Argentina. Un retrato para Fuentealba, por Mariano Pacheco /Carlos Fuentealba: “El dolor colectivo se transforma en acción”/Carlos Fuentealba papá: 10 años de ausencia/2007: Cronología de dos meses de lucha

Un retrato para Fuentealba

Se cumplen 10 años del asesinato de Carlos Fuentealba. Un repaso por los hechos, las responsabilidades políticas y los ecos de su figura en la larga marcha docente.

fuentealba

“Aquí dio su última clase”, puede leerse en un cartel emplazado sobre la ruta nacional N° 36, en la localidad de Arroyito, a unos 50 kilómetros de Neuquén capital. La figura de Carlos Fuentealba acompaña la frase que ya es un emblema en toda la región sur del país y que incluso ha trascendido las fronteras de la Patagonia argentina.

 

Quien disparó la bala de gas lacrimógeno que aquel 4 de abril de 2007 mató al maestro, se supo luego, fue Darío Poblete, un policía de 36 años hoy condenado a prisión perpetua, responsabilizado por haber cometido homicidio doblemente calificado. La Cámara Criminal Primera, integrada por Luis María Fernández, Mario Rodríguez Gómez y Héctor Dedominichi, dictó, además, la inhabilitación perpetua absoluta para el cabo primero, en lo que se denominó Causa Fuentealba I.

 

Así y todo, tiempo después, un periodista de Zapala (de donde es oriundo Poblete) pudo fotografiar al policía condenado paseando por las calles de la ciudad. Una imagen que condensa un entramado de impunidad que los docentes neuquinos vienen denunciando desde hace años.

 

El troesma Fuentealba

Al momento de su asesinato Carlos Fuentealba se había vuelto a inscribir en la Universidad del Comahue para estudiar Ingeniería. Para entonces ya era profesor de Matemática, Física y Química en el CPEM Nª 69 del barrio Cuenca 15, uno de los más populosos de Neuquén, situado en la zona oeste de la ciudad. “Él creyó en mí”, dice Dora, una de sus alumnas, quien cuenta en el documental Carlos Fuentealba: camino de un maestro, de Canal Encuentro, que fue él quien la contuvo para que no abandonara sus estudios, cuando ni ella misma se creía capaz de terminarlos. Y remata: “hoy me estoy por recibir de docente, como él”.

 

“Carlos tenía una claridad meridiana acerca de su función docente. No era un ‘asistente social’, aunque asistía, ni era un ‘contenedor’, aunque contenía. El interés de Carlos estaba claramente centrado en lo pedagógico, esto es, en suscitar en sus alumnos un vínculo positivo con el conocimiento”, relata Gabriela Nemiña, compañera de Carlos en el CPEM 69, en su “Retrato de Carlos”, publicado en 2011 en la revista Vientos del Sur, donde agrega que Fuentealba era de perfil bajo, poco afecto a llamar la atención, comprometido pero muy respetuoso de los otros. “Mirada serena pero brillante, vivaz, y una sonrisa luminosa”, así lo describe Nemiña, quien además destaca su “hermosa voz”, su “modo muy agradable de hablar” que también transmitía serenidad, “como su rostro” que “contagiaba entusiasmo”.

“Carlos tenía una claridad meridiana acerca de su función docente. No era un ‘asistente social’, aunque asistía, ni era un ‘contenedor’, aunque contenía. El interés de Carlos estaba claramente centrado en lo pedagógico”

Carlos Fuentealba era hijo de peones rurales, muchos hermanos y vida nunca fácil, como la de tantos hombres y mujeres de los sectores populares. Unió su vida junto a Sandra Rodríguez, también docente, pero de plástica, con quien tuvo dos hijas: Camila, y Ariadna. Cursó sus estudios en el colegio Ceferino Namuncurá de San Martín de los Andes, de donde egresó en 1979. Ceferino Namuncurá, joven argentino de origen mapuche aspirante al sacerdocio. Namuncurá, apellido de origen boliviano que significa “alguien firme, decidido”. Cualquier lector creyente podrá trazar sus conclusiones.

 

Becado por los Salecianos, Carlos cursó el profesorado en el Instituto de Formación Docente Nª 5 de Plottier, una de las escuelas situadas en uno de los barrios más pobres de la zona, pero también, una barriada con una gran tradición de lucha. Con el paso de los años Carlos se fue politizando. Cuentan quienes lo conocieron que siempre realizó su activismo sindical con una aguda mirada de clase. Perspectiva que lo hizo ser parte activa de las luchas docentes, que en Neuquén cuentan con una de las trayectorias más ricas del país.

 

Genealogía de la lucha docente

Cartel arroyitoEl desenlace fatal de Arroyito no fue ningún accidente -tal como quiso presentar al caso el poder político local- sino el resultado de una política de Estado. Así y todo, la represión del 4 de abril de 2007 sobre los docentes no fue solo una salida represiva del gobierno ante ese conflicto gremial puntual sino el intento de aleccionar a un sindicato con toda una historia de lucha, que había sido parte de las puebladas de los noventa y que, junto con los ceramistas de la Fábrica Sin Patrón (FaSinPat), ex Zanon (establecimiento ocupado en 2001 y puesto a funcionar “bajo control obrero”), se había convertido en la verdadera oposición política del MPN, en un momento en el que Jorge Sobisch (tres veces gobernador de la provincia) buscaba proyectarse nacionalmente como candidato a presidente.

 

“Lo peor ya pasó, estamos camino a Senillosa”. Esas fueron las últimas palabras que Sandra escuchó de Carlos aquella semana santa de 2007, cuando se comunicaron telefónicamente tras la represión sobre los docentes en Arroyito, que se disponían a regresar en caravana por la ruta, seguramente cargados de bronca y un poco de frustración. Fue entonces cuando la policía pasó por el costado de la caravana y empezó a disparar. Y uno de esos disparos se cobró la vida de Fuentealba.

 

La Asociación de Trabajadores de la Educación de Neuquén (ATEN) fue fundada en 1982 por una confluencia de militantes marxistas y del catolicismo progresista. En la actualidad el sindicato cuenta con unos 17.000 trabajadores afiliados en veinte seccionales, siendo esta cifra casi la mitad del total de asalariados del sector. En 2007 comenzaron el año lectivo con una historia complicada sobre sus espaldas: 70 pedidos de audiencia rechazados por la gobernación y salarios congelados desde hacía 17 años, con excepción de un pequeño incremento que habían obtenido el año anterior, luego de haber realizado una serie de huelgas poco numerosas pero bastante radicalizadas y parcialmente exitosas, y tras haber protagonizado una caravana que puso 15.000 docentes sobre la ruta, que marcharon 20 kilómetros desde Zapala hacia la capital. Pero además de las medidas radicalizadas, como el “corte a los circuitos productivos” de la provincia (20 piquetes en el circuito petrolero que culmina con el bloqueo a la destilería en la zona de las torres, en Plaza Huincul, una de las sedes de los grandes piquetes de 1996 y 1997), también 2006 fue el año de la represión abierta contra los docentes, cuando una patota los apaleó, el 30 de marzo, simulando ser obreros de la construcción (de allí que se conozca dicho hecho como “la represión de los cascos amarillos”). Una estrategia de abordaje represivo sobre los docentes se estaba pergeñando desde las cimas más altas del Estado provincial.

 

Es que más allá de los índices de desocupación locales, y de haber sido la “punta de lanza” de lo que años más tarde se llamaría “movimiento piquetero”, no fueron en Neuquén los movimientos de trabajadores desocupados los grandes protagonistas de la creciente protesta social, sino los sindicatos, con los ceramistas y los docentes a la cabeza.

 

En 2003 ATEN protagonizó una huelga de 34 días que incluyó 11 de corte del puente que une las provincias de Neuquén con la de Río Negro (el mismo año la represión estatal deja heridos a un integrante del Movimiento de Trabajadores Desocupados y a otro del sindicato ceramista). Ese plan de lucha, realizado junto a la Asociación de Trabajadores del estado (ATE), como ya había sucedido en 2001, forjó importantes niveles de unidad entre distintas fracciones de trabajadores, más allá de que en términos reivindicativos las protestas culminaron en derrotas. Incluso yendo más atrás en el tiempo, los docentes neuquinos (y los estudiantes) fueron los grandes protagonistas de algunas de las más importantes luchas populares de los años noventa. No está de más recordar que en la provincia se impidió la implementación de la Ley Federal de Educación del menemismo, y que mientras en Buenos Aires la conducción de la Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina (CTERA) montaba la carpa Blanca frente al Congreso de la nación, en Neuquén, el método principal implementado por el sindicato del sector era el piquete. Piquete que los había unido junto a otros trabajadores y desocupados en las puebladas de 1996 y 1997 (en la que es asesinada Teresa Rodríguez).

“En Neuquén no fueron los movimientos de trabajadores desocupados los grandes protagonistas de la creciente protesta social, sino los sindicatos, con los ceramistas y los docentes a la cabeza”

Es que tal como afirmó el historiador Ariel Petruccelli en su libro Docentes y piqueteros. De la huelga de ATEN a la pueblada de Cutral Có, además de ser una provincia estructurada sobre un enclave energético en su economía y una hegemonía de un partido provincial en su política, en Neuquén también persistió a lo largo de estos años de post-dictadura una numerosa contracultura de la protesta (“una cultura minoritaria y disidente contrapuesta a una cultura dominante y mayoritaria”) que convirtió a la provincia en uno de los “epicentros de las luchas sociales en la Argentina”.

 

Las luchas de derechos humanos en los años ochenta, la de los trabajadores de la construcción en el entre década, los primeros piquetes en los noventa, los ceramistas a inicios del nuevo siglo y el permanente activismo de los estudiantes secundarios y universitarios es el contexto de lucha en el cual hay que situar el activismo de los docentes neuquinos, que sin lugar a dudas suma también a los estatales y las comunidades mapuches.

 

En otro texto más breve (“Maestras piqueteras”), publicado en la revista sindical Vientos del sur, Petruccelli retoma la conceptualización de “contracultura” planteada en su libro y agrega:

 

A muy grandes rasgos se puede decir que los miembros de la contracultura comparten una serie de valores y de prácticas: cierto anhelo de igualdad, un genérico ‘anti-imperialismo’, la protesta y el reclamo vistos como un valor positivo, una mirada crítica sobre el mundo y la sociedad en que viven, la organización y la movilización populares convertidas casi en una forma de vida, la importancia concedida a los derechos humanos, la oposición al MPN, cierta conciencia de clase, la participación autónoma de los docentes en muchas y variopintas organizaciones integrantes de la contracultura”. Para graficar esta enumeración el historiador patagónico pone como ejemplos el hecho de que sean docentes el grueso de los miembros de la Asociación de Músicos Independientes (AMI), casi todos los artistas plásticos y los actores que acompañan las movilizaciones políticas y sindicales, buena parte de los activistas de los organismos de Derechos Humanos, la mayor parte de las militantes de las organizaciones feministas y de lesbianas, así como los principales redactores de algunas publicaciones de contrainformación y contracultura y autores de textos escolares alternativos.

 

Pedagogía de la Memoria y la Justicia

3297723711_233f9c590a_bPara Sandra Rodríguez, y ATEN, el máximo responsable de aquél hecho trágico que el 4 de abril de 2007 se cobró la vida de Carlos Fuentealba es Jorge Sobisch, gobernador del Movimiento Popular Neuquino (MPN) al momento de producirse la represión sobre los docentes. El ex gobernador incluso afirmó ante la Justicia (en donde declaró en calidad de “testigo”) que no recordaba haber asumido públicamente la responsabilidad política de la orden para que la policía reprimiese aquel día, haciendo recaer dicha responsabilidad en el ex comisario Carlos David Salazar, aunque desde el sindicato docente y la familia de Fuentealba insisten en que Sobisch es el máximo responsable.

 

Susana Delarriva es profesora de historia jubilada -aunque “nunca pasiva”, aclara-, y en diálogo telefónico con Zoom asegura que la Causa Fuetealba II intentaba llevar a juicio a la cúpula policial, pero con las claras intenciones de seguir la línea de mando hasta llegar al ex gobernador, quien “dijo en el año 2007 que él había dado la orden de reprimir la protesta, y que lo volvería a hacer”. Delarriva, que es además secretaria adjunta de ATEN provincial, aclara que si bien la causa se encuentra cerrada en la provincia, han presentado un “recurso de queja” ante la Suprema Corte de Justicia. La Causa Fuentealba II fue cerrada por la Justicia neuquina el 15 de septiembre de 2016. Entonces los jueces Alfredo Elosu Larumbe y Soledad Gennari rechazaron la revisión del tribunal impugnatorio y avalaron además el sobreseimiento de 15 policías y ex funcionarios imputados por el asesinato. “Si bien no hemos ganado la batalla judicial sí hemos sido persistentes en sostener la lucha social, y la lucha pedagógica por Memoria, Verdad y Justicia”, insiste Delarriva.

 

Fuentealba y la lucha docente actual

Para finalizar esta nota me quedo con estas bellas palabras escritas por el pensador crítico Gilles Deleuze, citadas también por Nemiña en la semblanza anteriormente mencionada:

 

“Cuando muere alguien a quien uno quiere y admira, se necesita a veces hacer su retrato. No para glorificarlo, aún menos para defenderlo, no para recordarlo sino para obtener esa semejanza última que sólo puede venir de la muerte y que nos hace decir: es él”.

 

Él, Carlos Fuentealba, fue el principal rostro presente en las masivas movilizaciones docentes que ganaron las calles de Neuquén durante las últimas semanas, en un contexto de lucha gremial que reavivó las actividades sindicales en prácticamente todas las escuelas del país, y que tuvo en la Marcha Federal Docente del 6 de marzo su momento más luminoso.

 

Al día siguiente, en la movilización convocada por la CGT en Buenos Aires, columnas numerosas de laburantes de distintos gremios corearon “Poné la fecha la puta que te parió”. Entonces el triunvirato cegetista se comprometió a ponerle fecha al primer paro general convocado por la Confederación General del Trabajo al gobierno de Cambiemos. En 48 horas la Argentina vivenciará los alcances de dicha medida de fuerza. Seguramente allí también, en asambleas, cortes de calles y ollas populares, el rostro de Carlos Fuentealba se haga presente, junto a esa consigna hoy ya tan conocida que dice que “Maestro luchando, también está enseñando”.

___________________________________________________________

Resumen Latinoamericano/4 de abril 2017 .-

“El dolor colectivo se transforma en acción”

Por Julia Burton

El conflicto docente del año 2007 arrastraba varias semanas de negociaciones frustradas, paros y movilizaciones, e incluso una marcha-caravana que unió los casi 200 kilómetros entre Neuquén y Zapala. Ante la desidia del gobierno, ya casi en Semana Santa, Aten decidió realizar un bloqueo en ese punto neurálgico que es la ruta 22 a la altura de Arroyito con el fin de afectar el circuito turístico de la provincia.

Ese 4 de abril el tránsito sobre la ruta se cortó: lo cortaron las fuerzas de seguridad de la provincia que desataron una feroz represión hacia las y los trabajadores de la educación, quienes nunca llegaron a realizar la actividad de protesta resuelta en asambleas. Hubo una decisión política para impedir que Aten ocupase la ruta, y las imágenes de ese día hablaron por sí mismas: la cantidad de efectivos policiales, incluyendo grupos especiales armados hasta los dientes, camiones hidrantes, y la presencia de funcionarios provinciales y cúpula policial. Hay que recordar sus nombres porque también están dentro de la cadena de responsabilidades políticas del asesinato: Raúl Pascuarelli, Carlos Salazar, Moisés Soto, Adolfo Soto, Mario Rinzafri y Miguel Ángel Escobar, además de los jefes de los grupos especiales de la policía. Pero lo que más puso en evidencia la definición política del gobierno de Jorge Sobisch fue la inmediatez y modalidad con la que se desató la represión. No se pretendía dispersar una manifestación, sino que se llevó a cabo una persecución y cacería de las y los docentes a campo traviesa. Una represión que no cesaba aún cuando era evidente que las y los trabajadores de la educación no iban a cortar la ruta. El asesinato de Carlos sucedió en ese contexto de retirada de manifestantes en los autos.

No hay otra explicación que la decisión política asumida por un gobierno como modalidad para “solucionar” los conflictos sociales. Una forma que encadena responsabilidades de distinto tipo y que van desde quien apretó el gatillo (José Darío Poblete) hasta la máxima autoridad de la provincia, Jorge Omar Sobisch. Su desprecio por la actividad docente es tal que no le importó matar a un trabajador de la educación y en los días siguientes reivindicó públicamente el accionar policial diciendo que son situaciones no queridas, pero volvería a tomar la misma decisión.

Tampoco puedo dejar de situar que esto sucedió en un año electoral en que Sobisch se presentaba en las elecciones presidenciales como el candidato “antipiquetes”. Hasta ese día su compañero de fórmula iba a ser Mauricio Macri, quien le soltó la mano a raíz del asesinato de Carlos, y Sobisch tuvo que buscar su aliado en la figura de Jorge Asís.

Entonces pienso en que sí, fue una determinación política del gobierno que las y los docentes no corten la ruta en Arroyito, pero también fue un mensaje más amplio y de una claridad impresionante a todos los sectores que nos organizamos, reclamamos y defendemos nuestros derechos. Pretendieron “educar” con el escarmiento a las y los educadores de la provincia, y a través de ello a todo el resto de la sociedad.

La muerte de Carlos marcó un límite imprimiéndole un nuevo giro al conflicto; al exceder los aspectos sindicales el asesinato del docente en medio de un reclamo legítimo, se vuelve repudio social y generalizado, y se arraiga en las calles neuquinas desbordadas de pueblo en demanda de justicia y la renuncia del gobernador.

Por esos días las y los docentes de Neuquén volvieron a dar cátedra y nos enseñaron a transformar ese dolor que atravesaba los cuerpos en acción: en las movilizaciones multitudinarias, en el acampe frente a casa de gobierno, en el corte de puente, en los escraches y visitas pedagógicas a funcionarios provinciales. Empaparon las calles de una multiplicidad de formas creativas para ejercer la justicia callejera y popular, esa que emerge de nuestras rabias ante tanta impunidad, cuando la justicia burguesa es cómplice y protege a nuestros verdugos. La voz de Sandra Rodríguez resonó potentemente frente a las más de veinte mil personas presentes en el acto al culminar una de las movilizaciones de mayor convocatoria de la historia de Neuquén, el 9 de abril de 2007. La fortaleza y claridad que tuvieron sus palabras generó silencios cargados de emotividad. No vaciló en denunciar que quienes dieron las órdenes fueron tan responsables del asesinato como quien apretó el gatillo. A lo largo de todos estos años esas palabras iniciales de Sandra y sus declaraciones posteriores generaron que “su” Carlos devenga en un Carlos colectivo que está grabado en los cuerpos y no se olvida, aunque desde el riñón del poder político de la provincia se busquen e inventen mecanismos y resortes para que la memoria caduque y con ella la demanda de justicia.

El asesinato de Carlos duele colectivamente, es una herida que no cierra y que cada 4 de abril emerge con más fuerza cuando recordamos 2007. Desarma de manera individual y duele colectivamente, sí. Pero ese dolor se transforma en acción y en el andar colectivo nos volvemos a armar cuando se entrelazan la memoria, las demandas por justicia completa y nuestros gritos y acciones de rabia contra tanta impunidad. Porque, como dijo Galeano, yo también tengo la certeza de que no hay impunidad que sea eternamente impune.

 

 

Carlos Fuentealba papá: 10 años de ausencia

03/04/2017

Mucho, más y mejor que aquello que podamos apuntar hoy ya se ha escrito y dicho sobre la lucha, el rol docente y la presencia aquel día en la ruta de Carlos Fuentealba. Por otra parte, 8300 y otros medios locales han dado cabal testimonio sobre el rol que les cupo a Jorge Sobisch, el resto del gobierno provincial de entonces, la policía, Macri y a los privados que pedían represión para liberar la ruta por Semana Santa, entre otros.

No quisiera convertir esto en una historia épica de mártires o en una de superhéroes a la Marvel, porque no los hubo. Villanos sí. Y culpables también. Y a esos ya los conocemos perfectamente a todos, aunque la justicia haya quedado a mitad de camino.

Quiero justificar así un enfoque caprichoso de ver las cosas desde la óptica personal, porque cada vez que me acecha el 4 de abril pienso en lo mismo: cuando asesinaron a Carlos Fuentealba, yo estaba a meses de ser papá por primera vez. Y en todos estos años que pasaron, la sensación siempre fue la misma: esta idea de que con su muerte, a Carlos Fuentealba le privaron -entre otras cosas- de la posibilidad de seguir siendo el papá de sus hijas.

¿Cómo hubiera enfrentado su rol de padre frente a sus hijas adolescentes, hoy adultas jóvenes? ¿Las hubiera ido a buscar cuando volvían de bailar? Si se mudaban para estudiar en la universidad ¿cómo las hubiera ayudado con la mudanza? ¿Se habría puesto triste a escondidas cuando sus hijas se fueran a estudiar?

Y más también: en la inundación de abril de 2014 en Neuquén capital ¿dónde hubiera ayudado; o se hubiera quedado en el Cpem 69 de Cuenca XV para recibir a los evacuados? ¿Qué hubiera hecho y dicho, en términos políticos, en 2015 frente a un escenario de balotage entre Macri y Scioli? ¿Y del tramo cristinista del kirchnerismo? ¿Hubiera discutido sobre Ganancias? Sin dudas que hoy estaría puteando a Macri y que el jueves pararía ¿pero en qué espacio social/cultural/político estaría trabajando para frenar las políticas excluyentes de siempre que se llevan puestos a los laburantes? ¿Le hubiera importado la suspensión de Messi por cuatro fechas? ¿Le importaría el fútbol?¿Qué malabares haría las compras de todos los días para que la inflación no le comiera el sueldo?

No se trata de desideologizar o despolitizar a Fuentealba, sino de ponerlo en carne y hueso; pensarlo desde lo material, sobre todo porque ese día nefasto de 2007 cualquiera de quienes estaban en Arroyito pudo haber recibido un tiro artero y cobarde por la nuca fuera docente, activista político, periodista, transeúnte, turista, etc.

Imagínense ustedes tratando de borrar todo los que les pasó en estos 10 años. Que desaparezcan amigos, alegrías, tristezas, broncas, vacaciones, mates, discusiones, trabajos, hijos, partidos de fútbol, asados, vinos, mudanzas; la vida misma. Que todo se vuelva vacío, negro, definitivo. Todo eso que ahora les falta es lo mismo que le quedaba por delante y le robaron de un tiro a Carlos Fuentealba.

Nadie va a un corte de ruta para que lo asesinen. Nadie parte a una protesta con la idea de convertirse en la cara que esté en todas las remeras. Por eso la insistencia en imaginar la vida trunca de Carlos Fuentealba, poniendo al militante docente en el cuerpo de un ciudadano común y corriente como cualquiera de ustedes o nosotros; para entender cabalmente que los luchadores y las luchadoras valen vivos, no muertos.

Neuquén los necesita al lado y caminando a la par más que en una bandera. Esa es la reflexión que siempre emerge para esta época del año cada año: cuidarlos, cuidarse y cuidarnos. Para ser más en la calle y menos en la épica, porque los malos de siempre siguen estando al acecho y no se dan por vencidos.

*Periodista, estuvo en el corte de Arroyito el 4 de abril del 2007

 

 

2007: Cronología de dos meses de lucha

03/04/2017

El año escolar 2007 comenzó con un paro docente por 72 horas que exigía un salario básico igual a la canasta familiar, eliminación del presentismo, la extinción del trabajo precarizado y defendía los salarios de los jubilados.

4 de abril de 2007. Repliegue de la movilización sobre la ruta 22. Foto Jorge Ariza

El viernes anterior al (no) inicio de clases, la dirigencia sindical se había reunido con representantes gubernamentales que les entregaron una propuesta. El lunes 5 de marzo, cuando debía comenzar el ciclo lectivo, las asambleas de todos los distritos provinciales rechazaron el ofrecimiento. Ese mismo día se conoció la renuncia del ministro de Educación, Mario Morán.

El paro, convocado en principio hasta el 7, se extendió hasta el lunes 12. La participación en las asambleas y las movilizaciones aumentaron paulatinamente. La adhesión tenía notables disparidades, el importante acatamiento aumentaba durante las jornadas de movilizaciones.

El 13 de marzo unas 5.000 personas participaron de la segunda marcha provincial. Dos días después se inició una gran caminata docente que unió los 180 kilómetros desde Zapala hasta Neuquén.

El 16 de marzo los y las docentes impidieron el ingreso de camiones a la refinería de Repsol-YPF en Plaza Huincul recordando el accionar de una patota que un año antes, vestida de obreros de la construcción, había corrido a golpes y piedrazos a militantes de Aten.

El 19 de marzo la caminata desde Zapala llegó a Neuquén. Unas 12 mil personas acompañaron el ingreso a la capital. El jueves 22, tras 17 días de paro, el Ejecutivo presentó una segunda propuesta. Las asambleas al día siguiente la rechazaron por desformar la estructura salarial, no dar respuesta a jubilados y jubiladas ni tampoco aumento a quienes se desempeñaban en enseñanza media.

El 27 otra movilización de 5.000 personas se dirigió al puente que une Neuquén y Cipolletti para recordar la brutal represión sufrida por el sindicato en 1997. Durante tres horas mantuvieron bloqueada la circulación.

Se realizaron nuevas asambleas el miércoles 28. En la del distrito Capital participaron unas 900 personas que decidieron profundizar la medida y cortar parcialmente los puentes carreteros entre el 29 y el 31 de marzo. En el resto de la provincia se decidió realizar bloqueos permanentes en las localidades de Zapala, Piedra del Águila y Las Lajas. Era un anticipo del corte que pensaban realizar si no había respuesta gubernamental. El año anterior esa metodología, que había impedido el normal desenvolvimiento del circuito extractivo petrolero, había dado un buen resultado: había obligado al Estado a negociar mientras mantenían la medida de fuerza.

El lunes 2 de abril, en la asamblea de la capital sus 900 participantes resolvieron cortar la ruta 22 a la altura del dique compensador de Arroyito, distante unos 50 kilómetros de la capital provincial. A poco de cumplirse un mes de comenzada la huelga, querían bloquear, durante la Semana Santa, la principal vía de comunicación hacia la región turística de Villa la Angostura, San Martín de los Andes y San Carlos de Bariloche. Las asambleas evaluaron que “Arroyito” era un corte difícil de sostener debido a la lejanía de cualquier población, pero el argumento de que era el único lugar que no podía ser sorteado con una ruta alternativa convenció a la mayoría. Los dirigentes sindicales ya habían lanzado esta posibilidad a los medios varios días antes como medida de presión. El plenario de secretarios generales ratificó la medida.

A la espera de una nueva propuesta gubernamental, y con el objetivo de preparar la acción del miércoles 4, se decidió levantar los cortes el 2 de abril. Únicamente en Zapala se mantuvo la medida.

Los funcionarios, que habían reclamado el levantamiento de los cortes, respondieron entonces que no iban a dialogar presionados por la continuidad del paro. Por su parte, la juez federal Guillermo Labate manifestó públicamente que la policía no necesitaba orden para actuar en caso de cortes y la justicia local estableció la conciliación obligatoria.

La represión y el asesinato

El miércoles 4 desde muy temprano más de medio millar de docentes de toda la provincia se dirigió al lugar donde se realizaría el bloqueo. Al llegar, encontraron móviles y efectivos policiales que, cuando comenzaban a preparar el piquete, iniciaron una furiosa represión. La retirada se dirigió hacia Senillosa, unos 15 kilómetros. La cantidad de vehículos dificultó la marcha. La velocidad era mínima. La policía no dejaba de tirar gases lacrimógenos y balas de goma.

Tras varias instancias de represión, el cabo de los grupos especiales Darío Poblete disparó con una escopeta lanzagranadas a pocos metros del auto que transportaba a Carlos Fuentealba e impactó en su cabeza.

Fuentealba fue trasladado al hospital Castro Rendón en Neuquén Capital, el de máxima complejidad provincial. Al otro día, durante la tarde, el parte médico informó su muerte cerebral.

Mientras en Arroyito se sucedía la represión, la multisectorial de organizaciones sociales y políticas de Neuquén se comenzó a reunir para repudiar lo sucedido en el centro de la ciudad. Allí esperaron a quienes volvían de Arroyito. Cuando llegaron, pasado el mediodía, todos marcharon hacia la casa de gobierno. Un sector se quedó allí y otro se dirigió hacia el puente que durante una semana permaneció cortado.

Que se vaya Sobisch”

Ese miércoles el único funcionario provincial que intentó ofrecer algún tipo de explicaciones acerca de lo ocurrido fue el subsecretario de Seguridad, Raúl Pascuarelli.

El jueves 5 se realizó la asamblea de Aten Capital con la participación de 920 docentes que decidieron la continuidad del paro. Ese mismo día, Sobisch ofreció una conferencia de prensa en la gobernación que fue rodeada por un millar de manifestantes. El gobernador pudo salir por medio de un operativo vestido como policía y rodeado de efectivos en una camioneta de la fuerza que sorteó el cerco de manifestantes tras lanzar algunas granadas lacrimógenas.

Esa noche los médicos desconectaron a Carlos Fuentealba del equipo que lo mantenía respirando. Una marcha de 5.000 personas acompañó a los familiares del docente. En el silencio de la movilización se escondía la congoja, la bronca y el desconcierto.

El lunes siguiente se realizó una movilización de una magnitud excepcional en la provincia que repudió el asesinato. Ese 9 de abril congregó a unas 25.000 personas -según los dos diarios regionales. En el acto la compañera de Fuentealba, Sandra Rodriguez, dió un fuerte y emotivo discurso. “Al señor gobernador, como le dicen algunos, que dio la orden, quiero decir que fue como jalar el gatillo. Si es responsable, como dijo, y si le duele tanto que mi Carlos, el maestro haya muerto, su deber moral es renunciar”, reclamó. Por su parte, el secretario general del sindicato, Marcelo Guagliardo, llamó a mantener la escuela cerradas.

Desde esa fecha, la mayoría de las escuelas de la capital (incluidas varias de gestión privada) permanecieron cerradas. Con el transcurso de los días y tras la primera semana algunas instituciones privadas comenzaron paulatinamente sus actividades pero la mayoría de los establecimientos continuó con la medida.

La bronca se demostró de distintas formas y durante casi un mes: manifestaciones diarias, varios escraches por día y corte de los puentes Neuquén-Cipolletti y Centenario-Cinco Saltos en simultáneo con un acampe rodeando la Casa de Gobierno.

Obreros de Zanón, trabajadoras de la Salud (otrora modelo nacional y entonces “en crisis”), empleados y empleadas estatales y judiciales en reclamo de un salario digno, estudiantes de la universidad que hacía un año mantenían inactivo el Consejo Superior solicitando la democratización del gobierno de la Unco y diversos partidos políticos, entre tantos se sumaron al reclamo de las y los docentes de “que se vaya Sobisch”.

El asesinato del docente Carlos Fuentealba generó un conflicto social de dimensiones inusitadas que cuestionó duramente al Poder Ejecutivo provincial y, en particular, al mandato del gobernador Jorge Omar Sobisch. Tras la muerte del docente, distintos reclamos particulares se encolumnaron detrás de la consigna “Fuera Sobisch” y, posteriormente, la de “Juicio y castigo a los responsables políticos, materiales e ideológicos”.

El 10 de abril el gobernador anunció la renuncia de la ministra de Seguridad y Trabajo Susana Arévalo y del ministro de Empresas Públicas a cargo de la cartera educativa Alfredo Estévez. También separó de su cargo al subsecretario de Seguridad Raúl Pascuarelli y al jefe y al subjefe de Policía. Sobisch nombró a su Jefe de Gabinete, Jorge Lara, también como Ministro de Gobierno, Educación y Justicia.

El desenlace

El 11 de abril se levantaron los cortes en los puentes y se concentró la actividad en el acampe que rodeaba la Casa de Gobierno. Se reunió una coordinadora intersindical con presencia de gremios nucleados en la CTA y en la CGT que acordaron exigir la renuncia de Sobisch. En una segunda reunión estuvo presente la segunda línea de dirigentes de gremios con mucha fuerza y vinculación con el MPN como el de Petrolero Privados.

Aten rechazó al ministro Jorge Lara como interlocutor válido por considerarlo responsable del fusilamiento por su condición de jefe de gabinete al momento del asesinato.

El jueves 12 se realizó una marcha por los 10 años del fusilamiento de Teresa Rodríguez en Cutral Co.

Al día siguiente, 1.500 personas participaron de la asamblea de Neuquén Capital. Se votó a favor de levantar las consignas de “Juicio y castigo” y “Que se vaya Sobisch” y de solicitarle al Estado que presente una propuesta por escrito, sin mesa de negociación. El ministro Lara fue internado por una neumonía.

El sábado, el candidato a gobernador por el MPN, Jorge Sapag, ofreció una conferencia de prensa a agenda abierta. “Sobisch debe completar su mandato”, tituló el diario Río Negro y “Trabajaremos por la paz social”, tituló La Mañana Neuquén.

El lunes 16 de abril el gobierno provincial inició una serie de acciones tendientes a desgastar la medida de protesta: firmó un decreto de aumento salarial, inició una fuerte campaña publicitaria y de prensa y envió a su estructura de punteros a abrir las escuelas. Ese mismo día se realizó una marcha de unas 15 mil personas.

El 17 la asamblea primero y el plenario después decidieron no aceptar el decreto de aumento porque achataba la escala salarial. Y el MPN convocó a padres a “mantener las escuelas abiertas”.

El jueves 19 de abril el gobierno decretó la “emergencia educativa”, por la que –como había anticipado la subsecretaria de Educación, Mara Álvarez– el Ejecutivo estaba facultado para nombrar suplentes en los colegios donde faltasen docentes y así asegurar el derecho a la educación de los niños. La medida comenzaría a tener vigencia desde el siguiente lunes y -aseguraban- no se violaba el derecho a huelga.

El 20 de abril la asamblea decidió proponer un interlocutor válido para la mesa salarial y sostener el paro hasta el 24 con evaluación. Se aceptó la negociación con el ministro de Hacienda, Claudio Silvestrini. Continuó la vigilia rodeando la Casa de Gobierno.

El 21 se acordó realizar una mesa de negociación. Además, el gremio realizó una presentación judicial sobre la inconstitucionalidad del decreto de Emergencia Educativa. El lunes 23 el Gobierno convocó a los representantes docentes a reunión en una iglesia. Sin acuerdo sobre el punto de la recomposición salarial, se pasó a cuarto intermedio.

La escena se repitió el martes 24. Al otro día los docentes en asamblea votaron no permitir más cuartos intermedios para apurar la resolución de la mesa salarial. Sostuvieron el paro hasta el 27El 26, la mesa acordó una propuesta de mejoramiento salarial.

El viernes 27 las asambleas aprobaron la propuesta “con exigencia de modificaciones pero sin condiciones”. Luego se reunió nuevamente la mesa de negociación y se firmó el acuerdo.

Durante casi un mes la gobernación provincial estuvo rodeada de carpas y actividades en repudio del asesinato y solicitando la renuncia del gobernador acusado de ser el responsable político. El viernes 27 de abril, tras la decisión oficial de ofrecer un aumento salarial que no “achatara” más la carrera docente, el plenario de secretarios generales de Aten decidió por 13 votos contra 6 levantar el paro y el acampe.

El 30 de abril comenzaron las clases en casi todas las escuelas. Sin embargo, hubo serios problemas para volver al dictado normal de clases en las escuelas que estuvieron tomadas por padres y punteros del partido provincial.

You must be logged in to post a comment Login