Argentina/Análisis: ¿Y después del Paro General qué?

Revista Venceremos | Resumen Latinoamericano | David Pike – El triunvirato de la CGT todavía no se había erigido como conducción de la central obrera mayoritaria del país y ya esta amenazaba con un paro general. Luego de varias idas y venidas, de estrategias derrotadas y devoluciones de millones de pesos, finalmente la CGT lleva adelante la acción de fuerza más poderosa con la que cuentan las y los trabajadores, objetivamente al detener la producción y subjetivamente por el peso simbólico que tiene en la historia argentina. Una reacción tardía muchas veces desdibuja las causas que la impulsa pero sobre todo entorpecen los resultados que esperamos de ellas. El 6A es la expresión de la bronca acumulada, un grito contenido. Pero no será más que ello, después del paro general no hay un plan a seguir, no hay una demanda clara a la cual apuntar y ni hablar de un programa que plantear. Una acción defensiva sin conducción ni estrategia.

De idas y vueltas

El gobierno de Macri ni bien asumió realizó una brusca devaluación que deterioró los salarios, aplicó un tarifazo en el transporte y los servicios e impulsó una ola de despidos echando empleados estatales y frenando la obra pública. La CGT saldadas las diferencias ante la salida del gobierno anterior inicio el camino de la unificación de las tres partes en las cuales se había partido. Este camino se desarrolló mediante una estrategia común volcada al Congreso impulsando la Ley Antidespidos a través de los diputados de extracción sindical y logrando su sanción. La respuesta al veto presidencial fue el primer amague del llamado a un paro general. La devolución de cifras millonarias retenidas a las obras sociales por los gobierno de los Kirchner fue el gesto presidencial que selló la tregua.

La inflación acumulada superó ampliamente las paritarias acordadas y determinó una fuerte pérdida del poder adquisitivo de las y los trabajadores. La CGT concretada su unificación mandató a su nueva conducción para realizar un paro general, amagando por segunda vez con emprender dicha acción. La estrategia del diálogo o del “perro que ladra no muerde” la llevó sentarse en una mesa de negociación con empresarios y el gobierno donde acordó un bono de 2 mil pesos (el cual lo cobraron muy pocos trabajadores) y un acuerdo con empresarios para frenar los despidos (acuerdo que corrió la misma suerte que su antecesor, aquel que Macri realizó con empresarios para justificar el veto a Ley Antidespidos y que fue ampliamente incumplido).

Finalmente, la CGT se retiró de la mesa de diálogo tras los acuerdos incumplidos y convocó a una movilización. Allí pretendió amagar nuevamente con un paro general, sea que la decisión estuviese tomada o no, la presión que sufrió en el acto de la movilización determinó su inmediata convocatoria.

La tardía convocatoria se da con la consigna “por la producción y el trabajo argentino”. Lejos han quedado los planteos de la Ley Antidespidos y de compensación por la pérdida del poder adquisitivo que sufrió y sufre el salario. Las estrategias del Congreso y el diálogo al fracasar exigían una respuesta de la central obrera. Cuando la respuesta es tardía el reclamo no es claro y hace de esta medida solo una acción de protesta, de queja, de fastidio. No hay demanda que satisfacer.

Aquellos, este y todos los paros generales

Desde la vuelta a la democracia, los gobiernos que no fueron del Partido Justicialista, aquellos que no tuvieron intereses políticos partidarios coincidentes con las cúpulas sindicales, como los de Alfonsín y De La Rua tuvieron sus paros generales a los nueves meses en el primer caso y a los tres meses en el segundo. Macri tendrá el suyo recién a los 16 meses. La historia muestra que no es el tiempo en el poder que tenga un gobierno el que condiciona el llamado a una huelga general sino que es la dinámica política y sobre todo la iniciativa gremial.

Los paros generales son acciones netamente políticas. En ellas, las y los trabajadores se expresan como clase social enfrentándose al empresariado y el gobierno; se expresan nítidamente los intereses antagónicos entre una clase y la otra. Pretender reducir esta acción a una lectura político partidaria es simplista, tergiversador y malintencionado.

Mejor tarde que nunca, reza también el refrán. El paro general, a pesar de ser tardío y no tener demandas claras, será un llamado de advertencia al gobierno. ¿Y después qué? Los sectores combativos del movimiento de trabajadores, formales y los de la economía popular, ensayarán su respuesta en las calles haciendo activo el paro mostrando su voluntad de luchar.

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