Venezuela. “Roma no paga traidores”

Por Fabián Curotto, Resumen Latinoamericano, 22 diciembre 2019

A lo largo de la historia, y frente a distintos Imperios, existieron siempre los genuflexos que  -imbuidos de un espíritu sumiso al opresor- se identifican ideológicamente con esa impronta, como no queriendo entender que *ninguna liberación puede ser dada a un pueblo desde los modelos que tienen a la opresión y al saqueo como centralidad en su razón de ser.*

Lo hemos visto en Libia, por dar un ejemplo: grupos de ciudadanos disgustados con su gobierno, con mayor o menos razón, que llegan inclusive a renunciar a algo irrenunciable, que es la defensa de la Soberanía  Nacional. Aquí, en Nuestra América, tan repudiable actitud también dispone de  ejemplos vergonzosos.

La ideología extraña que busca deliberadamente dividir a miembros de un mismo pueblo para finalmente beneficiar en lo geopolítico y en lo económico a intereses foráneos a partir de esa fractura inducida, logra conquistar a los menos comprometidos con las raíces de sus naciones, a quienes terminan siendo apátridas como veremos a continuación, con consecuencias siempre lamentables para las mayorías. No hablamos aquí de no poder tener disidencias o críticas dentro de un país, o de no poder ser opositor; lo que se condena en todo caso es buscar la opción injerencista como camino, llegando incluso al límite de pedir la intervención extranjera imperialista, o sea habilitar de un modo u otro una pérdida tal de independencia que habilite, según lo observado, la invasión armada.

La impotencia que les da esa incapacidad, esa de no saber cómo dar las discusiones internas, los tienta a sumarse a la destrucción de sus destinos colectivos. Sin importarles la entrega de sus recursos siquiera. Ni los bloqueos que le imponen a sus economías.

Pues con un grupo de venezolanos está ocurriendo algo así; el Imperio de turno los destrata por su condición de traidores, pues nadie ignora que más allá de lo útil que puede resultar un traidor en alguna instancia, como elemento es descartable por naturaleza, debido a su poca o nula calidad identitaria. Y, como sucede en el ajedrez, sacrifican a los peones, siendo mejor pagos -y sólo quizá- algunos elementos de principal envergadura en el andamiaje de las traiciones.

Grafíca esto la situación de quien fuera Mayor de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), Hugo Parra Martínez, que ahora pasa sus días prisionero y en constante tensión: no sabe si saldrá o si las autoridades migratorias yanquis terminarán deportándolo a Venezuela, la tierra que eligió traicionar.

“Caí en un saco y estoy en el fondo. Perdí todo: mi familia, mi casa. Lo que hice no valió nada”, reflexiona. “No veo una salida”, cuenta desde el Winn Correctional Center de Louisiana, una de las cárceles en las que la administración Trump retiene a miles de inmigrantes mientras se resuelven sus casos de asilo.

Han pasado casi nueve meses desde que se entregó a las autoridades migratorias de su admirado Estados Unidos en el Puente Internacional tras haber pasado por México. Desde entonces, el Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) lo ha cambiado de centro de detención en dos oportunidades, le ha negado dos peticiones para salir bajo fianza y aún no le ha programado una cita para ver a un juez de inmigración.

A pesar de que Estados Unidos fue el primer país en reconocer y en dar apoyo al autoproclamado opositor Guaidó, catalogando al gobierno surgido de las urnas como una dictadura, continúa deteniendo y deportando venezolanos, sin reconocerles un Estatus de Protección Temporal (TPS).

Otros, al igual que Parra, fueron a EEUU a buscar refugio.  Les da la espalda el mismo país que a principio de año les mostró su apoyo para dar un Golpe de Estado.  Según declaraciones del mismo Parra, también siente que Guaidó los abandonó, tras haberlos usado.

El 23 de febrero de 2019 Juan Guaidó cruzó por el Puente Internacional de Tienditas, en el estado venezolano de Táchira, hacia la ciudad colombiana de Cúcuta, para establecer contacto –además de con narcotraficantes como Los Rastrojos- con una “ayuda humanitaria” no solicitada por el gobierno de Maduro. Ese Caballo de Troya que tenía en su concepción la orden imperial de llevar invasión, fracasó. Y fue gracias a la determinación de los venezolanos leales.

De ese fracaso Parra pasó a México.  Y ahora encontramos a este ex militar detenido y sin representación legal, en uno de los estados con menos beneficios de asilo otorgados por las autoridades migratorias. La falta de interés de estos centros de detención tienen el objetivo de desgastar a los encarcelados, para que soliciten lo antes posible ser devueltos a sus países.

Parra no figura en el registro de las cortes de inmigración, lo que puede significar que luego de más de ocho meses detenido su caso ni siquiera haya comenzado a ser procesado en el sistema.

A pesar de lo relatado, no se arrepiente completamente de su traición.

A falta de patriotismo, al menos ésta realidad objetiva debería desalentar a otros militares de dudosa pertenencia frente a una posibilidad de futuros alzamientos.

Visto está: el Imperialismo no paga traidores.

You must be logged in to post a comment Login