Sáhara Occidental. Pasados 30 años de su creación, la MINURSO solo ha cumplido uno de sus siete objetivos

Por Lehbib Abdelhay. ECS. Resumen Latinoamericano, 30 de abril de 2021.

El 29 de abril de 1991, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas estableció la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental (MINURSO). Durante 30 años, un destacamento de 230 soldados ha sido responsable del mantenimiento de la paz en este territorio. También está a cargo de organizar el referéndum. El proceso está estancado por la intransigencia marroquí.

En abril de 1991, la ONU desembarcó en la antigua colonia española con el propósito de organizar un referéndum de autodeterminación en el plazo de ocho meses. 30 años después, es dudoso que la Misión de Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (Minurso) pretenda todavía celebrar la consulta: ni siquiera ha logrado elaborar un censo electoral definitivo.

El contingente de la ONU, que antaño rondó los 3.000 hombres, ha quedado reducido a 228 civiles y 231 militares. Los 231 militares les está prohibido llevar armas, son toda la fuerza que hoy se interpone entre los 150.000 militares de Marruecos y los 15.000 guerrilleros del Frente Polisario que se encuentran en plena ofensiva militar y ataques relámpago desde el pasado 13 de noviembre de 2020.

La misión de la MINURSO tenía entonces como objetivo impulsar un Plan de Arreglo firmado por Marruecos y el Frente Polisario. Dicho Plan constaba de siete puntos. A estas alturas sólo se han cumplido dos: el control del alto el fuego (hasta el 13 de noviembre de 2020) y la liberación de los prisioneros de guerra. Naciones Unidas ha sido incapaz de hacer avanzar los otros cinco: reducción de tropas, retorno de los refugiados, identificación y registro de los votantes, campaña para el referéndum y, finalmente, celebración de la consulta.

A pesar de todas las deficiencias que critican en la Minurso, ni Marruecos ni el Polisario quieren que desaparezca. A Rabat le interesa una misión débil, pero presente en el territorio. Está protegiendo su explotación de los recursos naturales del Sáhara, al tiempo que mantiene alejados a los 160.000 saharauis refugiados en Tinduf. El Polisario, por el contrario, querría despertarla y fortalecerla para acabar con la agonía del exilio.

El conflicto del Sáhara Occidental ha demostrado, una vez más, que la ONU no sirve para nada y que merece ser suspendida y sustituida por otra organización de naciones democráticas, más ética, igualitaria y menos dominada por el sucio juego de las grandes potencias.

La ONU se ha convertido, con el tiempo, en una organización inútil, costosa, corrupta e injusta, que funciona más como un obstáculo que como una ruta hacia la paz. Su Consejo de Seguridad, donde Francia posee veto, es un escandaloso monumento a la desigualdad y a la ventaja, mientras que su Asamblea General es el espacio que utilizan Estados dictadores y delincuentes para sentarse en igualdad de condiciones con demócratas y gente honrada.

Desde el inicio del conflicto saharaui, varios secretarios generales de la ONU intentaron solucionarlo. Ninguno lo logró, quizás alguno se acercó más que otro. Repaso completo de la nefasta gestión de la ONU del conflicto que desembocó en la peor pesadilla para el pueblo saharaui. 

Todos los esfuerzos de la ONU han fracasado repetidamente para negociar un acuerdo sobre el territorio en disputa desde 1975, cuando el poder colonial de España abandonó el territorio, iniciando un enfrentamiento bélico que duró hasta 1991 cuando intervino la ONU estableciendo el alto el fuego.

Han pasado ya más de 40 años, y aunque parezca mentira, los saharauis están más lejos de ver una solución que hace 27 años, curioso cuando la ONU en 1991 prometió solucionarlo en un plazo que no excedería los 2 años, es decir, lo que tardarían en realizar un censo completo para llevar a cabo un referéndum de autodeterminación.

Hoy en día, la única solución que ven los saharauis para desbloquear la situación y obligar a Marruecos a mover carta es seguir en la lucha armada, algo que la propia ONU y el Consejo de Seguridad evitan a toda costa, pero que no hacen más que favorecerlo porque con sus resoluciones y pasividad ante Marruecos perpetúan y prolongan el conflicto, agravando así la situación de los saharauis y por consiguiente, agotando su paciencia.

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