Ecología Social. IIRSA: El camuflado virus de la devastación

Por David Santiago Farías Delva, Resumen Latinoamericano, 3 de mayo de 2021.

El IIRSA es un ecocidio que se sustenta en un reordenamiento territorial, que acarrea la explotación y destrucción de los recursos naturales de Sur América, el que además podría reactivar la circulación de virus desconocidos e infecciosos para la especie humana.

América del Sur, por si Ud. no lo sabía o ya lo olvidó, se encuentra en pleno proceso de devastación de sus recursos naturales, por medio de la implementación de megaproyectos, que son faenas y edificaciones articuladas en 10 ejes de “integración” y “desarrollo”, que abarcan 12 países de la región, de este a oeste y de norte a sur, y que se denomina IIRSA (Iniciativa para la integración de la infraestructura regional Sur Americana); que no es más que otro instrumento de dominación y explotación geopolítica de los recursos naturales del sur por parte del capitalismo, que adecuó y elaboró una nueva planificación o mapa territorial de América del Sur en pos del mal llamado progreso por despojo, por robo y devastación de la naturaleza, el que además podría liberar una serie de virus que hasta la fecha habían permanecido en las profundidades de la madre tierra, ya sea por las características geográficas de la zona o por su descongelación, como ocurre hoy en el polo norte y polo sur.

Estos megaproyectos son presentados por los gobiernos y las grandes empresas, como la tan anhelada ¨integración y desarrollo¨ de Sur América, omitiendo la verdadera cara de destrucción del equilibrio natural y ecológico de la región, y poniendo en riesgo la vida y la salud en su totalidad, al desequilibrar los ecosistemas del sur, norte, este y oeste del continente sudamericano, derrumbando el mito de que con estos megaproyectos del IIRSA, se mejorará la calidad de vida de los pueblos al sur del canal de Panamá. Por lo tanto, la noción de desarrollo presentada por las grandes bancas, gobiernos y transnacionales de la destrucción es una noción criticable, ya que suponen que el crecimiento económico y social se sostiene en la continua devastación y extracción indiscriminada de las reservas naturales que representa la geografía selvática, forestal, topográfica e hidrográfica de Sur América. Esto quiere decir que, desde la mirada capitalista, quizás se obtengan beneficios inmediatos pero los costos sociales y ambientales a largo plazo serán extremadamente altos y a la postre significarán el desastre para toda la humanidad.

La IIRSA, en su idea de satisfacer el flujo y la movilidad de las mercancías, requiere de infraestructuras, es decir, necesita de caminos, puentes, puertos, túneles bioceánicos, hidrovías, además de fuentes de energía, como las termoeléctricas, hidroeléctricas, y geotermia, que nutre energéticamente este saqueo capitalista, disfrazado de progreso, pero que lleva la marca de la muerte para todas las comunidades y pueblos de Sur América. Las mercancías (gas, petróleo, minerales etc.), como las considera el gran capital, deben ser trasladadas de manera fluida hacia los grandes centros de demanda y poder mundial y para eso se articulan, además, tecnología, negocio e información, que con eufemismos y falacias van construyendo un imaginario colectivo de desarrollo, donde verdaderamente no lo hay, pues las comunidades y los habitantes de los territorios saqueados, consideran el IIRSA como la verdadera cara del salvajismo a la que pueden llegar aquellos que se dicen estar por el desarrollo y la civilización. Debemos preguntarnos con honestidad si estos megaproyectos mejorarán la vida de las personas y sus comunidades, o solo beneficiarán a las grandes corporaciones y grupos económicos transnacionales, promotores de la devastación y la extracción de los recursos naturales de esta parte del continente americano.

Lo concreto es que la IIRSA rompe el equilibrio entre los seres y la naturaleza. Esta iniciativa que surge desde los grandes mercados del poder global (China, Francia, Italia, Japón, Inglaterra, etc.), en complicidad con los gobiernos y empresarios criollos de la región, dan lugar a catástrofes y a la aparición de nuevas enfermedades. Desconocer esto es de una perversidad inaceptable, y los gobiernos y las grandes corporaciones hacen oídos sordos a esta gran verdad. Sostienen el argumento de que con esta integración en infraestructura, mejorarán los negocios y el mercado con el resto del mundo, olvidando que la humanidad cohabita el planeta con animales, plantas, bosques, ríos y territorios de todo tipo, incluyendo parásitos, bacterias y virus, los que juntos cumplen una labor de equilibrio y armonía en el ciclo de la vida.

Cada país del continente sur americano presenta los proyectos de manera aislada, ocultando la dimensión devastadora de estos en el medioambiente. La iniciativa para integración en infraestructura regional sur americana IIRSA, es, en definitiva, un desastre ecológico, donde las grandes corporaciones explotan la naturaleza, sin considerar las consecuencias que generará esto.

La hipocresía de las mal llamadas cumbres climáticas de gobiernos y grandes potencias económicas y políticas, contrastan con la verdadera defensa de la naturaleza que hacen los pueblos y comunidades, que se han visto afectados por este virus de la devastación. La resistencia que hacen estos, se sostiene en la idea de proteger y salvar de los tentáculos colonizadores del mercado, las reservas naturales de la vida en el planeta.

“El ambiente con la deforestación masiva de bosques y selvas, la contaminación de los ríos y de la atmósfera, favorece la desaparición de parte de la capa de ozono de la Antártida y, como consecuencia, aparecen cambios climáticos con calentamiento de la Tierra, y se producen grandes inundaciones con huracanes en diversas regiones del globo, y en otras, sequías graves. Todo esto condiciona la destrucción de áreas de cultivo y de fuentes de trabajo y hogares en todo el mundo, lo que provoca pobreza, enfermedad y muerte”. (Acta medica costarricense. Dr. Juan Jaramillo-Antillón. Ecología, salud y enfermedad Mar.2010)

Si consideramos lo señalado hasta ahora y aceptamos con una mirada crítica el actual escenario de crisis sanitaria, ecológica, social, económica y política a nivel regional y mundial, la humanidad en su totalidad debería dejar de lado el capitalismo depredador y extractivista y garantizar de este modo a las generaciones futuras, una revolución que sea el impulso de una nueva base estructural, que desde una mirada descolonizadora permita el surgimiento de una manera diferente de vivir y relacionarse, armonizando con el medio ambiente y sus reservas naturales de vida, como es y representa para la humanidad el continente Sur Americano.

“La deforestación y los cambios que provoca en los bosques y selvas (los megaproyectos), causan que parásitos, bacterias, hongos, virus que viven en huéspedes naturales (animales y plantas) de esos sitios y que los parasitaban en la mayoría de los casos sin causarles daño, están migrando hacia otros sitios más cercanos a los poblados, y hacia mosquitos, ratas, aves, gatos, cerdos, etc., de las ciudades, contaminándolos y con frecuencia produciéndoles lesiones que pueden trasladarse por mutaciones y afectar al ser humano. Al parecer, eso fue lo que sucedió con el virus del sida, que en las décadas de los 70 y 80, afectaba a los monos (chimpancés y otros) de la selva sin provocarles la muerte; al emigrar estos cerca de los pueblos, se pusieron en mayor contacto con los humanos y los contaminaron, por lo que poco a poco se extendió la enfermedad por África y el resto del mundo, ocasionando una de las más graves pandemias, sin que se logre todavía obtener una vacuna que impida la enfermedad”. (Acta medica costarricense. Dr. Juan Jaramillo-Antillón. Ecología, salud y enfermedad Mar.2010)

Entonces, no podemos abstraernos de lo que ocurre hoy con el llamado Covid 19, una enfermedad de origen similar y que nos pone en alerta, pues esta pandemia nos señala a gritos que la conservación de la naturaleza ha pasado de ser un problema puramente ecológico, social y económico, a uno de salud, y que, de continuar descuidando estos aspectos, aparecerán nuevas enfermedades impredecibles y de pronóstico grave para la humanidad, por no tener respuestas inmunes para ellos.

La IIRSA en estos últimos años, frente a momentos de “crisis” e incertidumbre y reacomodos de fuerzas geopolíticas y geoeconómicas, nos hace mirar y analizar seriamente la participación del gigante asiático en esta iniciativa (IIRSA), quien en su búsqueda colonizadora y de hegemonía comercial global, hacen de China un actor extra-regional con olfato mercantil, que a través del Banco de Desarrollo Chino invertiría en infraestructura logística de la región. China ya tiene en su poder la concesión de ferrovías, puertos, caminos y carreteras, que son considerados estratégicos en lo referente al IIRSA, pero que ante los nuevos rumbos que este megaproyecto podría tomar, permitiría vislumbrar que la dirección de los acontecimientos y las inversiones del gigante asiático en América del Sur, fortalecerían su idea de la famosa “Nueva Ruta de la Seda”, que es un ambicioso proyecto con el que China quiere cambiar el comercio mundial y donde países como Chile, Bolivia, Venezuela, Ecuador, Perú y Uruguay, ya han adherido.

De un modo u otro, la IIRSA es un virus de devastación y despojo de los recursos naturales de Sur América, donde el salvajismo depredador de las grandes corporaciones transnacionales nos demuestra que su concepción de “progreso” no es más que muerte y destrucción colonizadora de los países del Sur.

Otra es la integración que se requiere, una integración Sur Americana, que se base en la necesidad de los pueblos y su interculturalidad, donde no sea la infraestructura y el comercio su sostén, sino más bien criterios que nos hablen de una nueva base estructural, que permita sustentar una nueva forma de relacionarse en todo los ámbitos y donde el apoyo mutuo, la solidaridad colectiva y comunalizada, sean el origen que permita alcanzar y sostener, el objetivo fundamental del bienestar de la humanidad y todos los territorios de América Latina, permitiendo construir una sociedad basada en el bien común.

Se tilda de salvajes y obstaculizadores del “progreso” a aquellos que luchan por proteger la vida y los recursos naturales, pero está claro que los únicos salvajes son las transnacionales comerciales y extractivista, que entienden el “progreso” devastando y arrasando con la naturaleza del planeta; y la iniciativa IIRSA, representa ser un virus más de la devastación y el exterminio a la que la humanidad está condenada, si no cambian su modo de enfrentar la vida, amparada en el capitalismo salvaje, patriarcal y extractivista.

Fuente: Kaosenlared.

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