluciona solamente señalando con el dedo a quien hay que culpar. Este problema es complejo y como tal las soluciones no son una sola, es un abanico de temas a considerar. No van a ser las empresas periodísticas que destilan amarillismo en sus programas las que nos den la solución.

Nos tiene que doler mirar estas escenas. Nos debe indignar escuchar los comentarios superficiales, racistas, fascistas que se repiten a coro. Nos debe movilizar la injusticia, la desigualdad. Tenemos que salir a la calles a gritar fuerte. Ni un pibe menos. No nos puede ser indiferente tanta violencia. No vamos a callar ante tanta canallada y desprecio a la condición humana.

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