Chile. La ausencia de la CUT en el paro portuario consolida su distancia de la clase trabajadora

Resumen Latinoamericano / 30 de diciembre de 2018 / Hugo Alcayaga Brisso, Politika

El recuento del prolongado paro de los portuarios denominados eventuales en Valparaíso – con persistentes rebrotes esta semana – deja entre múltiples conclusiones una penosa verificación: la ausencia de la Central Unitaria de Trabajadores que tomó distancia de esta lucha de David y Goliath del siglo XXI, de un depreciado sector laboral sumido en la precariedad y un arrogante grupo económico emblemático del poder del dinero.

La CUT no estuvo  en ninguno de los 35 días que duró la paralización de faenas; no apoyó siquiera con una palabra de aliento las demandas sindicales; no prestó asesoría a los nuevos dirigentes que asoman; se marginó de las movilizaciones callejeras y tampoco tuvo algún grado de incumbencia en las reuniones con la parte patronal y el gobierno llamados a proponer soluciones.

Si por tratarse de una dura confrontación con uno de los dueños de Chile – el grupo von Appen, un concesionario que pesa más que el propio Estado – pilares del modelo neoliberal y enriquecidos a su alero mediante la explotación de sus trabajadores, la Central no se hubiera limitado a un cómodo papel de observador y hubiera convocado en cambio a protestas masivas en todo el país, ciertamente los resultados del paro no habrían alcanzado tan altos niveles de insuficiencia y frustración.

Haber recibido un préstamo de 550.000 pesos – desde ya una deuda, porque esa plata hay que devolverla -, una gift card por 250.000 pesos que se fueron en la celebración navideña y bonos para cursos de capacitación no eran claramente el objetivo de los “eventuales” que aspiraban a mejoras sustanciales en materia laboral y salarial para lo cual se movilizaron vigorosamente por más de un mes manteniendo en vilo al país. Hasta ahora hay quienes no han recibido esos beneficios, mientras las listas negras siguen corriendo.

Querer apagar con bonos y préstamos el incendio laboral como pretende la derecha empresarial al cerrar los espacios a las oportunidades y expectativas requeridas es una ruindad que no convenció a muchos trabajadores que debieron finalizar el movimiento ante la andanada de improperios de los interesados en no alterar el orden establecido por el modelo. Ello es similar a la paz de los cementerios que quería la dictadura.

No es algo nuevo la marginación de la CUT del conflicto portuario. Tuvo una deslavada participación en la demanda del sector público por un reajuste digno, pero desde el 8% de aumento que se solicitaba se terminó en un magro 3,5%. Descarta pronunciarse sobre la represión contra los dos millones y medio de comerciantes ambulantes que venden lo que pueden en las calles ante la falta de ocupaciones mejores, y no se sabe que haya salido a denunciar la pérdida del poder adquisitivo de las masas laborales por los bajos salarios y la creciente inflación.

Impertérritas, las cúpulas directivas de la Central Unitaria ven pasar a diario ante sus ojos los atropellos y la explotación contra la clase trabajadora. Da la impresión que esas cúpulas desmovilizadas juegan un rol estratégico para los fines de los dueños y sostenedores del modelo, que necesitan de trabajadores amaestrados y desprovistos del sentido de clase que descoloca a los poderosos.

Quizás habrá quienes no están al día en el pago de cuotas, otros no estarán siquiera afiliados y otros tantos no militan en los partidos que la sustentan, pero la CUT es la casa de todos los trabajadores chilenos. Es su deber asumir su defensa cuando sus derechos son amagados y encabezar sus luchas por condiciones decentes de vida.

Esta multisindical descolorida, indolente, acomplejada ante el empresariado, se va borrando del mapa por sus propios medios porque produce la misma desconfianza que cualquier partido político contrario a los cambios. Se diría que le basta con el tradicional saludo a la bandera de cada primero de mayo para después dormir siesta por el resto del año en brazos de la burocracia y la pasividad.

Cuando desde el mundo social aparecen rostros nuevos que enfrentan con decisión a los administradores del modelo y a los dueños de todo, con voluntad  para apurar los cambios en favor de la clase trabajadora, es hora de que la CUT rectifique su transitar hacia  ninguna parte y retome su rol protagónico en la sociedad chilena. No puede seguir eternamente brillando por su ausencia.

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