México: «El perdón y el punto final no puede ser la fórmula ni política ni moralmente para resolver la infinidad de agravios cometidos contra el pueblo», EPR

Resumen Latinoamericano*, 7 de diciembre de 2018.
Editorial. El Insurgente. No190. Noviembre de 2018.
El pueblo históricamente ha luchado en torno a sus demandas, unas históricas y otras contemporáneas, mientras estas exigencias populares no sean resueltas, habrá razones suficientes para continuar con la lucha en las diferentes trincheras.
En esta larga lucha el pueblo tiene experiencia y memoria de la traición de la que ha sido objeto en diferentes momentos, por aquellos que dicen representar sus intereses, pero que al paso del tiempo se confirman como los verdugos del pueblo.
En los últimos sexenios una exigencia popular es la desmilitarización del país que implica el retorno de los militares a sus cuarteles, sin embargo, el andamiaje que se erige sobre la derogación de la Ley de Seguridad Interior lleva implícito profundizar la militarización en todo el país, el fortalecimiento del Estado policíaco militar y el perfeccionamiento de los mecanismos para ejercer la violencia contra el pueblo. La Guardia Nacional por su origen y composición se advierte que será la continuidad de los principales cuerpos policíaco militares que han reprimido al pueblo.
El perdón y el punto final no puede ser la fórmula ni política ni moralmente para resolver la infinidad de agravios cometidos contra el pueblo durante todos estos gobiernos neoliberales; poner “fin” a una etapa de la historia e iniciar otra bajo esta concepción, significa perpetuar la impunidad y fomentar la corrupción desde el Estado, política que sólo beneficia a la élite burguesa que se ha enriquecido al amparo de las políticas y leyes neoliberales.
El principal problema de México no radica en la corrupción, está en la pobreza, miseria, el hambre, la iniquidad social… producto de la política económica que se basa en las relaciones de producción capitalistas, que tienen fundamento en la propiedad privada de los medios de producción y en la explotación del hombre por el hombre, estas dos últimas no pueden ser abolidas con declaraciones mediáticas o códigos morales.
Para el pueblo cada vez es más claro que una cosa son los discursos en la arenga electoral y de la plaza pública, dónde de lo que se trata es levantar grandes expectativas y desencadenar emociones de simpatía, y otra, son los verdaderos
compromisos que se signan por escrito con el poder económico donde la voluntad popular no se toma en cuenta.
Los planes de la nueva junta administrativa en materia económica y de seguridad, para sorpresa de muchos, devela que el camino neoliberal sigue su curso. Las consultas ciudadanas fuera de todo discurso y polémica de la democracia burguesa, en los hechos, son el mecanismo para legitimar e imponer los planes ya signados con anticipación con quienes representan la voluntad oligárquica.
Al calor de los acontecimientos postelectorales y en el marco de la inminente toma de posesión del nuevo gobierno, una vez más se confirma que la ruta para transformar el país en función de los intereses populares, es la revolución socialista.
Cedema

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