Estado Español. La Librería Ramón Llull de Valencia homenajea al escritor argentino Ricardo Piglia. “La novela dice lo que el Estado se calla”

Por Enric Llopis/ Resumen Latinoamericano/ 4 de julio de 2017.-

“¿Y qué es en definitiva la biografía de un escritor sino la historia en las transformaciones de su estilo?” Al día siguiente de la muerte de Ricardo Piglia, el pasado seis de enero, los periódicos repetían frases que el escritor argentino había desgranado en novelas y ensayos. Muchas de ellas hablaban de la literatura y de la existencia. “Todos nos inventamos historias diversas (que en el fondo son siempre la misma) para imaginar que nos ha pasado algo en la vida”, dejó escrito en “Respiración artificial” (1980). El diario Página 12 eligió una reflexión que resumía la vocación literaria de Piglia: “Miro críticamente ciertas decisiones de mi vida que fueron tomadas en función del futuro de mi literatura; por ejemplo, vivir sin nada, sin propiedades, sin nada material que me ate y me obligue”.

Así pensaba este narrador y crítico literario, también autor de cuentos y ensayista, que impartió clases en diferentes universidades estadounidenses y cuya obra fue traducida al inglés, francés, alemán, italiano y portugués. Ricardo Piglia deja como legado “Los diarios de Emilio Renzi” (tres volúmenes autobiográficos entre 1957 y 2015), novelas como “La ciudad ausente” (1992), “Plata quemada” (1997), “Blanco nocturno” (2010) y “El camino de ida” (2013). Cuentos como “Prisión perpetua”, “Cuentos morales” y “El Pianista”; y también ensayos, por ejemplo “Las tres vanguardias” y “Escritores norteamericanos”.

La profesora de Literatura Hispanoamericana en la Universitat de València, Nuria Girona Fibla, elige otra reflexión de Piglia en el acto de homenaje organizado por la Librería Ramón Llull de Valencia. “Uno escribe su vida cuando cree escribir sus lecturas. ¿No es a la inversa del Quijote? El crítico es aquel que encuentra su vida en el interior de los textos que lee”. No es una cita menor, pues condensa –según la profesora- ideas clave en la obra del novelista: literatura y autobiografía, crítica y vida, realidad y ficción, escritura y lectura, Historia e historias. Igual que sus obras implicaban un cruce de géneros literarios –ensayo, novela, diarios e historia- también Ricardo Piglia fue personaje, escritor, crítico literario, guionista, historiador y lector.

En “Crítica y ficción” confesó que el descubrimiento del escritor estadounidense William Faulkner fue uno de los grandes acontecimientos de su vida. También examinó en esta obra la literatura de Borges y Cortazar. “El crítico trata de hacer oír su voz como una voz verdadera y convencer a los demás de que es verdad lo que dice. La ilusión de objetividad de los críticos es por supuesto una ilusión positivista. La literatura es un campo de lucha. ‘¿La verdad para quién?’, decía Lenin”.

Nuria Girona investigó en su tesis doctoral sobre diferentes novelistas argentinos que escribieron su obra durante la dictadura, entre ellos el autor de “Los diarios de Emilio Renzi”. El estudio se publicó finalmente con el título de “Escrituras de la historia. La novela argentina de los años 80” (Universitat de València, 1995). En los años de investigación Piglia sólo había escrito dos novelas, y su obra no se había editado todavía en España. La profesora de Literatura Hispanoamericana se confiesa una lectora apasionada de Ricardo Piglia. Lo considera un escritor “marcadamente argentino”, y también “difícil”, por sus continuas referencias culturales, guiños personales, autocitas y homenajes a otros escritores. “Consideraba la literatura como una máquina de producir ficciones”, destaca Girona Fibla en el acto de la Librería Ramón Llull. También matiza la calificación de escritor difícil: “Hay Piglia para todos, como queda demostrado en sus diarios”.

Una de las características de las novelas del escritor argentino es que no pueden resumirse, explica Nuria Girona. La razón es que se abren a relatos que a veces no convergen, incluyen reflexiones filosóficas, teorías literarias, cartas y documentación. Estos rasgos pueden observarse en “Respiración artificial”, crónica de varias generaciones entre 1979 y 1850 en la que el joven Emilio Renzi intenta desvelar varios misterios, entre otros la vida oscura de uno de sus parientes. Estirando del hilo, llega hasta los mismos orígenes de Argentina. Así, “Piglia nos traslada de una historia a otra, el juego de juegos/espejos constituye una de las múltiples facetas de la novela”, destaca la profesora de la Universitat de València. Pueden constatarse las referencias a la época de Juan Manuel de Rosas, caudillo de la Confederación argentina en la primera mitad del siglo XIX; el novelista y cuentista Roberto Arlt (1900-1942) o largas disquisiciones sobre la lengua de los argentinos. También la tradición de los gauchos y las apelaciones al escritor y filósofo Macedonio Fernández (1874-1952), uno de los más presentes en Piglia. “Ricardo Piglia tiene algo de enciclopédico”, resalta Nuria Girona.

Publicada en los años de plomo de la dictadura argentina (1976-1983), “Respiración artificial” devino un punto de referencia. En un artículo publicado en el periódico Resumen Latinoamericano, el escritor y docente Miguel Vitagliano recuerda que tras el golpe militar el escritor impartió clases durante unos meses en una universidad extranjera. Cuando volvió a Buenos Aires, se extrañó porque en las paradas de los colectivos (autobuses) los carteles anunciaran “zona de detención”. Vitagliano destaca las palabras de Piglia, expresadas años después en una entrevista: “Tuve la impresión que todo se había vuelto explícito, que esos carteles decían la verdad; la amenaza parecía insinuada y dispersa por la ciudad”. Nuria Girona señala el modo en que la novela retrata la represión: cartas que no llegan a los destinatarios o las intercepta un censor anónimo, desapariciones, visiones sobre los campos de concentración que auguran un presente siniestro… “Piglia se quedó en un país asediado por el terror y la violencia”, concluye la profesora de Literatura.

Fallecido a los 75 años, el escritor y ensayista argentino valoraba la importancia de la elipsis en la ficción narrativa. “En literatura, lo más importante nunca debe ser nombrado”. Así pues, el secreto de la ficción consiste en hacer creer. Uno de sus personajes equipara la narrativa con jugar al póquer: “Todo consiste en parecer mentiroso cuando se está diciendo la verdad”; pero en otro momento, el autor añade matices a esa   afirmación: “Narrar es jugar al póquer con un rival que puede mirarte las cartas”. También asumía y repetía la siguiente aseveración de Ernst Bloch: “La literatura es una fiesta y un laboratorio de lo posible”. En cuanto a la relación entre literatura y política, sostenía sin ambages: “La novela y el Estado. Dos espacios irreconciliables y asimétricos. En un lugar se dice lo que en el otro lugar se calla”.

Nuria Girona señala la obra “Plata Quemada”, publicada en 1997, como un punto de inflexión en la obra de Piglia. La experimentación narrativa cede paso a tramas basadas en una investigación. Así ocurre en “Blanco nocturno” y “El camino de ida”. Aquí entran en escena detectives, delincuentes e investigadores, en novelas de las que no se excluyen turbulentas historias de amor. A juicio de Ricardo Piglia, sólo hay dos grandes historias que contar: un viaje o una investigación. A propósito de esta segunda época, la profesora de Literatura Hispanoamericana se pregunta: “¿Qué otra cosa es el relato policial sino un pulso sobre el orden establecido?” En “Plata Quemada”, el escritor argentino inserta la célebre pregunta de Brecht sobre la escasa importancia de robar un banco, en comparación con fundarlo.

Tal vez un antecedente de las citadas obras sea el cuento “La loca o el relato del crimen”. Trata de un periodista que, después de especializarse cinco años en la universidad sobre la fonología de Trubetzkoy, publica notas en un diario sobre el erial en que se ha convertido la literatura argentina. Ya escritor frustrado y gracias a sus conocimientos en lingüística, Emilio Renzi resuelve un crimen cuya investigación la policía había cerrado. Al no poder escribir en un periódico el resultado de las pesquisas, decide hacerlo en forma de relato. Además, en la Librería Ramón Llull se proyectó el documental “327 cuadernos”, escrito y dirigido por el cineasta Andrés di Tella. De 76 minutos y presentado en 2015, cuenta el proceso de revisión que Piglia hace de su diario íntimo, en el que se recoge medio siglo de vida. Andrés di Tella es autor de otros documentales como “Montoneros, una historia” o “El país del diablo”.

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