Guatemala. «No seas Indio». La violencia simbólica estructural desde tiempos de la Colonia

Por Joel López Muñoz, Resumen Latinoamericano, 30 enero 2020.-

Las dinámicas de poder desde la hegemonía blanca patriarcal, católica y militar se ha venido reafirmando en nuestra sociedad con dinámicas de dominación política que se puede rastrear desde tiempos de la colonia. Los mecanismos de dominación a ultranza  se potenciaron a nivel global con la llegada de los españoles a América en el siglo XVI y así se inauguró la modernidad junto con la entrada del nuevo imperialismo, y a la vez el colonialismo, pero también ese mismo día el racismo. Las satisfacción de las necesidades humanas en el orden social y el espacio político estan diferenciadas por como se satisfacen y en qué orden. Las dos grandes categorías de análisis son quienes tienen los medios de producción y quienes trabajan para los dueños de estos a cambio de subsistencia. Esto hace que las relaciones sociales tomen fuerza en las relaciones estructurales, y cuando la violencia y  el saqueo son la base de esta dinámica para la convivencia humana, surge un problema estructural, donde la hegemonía dominante utiliza la violencia en contra de los desposeídos. 

Desde el primer enfrentamiento entre españoles y Quichés en Guatemala en febrero de 1523, según los relatos de Hernàn Cortés, el ingrediente de dominación central, fue la idea de dominar a un “inferior” bárbaros que hay que civilizar, “indios”. Como menciona Martínez Peláez en su libro -La Patria del Criollo-, lo ideológico colonial es totalmente visible en la actualidad. 

El aspecto ideológico del colonialismo estuvo vinculado a poseer la tierra mediante dispositivos avasalladores en un sistema racista como esquema de dominio, en nombre de la corona y la iglesia. “Stero” significa duro, “tipos” es carácter, lo que quiere decir que los estereotipos es un carácter duro previo a la razón, impuesto por un poder. Son “imágenes en las cabezas” que caracterizan a las personas en su medio ambiente.  Cuando el poder le pone nombre como “indio” “salvaje”, esto opera y trasciende.

El día de hoy en el “imaginario colectivo” ronda esa práctica colonial de asociar calificativos con respecto a la clase, etnia, o posición cultural. “No seas indio” como decir no seas necio, terco, entendé, no resistas. El problema es aún más profundo, puesto que el sistema político al adoptar este lenguaje y prácticas aísla del debate lo vinculado que está la problemática de la desigualdad respecto a la colonialidad. 

El desplazamiento de poblaciones indígenas del altiplano a la ciudad, durante el último genocidio por parte de las dictaduras militares a finales de los años 70 y principios de los 80, aceleró esta dinámica racista y clasista en medio de un oscuro neoliberalismo del sálvese quien pueda, para abrir la brecha entre “indio” y “ladino”, el mestizo proletario citadino que contrata al indígena para cuidar sus casas, sus jardines, manejar sus autos o cuidar sus espaldas, lo cual se volvió muy común. Esa violencia simbólica que es arrastrada por un sentimiento de clase “criolla” ejercida por una irracionalidad colonialista está en los medios de comunicación, en las publicidades, en las telenovelas y en la circulación del lenguaje.

El sometimiento, también es visible en las dinámicas económicas extractivistas neocoloniales de los recursos naturales en las poblaciones indígenas y en la violencia que se ejerce en contra de los defensores de la vida.

 Cada vez más las multinacionales como nuevos conquistadores, avanzan con sus tractores en vez de carabelas, en detrimento de los sistemas de  agricultura del país y del progreso social alimentando la idea que quien defiende la tierra es un “indio” “vago” “malo”, y así enriquecerse a costa de nuestra riqueza en complicidad de cúpulas empresariales, militares y la oligarquía “criolla” guatemalteca. Ya lo decía Eduardo Galeano, “los países enriquecidos ganan mas consumiendo que los países empobrecidos produciendo”.

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