Bolivia. Israel y los golpistas bolivianos


por Maciek Wisniewski*; Resumen Latinoamericano, 10 enero 2020

Mario Payeras (bit.ly/36vsHvE), el histórico comandante de la
guerrilla guatemalteca, apuntaba que en realidad los movimientos
revolucionarios en Centroamérica no confrontaban a los corroídos
regímenes dictatoriales sino a consejeros israelíes, taiwaneses y
estadunidenses en guerras de baja intensidad y contrainsurgencia. El
papel de Israel en sostener las sangrientas camarillas allí ha sido
particularmente nefasto. Cuando el propio Washington retiró
oficialmente su apoyo ante las crecientes denuncias de violaciones de
derechos humanos en Guatemala, Tel Aviv fue más que contento de llenar
el vacío y actuar como su “ proxy”. La asistencia, el armamento
-“‘testeado’ en Líbano y en territorios ocupados en contra de los
insurgentes”- y otras tecnologías israelíes ayudaron a suprimir la
guerrilla urbana y rural junto con sus bases de apoyo mayoritariamente
indígenas. Los generales guatemaltecos, siguiendo a sus instructores,
implementaron la estrategia de tierra arrasada -igualmente testeada en
Medio Oriente: destrucción de comunidades enteras, desplazamiento
forzoso- hablando abiertamente de la palestinización de los mayas
(sic) (bit.ly/2ZPkGzn). En El Salvador, Israel proporcionó armas y
entrenamiento al ejército y escuadrones de la muerte a cargo de
múltiples masacres. Su tecnología de espionaje fue usada para vigilar
y asesinar a los opositores (bit.ly/39CHFSI). Desde aquel entonces –y
ya en otro contexto para los movimientos sociales- esta asimetría
estratégica se ha extendido globalmente con nuevas doctrinas del
Pentágono y la guerra al terrorismo (bit.ly/2FpUh1z).

Hoy en Honduras post-golpe (2009) plagado por represión y asesinatos
de líderes sociales, la asistencia israelí -venta/modernización de
armamento (bit.ly/36BFdtX) y un inédito envío de mil tropas para
entrenar a sus pares hondureños en tareas de antiterrorismo y de cómo
frenar la migración (sic) (bit.ly/2ZWdrWb)-, sirve para sostener el
régimen ilegítimo de Juan Orlando Hernández, su narco-Estado
(bit.ly/2QQ1EEO) y a reprimir a sus críticos (bit.ly/2sFxb4x). Lo
mismo –otro capítulo de la histórica complicidad de Israel en apoyar a
los regímenes fantoches- está por ocurrir en Bolivia.

Semanas después del derrocamiento de Evo Morales, el ministro de
Interiores del gobierno de facto pidió la asistencia de Israel para
luchar en contra del supuesto terrorismo de izquierda -grupos
vinculados con Maduro y los narcotraficantes, un bizarro link que
existe sólo en la imaginación de los golpistas- que trae caos al país:
Los invitamos a que nos ayuden, ellos están acostumbrados a tratar con
los terroristas… ( reut.rs/2QFN2YC ). No importa que los que
trajeron caos a Bolivia han sido los propios putshistas. No importa
que los verdaderos terroristas hayan sido las fuerzas del orden
amotinadas que desataron una barbarie en contra de los opositores al
golpe. El terrorista no. 1 es por supuesto Morales –que por su parte
criticó la ayuda del gobierno sionista de Israel en la criminalización
de la izquierda en Bolivia (bit.ly/2tugVTG)- y a quién el nuevo
gobierno prohibió por decreto volver a postularse abriéndole una causa
por… terrorismo y financiamiento al terrorismo (sic). ¡Cómo todo
hace “ click”! Así en los próximos meses, aparte de más represión, el
MAS no sólo confrontará las maniobras judiciales y electorales de los
golpistas, sino también –como los movimientos centroamericanos en los
80- a consejeros israelíes en una guerra híbrida e irregular.

Más allá del vasto conocimiento de Israel en reprimir a la insurgencia
que le resulta atractivo al nuevo régimen autoritario boliviano, su
solicitud también tiene sentido por otro lado: dado que el golpe de
Bolivia tiene tintes supremacistas y racistas apuntando a revertir los
años del empoderamiento indígena y a recolonizar la esfera pública, la
experiencia de Israel en colonizar a Palestina, de llevar a cabo un
genocidio y limpieza étnica (bit.ly/2N80ROK ), suprimir a los nativos
y su cultura y estar a cargo de un régimen racista y segregacionista
(bit.ly/3049qPJ) viene muy a propósito (bit.ly/2SQsjE1).

A parte de dar un revés a las políticas anticolonialistas y
antimperialistas del gobierno anterior, la extrema derecha también dio
un giro a la política exterior. Una de sus primeras decisiones fue
restablecer las relaciones diplomáticas con Israel que fueron rotas
por Morales en 2009 tras la masacre israelí en Gaza (Plomo Fundido).
En 2010 su gobierno reconoció formalmente a Palestina como un Estado y
en 2014 –tras otra masacre en Gaza (Borde Protector)- denunció a
Israel ante la ONU por terrorismo de Estado. Todo esto ocurre en medio
de un fuerte empuje de Israel que busca -en sintonía con la
administración de Trump- poner fin a la cuestión palestina y anexar
los territorios ocupados, tratando de sumar apoyo diplomático a esta
violación del derecho internacional. En la región, los primeros países
que se lo ofrecieron son exactamente éstos cuyos ejércitos y
escuadrones de la muerte Israel venía entrenando en el marco de la
lucha estadunidense en contra del comunismo: Guatemala –como la única
hasta ahora, aparte de EU- ya trasladó su embajada a Jerusalén.
Honduras -que también recibió asistencia en los 80 para no volcarse a
la izquierda- ya lo reconoció como la capital de Israel y prometió
hacer lo mismo (bit.ly/2QWqaV5). El mismo precio por sostener su
régimen pagarán pronto los golpistas bolivianos.

  • Periodista polaco

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