Argentina. Héctor Amichetti: «Hay que construir un gran frente nacional, promover la participación popular»

Resumen Latinoameericano* / 27 de enro 2020 .-

Héctor Amichetti, secretario general de la Federación Gráfica Bonaerense y referente de la Corriente Federal de Trabajadores (CFT), conversó con Lucas Molinari en Radio Gráficasobre los desafíos que enfrenta el gobierno de Alberto Fernández y el rol que le toca al movimiento obrero en ese proceso.

Lucas Molinari –¿Cómo arrancó el año?

Héctor Amichetti: Con mucha expectativa por lo que significa esta nueva etapa política y, también, con mucha preocupación porque lo que quedó en el país luego de los cuatro años de macrismo. Es una situación extremadamente complicada. Se percibe, en distintas reuniones que vamos teniendo, lo difícil que va a ser dar las respuestas que el pueblo necesita hoy. Se han tomado medidas acertadas respeto a lo urgente, a los sectores más golpeados de la sociedad, pero salir de esto va a ser muy complejo.

Respecto al panorama internacional hablabas de las contradicciones principales y secundarias. Si tuvieras que sintetizar en qué estado de situación arrancamos, con una posible guerra en Medio Oriente, ¿cómo analizarías el mundo en enero de 2020?

-Hay una situación de violencia extrema provocada fundamentalmente por la actitud de Estados Unidos, que siente que no termina de controlar partes del mundo en las que ha provocado, en los últimos años, invasiones, destituciones de gobiernos y asesinato de presidentes. Si uno toma lo que ha sido la zona del Medio Oriente y los países árabes, Estados Unidos dejó un estado de disgregación muy grande. Está poniendo fuertemente el eje en Irán porque allí no ha podido provocar lo que sí pudo en otras naciones árabes. No podemos dimensionar si quiere llegar hasta el punto de la guerra abierta pero indudablemente genera situaciones de provocación muy grave. Y eso a su vez repercute en los posicionamientos que tenemos que tener los países que intentamos mantener una posición no alienada.

-¿Y nuestra región?

-La veo muy compleja. Estamos rodeados de gobiernos de derecha, muy alineados con las políticas neoliberales, muy disciplinados y plegados a esta necesidad que tiene Estados Unidos de tener a la región bajo su control. Si tomamos estrictamente Sudamérica, la que está resistiendo es Venezuela, con todas las situaciones complicadas que tiene, con la crisis que le provocó la actitud de Estados Unidos, que a su vez presiona sobre las demás naciones para generar una conmoción allí. Estaba viendo ayer cómo actúa en combinación con Colombia tratando de justificar alguna acción para la cual todavía no tiene la fuerza por la realidad interna de Venezuela. Se intenta vincular al gobierno de Nicolás Maduro con Hezbollah, al cual se califica de organización terrorista. En ese marco, un triunfo electoral frentista del peronismo en nuestro país es una situación que nos limita por un lado, porque no es lo mismo tener aliados en Sudamérica, y por otro lado uno ve que las fuerzas sociales populares, independientemente de esos gobiernos de derecha, tienen mucha expectativas por lo que pase en Argentina. Nuestro país es mirado como un riesgo, un peligro, si se desarrolla y logra ser una potencia. El problema no era [Juan Domingo] Perón sino lo que había generado, el peronismo en la Argentina. Siempre remarco que cuando jugamos un papel protagónico junto con Brasil y con Venezuela para decirle no al ALCA se da en Estados Unidos la intervención de Condolezza Rice ante la cámara alta norteamericana. Un senador demócrata le preguntó por qué tanta preocupación por lograr un tratado de libre comercio en Centroamérica a fin de ampliar el control sobre la región, y Rice respondió que el sur del continente no podría ser asimilado mientras no desaparezca el peronismo, o incluso Perón pese a estar muerto. Recordemos que en ese momento Hugo Chávez usaba la bandera, a partir de la experiencia peronista, de crear el ALPA, Alianza Peronista para las Américas, antes de hablar del ALBA (Alianza Bolivariana para los pueblos de nuestra América). Y nosotros vimos eso las veces que él vino acá.

“Nos limita no tener aliados en Sudamérica y, por otro lado, uno ve que las fuerzas sociales populares, independientemente de esos gobiernos de derecha, tienen mucha expectativas por lo que pase en Argentina. Nuestro país es mirado como un riesgo, un peligro, si se desarrolla y logra ser una potencia”.

-¿Hubo una reunión de Chávez con Raimundo Ongaro?

-Sí, pero fue en su gira de 1994, cuando acababa de salir de la cárcel tras intentar el golpe de estado de 1992. Fue a Cuba, viene a la Argentina a través de sectores nacionalistas del ejército, y producto de algún vínculo con Raimundo pasó por la Federación Gráfica y tuvo una conversación interesante con él. Después se mantuvo una relación que a través de la Federación trabajamos con los primeros embajadores de Venezuela enviados por Chávez. Incluso recuerdo que acá mismo, en la Gráfica, le planteamos que más allá de los vínculos entre los gobiernos había que establecer contactos entre los pueblos.

Se armó el Encuentro de Empresas Recuperadas…

-Eso fue una iniciativa de Chávez en 2005. Fue muy interesante. En particular recuerdo un encuentro cultural que se hizo acá en esta cooperativa promovido por la embajada de Venezuela, con artistas de los dos países. Eso iba en línea con la idea de que la integración no solo se diera a través de los gobiernos sino que hubiera por debajo una integración a través de nuestra expectativa en la aproximación que había y el despertar de los pueblos latinoamericanos.

Sumemos a este panorama a Bolivia. Esta semana se proclamó la candidatura presidencial de Luis Arce junto a David Choquehuanca como compañero de fórmula. Pero el escenario es bien complejo, es un golpe de estado que se sigue desarrollando al mismo tiempo que la campaña electoral de aquí al 3 de mayo.

-Es preocupante porque en Bolivia se volvió a expresar ese tipo de golpe de estado donde vuelven a tener participación activa la fuerzas militares. Lo que veíamos en los últimos tiempos es que la desestabilización de los gobiernos populares en América Latina se daba con una combinación de acción judicial, a veces legislativa como en el caso del golpe contra Dilma Rousseff en Brasil, y mucha acción del poder de los medios de comunicación, que van instalando la idea de la corrupción de los gobiernos populares. Pero en Bolivia indudablemente, no se dio como producto de una crisis económica ni de una reacción social genuina, sino a través de una actitud de las fuerzas de seguridad en el sentido de dejar desprotegido al gobierno. Eso se aproxima mucho a los golpes que teníamos más de cuarenta años atrás.

En el marco del análisis que hacés, ¿cómo ves este primer viaje de Alberto Fernández, con una comitiva que también integra Axel Kicillof entre otros dirigentes, a Israel?

-Primero hay que analizar cómo recuperamos el gobierno. Fue producto de la necesidad imperiosa de trabajar sobre la idea de un frente, de una unidad de sectores muy amplia, que permitiera sumar las fuerzas necesarias para ganar una elección. Lo logramos, y nos encontramos con un país que si no resuelve el problema del endeudamiento externo tiene los días contados. Sabemos que detrás de la deuda externa hay factores de poder muy grandes, que van a poner obstáculos para que podamos resolverlo y así desestabilizar cualquier posibilidad de recomponer la economía. Esa es una parte de las explicaciones que tenemos que encontrarle a cosas que tal vez no nos gustan demasiado, como el hecho de que el primer viaje diplomático sea a Israel, país que sabemos lo que está haciendo con el pueblo palestino, o las declaraciones de Cancillería sobre el asesinato del general Qasem Soleimani por parte de los Estados Unidos, y sobre la payasada que hizo Juan Guaidó en el congreso venezolano. Pero no hay que perder de vista el equilibrio que tiene que hacer un gobierno con la debilidad que tiene hoy, dado que solo ganó una elección. Entonces la gran discusión viene hacia adelante: ¿cómo vamos a construir el poder necesario para que se haga realidad una bandera de la campaña como ‘Nunca más neoliberalismo’, y eso nos permita un alineamiento internacional que tenga que ver con lo que sentimos y pensamos como nación?

“Nos encontramos con un país que si no resuelve el problema del endeudamiento externo tiene los días contados”.

¿Cómo se discuten las paritarias en este contexto? La provincia de Buenos Aires está en la cuenta regresiva para cerrar un ‘reperfilamiento’ en mayo. A nivel nacional el gobierno le plantea al Fondo Monetario Internacional (FMI) que no habrá presupuesto hasta que no esté clara la deuda, y según Alberto Fernández esa situación va a durar hasta fin de marzo.

-En las paritarias se combinan cuestiones como recomponer pérdida del poder adquisitivo, necesario para la meta de reactivar el mercado interno, con otras como el congelamiento de tarifas. No es lo mismo si en provincia de Buenos Aires se estuviese pagando el aumento que había dejado previsto gobierno anterior a que se haya congelado. El otro tema, muy delicado, es la cuestión de los precios. Más allá de programas como Precios cuidados o la Ley de Góndolas, que tiene media sanción, hay un problema de fondo, la necesidad de saber por parte del Estado y las organizaciones del pueblo cómo se va formando la cadena de precios, y tener una actitud muy firme con los formadores de los mismos. Ese descontrol no se justifica bajo ningún punto de vista, y sigue ahora. Si ponemos el eje exclusivamente en que las paritarias tienen que tener moderación para poder controlar la inflación y no nos ponemos firmes con los supermercadistas y los sectores monopólicos u oligopólicos del ramo alimenticio y de artículos de primera necesidad, me parece que le vamos a errar.

¿Cómo se hace ese control de precios y cuál es el rol de movimiento sindical?

-El Estado toma decisiones como ponerle límites al sector energético que se benefició con los tarifazos. Del mismo modo hay que hacer con los grupos formadores de precios. El rol de las organizaciones es clave, podemos actuar, tenemos que tener un estado de movilización acompañando estas medidas, desde la Corriente Federal de Trabajadores insistimos mucho en que el éxito del gobierno depende del eso. No quiere decir estar todos los días en la calle, sino comprometerse a través de las organizaciones correspondientes.

“Si nos vamos a quedar exclusivamente en el marco de la democracia y la discusión en el Poder Legislativo, sin la participación de las organizaciones populares en los debates, vamos a perder muchas de estas batallas”

Hay miles y miles de delegados y delegadas que pueden estar en el control de precios.

-Totalmente. No tuvimos un pueblo movilizado para defender la posición que marcó Kicillof en la provincia de Buenos Aires con medidas muy justas. Hubo que ceder y algunos ‘lobbies’ sacaron ventaja, incluso sin estar en el centro de la discusión, como el Grupo Clarín. Hay que prepararse. Si nos vamos a quedar exclusivamente en el marco de la democracia y la discusión en el Poder Legislativo, sin la participación de las organizaciones populares en ese debate, vamos a perder muchas de estas batallas.

Hubo errores del gobierno de Kiciloff en cómo se comunicó, en cómo se planteó, y en no ver que los terratenientes le iban a hacer esa jugada. Quizás se subestimó al enemigo. Con una gran movilización del movimiento obrero respaldando sería distinto.

-Absolutamente. Yo creo que hay elementos que ellos utilizaron para confundir y para llevar adelante sus políticas destructivas, como llamarle ‘impuestazo’ del gobierno al paquete de medidas. Lo hicieron con una gran estrategia comunicacional, y en algunos casos con un acompañamiento popular que tuvieron hasta el último día. Uno ve esa movilización de despedida a Mauricio Macri con banderas de defensa de la República, la Libertad, etcétera. Ahora, si hablamos de los temas concretos de la economía, hasta los que estaban manifestando en apoyo a Macri fueron perjudicados por las políticas del ex presidente. Esto hay que tomarlo para fortalecer al gobierno y a la posibilidad de tomar las decisiones que hay que tomar. Hay que tener una política comunicacional que acompañe las decisiones justas. Hay que retomar el espíritu de la Ley de Medios, ser más ejecutivos, y fundamentalmente contrarrestar el mensaje de los medios concentrados con comunicación popular y pública del Estado para defender las legítimas decisiones del gobierno. Hay que construirlo sí o sí, porque si bien ellos se replegaron, mantienen una organización con el objetivo de desestabilizarnos. No me refiero solo a lo que pasó en Pergamino, donde se amenazó con no vender los productos del campo. En Santa Fe supimos que hay reuniones en casi todos los pueblos para planear lo mismo. Hay una actitud de falta de respeto a la decisión popular de haber elegido un gobierno democrático, no le reconocen la legitimidad. Tienen como voceros a los grandes medios. En otros tiempos uno veía, tanto en Clarín como en La Nación, que cuando aparecía un gobierno popular que no era de su simpatía daban una tregua, trataban de negociar algún beneficio. Hoy claramente no es así, trabajan todos los días en el desgaste del gobierno. Apuestan al enfrentamiento interno en el Frente de Todos.

“Hay que tener una política comunicacional que acompañe las decisiones justas. Hay que retomar el espíritu de la Ley de Medios, ser más ejecutivos, y fundamentalmente contrarrestar el mensaje de los medios concentrados con comunicación popular y pública del Estado para defender las legítimas decisiones del gobierno”

Por eso también Kicillof va a Israel, para demostrar que hay unidad, más allá de las cuestiones vinculadas con la deuda que mencionaste antes.

-Si tenemos la capacidad de preservar el frente, que fue un paso para ganar una elección, y hoy ponemos el esfuerzo en pensar cuáles son los instrumentos para que ese frente avance en la dirección correcta, recomponer un proyecto de país mirado desde adentro. Ahí tenemos que usar los elementos como la concepción peronista de la democracia como una democracia social, donde la participación no se limita solo a la discusión parlamentaria donde vamos a seguir teniendo obstáculos. Van a volver a tratar de limitar cualquier medida. Por ejemplo, en la Ley de Emergencia había elementos muy justos, correctos, que tocaban a sectores de poder. Inmediatamente aparecen los ‘lobbies’, hasta entre nuestros propios legisladores, y algunos sectores dejan de estar afectados por la ley, como las empresas de medicina prepaga, que se reúnen con el gobierno y le plantean que no pueden ni pagarle a sus empleados los cuatro mil pesos de aumento si no les bajan los impuestos por otro lado. Hay que ver cómo desarmar estas construcciones de presión.

Volviendo a las paritarias, lo que dicen Alberto Fernández y el gobierno es que hay que desindexar la economía, lo cual significa terminar con la ‘cláusula gatillo’. Pareciera haber una tensión con la idea de promulgar aumentos de suma fija y punto.

El gobierno no va a poder caminar por ese lado, con aumentos por decreto. Hay que dejar que las paritarias funcionen libremente. Tienen una racionalidad absoluta, como se vio bajo un gobierno totalmente contrario a los intereses de los trabajadores. En el caso de los gráficos discutimos con las PyMEs del sector de acuerdo a la realidad de la industria, no pedíamos una locura. Fijate que perdieron los salarios frente a la inflación y sin embargo los precios subieron. Porque no hubo una política de control de los precios reales. No puede ser que ante cualquier devaluación se aplicaban los aumentos a todos los productos. Hoy se supone que hay un control del dólar y no va a haber depreciación del peso. ¿Cuál es la razón por la que deberían subir los precios? ¿El aumento de salarios? Nosotros sostenemos que no es así en la mesa de negociación. Ahora, si el Estado no retoma la información concreta de cómo se forman los costos y hasta dónde se justifican los aumentos o no, si no recupera los costos del campo al no poder discutir la imposición de impuestos a la exportación, cosa que señalan incluso dirigentes rurales sensatos. La información la manejan la Bolsa de Rosario y la de Buenos Aires, no el gobierno, y tiene que tenerla. Sobre los grandes formadores de precios, sobre el campo, sobre el comercio exterior, otro tema clave. ¿Vamos seguir dejando que un conjunto de multinacionales trampee en ese tema al país?

Acá en las redes nos preguntan por la nacionalización el sistema bancario, financiero y el comercio exterior. Esto es un programa histórico del peronismo.

-Hay que ir hacia eso, no hay otra forma. Si no retomamos el control del sistema financiero es imposible consolidar un proyecto nacional.

“Ahora hay que construir un gran frente nacional, ahí está la perspectiva de unir a todos los proyectos nacionales, los intereses de las grandes mayorías. Así podemos afectar a los intereses de los sectores privilegiados. Inevitablemente habrá que tocarlos”

Hay que recuperar los puertos de la provincia de Buenos Aires, que están privatizados hace treinta años.

Lo que pasa es que el neoliberalismo necesita debilitar al Estado, si es posible hacerlo desaparecer o al menos dejarlo en las funciones mínimas y básicas. En nuestro país lo ha logrado y por eso digo que objetivamente la relación de fuerzas debe recomponerse. Plantearnos que tenemos un Estado con capacidad para recuperar todo lo que dijimos es una fantasía. Sí hay que ir hacia eso. Se logra con la combinación de la construcción de poder con firme decisión desde el gobierno para retomar el rol del Estado en esas áreas, con mucho acompañamiento popular. Esa es la democracia social. La otra es la democracia liberal, la que quiere que los partidos políticos y las cámaras legislativas se discutan los temas. Estamos de acuerdo con eso, pero además exigimos la participación de las organizaciones populares. Y ese es el segundo paso después de formar el frente político que ganó la elección. Ahora hay que construir un gran frente nacional, ahí está la perspectiva de unir a todos los proyectos nacionales, los intereses de las grandes mayorías. Así podemos afectar a los intereses de los sectores privilegiados. Inevitablemente habrá que tocarlos. Llegado el momento, en el Frente de todos habrá sectores más firmes y otros que prefieren negociar antes que confrontar. Yo soy de la idea de que con algunos sectores solo se puede confrontar, como el financiero, la gran banca extranjera. Hay que combatir la gran fuga de capitales, que no se pudo controlar durante nuestro anterior gobierno popular.

-Ahí se señala la ley de entidades financieras como una deuda de la democracia.

-Es una combinación en donde el gobierno con su política económica y tocando a los sectores concentrados de la economía nacional tiene que generar condiciones para que esa fuga, que es plata que está afuera o en el caso del sector agropecuario guardada ‘abajo del colchón’, se corte. Los pequeños y medianos productores no son enemigos del gobierno aunque a veces se pliegan a los grandes propietarios rurales.

Alberto Fernández decía que no quiere que le pase lo mismo con los impuestos a la exportación, o retenciones móviles, que al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Ahora, hay que prepararse para esa pelea porque es estratégica. Es el control de la Pampa Húmeda, es pelear con la Sociedad Rural, con sectores monopólicos y financieros…

-Yo no voy a decir que hay que repetir el Instituto Argentino para la Promoción del Intercambio (IAPI), pero la presencia del Estado tiene que estar, tiene que romper ese bloque que llaman ‘campo’, y tiene que ser muy claro y preciso con el núcleo de empresas exportadoras que manejan catorce de los dieciocho puertos del cordón industrial, como Rosario o San Lorenzo. Cuando ese sector tiene retenciones las vuelca manejando el precio del cereal, y engancha en esa lógica, como aliados, a pequeños y medianos productores, a pueblos enteros del sector agropecuario. Ahí tiene que intervenir el Estado y cortar al medio el interés de unos y otros. Hay que volver a la idea de la renta de la tierra como un bien social al servicio del bien común, y tocar los intereses de esas empresas.

“Seguimos con la concepción de un sector sindical más preocupado por ver cómo logra ocupar espacios dentro del gobierno, que tiene una lógica muy distinta de cómo hay que enfrentar a los factores de poder, y algunas instituciones que solo quieren resolver sus propios problemas. Hay batallar contra eso, e introducir el debate en la CGT porque no está funcionando”

¿Qué va a pasar en la CGT este año?, ¿define algo? Algunos hablaban del 22 de agosto como fecha de un relanzamiento, ¿qué se está charlando?

El movimiento obrero está muy fraccionado. Muchos coinciden en los lineamientos generales acerca de por dónde caminar. Casi todos apoyan a este gobierno, aún aquellos que se reacomodaron a último momento o incluso después de las elecciones. Indudablemente hay una entidad que tendría ser la representante de todos esos grupos, y es la CGT. Como Corriente seguimos planteando que debe tener posicionamiento respecto al comercio exterior, el sector financiero y la industria nacional. Seguimos con la concepción de un sector sindical más preocupado por ver cómo logra ocupar espacios dentro del gobierno, que tiene una lógica muy distinta de cómo hay que enfrentar a los factores de poder, y algunas instituciones que solo quieren resolver sus propios problemas. Hay batallar contra eso, e introducir el debate en la CGT porque no está funcionando. No tengo problema en apoyar a tales y cuales compañeros como funcionarios para las obras sociales o el Ministerio de Trabajo, si además discutiéramos qué política va a defender ese compañero desde la función pública. Lograr esto no va a ser fácil. La CGT debe contener a todos los trabajadores, por ejemplo los de la economía popular, que se convirtieron en un sector muy importante. Después vendrá la discusión de cómo se organiza, si a través de un sindicato o de qué forma se articula con las demás organizaciones sin superponerse a ellas. Tenemos que construir una gran organización de trabajadores, con la realidad que tiene hoy el movimiento obrero argentino, y con un programa que fortalezca las políticas del gobierno. Este debate se va a ir profundizando porque hay un elemento muy importante que va a ayudar, la creación del Consejo Económico Social. Ahí vamos a estar representados todos los sectores en una mesa amplia. Sin una condición unificada ningún dirigente puede arrogarse la representación del sector en una instancia de ese tipo. Héctor Daer solo representa a una fracción del movimiento obrero. Y no es cuestión de sindicatos grandes o chicos, sino de intereses de los trabajadores. Necesitaríamos que la CGT en el Consejo Económico y Social hable por todos, y que se reconstruya una conducción orgánica totalmente representativa.

Según el Consejo Directivo de la CGT no está permitido un triunvirato sino que siempre tiene que haber un titular. Ustedes además quieren plantear la importancia de las regionales, que la CGT sea menos unitaria.

-Primero tiene que ser una institución que funcione democráticamente. Porque una conducción no es una mesa chica, sino un consejo directivo que interpreta al conjunto de las organizaciones. Éste tiene que tener sus ámbitos, las reuniones de los secretarios generales, los plenarios de las delegaciones regionales y el confederal. El congreso es la instancia superior que elige las autoridades. Si no hay funcionamiento democrático y no se debate ahí cuál es la línea, la CGT termina siendo un sello con sectores del movimiento obrero que interpretan a su manera la realidad y la maneja individualmente. Eso es un punto de debilidad. Debemos recomponer el movimiento obrero con la idea histórica que nos hizo fuertes, la programática. La última CGT fuerte y unificada fue la que condujo Saúl Ubaldini. Teníamos posturas muy claras respecto a la deuda externa, el sistema financiero y el comercio exterior. El actual es un gobierno afín al pensamiento de la mayoría de los trabajadores. Alberto Fernández dijo que la CGT tiene que ser una institución protagonista, parte activa del gobierno, que la sede tiene que ser un centro de formación tecnológica, económica y científica. ¿Cómo hacemos si no hay democracia interna? Eso es lo que hay que construir, y fortalece la idea de democracia social, que para mí es la clave. Si no superamos el límite de la democracia partidaria y legislativa que sostiene el neoliberalismo, corremos el riesgo de que el gobierno no logre consolidar un proyecto para las mayorías.

MG/GF/RG

Foto: Ezequiel Molina.

*Fuente: Radio Gráfica

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