Mexico. Entrevista a Karlo Reyes sobre el ejercicio del periodismo en Veracruz.
Por Mariana Blanco, Resumen Latinoamericano, 9 febrero 2017.-
Durante los últimos 10 años de la guerra contra el narcotráfico México se sumergió en una ola de violencia que lo tornó en uno de los países más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo. En este contexto, el ahora fugitivo ex gobernador de Veracruz, Javier Duarte, instaló al estado como uno de los focos rojos con una cifra de al menos 17 periodistas asesinados. Amenazas directas, represión y secuestros son algunas de las cosas que el gremio periodístico vivió durante este sexenio. Entrevistamos a Karlo Reyes, fotógrafo colaborador de El País y miembro del colectivo FotoreporterosMx sobre el ejercicio del periodismo en el estado de Veracruz.
¿Cuánto tiempo llevas ejerciendo el periodismo en Veracruz?
No tengo tanto tiempo, pero dentro de este tiempo ha sido todo super rápido. Tengo aproximadamente 6 años haciendo esto, y comencé realmente a partir de una inquietud que a mí me surgió viendo movimientos sociales, al ver cómo la cosa afuera se ponía mucho más difícil, veía también que en casa las cosas se ponían duras en cuanto la economía, en cuanto a que realmente aparecían muchas cosas más en las noticias que yo decía: “bueno esto no puede ser tan real” … hasta que lo vi.
Comencé en medios locales porque fue donde se me fue abriendo la oportunidad y poco a poco fui conociendo gente que me fue dando herramientas y armas para poder hacer una mejor cobertura y un mejor trabajo fotográfico. Y bueno, no digo que tenga un excelente trabajo fotográfico, pero lo que se hace es la intención, lo importante es el motivo por el cual se está generando ese registro.
Te tocó todo el periodo de Javier Duarte, ¿qué significó ser fotorreportero en el Veracruz de Javier Duarte? ¿ves alguna diferencia entre el gobierno de Fidel Herrera y el gobierno de Duarte?
Cuando estaba el gobierno de Fidel Herrera yo todavía no trabajaba en los medios de comunicación, pero ya tenía una inclinación política y personal hacia la parte de defensoría de derechos humanos, derechos de campesinos. Era lo que yo veía, y quería saber un poco más.
Cuando empezó la dictadura de Duarte –porque se podría llamar una dictadura, por así decirlo– fue algo repentino porque Duarte prometía muchas cosas, como todos. Se vio una transición bastante suave de un gobierno a otro. Pero de repente todo se transformó, y ser comunicador en Veracruz implicaba o implica hasta la fecha arriesgar más de lo que probablemente puedes ganar. Incluso dentro de lo personal, porque dejas de hacer coberturas, te limitas a hablar sobre algunas cosas y te autocensuras. Ya no necesitas que un medio lo haga, tú mismo te autocensuras porque ya no puedes estar cubriendo ciertas cosas. No puedes salir a ciertas horas, andar sólo en la calle; andar como cualquier persona en el estado de Veracruz es difícil, más en las zonas que están alejadas de la capital.
El ser fotógrafo de medios de comunicación en Veracruz implicó muchas cosas. Hubo dos periodos, yo pienso, antes de Rubén y después de Rubén, porque Duarte siguió siendo la misma persona déspota, tirana, cínica que sigue siendo hasta ahora. Lo que hizo Duarte se sabe, desfalcó al estado, hay miles de desaparecidos, hasta la fecha continúa aumentado ese número y la deuda en el estado está por los cielos y realmente las oportunidades se ven cada vez más difíciles para las personas.
Antes de Rubén las luchas sociales eran mucho más fuertes, tenían un cuerpo más resistente. Cuando fue a nivel nacional el movimiento #YoSoy132, en Veracruz fue muy fuerte también, porque es cierto que es una zona de estudiantes, en especial Xalapa, y los movimientos sociales cobraron mucha vida; realmente los movimientos sociales eran muy grandes para lo que estábamos acostumbrados ahí. Xalapa no es la capital del país, pero sí la capital de uno de los estados con más peso.
Antes de Rubén, el compromiso hacia el propio gremio era diferente, había mucha más comunicación, se querían emprender diferentes cosas, se formó un colectivo, que después desapareció: Voz Alterna. Fue una iniciativa de varios periodistas que estábamos en el estado con el fin de comunicar lo que no se comunica en Veracruz. Porque nos dimos cuenta que los medios de comunicación estaban a merced del gobierno, no por un chayo (soborno), sino porque realmente había un poder del gobierno estatal sobre los jefes de los medios de comunicación, en cuanto a comprar publicidad, comprar espacios en esos medios, y poco a poco obligar a que la editorial de esa casa periodística se formara del lado del gobierno.
Se crearon muchísimos medios, que hasta la fecha sobreviven del erario público en Veracruz, porque empezaron a ganar dinero de la “supuesta” publicidad. Aunque en realidad millones de pesos en publicidad se quedaron a deber a medios de comunicación estatales y a pequeñas agencias.
Después de Rubén muchas cosas cambiaron. Para muchos fue un golpe fuerte en la cuestión anímica, en la cuestión profesional y gremial. No nos dábamos cuenta del peso que tenía Rubén Espinosa en nosotros hasta que faltó. Realmente para muchos fue un amigo, un maestro. Al gremio muchas cosas lo empezaron a desunir, incluso atacándose unos con otros. El colectivo Voz Alterna estaba conformado por varios de nosotros, y al final se fue desvirtuando por diferentes situaciones, y desapareció.
Una de las cosas que decía Rubén era que quería mantener al gremio unido, porque si de por sí era difícil combatir la desinformación y la “compra” de los medios de comunicación por parte del gobierno, la situación se volvió mucho más difícil. Incluso a muchos nos obligaron a salir del estado, a autoexiliarnos en otros lugares porque ya no se podía estar en Veracruz, ni trabajar. Era salir de la casa y decir: “pues si no regreso es porque así tenía que pasar”.
Hasta la fecha muchos de los que estuvimos es ese período continuamos acá, otros muchos quedaron en el camino. El periodista (asesinado) número 16 fue Rubén, y realmente no queremos más periodistas o más comunicadores ejecutados. Dentro de ellos, muchos cubrieron notas que para el gobierno eran notas incómodas, y que los volvieron a ellos también personas incómodas, perseguidos políticos que terminaron en esto, en una cifra que muchas veces la gente olvida.
¿Cómo podrías describir al gremio de periodistas, y al periodismo en Veracruz en la actualidad?
Quedan agencias independientes que en algún momento tuvieron algún convenio pero que al final del día son afectados como parte de toda la deuda (pública).
Las personas que quedaron merecen mucha admiración, porque muchos no pudimos quedarnos en el estado y ver cómo se venía abajo lo que nosotros habíamos visto en su apogeo.
El periodismo ahora en Veracruz está experimentando una etapa clave, porque es la etapa en la que parece que el barco se hunde, pero no se va al fondo, continúa flotando. Creo que el periodismo en Veracruz es un periodismo que se renueva pero que, de cualquier manera, continúa con miedo. Pero con un miedo que no imposibilita hacer las cosas: continúan saliendo archivos e información a partir de estos periodistas que siguen ahí.
Yo diría que Veracruz tiene un periodismo con mucha fuerza y con mucha resistencia, ante todo.
México se convirtió en el país más peligroso para hacer periodismo en América Latina; también a nivel mundial está dentro de los primeros países. ¿Qué piensas sobre el peligro de hacer periodismo en Veracruz en comparación con otros estados?
De por sí, en mi opinión, creo que el periodismo es una actividad de compromiso, este compromiso propio que uno tiene por las causas. Hay gente que tiene asignaciones o que está bajo una política editorial dura y que no puede hacer periodismo propio. Pero creo que para las personas que podemos decir un poco más de lo que una editorial te permite decir, el periodismo es un trabajo de compromiso. Y de dedicación, porque al final de cuentas nadie te da nada, nadie te dice está pasando esto, está pasando aquello, y sin embargo tú lo estás viviendo.
Que Veracruz se convirtiera en uno de los estados más peligrosos para ejercer el periodismo en México es mucho decir para un país que de por sí no garantiza nada para un periodista, sobre todo porque no hay derechos laborales. Y quienes tienen derechos laborales es porque forman parte de alguna agencia internacional o están dentro de una casa editorial que realmente puede bancar una cosa de estas. Pero si eres un periodista freelance, como la mayoría aquí en México, pues no hay garantías ni de las empresas que te contratan ni del gobierno. Si te enfermas nadie te va a dar nada. Si eres periodista, pasas a ser un foco de atención para mucho, entre ellos los políticos, que si no les gusta lo que dices te amenazan, te persiguen o te asesinan.
¿Quién los perseguía, el gobierno, el narco, los dos?
En Veracruz pasa algo bien curioso. Como se sabe, México es un país azotado por el narcotráfico, la delincuencia. Esto no ha quedado atrás. En territorio veracruzano se aprendió a convivir con todo eso porque había una lucha interminable de los cárteles que estaban dentro de la entidad disputando el territorio. Porque Veracruz es un estado muy rico. Había muchas rutas de droga y de trata de personas. Pero realmente ahí no fue eso: fue el gobierno tratando de ocultar todo esto y nosotros exhibiendo lo que estaba pasando. Pero el gobierno fue el que te perseguía literalmente.
Hubo personalmente amenazas directas por parte del gobierno, a amigos, colaboradores de medios internacionales, llamadas anónimas que decían: “bueno bájale de huevos porque si no te vamos a desaparecer”; o el secretario de seguridad pública llegando a decir cosas como: “cuidado tú ya estás en la mira, tú ya estás en la lista”. De hecho, en 2015 hubo un audio muy famoso del ex-gobernador Javier Duarte que decía que eran tiempos en donde iba a haber muchos cambios, que se iba a mover el árbol, e iban “a caer las manzanas que están podridas”, refiriéndose precisamente a que sabía que había comunicadores, que habíamos comunicadores que realmente estábamos haciendo cosas que le incomodaban.
Dentro de ellos el caso de Rubén Espinosa, que fue perseguido, acosado de una manera increíble por personal de la ayudantía del mismo gobernador, por personal de la secretaría de seguridad pública, y que incluso tuvo que exiliarse. Bueno, la historia es conocida, salió de Veracruz por el acoso laboral que sufría porque fue una persona incómoda. Y lejos de que cualquier medio de comunicación le garantizara al menos algún boleto para algún otro lado, incluso revistas tan grandes como Proceso que era la que lo empleaba en ese momento, nunca nadie dijo “te vamos a ayudar con un poco de dinero, te vamos a dar al menos una garantía por formar parte de nuestro equipo de trabajo, por arriesgarte tanto tiempo”. Él estuvo trabajando mucho tiempo para ellos, y me parece que los últimos dos o tres años no cobró o cobraba cada que la editorial decidía mandarle el dinero.
Esa es una muestra más de que incluso las casas editoriales más grandes de México, en lo que se refiere al periodismo, no te garantizan ni siquiera una seguridad. Acá un periodista puede trabajar 30 años de su vida y no va a tener derecho a nada, a menos que formé parte de algún organismo, una secretaría o algo así, sino te la pasas trabajando, arriesgando tu vida, tu propio equipo que puedes comprar poco a poco y que al final te quedas sin nada.
¿Qué perspectiva tienes ahora con el nuevo gobierno en Veracruz? ¿Prevés algún cambio en el ejercicio del periodismo?
En las salidas y cambios de gobierno que ha habido en Veracruz casi siempre ha sido el mismo modus operandi de los nuevos gobernantes: cuando entran los primeros meses son personas amables, te ayudan, te quieren aportar algo a cambio de publicidad, pero no debemos perder la conciencia, no hay que olvidar que todos los políticos vienen de una escuela priísta, al menos los que han estado en Veracruz. El actual gobernador de Veracruz Miguel Ángel Yunes Linares pues tiene una escuela priísta súper clara desde el momento en que fue funcionario del gobierno federal y fue la mano derecha de un presidente que dejó a México en crisis.
Es un panorama bastante difícil pero no imposible. Seguimos mirando hacia Veracruz, porque Veracruz no era así, era muy muy diferente.

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