Argentina. La vuelta de los escraches

Mariana DM, Revista Venceremos / Resumen Latinoamericano, 19 de Enereo de 2018 – El 29 de diciembre del 2017 Miguel Etchecolatz, genocida y represor durante la dictadura cívico-militar y principal acusado de la desaparición de Jorge Julio López (2006), fue beneficiado con prisión domiciliaria por el Tribunal Oral Federal N°6. Ese mismo día fue trasladado a su casa del Bosque Peralta Ramos, en la ciudad de Mar del Plata, donde se le permitió cumplir la condena.

Miguel Etchecolatz es un ex policía, genocida y represor que estuvo a cargo de al menos 21 centros clandestinos de detención, tiene 6 condenas por crímenes de lesa humanidad, incluidas cuatro cadenas perpetuas y se estima que sus víctimas superan las 960 durante la última dictadura militar (1976-1983).

Durante la primera semana de su estadía en Mar del Plata se realizaron en la ciudad un total de cinco manifestaciones por parte de la comunidad marplatense, con un reclamo claro y contundente: “No a las domiciliarias” “La única casa para los genocidas es la cárcel” “Ni un minuto de paz para los genocidas”. Los días 5, 6 y 7 de enero se llevaron a cabo escraches en el domicilio del genocida en el barrio del Bosque Peralta Ramos, donde se colocó un pasacalles con la leyenda “El bosque no es guarida de indultados genocidas”.

El domingo 7, tercer día consecutivo de manifestaciones, bajo el lema “Siluetazo, el camino de la impunidad” más de 2 mil personas, organizaciones sociales, de derechos humanos, sindicales, estudiantiles y los mismos vecinos del Bosque y de otros barrios del sur de la ciudad, marcharon hasta la casa de Etchecolatz ubicada en la calle N. Bosque y Los Tobas. La casa se encontraba vallada y fuertemente custodiada por personas de las fuerzas de seguridad. Los manifestantes escracharon al genocida pintando la zona en la que se encuentra la casa y la entrada al Bosque, y además quemaron un muñeco que representaba al represor y lanzaron bengalas rojas que representaba la sangre derramada por las víctimas de la dictadura.

Foto Maxi Failla

 

Los escraches no son algo nuevo en la Argentina

Fue en los años ‘90, cuando todavía regían las leyes de impunidad mediante las cuales se impidió el juzgamiento o la ejecución de las condenas contra autores de crímenes de lesa humanidad durante la dictadura cívico-militar, que se llevó a cabo el primer escrache a un genocida. Éste fue dirigido a Jorge Luis Magnacco, quien en la actualidad tiene una condena unificada a 15 años de prisión y está imputado también por el robo de Victoria Donda y por su participación en el parto de Juan Cabandié, debido a que durante el proceso militar de los años 76-83 fue médico de la Armada y obstetra en el centro clandestino de detención de la ESMA.

Fue a fines de los años 90 que surgió una movilización de manera espontánea cuando la agrupación H.I.J.O.S se enteró de que el represor continuaba ejerciendo su profesión en el Sanatorio Mitre de la ciudad de Buenos Aires. La organización se movilizó hacia la puerta del sanatorio con el objetivo de alertar a los vecinos de que había un asesino en su barrio. Según testimonios de H.I.J.O.S, los manifestantes fueron llevando carteles y aerosoles de manera espontánea para marcar el sanatorio y “escrachar” a Magnacco, y luego marcharon a la casa del represor, a una pocas cuadras de ahí. Fue así que, de manera improvisada, surgió el primer escrache en la Argentina, que según lo propios participantes “… nació para quedarse”.

Desde H.I.J.O.S, entre 1997 y 2008 se hicieron más de 50 escraches a genocidas. El término “escrache” se fue popularizando en toda la Argentina hasta llegar a otros países. Así comenzó a entenderse esa forma de manifestación como una construcción de condena social, una práctica política mediante la cual la misma sociedad castiga a sus represores.

“Escrache” refiere a la acción que realizan los ciudadanos contra personas del ámbito público, administrativo o militar, y consiste en difundir, frente a sus domicilios particulares o en algún lugar donde se los identifique, los abusos cometidos durante su gestión. La consigna es clara “Si no hay justicia, hay escrache”. Se busca avisar a los vecinos que viven junto a un represor, un asesino y torturador, y terminar con la impunidad.

Durante el gobierno de Cambiemos se intenta establecer medidas que protejan a esos asesinos, como fueron los casos del dos por uno o los beneficios de prisión domiciliaria, como el de Etchecolatz, entre otros. Aún así, la gente sigue reclamando que se termine con la impunidad, sigue manifestándose y sigue escrachando a los genocidas. El único lugar para un genocida es la cárcel común.

 

 

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