Palestina. Periodista israelí y un mensaje que Alberto Fernández debería haber tenido en cuenta: «Vayan a Gaza y griten ¡Nunca más!

Por Gideon Levy, Resumen Latinoamericano, 28 enero 2020

Gideon Levy es uno de los periodistas más importantes del diario Haaretz, y una figura incontestable de las posiciones progresistas de Israel, y como tal, denostado por el sionismo. De él este llamamiento de indignación escrito el 23 de enero mientras se realizaba el acto para recordar el Holocausto, que va en la línea con lo que venimos publicando en Resumen Latinoamericano, en función del viaje muy polémico del presidente argentino Alberto Fernández a la entidad sionista.

Traducción: Aníbal Yuchak

Es muy importante recordar el pasado. No menos importante es no cerrar los ojos al presente y ser conscientes de él. Las docenas de estadistas que llegaron a Israel ayer tal vez tengan memoria del pasado, pero están borrando el presente. Con su silencio, con su desprecio por la realidad mientras se alinean incondicionalmente con Israel, no sólo traicionan su rol, sino que también traicionan la memoria del pasado en cuyo nombre vinieron aquí. Ser huéspedes de Israel sin mencionar sus crímenes, conmemorar el Holocausto al tiempo que se ignoran sus enseñanzas, o visitar Jerusalén sin viajar al gueto de Gaza en el Día Internacional de Recordación del Holocausto… Difícilmente se pueda pensar en una hipocresía mayor que ésa.

Está bien que reyes, presidentes y otras personalidades hayan venido a honrar este día de recordación. Es lamentable que ignoren lo que las víctimas del Holocausto le están infligiendo a otra nación.

La ciudad de Ereván nunca verá una reunión tan impactante para conmemorar el holocausto armenio. Los líderes mundiales nunca irán a Kigali para dar cuenta del genocidio ocurrido en Ruanda. El Holocausto fue de hecho el mayor crimen contra la humanidad, mas no fue el único. Pero los judíos y el Estado de Israel saben bien cómo santificar su memoria y usarla para sus propios fines.

En este Día Internacional de Recordación, los líderes mundiales son los invitados de un primer ministro israelí que, en vísperas de su visita, pidió que se sancione –créase o no– a la Corte Penal Internacional de La Haya, un legado de los tribunales creados para juzgar los crímenes de la Segunda Guerra Mundial.

En este Día de Recordación, los líderes mundiales visitan a un primer ministro que trata de incitarlos contra la Corte de La Haya. Es difícil pensar en un uso más indignante del Holocausto, es difícil concebir una traición más grande a su memoria que el intento de socavar a la Corte de La Haya sólo porque ésta pretende cumplir su función e investigar a Jerusalén. Los invitados también guardarán silencio sobre este asunto. Algunos de ellos tal vez estén convencidos de que el problema está en La Haya, no en Jerusalén. Sancionar a la Corte en lugar de hacerlo con el Estado ocupante.

El Holocausto nunca debe ser olvidado, por supuesto. Tampoco debe opacarse el hecho de que estuvo dirigido contra el pueblo judío. Pero precisamente por esta razón no debe ignorarse la conducta de sus víctimas hacia las víctimas secundarias del Holocausto judío: el pueblo palestino. Sin el Holocausto, los palestinos no habrían perdido sus tierras y no serían encarcelados hoy en un gigantesco campo de concentración en Gaza, ni vivirían bajo una brutal ocupación militar en Cisjordania.

Cuando hoy recitan ad nauseam “nunca más”, uno debe dirigir la mirada honestamente hacia el Sur y el Este (Nota del traductor: Quiso decir “Oeste” ), a sólo unos kilómetros del Memorial de Yad Vashem. Allí no hay holocausto: sólo apartheid. Allí no hay aniquilación, sino el sistemático embrutecimiento de una nación. No es Auschwitz, sino Gaza. ¿Cómo se puede ignorar esto en el Día Internacional de Recordación del Holocausto?

Es difícil de entender que ni a uno solo de los líderes mundiales que vinieron a Jerusalén se le haya ocurrido acercarse a Gaza después de la ceremonia. Si uno de ellos hubiera tenido el coraje de hacerlo, habría honrado la memoria del Holocausto no menos que visitando Yad Vashem. No hay muchos lugares en el mundo donde las palabras “nunca más” resuenen tanto como dentro de los límites de ese enorme gueto, creado por el Estado de los sobrevivientes del Holocausto. ¿No ir a Gaza y ver qué está pasando allí? ¿No identificarse con el destino de dos millones de seres humanos encerrados en un campo de concentración durante 14 años, a una hora de distancia de Jerusalén? ¿Cómo es eso posible? ¿No ir a Gaza y exclamar “¡nunca más!”? ¿Cómo es que no pueden?

Unos pocos líderes aparentaron equilibrar su visita al Yad Vashem con una breve y ceremonial visita a Ramallah, que incluyó una sesión de fotos con Mahmoud Abbas, quien también es blanco de objeciones por parte de Israel. Esta clase de visita es irrelevante. Ramallah no determina el destino del pueblo palestino. Éste se determina en el recinto gubernamental de Jerusalén y en el recinto de los organismos de defensa en Tel Aviv. Era necesario venir hoy a Israel para recordarle al mundo el Holocausto, pero también su silencio. Contra ese silencio también se debería gritar: ¡nunca más!

Puede que el Holocausto nunca se repita, pero el silencio embarazoso continúa, aun en este día de recordación en Jerusalén.

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