Pueblos originarios. Manifiesto por el Buen Vivir

Por Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir, Resumen Latinoamericano, 28 de abril de 2021.

El emergente social hoy es la tierra y nosotras somos voceras de su dolor. No puede haber Buen Vivir sin Justicia.

La memoria y las cosasAmérica Latina, África y Asia configuran una tricontinental atravesada históricamente -y en el presente también- por el drama del colonialismo. Esta categoría teórica -con profundas implicancias en la vida de los pueblos- podemos imaginarla como la geografía impactada por la historia. Teoría y praxis que cruzando historia y geografía que implicaron distintas formas de epistemicidio, genocidio, ecocidio, culturicidio, feminicidio que áun los Estado-naciones en su fase republicana y democrática no han querido ni decidido declinar. Las sociedades con sus silencios han habilitado que siga aconteciendo.

El colonialismo -aunque, acaso, más pertinente sería decir esta palabra en plural- determinó la pérdida de experiencias vitales y cognitivas de una enorme cantidad de pueblos. Esto es: la destrucción de sus conocimientos propios y de porciones altamente significativas de su población. Y el propio siglo XXI latinoamericano (y, más en lo específico, indoamericano) se rige aún sobre la base de un colonialismo activo en las mentalidades y subjetividades, en las culturas y en las epistemologías que se sintetizan en la mayoría de los Estados que configuran nuestro continente, y que nos privan de acceder a saberes que deberían hoy estar dialogando con los hegemónicos en la búsqueda de soluciones a los problemas que enfrentamos.

Cuando decimos colonialismo, nos referimos a una formación social singular definida por la invasión extranjera de una población nativa obligada a la fuerza a una superexplotación laboral, dominación política y opresión social. Pese a esta definición general, se precisan distinciones para contextualizar “lo colonial”, macrocategoría integrada por al menos dos subunidades: colonización y colonialismo.

La colonización es el proceso de expansión y conquista fáctica de las colonias, el sometimiento de otro territorio por medio de la fuerza o de la superioridad económica. Entonces, colonización indica un movimiento de agresión que tiende a consolidar un sistema diferenciado y polarizante, pues expresa la voluntad de controlar, manipular y subordinar un mundo diferente, alternativo o nuevo. Y expresa un intercambio desigual entre varios tipos de poder: entre las ideas sobre lo que “nosotros” hacemos bien y “ellos” no saben hacer o hacen mal. El colonialismo (o la colonialidad, dirán algunos) es en cambio una realidad cultural y política. Indica la doctrina y la práctica político-institucional de la colonización. Es posible imaginarlo como una organización sistemática de la dominación que ha perdurado en el tiempo. En su forma más general, es la dominación institucionalizada de un Estado imperial o colonialista sobre pueblos que pertenecen a civilizaciones “lejanas”. En este sentido, indica la dominación política, administrativa, financiera, económica, comercial, militar y cultural de un ocupante sobre un pueblo ocupado, residente en un territorio más o menos distante respecto de un área metropolitana.

Estas categorías teóricas, al ser elaboradas por las lenguas, tienen impacto en las formas cognitivas y por ende en las formas políticas. Y tocan las formas sensibles del poder de decisión. Muchos estados latinoamericanos se enorgullecen de haberse independizado del yugo colonial, pero han heredado y multiplicado herencias y prácticas coloniales a través de su capitalismo voraz, su inclinación patriarcal, sus ideas de modernidad como progreso o desarrollo que no repara en los daños irreparables que produce. Otros, en cambio, con sagacidades, discusiones y otras paciencias han logrado zafarse -al menos en algunos de sus pliegues- de esa condición constitutiva de los Estados-naciones que configuran nuestro continente.

En la Argentina pandémica del siglo XXI, un movimiento de mujeres indígenas está haciendo vibrar en el presente un acumulado de luchas históricas de al menos 500 años, poniendo en crisis la condición colonial del Estado-nación. Lo hace apelando a una palabra que abre un tajo en el tejido de la lengua -y por ende en las formas cognitivas y políticas-: terricidio. 

De las síntesis

Terricidio es una figura de síntesis. De epistemicidios, genocidios, ecocidios, culturicidios, feminicidios ocurridos a lo largo de la historia y del presente colonial de nuestro continente. Significa exterminio sistemático de todas las formas de vida, que atañen tanto al ecosistema tangible y perceptible -los seres animados de un bosque por ejemplo- como a aspectos inmateriales, sean culturales, lingüísticos o sagrados.

Terricidio es genocidio porque hubo y hay una pulsión de exterminio sistemático hacia los pueblos indígenas de parte del Estado-nación, pulsión concentrada en sus fuerzas represoras, para no abundar. Terricidio es ecocidio porque se destruyen y contaminan indiscriminadamente territorios enteros -el bosque, el monte, la selva, los humedales, devastados enteramente, de manera irreversible-; destrucciones perpetradas por empresas que van invadiendo y violando los territorios con las formas expansivas de una economía de la muerte. Terricidio es epistemicidio porque con la colonización se han eliminado las formas de entender, comocer y concebir la vida de parte de los pueblos indígenas. Y hoy en día se continúa perpetuando esta opresión a través de religiones opresoras que con sus rituales arrebatan la posibilidad de conservar y transmitir las formas de laespiritualidad ancestral y los espacios sagrados para cada pueblo. Terricidio es feminicidio por el asesinato sistemático de los cuerpos-territorios femeninos, resultado de relaciones sociales propias de la crueldad y de la apropiación privada.

De lxs sujetxs

Los terricidas son sujetos colectivos. 

Son los Estados y aquellos gobiernos incapaces de imaginar vida más allá de sus propias prácticas, lenguas, formas cognitivas y políticas coloniales. Y que con sus políticas y acuerdos contribuyen a la destrucción de la tierra y todo lo que en ella habita. 

Son también las corporaciones extractivistas que perpetúan la opresión y la aplican sobre los pueblos que sostienen la reciprocidad y la armonía en y con los territorios. Y que lo hacen banalizando o evitando la obligación de implementar la consulta y obtener el consentimiento previo, libre e informado de quienes padecerán los desastres que producen en el entorno.

Sobre las demandas

Las mujeres indígenas demandan que los actos terricidas sean juzgados y condenados. Que el terricidio sea codificado como un crimen de lesa naturaleza y lesa humanidad, y que sea imprescriptible pues, cuando se implementa, se asesina tanto la vida humana como la no-humana, sin discriminación ni miramientos. Y esa es una demanda que nos interpela a todxs, a nuestro futuro y al de generaciones por venir.

Pluriversidad

Como nos cuentan estas caminantes, 

“Las Mujeres Indígenas por el Buen Vivir somos un movimiento plural conformado por las mujeres indígenas de las 36 naciones originarias. Con la palabra terricidio nombramos también nuestro dolor y la devastación que sufren los territorios, nuestra espiritualidad y nuestros cuerpos, pues en ella se cifran todas las formas de asesinar la vida que tiene el sistema occidental.

Nuestro movimiento sale a caminar el país desde su extremo norte y desde su extremo sur. Queremos provocar un encuentro generador de conciencia para demostrar que la Argentina es un país habitado por plurinacionalidad de naciones y pueblos. Consideramos que el Estado argentino es un estado invasor, que lejos de administrar con sabiduría y solidaridad, ha invadido los pueblos, los ha saqueado, contaminado, destruido. Ese Estado muestra una dependencia absoluta de la corporocracia extractivista y asesina que centra su poder en otras latitudes del mundo.

Caminamos para proponer una nueva matriz civilizatoria que nos acerque al buen vivir como derecho. Caminamos para visibilizar que no puede haber buen vivir si no hay justicia. 

Nuestro caminar es una forma de la utopía. Llegaremos a Buenos Aires el próximo 24 de mayo para dar el primer grito de libertad de los pueblos y los territorios. Y desde ya sabemos que habrá que volver, volver a insistir, volver a flexionar el pensamiento y la lengua sobre sí mismos paraconstruir una sociedad verdaderamente libre, justa, humana, en la que el buen vivir sea un hecho de la mayor trascendencia humana.

¿Que demandamos las mujeres indígenas? Que los ACTOS TERRICIDAS sean JUZGADOS y CONDENADOS. Que el TERRICIDIO sea considerado un crimen de LESA NATURALEZA y de LESA HUMANIDAD. Se intenta asesinar a la vida humana como también la no humana, sin discriminación. Exigimos que terricidio sea un crimen imprescriptible. 

Por eso decimos, mientras no tengamos justicia, para ellos no habrá paz”

Herramientas

El Movimiento busca articular una herramienta impulsada desde los pueblos indígenas -en diálogo con aquellxs actorxs sensibles del gobierno y la sociedad- para identificar y condenar los sujetos responsables del terricidio, y luchar con el objetivo de lograr justicia. Este manifiesto hace propias las demandas del Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir, e invita a transversalizarlas, acompañarlas y multiplicarlas. Es necesario, en el sentido de inevitable, construir una sociedad donde el Buen Vivir como derecho sea posible.

Consigna

Luchamos contra el Terricidio, por la afirmación del Buen Vivir y por el reconocimiento de la plurinacionalidad de los territorios.

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