Latinoamérica. Claudio Katz: «Lo que hemos vivido este año es la crisis de la Restauración Conservadora»

Por María Fernanda Barreto* / Resumen Latinoamericano/ 15 de enero 2020 .-
El pasado 17 de diciembre se entregó en Caracas el Premio Libertador del Pensamiento Crítico a Claudio Katz por su obra “La teoría de la dependencia cincuenta años después”. En una valoración actual de la teoría de Marini, Katz afirma que “el afianzamiento del subdesarrollo y la subordinación política son las normas de los presidentes derechistas y de sus ministros neoliberales. Los mandatarios progresistas y sus ministros neodesarrollistas han pretendido infructuosamente revertir ambos flagelos. Todos actúan en un marco que limita su acción.” Por esto partimos por preguntar a este economista argentino ¿cuáles fueron los avances y qué quedó pendiente del llamado ciclo progresista?
“Yo creo en primer lugar que existió el ciclo progresista, esto es importante decirlo porque hay muchos análisis que a la luz de sus resultados niegan la propia vigencia de ese proceso. Pienso que hubo importantes rebeliones populares que se transformaron después en procesos políticos y esos procesos políticos incluyeron en condiciones externas en general favorables, importantes mejoras económicas, mejoras sociales y conquistas democráticas, especialmente en el plano constituyente, de transformaciones constitucionales en los casos más relevantes.”
Nos aclara que hay que separar la valoración de los procesos ya que “si uno habla del ciclo progresista por lo general combina los procesos radicales, Bolivia y Venezuela y los procesos centro izquierdistas de Uruguay, Ecuador, Brasil y Argentina, si uno hace esto, también tendría que decir que ninguno de los dos inició una fase de ruptura posliberal radical, eso se ve esencialmente en el plano de la integración latinoamericana. Un proyecto que hubiera transformado el ciclo progresista en otra etapa tendría que haber dado lugar no solo al ensayo de UNASUR, no solo a la CELAC sino un conjunto de medidas coordinadas en la región para construir un modelo económico y político integrado a la región. Como en todo, la vanguardia fue Chávez, la vanguardia fue Venezuela, la vanguardia fue el ALBA. Por eso el ALBA fue distinto al MERCOSUR, por eso fue algo más. Pero no se llegó a consolidar un proceso de ese tipo, entonces todas las ideas latinoamericanas emancipatorias más drásticas que planteaba Venezuela como construir el anillo energético, el SUCRE, que era el principio de una moneda latinoamericana, forjar una reserva cambiaria común en un momento donde todavía había fuerte afluencia de divisas internacionales, sentar las bases para una soberanía alimentaria, soberanía energética en común. Todo eso quedó pendiente.”
Dice Katz en su texto que “En América Latina las relaciones de dependencia anteceden y acordonan la gestión de cualquier gobierno”, pero ¿tiene esto algo que ver con los pendientes que señala? El galardonado no deja esperar su respuesta: “La causa fueron los límites a la radicalidad, que fueron muy notables en los procesos centrales porque no es lo mismo Argentina y Brasil que Bolivia y Venezuela, en su capacidad para generar un proyecto latinoamericano. Las economías de Brasil y Argentina por su peso específico son la clave para forjar cambios, no alcanza el mensaje radical de un país pequeño como Bolivia o un país importante como Venezuela pero que no tiene la proyección económica que tienen Argentina y Brasil. Por eso las vacilaciones permanentes de estos dos países terminaron limitando todo el proceso.”
Complementa el autor: “Luego hubo dos factores que erosionaron mucho el proceso. El primero fue el cambio del escenario económico internacional, el superciclo de las materias primas se limita y por lo tanto no ingresan tantos dólares y después la derecha empezó a actuar. Y cuando esto sucedió en los procesos progresistas no hubo respuestas, las respuestas fueron tan tibias que le dejaron a la derecha el camino abierto. El caso más evidente fue Brasil, donde la derecha tomó la iniciativa forzó un golpe institucional, la actitud de Dilma en el plano político y económico aceptando las recetas más ortodoxas de la economía debilitó el proceso y le fue más sencillo a la derecha retomar el gobierno. Conclusión final a la luz de esa experiencia eso torna aún más valorable la resistencia de Venezuela y en su momento también de Bolivia.”
Ante su afirmación de la existencia del ciclo progresista y sus pendientes, le interrogamos sobre su visión de esa reconfiguración del mapa geopolítico latinoamericano, al cierre del 2019, donde cae Bolivia pero se suman ahora México y Argentina, ¿Continúa el ciclo progresista? ¿Viene una nueva etapa?
“Bueno, el ciclo progresista se cerró y se inició una restauración conservadora que se dio básicamente a través de golpes como en Honduras, Paraguay, Brasil, por continuidad en el caso de México, Chile, Perú o por victoria electorales como sucedió con Macri en Argentina, todo esto configuró el mapa de la restauración conservadora y con ello se puso fin al ciclo progresista anterior.”
“Lo que hemos vivido este año, yo creo que es la crisis de esa restauración conservadora. El año 2019 es un año bisagra, porque esa restauración quedó erosionada. En primer lugar se fue erosionando estructuralmente porque no dio respuestas económicas. Aplicar nuevamente el modelo neoliberal tradicional en condiciones ya de adversidad, redujo mucho los márgenes para las políticas de privatizaciones. No es lo mismo el neoliberalismo en los noventa que en la era Trump. Lo que ocurrió este año es que tuvimos una secuencia muy significativa de rebeliones populares, ese es el dato significativo. Las revueltas de Ecuador, Chile, ahora se suma Colombia, venía ya antes Haití, ocurrió ya la de Puerto Rico, se mantiene la de Honduras es decir, hay un despertar de una generación con un nuevo impacto.”
“Igualmente yo definiría este año como un escenario en disputa porque si bien tuvimos estas revueltas populares que han socavado la restauración conservadora, también hemos tenido el contrapunto que es el golpe en Bolivia que forma parte de un proyecto de la derecha de contragolpear fuerte para impedir cualquier retorno del ciclo progresista. Ahora es una derecha que no solo actúa para limitar los efectos del ciclo progresista sino que es muy agresiva, por lo tanto se avecinan momentos de fuerte choque.”
“El otro componente importante son los triunfos electorales contra la derecha, es el caso de México y Argentina, que difieren de la revuelta porque son manifestaciones opuestas a la restauración conservadora en el terreno electoral. Eso incorpora un elemento adicional al proceso que termina definiendo un marco donde está la disputa entre una derecha que apunta a golpear fuerte y fuerzas progresistas, de izquierda, que actúan en las urnas y en las calle, veremos en el 2020 quién gana.”
El análisis de este autor hace una lectura crítica de la teoría de la dependencia a la que procura ampliar y reformular en algunos aspectos, por eso hace un llamado a actualizar el dependentismo en lo político, trascendiendo el análisis puramente económico, para analizar también el imperialismo, los sistemas de gobierno y las resistencias populares, por lo que le preguntamos ¿cuál cree que debería ser el programa mínimo político económico de las fuerzas progresistas del continente en el actual panorama?
“Creo que ahora es un poco difícil definir un programa común preciso como por ejemplo, el equivalente a lo que te señalé en el ciclo progresista que era la integración regional, por la diversidad de situaciones que hay. “
“Tenemos una Venezuela que está en pie, una Bolivia que acaba de caer, revueltas sociales, triunfos electorales, hay una heterogeneidad muy grande que no permite pensar en una plataforma nítida pero sí podemos precisar tres tipos de enemigos generales: el neoliberalismo que ha sufrido una derrota ideológica importante por la sublevación chilena, el hecho de que el modelo de los últimos treinta años esté tan cuestionado abre un amplio campo para desarrollar programas precisos antiliberales en todos los países a partir de la experiencia de la revuelta chilena. En segundo lugar la derecha golpista, que está volviendo a los golpes de estado que tienen un pilar militar, los medios de comunicación y el poder judicial combinación que crea golpes cívico-militares. Es clave plantarse firme ante estos golpes sin perder de vista que la derecha también está sustentando sus golpes en la calle, porque también tienen base social y por lo tanto, no cualquier protesta en la calle forma parte de la oleada de protestas sociales, Camacho por ejemplo, no representa una revuelta social, las guarimbas no son una revuelta social entonces hay que repensar realmente qué es la derecha ahora. El tercer elemento es el imperialismo, y esa lucha es fundamental porque Trump busca recuperar ese poderío en nuestro hemisferio y lo está haciendo muy agresivamente ante la competencia de China.”
Entonces ¿es el fin del neoliberalismo?
“Bueno lo que seguro hay es una crisis del neoliberalismo. En este momento se ha demostrado que es un modelo económico muy vulnerable que tiene menos sustento político y confronta con una resistencia popular muy elevada.”
“Siempre resulta muy difícil diagnosticar el fin definitivo de algo, es muy aventurado. Cuando las cosas caen generalmente lo hacen sin coincidencia con los pronósticos por lo tanto yo no me atrevería a afirmar que esta es la caída del neoliberalismo pero lo que sí puedo asegurar es que en América Latina atraviesa por una crisis mayúscula, muy superior a todas las que ha enfrentado hasta ahora.”
Haciendo referencia a este libro suyo que hemos venido analizando, ¿usted sostiene que la teoría de la dependencia sigue teniendo vigencia?
“Sí, más que nunca. Justamente por el neoliberalismo que mostró que los pilares de la teoría de la dependencia están vigentes en la medida que ese modelo acentuó la dependencia de nuestra región en todos los terrenos. Primarizó nuestras economías, nos tornó más dependientes de los precios internacionales de los productos primarios, generó una regresión mayor de nuestra industria y por lo tanto nos desprotegió estructuralmente más y agravó nuestra dependencia financiera y los efectos de las crisis financieras de una manera muy superior a lo que ocurría en los años sesenta y setenta. Tenemos mayor dependencia financiera, tecnológica, industrial y mayor extractivismo y primarización, este combo es el resultado directo de treinta años de neoliberalismo.”
Para cerrar nuestra entrevista le preguntamos, como argentino, ¿hacia dónde cree que debe caminar Argentina ahora?
“Bueno, ahora viene el gran desafío. Lo que es nítido es que hay un clima de entusiasmo por el fin de la pesadilla del macrismo y una alta expectativa popular. Lo que pasa es que Macri ha dejado un legado en materia económico social que es literalmente catastrófico, entonces iremos viendo las medidas que recién está empezando a tomar el gobierno de Fernández, evaluaremos esas medidas tomando en cuenta que las toma frente a una herencia trágica para la mayoría de la población, así que veremos qué pasa en las próximas semanas.”
Cerramos este reportaje con una frase muy interesante del epílogo del libro de Katz que mereció el Premio Libertador este año, y que sienta bases para pensar en lo que puede ser el 2020: “La óptica dependentista influye actualmente en el balance del ciclo progresista, que se frustró por no encarar la superación del subdesarrollo. Esta caracterización vale no solo para Argentina o Brasil, sino también para Venezuela. La redistribución parcial del ingreso fue insuficiente, para transformar la renta agraria o petrolera en una fuente de desarrollo igualitario. Aún así esos procesos no están cerrados y el balance de lo ocurrido se discute en un marco de disputas inconclusas.”
* María Fernanda Barreto Editora
* Revista Correo del Alba

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