Libros: “Trienio en Rojo y Negro” tres grandes batallas anarquistas contra la explotación y la dominación que marcaron un presente

 

Por Sebastián Polischuk, Resumen Latinoamericano, 11 abril 2017.–  Este pasado sábado, en el museo de la fábrica recuperada IMPA de Buenos Aires, fue presentado el libro “Trienio en Rojo y Negro”, cuyos autoría pertenece a Roberto Perdía, abogado, ex comandante Montonero y actual referente de las Organizaciones Libres del Pueblo (OLP),  y Horacio Ricardo Silva, escritor, historiador y periodista.

Este texto consta de una profunda investigación de tres grandes e importantes hechos de rebelión de los años entre 1919 a 1921 protagonizados por trabajadores y militantes anarquistas que marcaron la historia del movimiento obrero en argentina en su lucha contra la explotación, la precariedad laboral y por una sociedad igualitaria. Ejemplos de lucha útiles para los contextos actuales en que se produce un aumento de la desocupación, represión, precariedad laboral y constantes violaciones a los derechos humanos por parte de los sectores dominantes.

Los hechos que los autores han indagado e investigado en su objetivo de aportar y sacar a la luz esas experiencias protagonizadas durante el gobierno de Hipólito Yrigoyen son:

La semana Trágica: Una huelga de enero de 1919 protagonizada por los trabajadores metalúrgicos de los Talleres Vasena (de capitales ingleses), que reclamaban por la jornada de ocho horas, fin del trabajo a destajo, reincorporación de obreros despedidos por actividades gremiales, y pago de las horas extras. La huelga se produce tras el incumplimiento de la patronal de satisfacer las demandas de los trabajadores pautadas por el Departamento Nacional del Trabajo, donde la empresa contrata matones y rompehuelgas y contó con el apoyo del gobierno y las fuerzas policiales para enfrentar a los obreros. La huelga se extendió, tras el asesinato de un obrero y la falta de respuesta de la empresa, con piquetes a lo largo y ancho de la Ciudad de Buenos Aires donde hubo fuertes enfrentamientos entre trabajadores y la policía, empresarios, la Liga Patriótica (organización de ultraderecha) y sectores de la iglesia. El resultado de esta barbarie represiva fueron cientos de obreros asesinados, alrededor de cuatrocientos heridos y cerca de 2000 trabajadores presos. Tras el crecimiento de la protesta que se extendió a distintas localidades del país, la policía tuvo que acuartelarse y finalmente la huelga triunfó logrando los trabajadores que se cumplan con las demandas solicitadas.

Las huelgas de la Patagonia (1920-1922): huelgas que se dan tras las pésimas condiciones en que trabajaban los obreros de estancias de grandes empresarios como el portugués José Nogueira, el asturiano José Menéndez y el hebreo ruso Elías Braun dueño de aquella Estancia La Anónima que dio origen a la cadena de supermercados La Anónima, del que es uno de sus herederos el funcionario macrista Miguel Braun y actual Secretario de Comercio. Estos empresarios fueron también en aquella época los que contribuyeron al exterminio de pueblos originarios en gran parte de la Patagonia. Entre las pésimas condiciones laborales que estos patrones impusieron fueron: trabajo entre 12 y 16 horas, muy bajo salario, falta de vivienda para los obreros, quienes dormían en tarimas soportando temperaturas bajo cero y el otorgamiento de poca comida que además tenían que pagar. Debido a estas condiciones los obreros organizaron grandes huelgas en buena parte de este territorio, que finalmente fueron derrotadas y se produjo el fusilamiento de 1500 obreros por las fuerzas represivas comandadas por el coronel Varela y bajo la orden de Yrigoyen.

La Forestal: huelgas y hechos de rebelión de trabajadores durante 1920, los cuales también, como el caso anterior, vivían y trabajaban en similares condiciones para la empresa monopólica de capitales ingleses que explotaba el quebracho y era la principal productora del tanino. La Forestal, ubicada en el norte de la provincia de Santa Fé. Los entre 6000 y 7000 trabajadores junto a sus familias que sumaban alrededor de 20.000 personas, se dispusieron a enfrentar a sus patrones, el gobierno y las fuerzas de seguridad, entre ellas la Gendarmería. Esto ocurría tras sufrir numerosos despidos y terribles condiciones laborales. Así se lograron esconder en el monte y pese a la derrota, aplicaron la táctica de guerra de guerrillas. Hechos donde las mujeres tuvieron un rol destacable en ayuda y colaboración con sus compañeros. Para este caso los investigadores analizan también lo que fue la masacre de Napalpí (Provincia de Chaco) en 1924 y el desplazamiento, y masacre que padecieron pueblos y naciones originarias como las y los qom, por parte de los gobiernos y los empresarios, quién obtuvieron inmensas ganancias a costa de la explotación y el asesinato de miles y miles de pobladores originarios y trabajadores.

Roberto Perdía en esta presentación manifestó que decidió investigar estos hechos en particular el de La Forestal por una deuda que sintió con los pobladores del norte de Santa Fe, lugar en el que él vivió mucho tiempo durante la década de los ‘60.
Para esta tarea, los autores contaron con la ayuda del joven investigador Luciano Sánchez, quién les aportó sus conocimientos, y además pudieron tener debates con los lugareños acerca de estas luchas, encontrándose con distintas posturas en charlas muy enriquecedoras.

Perdía destacó al acceso y derecho a la tierra como central, donde empresarios monopólicos se han hecho dueños de la misma bajo la complicidad de un Estado que tuvo un rol muy activo, en tres aspectos fundamentales: Primero, en su rol de permitir el gran saqueo y explotación de los recursos. También, permitiendo que dentro del propio sistema capitalista, La Forestal haya podido obtener ni más ni menos que el 18% de la tierra, es decir 2 millones y medio de hectáreas, favoreciendo a esta única empresa pese a existir otras anteriormente.

Además, la complicidad del Estado con La Forestal según Perdía, se vio reflejada en personajes de esa época, como Lucas González, quien además de ser el representante de la propia empresa fue el funcionario nacional encargado de negociar y medir los alcances de la misma. También se le permitió comprar las tierras a bajo precio, además de haber estado subsidiada por el Estado. Otro que también fue partícipe de estas maniobras, acorde al relato basado en la investigación de Perdía, fue el ex gobernador santafesino Simón Iriondo, quién para colmo es el mismo nombre y apellido que actualmente lleva el departamento donde estuvo La Forestal, y no existe ni siquiera ninguna localidad u homenaje a los pueblos originarios y trabajadores que lucharon contra el despojo y la terrible explotación que sufrieron por esta cruel y terrible empresa.

Destacó el autor que tal como pasa con las huelgas patagónicas o lo que fue la Semana Trágica, lamentablemente “la historia sigue todos días con estos mismos personajes, y el movimiento popular no debe caer en viejas trampas”.

Por su parte Horacio Silva sobre el hecho de La Forestal, focalizó su mirada en la valentía y coraje de los trabajadores y sus familias a la hora de enfrentar a las fuerzas de seguridad que colaboraron con la empresa, donde las y los mismos durante largas batallas habían logrado darles una paliza militar, pese a que tuvieron que instalarse en el monte y vivir a la intemperie, para organizar las emboscadas. Hechos que lograron que 27 gendarmes hayan tenido que darse de baja tras los combates.
Respecto a la investigación que hicieron con Perdía sobre las huelgas patagónicas, Silva puntualizó que indagaron sobre otros aspectos de los que había investigado Osvaldo Bayer en su obra “La Patagonia Rebelde”. El énfasis de ellos, por lo que Silva mencionó, estuvo puesto en analizar estas huelgas tanto en Argentina como en Chile, dado que las mismas se habían dado en ambos lados de la cordillera de los Andes, siendo que las empresas, y los trabajadores fueron los mismos, y donde hasta inclusive las fuerzas represivas actuaron en conjunto en ambos países pasando de un lugar a otro sin importar la invasión de fronteras por parte de una tropa u otra de cualquiera de los dos Estados. Hasta los métodos y organizaciones de la clase obrera con ideología anarquista fueron los mismos, de hecho la Federación Obrera de Magallanes (Chile) se creó antes de las que surgieron después en la Patagonia Argentina, y tuvo una adhesión del 25% de la población.

Por último Horacio Silva en palabras compartidas por Roberto Perdía, afirmó que en la época de la Semana Trágica, las Huelgas de la Patagonia y La Forestal, no existían leyes laborales, no se respetaba el horario de trabajo, no se cobraban las horas extras, y si las y los trabajadores de una empresa entraba en huelga, por obligación en la concepción del sindicalismo anarquista de aquellos tiempos, todo trabajador y trabajadora debía apoyarlos y apoyarlas, de la forma que fuese, sea mediante huelgas, boicot o aporte de bienes o dinero en solidaridad. Lo cual es un ejemplo y una enseñanza muy fuerte para el presente frente al Estado, los empresarios y la burocracia sindical que no termina de apoyar del todo a sus representados y se resiste a convocar a numerosos paros en los momentos más complicados de mayor represión, precariedad laboral y despidos como los que se están viviendo ahora, donde «si nos tocan a uno, a una nos tocan a todos y a todas».

Por todo ello, es que este libro termina siendo una herramienta fundamental, tal como Bayer escribió en el prólogo de esta obra, de cara a las situaciones más duras que todavía la clase obrera y los pueblos se enfrentan.

 

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