MEXICO: PAREN AL MUNDO PARA BAJAR AL LOCO

 

Por Gerardo Fernández Casanova, Resumen Latinoamericano, 8 marzo 2017.-

Diría la muy ilustre, ilustrada e ilustradora Mafalda: “Paren al mundo que me quiero bajar” como una expresión de repudio a toda la injusticia que, desde siempre, ha caracterizado al planeta Tierra. La circunstancia actual obliga a parafrasearla en sentido inverso, se trata de parar al mundo para bajar al loco, de manera que, aunque injusto, por lo menos se mantenga vivo para tener materia que transformar. El riesgo es real y ya no caben las especulaciones respecto de si Trump atemperaría su discurso una vez instalado en la Casa Blanca; todo lo contrario, el troglodita es cada día más enfático en sus excentricidades que, por lo pronto, quebrará el sostenido equilibrio bipartidista del imperio, pero que se llevará al mundo entero entre las patas.

Es preciso no caer en confusión: Trump dice que hay que acabar con la maldita globalización y yo coincido; dice que el libre comercio ha sido un instrumento al servicio de unas cuantas empresas transnacionales, y también coincido; dice que hay que terminar con la corrupción del stablishment de Washington y de la prensa venal, esa que sataniza a los gobiernos progresistas de Nuestra América, y estoy de acuerdo. La profunda diferencia es que yo postulo lo mismo que Trump pero para dar lugar a otro mundo posible en que priven la justicia, la libertad y la solidaridad, mientras que lo que ese animal pretende es recuperar la fortaleza del imperio con toda su impronta de miseria y sufrimiento para el resto de los mortales.

Una querida amiga me hizo recordar aquella tira de humor negro que publicaba la revista Proceso: “Boogy el Aceitoso” que era un nefasto sujeto veterano de alguna de las muchas guerras por la “defensa de la democracia” implantadas por el Tío Sam alrededor del mundo. El protagonista es el prototipo del yanqui supremacista y violador de cualquier norma que se le atravesara, con un arma en las manos salpicaba metralla y sangre que rebasaba la página de la revista para provocar la náusea. Su más aventajado discípulo, “Dony el Mierdoso” se hizo presidente de los Estados Unidos y reparte sus violentas amenazas por todo el mundo.

Esta semana advirtió, en un discurso elaborado, no sólo en su acostumbrado Twitt, que hará a un lado todos los acuerdos de armas de destrucción masiva, para reemprender la locura armamentista y ser suficientemente temido por sus posibles adversarios; justo cuando se conmemora el 50 Aniversario de la firma del Tratado de Tlaltelolco por el que se declara a América Latina como espacio libre de armas nucleares, impulsado por la, entonces honrosa, diplomacia mexicana para contribuir al desarme mundial, lo que hizo mérito y pertinencia al Premio Nobel de la Paz, en la persona de Don Alfonso García Robles.

La película aún está en circulación y nadie puede darse por no enterado: Trump es la misma historia de Adolf Hitler vuelta a rodar y difundir. El cometido de la Organización de las Naciones Unidas está siendo puesto a prueba por un descendiente del Tío Sam bien pasado de las peores drogas sicotrópicas, además de comprobadamente insano mental, según siquiatras de reconocido prestigio. Hay que bajarlo del barco desde ya, antes de que lo haga estallar y nos lleve a todos al meritito carajo.

Tengo que admitir que es un derecho que sólo corresponde a los pinches gringos elegir a su presidente; pero se están rebelando ante el enorme riesgo de multiplicar la superficie del cementerio de Arlington, donde alojar la multitud de restos mortales de sus hijos mandados a la guerra por un sicópata. La prensa norteamericana, la impoluta que sostiene a la famosa Sociedad Interamericana de Prensa y miente con todos sus dientes cuando de luchas emancipadoras se trata, está siendo ofendida por Dony el Mierdoso y tiene muy aceitados los mecanismos de desestabilización que ha empleado a nivel planetario, podrá ahora usarlos en su propio país, aunque no exista la famosa embajada yanqui en su suelo.

Hay que parar a Trump y a todos sus seguidores del neofascismo en Europa y en la propia América Latina, comenzando por Macri, Temer y la oligarquía venezolana, parando al mundo si hace falta.

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