Chile. Entrevista a la performer chilena Angélica Martínez: «Nuestro lenguaje es calle»

Por Valeria Fariña, Resumen Latinoamericano, 29 de enero 2020.

Angélica Martínez es una chilena, intérprete físico y performer que pertenece al colectivo Activismo Escénico. En estos momentos se encuentra en Buenos Aires, donde había estudiado danza durante cuatro años, y ahora volvió a la capital para participar de unos talleres de expresión corporal y de danza-teatro. Con ella estuvimos en la Cooperativa Teatro del Perro, hablando sobre la revuelta social chilena que ya lleva más de 100 días.

Nuestro lenguaje es calle”, nos explica Angélica Martínez refiriéndose a las intervenciones-performances que afortunadamente, circulan por las redes sociales y que suelen sorprender por su creatividad y singularidad. Aún así, nos damos cuenta lo muy poco que de eso sabemos y mientras la escuchamos nos preguntamos ¿arte en las calles? ¿y los teatros? ¿los centros culturales? Ella, pacientemente, nos explica. -“Cuando nos han invitado a determinados teatros ha sido un poco caótico”, “a no todos les gusta que en lo teatral, en lo representativo, estemos mostrándole a la ciudadanía lo que está pasando”. ¿Y de qué vienen esos disgustos? ¿Dicotomías entre la vida y sus formas de manifestarlas? ¿Arte y política en veredas opuestas? -“Para nosotros esto no es un estallido político. Esto es un estallido social”, recalca Angélica Martínez, invitándonos con gentileza a hacer una pausa y a tomar las aseveraciones con mayor cautela. Después de muchos años -“Nos hemos despabilado”, reafirma. Y con una leve sonrisa, que ilumina su rostro, susurra, -“Hemos despertado”.

-Angélica, desde Resumen Latinoamericano seguimos a diario lo que sucede en Chile y estuvimos recientemente allí acompañando las movilizaciones y conversando con muchas y muchos de sus protagonistas. Nos impactó ese estallido social, no partidarizado, que también es una gran revuelta cultural. ¿Cómo lo ves vos como artista y qué experiencias podés contarnos?

-Bueno, primero agradecerles este espacio. Yo vengo de una ciudad pequeña de provincia, y ahí como en todo Chile, ha habido un estallido social. Desde un lugar artístico se ha trabajado mucho en la calle. Los performers, las y los artistas escénicos, han dado espacio, han salido de lo institucional para ir a la calle, para ir a apoyar esta protesta con mucha sensibilidad. No salimos para “ir a mostrar lo que hago”, sino que la calle es un lugar escénico para contribuir a que las marchas se visibilicen. Entonces, el teatro, el arte en general, se está poniendo a disposición de la revuelta social, y sensibiliza a la gente.

– La represión del Estado ha sido feroz, y aún así la revuelta sigue desenvolviéndose. ¿Cómo se puede explicar esto?

– Hasta el momento hay más de 3500 heridos y heridas, así lo reveló el Instituto Nacional de Derechos Humanos, hay 350 demandas por daño ocular y hay 23 personas que han perdido sus ojos. Desde el 18 de octubre al 10 de noviembre hubo 20 muertos, un Estado de sitio, y ahora están imponiendo una Ley anticapucha, lo cual significa que no podemos marchar encapuchados, y que nuestra identidad se va al carajo. Hay un control social-policial. Entonces, lo que hace el arte, lo que venimos a hacer los artistas, es visibilizar esa situación. La gente de verdad despertó, ya no cree en la politiquería. Este es un tema social, no está politizado, y eso es lo más hermoso que tiene. Lo que le da potencia son las personas, la gente que en la calle tiene adentro una rabia que viene atravesando hace más de 30 años cuando le prometieron una democracia después de la dictadura. Es que ahora nos dimos cuenta que los partidos de derecha e izquierda se pasaron el poder por mucho tiempo, favoreciendo leyes injustas, desigualdades y privatizaciones.

-La cultura se está revolucionando en ese contexto, es un espacio de resonancia muy grande. Hemos visto que se están tomando no sólo las calles sino también las paredes con murales, y los parques con música, poesía, intervenciones. Cuando eso sucede llega la policía a reprimir y dispersar pero no siempre lo logran, de hecho, muchas veces son ellos quienes tienen que replegarse ¿Qué podes decirnos sobre ese empoderamiento?

-Eso pasa. He estado al lado de amigos que han estado sentados con su bandera mapuche y llegan los pacos a reprimir, de hecho, en la ciudad donde estoy, a veces hay más policías que manifestantes. Pero también es importante decir que en Chile pese a la represión la movilización en todas sus formas no ha parado, y no va a parar por nuestros muertos, por las personas que han sufrido, por la “Primera línea” que son chicos que no le tienen miedo a morir porque ya les quitaron todo. Y el arte está ahí, a disposición, el decir escénico está en las calles, revolucionando.

-¿Acá con qué te encontraste? ¿hay solidaridad de colectivos?

-Llegué hace tres semanas y una amiga me contó del taller que está haciendo Catalina Briski, y me dijo que la coreografía estaba inspirada en la “Primera línea”. Así que me contacté y me integré en seguida, y ahora vengo aquí, al Teatro del Perro. Esto ya es para mi un lugar: acá está accionándose. También tengo muchos amigos argentinos que se han solidarizado por las redes sociales. Somos hermanos de los argentinos, de las y los bolivianos, entonces es valioso que en toda Latinoamérica estemos alerta frente a un poder tan tremendo como es la Policía. Ahora, estoy súper contenta y emocionada de trabajar en esta coreografía en honor a la “Primera línea”, es como entregar algo hermoso, un regalo, es contención, y es lo que más necesita en estos momentos la gente en Chile, porque de verdad se han estado organizando de una forma maravillosa y están existiendo rebeliones en todo el país. Antes, en Chile no existía que la gente se juntara en los parques a conversar sobre sus demandas sociales, y ahora eso se está dando. Es el gran miedo que tiene el poder en este momento, que nosotros lo estamos mirando, nos estamos organizando, ya no estamos automatizados diciéndole que sí por ejemplo a una Ley, o viendo pasivamente como el agua está privatizada, o como el Servicio Nacional del Menor ha abusado de las y los niños más pobres, como la Educación es terrible, la obra social, etc. El empresariado ha hecho lo que ha querido porque pensaban que nosotros eramos, como dijo Piñera, el oasis latinoamericano. Irónicamente, después de ese pronunciamiento de Piñera la gente tomó el subte y pasó sin pagar y todo se movilizó como no pasaba hace décadas.

Ensayo de la coreografía de Catalina Briski, «La Poética de la Dignidad», en Teatro del Perro

-Eso fue la chispa que incendió la pradera…

-Esto viene de antes, no es que pasó ese día. El 18 de octubre fue el iceberg que chocó contra el Titanic y pasó lo que tenía que pasar en el gobierno de Piñera. No hay que olvidar que en el gobierno de Bachelet se aprobó la ley antiterrorista y mataron a muchos hermanos mapuches. Por supuesto que Piñera es la continuidad del fascismo extremo, y que ya no se puede sostener, ya no tiene nada que decir. Y de hecho, el gobierno chileno lo único que ha hecho ahora frente a todo este movimiento tremendo, magnífico, es generar un pánico social. El gobierno no quiere entender que nosotros queremos cambiar las bases de forma. No nos interesa si es Piñera, si es Bachelet, si es Lagos… han sido más de 30 años de mentiras, y ahora nosotros queremos cambiar las bases, y la Constitución que afecta a todas las personas.

-¿Qué han hecho desde el colectivo artístico donde vos participas y cómo te ves autopercibís como mujer artista?

-Frente a todo este estallido social, en una semana hicimos con dos chicas más, un Colectivo que se llama “Activismo Escénico” que trabajó con todo lo que está pasando en la calle. Agarramos esa potencia, con mucho respeto, solidaridad y buena onda, y la llevamos a un plano estético del movimiento. En lo que hace a mi, ya no me queda pensarme como la artista suelta que era antes, ahora es una necesidad compartir, entrecruzar con otros artistas y ver de qué forma también nosotros podemos apoyar y visibilizar lo que está pasando en Chile.

Intervención de Activismo Escénico en la ciudad de Chillán, afuera de la gobernación

-¿Qué expectativas se abren? Porque desde acá nos parece algo increíble, no ha parado el movimiento después de más de tres meses, y esto le da mucha esperanza a toda Latinoamérica.

-En los colectivos en los que estoy con mis amigos, que insisto en que no son políticos sino sociales, tenemos como un sentido de bipolaridad. Por un lado, estamos re tristes por lo que está pasando, con las injusticias que vemos todos los días, y por otro lado, estamos contentos de que por fin ya despertamos. Como proyección nosotros creemos en un cambio social. Todo lo que nos mueve a nosotros es la esperanza de un cambio social, no es idealista solamente, también es material, porque lo queremos materializar.

-¿Se puede lograrlo?

-Por supuesto que se puede lograr, cuando esta gente entienda que ya no nos representan. A nosotros ya no nos representa nadie, claro que tenemos que buscar formas de organizarnos, tenemos que ver qué va a pasar después. Pero en este momento estamos muy pendientes de que no hieran al compañero, a la compañera, al compañere que esté al lado, o que los chicos de la “Primera línea” tengan comida, que no nos maten, y que se de un cambio estructural de la Constitución. Ahora, si me preguntas qué va a pasar, si tengo un candidato con el que me sienta representada, te digo: No. Tenemos la remota esperanza de que a esta gente del poder, del poder judicial, de la Iglesia, no les va resultar tan simple agarrar al animal herido que es Chile en este momento. Por ejemplo, que las calles estén destrozadas, claro que da pena, pero acá tenemos un animal herido que tiró una garra y hay sangre, es un animal herido que explotó. Y ahí también hay belleza, vemos belleza en la destrucción. Ya no les creemos, y no nos interesa que nos pongan tremendas edificaciones si nos están cagando por todas partes.

– Chile realmente despertó…

-Definitivamente. Nosotros pensamos como movimiento social que vamos a lograr que por fin nuestras demandas se escuchen. No estamos pidiendo nada extraño, ni idílico, ni una cosa idiota, es totalmente verdadero, luchable. No estamos pidiendo un bono y que nos digan “aquí tienen un poco de plata, váyanse a la casa y todo bien”. Estamos teniendo la posibilidad de decir que esto es una mierda y estamos todos los días luchando.

– Muchas gracias, Angélica.

– A ustedes.

Transcripción: Guillermina R. Iturralde.

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