Argentina / Carta Abierta a la comunidad: La Patagonia está de pie

Resumen Latinoamericano, 24 agosto 2018

La vida en la Patagonia no es fácil. Basta imaginar la crudeza de sus inviernos o la enorme distancia que separa a sus poblaciones.
Para entenderlo 2,5 habitantes por km2, dicen los números fríos para explicar cómo está distribuida la población. Lo que las estadísticas no reflejan es que en el medio de la nada, lejos de las ciudades, existen pequeños parajes de pocos habitantes o familias enteras separadas por grandes distancias y dificultades.

En la estepa Patagónica, o en la soledad de la Línea Sur rionegrina, muchas viviendas no tienen gas natural, y la nieve deja aisladas a familia enteras, sin cobertura médica ni asistencia de ningún tipo por semanas. Son pequeñas poblaciones que viven de la ganadería en pequeña escala y necesitan de la asistencia estatal para subsistir.

Y la situación no es distinta en ninguna de las otras provincias que componen el sur argentino. A mayor distancia mayores son las dificultades; tanto es así que acostumbramos decir, de los que viven en la soledad y el desierto del amplio sector rural, que “hacen Patria”, porque nosotros entendemos que se mezcla un profundo amor por el país con esa sensación de no tener a adonde ir o desconocer otra realidad, para permanecer como centinelas en esos parajes olvidados.
En este marco, el pago diferencial del 40% que perciben los jubilados patagónicos por “zona desfavorable” trajo un poco de justicia, porque además el costo de vida se encarece notoriamente.

Existen zonas en donde los precios al consumidor final triplican lo que se pueda abonar por el mismo producto en las grandes urbes del centro del país. Los patagónicos pagan el costo del transporte y la logística para que esos productos lleguen a cada rincón de esas zonas escasamente pobladas.
Un día de 1993, un comercial de Telefónica permitía que se conozca el nombre de un pequeño pueblo rionegrino. “Vieja!!, a que no sabés de dónde te estoy llamando”, decía un hombre hablando con su madre: Estaba frente al destacamento policial de Clemente Onelli, un pueblo perdido en la Línea Sur rionegrina en el que hoy sobreviven 40 familias, que llega a tener temperaturas de 25° bajo cero en invierno, y en el que sus pobladores mayoritariamente se calefaccionan con leña o gas envasado, con los costos que eso significa en una región en donde todo queda lejos y se pagan fortunas por cualquier producto que llega por los caminos de tierra.

Tal vez esa referencia sirva como ejemplo para entender que la vida en esta región no es cómoda y mucho menos fácil.
Acá hay maestros que viven con sus alumnos toda la semana en las escuelas residencias.
Acá hay jubilados que pagan transporte para ir a cobrar sus haberes al banco más cercano, y eso puede significar recorrer 200 km.

Acá faltan médicos, porque pocos profesionales se animan a encarar el desafío de vivir en la Patagonia. Entonces, ¿cómo no va a ser justo que nuestros jubilados cobren un adicional por “zona desfavorable”?. ¿A quién se le puede ocurrir pensar que los trabajadores patagónicos deben cobrar lo mismo por tareas que se realizan en otras condiciones?.
En este contexto, los trabajadores rionegrinos van al paro el 28 de agosto.

La totalidad de las organizaciones gremiales saldrán a las calles de la capital provincial ese día, por la defensa de los derechos adquiridos de nuestros jubilados y por otras exigencias que se vuelven urgentes. La voz que se levanta en la Patagonia es una sola y pide respeto. Y además, exige el compromiso de la clase dirigente en defensa de la región.
¡La Patagonia está unida y de pie!.

No vamos a pagar el ajuste, nuestros jubilados no van a financiar la fuga de capitales ni los intereses de deudas que no queremos.
El 28 de agosto será un día de unidad cómo pocas veces se vio en esta provincia patagónica. ..
Para que sepan, que si vienen por todo, se encontrarán con un pueblo que no acepta ni un retroceso más.

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