Oriente Medio, foco de atención imperial/La frontera de fuego afgano-pakistaní/Daesh abandona la ciudad siria de Palmira.

Rasoul Goudarzi*/Resumen Medio Oriente/HispanTV, 2 de marzo de 2017 – Distribuidos en los dos continentes más grandes del planeta, los países de la región de Oriente Medio eran, son y seguramente serán testigos de avatares y altibajos trascendentales por su situación geopolítica.

Los enormes recursos naturales y fuentes de energía acumulados en el Oriente Medio como un tesoro brillante llaman la atención y a lo mejor provocan la avaricia de los poderes del mundo.

Así que a lo largo de la historia, particularmente en los siglos 19 y 20, esta región experimentó conflictos y tensiones muy fuertes en que el número de vidas perdidas no es calculable. Pero quizás los cambios registrados durante los últimos años en la zona se consideran los más importantes y jamás visto en la historia.

Las potencias occidentales encabezadas por EE.UU. se concentran en el Oriente Medio y justifican su aventurismo peligroso en esta región bajo la fachada de unos conceptos humanitarios que incluyen la lucha contra el terrorismo, la democracia y los derechos humanos.

Sin embargo, no traen todo esto en papeles de regalo, los imponen con su propio método: sabotaje, saqueo y sanción y por fin tocar el tambor de guerra. En este contexto se entienden planes o, mejor dicho, complots planteados por la Casa Blanca. “El gran Oriente Medio” es uno de ellos, plasmado en 2003 por el entonces presidente George W. Bush. Un truco para aumentar la penetración estadounidense en la región que, por supuesto, buscaba garantizar la seguridad de su aliado expansionista, el régimen israelí que a su vez tiene una idea similar: Israel del Nilo al Éufrates.

En el marco de los mencionados planes caben una reconciliación entre árabes e Israel y el debilitamiento de los gobiernos regionales, provocando la atomización de sus territorios. En este sentido, inventaron guerras demonizando al Islam y se aprovecharon de los colectivos extremistas que carecen totalmente de los principios islámicos.

De este modo, el imperialismo logró dibujar una perspectiva ideal, según su pensamiento, a costa de eliminar a algunos de sus aliados incondicionales, entre ellos, Sadam Husein en Irak.

Por otro lado, la resistencia antimperialista dentro y alrededor de los territorios ocupados de Palestina alteró considerablemente las conspiraciones estadounidense-israelíes, convirtiéndose en un dolor de cabeza para sus dirigentes. Repetidas agresiones a tierras palestinas, El Líbano y en especial una sangrienta guerra contra Siria fueron redactadas como receta para superar el reto.

Aunque Washington y Tel Aviv contaban con apoyo logístico, militar y financiero de sus socios fuera y dentro del Oriente Medio como Reino Unido, Francia, Arabia Saudí, Catar y Turquía, pero no calcularon bien las capacidades disuasivas de otros protagonistas en el escenario geopolítico de la zona, es decir, Irán y Rusia. Obviamente estos dos últimos tienen intereses y estrategias diferentes cada uno, sin embrago, coinciden en la necesidad de frenar la obsesión colonialista de EE.UU. y comparten un lineamiento común frente al nuevo orden mundial a la americana.

Los planes de EE.UU. no le brindaron resultado que deseaba junto con sus aliados y dejaron un efecto bumerán. Múltiples atentados terroristas ocurrieron en Turquía, Francia e incluso en suelo norteño. Además se desencadenó un flujo insoportable de refugiados hacia las fronteras de Europa que conlleva con si mismo sus consecuencias. La primera potencia mundial sale más desprestigiada, los aliados europeos se ven más afectados que nunca y su gendarme israelí en la región no se siente seguro.

¿Entonces qué remedios se quedan? El régimen israelí debe ser conservado. En medio de la expansión ilegal e inhumana de los asentamientos, Washington vuelve a anunciar una vieja decisión de traslado de su embajada en Tel Aviv a Jerusalén, Al-Quds. La medida es rechazada incluso por algunos dirigentes moderados de Palestina.

Se cree que el controvertido plan reiterado por Donald Trump durante su campaña electoral originará el fracaso total del llamado proceso de paz en el Oriente Medio. No obstante, tal proceso nunca se ha acercado a un resultado debido a los afanes de los israelíes. Cabe recordar que jamás aceptaron volver a las fronteras de 1967, ni el derecho al retorno de los desplazados palestinos. En verdad no existía oportunidad alguna para que el conflicto alcance un final feliz, según los criterios de la fuerza ocupante.

A estas condiciones hay que agregar el asedio eterno de la franja de Gaza y los esfuerzos de Israel para judaizar y llevar adelante un cambio demográfico en la tierra palestina.

Y la administración estadounidense aboga y promete reconocer a Jerusalén como la capital israelí. Sí, Israel es el eslabón vital de una cadena con lo cual EE.UU. busca poner bajo su control toda esta región dorada. Pero muy claramente comete errores en sus ecuaciones y no quiere considerar correctamente la fuerza de la resistencia que ya no se limite al mapa palestina. Quizás todos los gobernantes de la región no se atreven a denunciar la hostilidad imperial contra el Oriente Medio, pero el espíritu y la conciencia de los pueblos toma cada vez más fuerza y obstaculizan las conspiraciones.

Y no hay que olvidar que al contrario de la voluntad de los aliados de Israel, un fuerte sentimiento de solidaridad hacia Palestina y su histórica causa se está reforzando en los países occidentales. No lo pueden parar, razón por la cual advierten del antisemitismo y tratan de hacer confundir el carácter sionista del régimen israelí con el judaísmo. Ésta es su hipocresía que la denuncian, incluso los rabinos judíos.

Sí, la ideología, la religión, la política, la fuerza y la plata todos deben estar al servicio de los autodenominados dueños del universo para no perder el tesoro inolvidable que es el Oriente Medio, sin embargo, les costó y cuesta mucho ya que éste no es un cebo que lo puedan digerir sin problema.

*Rasoul Goudarzi Periodista y analista internacional, Master en Relaciones Internacionales de la Universidad Azad de Irán. Especialista en temas principalmente de Oriente Medio e Irán. Es colaborador de varias cadenas de noticias internacionales.

La frontera de fuego afgano-pakistaní

Guadi Calvo*/Resumen Medio Oriente, 2 de marzo de 2017 – Tras el atentado revindicado por el Daesh pakistaní, Wilayat Khorasan, al templo sufí de Sehwan Sharif en el sur de Pakistán el 16 de febrero pasado, que dejó 88 muertos y 343 heridos, las autoridades de Islamabad decidieron cerrar los pasos de Torkham y Chaman, en la provincia suroccidental de Baluchistán, que se comunican con Afganistán, intentado presionar a Kabul para que incentive su lucha contra el extremismo tanto del Daesh como el Talibán que, según Islamabad, huyen a Afganistán tras producir ataques en el país.

La medida agrava todavía más las deterioradas relaciones entre Islamabad y Kabul, tensionadas por la guerra que se libra de uno y otro lado de la frontera contra el integrismo religioso, además de las sospechas pakistaníes de que el presidente Ghani, desde su llegada al gobierno afgano en 2014, no sólo opera a favor de India, sino también con los grupos separatistas de Baluchistán, los dos puntos más conflictivos de la política de Islamabad más allá del terrorismo integrista.

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La crisis ha provocado que ni el presidente Ashraf Ghani, ni el poderoso presidente ejecutivo Abdullah-Abdullah asistan a la decimotercera cumbre de integración regional de la Organización de Cooperación Económica (ECO), que comenzó el 1 de marzo en la capital pakistaní; a excepción del Ghani y el presidente de Uzbekistán llegarán las máximas autoridades de los diez países miembros: Irán, Turquía, Kazajstán, Kirguistán, Azerbaiyán, Tayikistán, Afganistán, Uzbekistán y Turkmenistán y el anfitrión Pakistán, y discutirán sobre políticas de comercio, transporte y energía. A pesar de que la cumbre es vital para la crítica situación económica afgana, Kabul decidió enviar una delegación de segundo orden, encabezado por su embajador en Pakistán Omar Zakhilwal.

Por el aumento de la actividad extremista en ambos países es que el Primer Ministro pakistaní Nawaz Sharif, ha optado por una nueva política respecto a la frontera afgana, como la construcción de vallas con el fin de obstaculizar el cruce de integristas al país.

También el ejército de Pakistán, en el marco de la operación Raddul Fasaad, lanzada en junio de 2014 con el fin de contener las acciones tanto de Wilayat Khorasan como del Tehreek-e-Taliban Pakistan (TTP), desplegó artillería pesada en las zonas Chaman y en el marco, incrementado los patrullajes en los siempre conflictivos sectores de Waziristán del Norte y del Sur, en la región de Peshawar, la capital salvaje de Pakistán. Aunque desde la independencia de Pakistán en 1947, Waziristán nunca a ha sido leales ni a Afganistán ni a Pakistán, su juego ambivalente tampoco le ha redituado grandes logros.

El cierre de los pasos fronterizos ha generado protestas por parte de Kabul, que presentará una queja ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) ya que le acarrea un perjuicio diario de cerca de 4 millones de dólares. Se estima que a lo largo de los 2430 kilómetros de frontera entre los dos países han quedado varados más de 5 mil vehículos, en su mayoría con carga perecedera.

A la vez centenares de afganos han quedado atrapados en la frontera, muchos ellos estaban allí para recibir atención médica en hospitales pakistaníes, que no pueden volver a sus casas.

La crisis es de muy difícil resolución ya que más allá de las operaciones militares en marcha y los furtivos y esporádicos ataques con drones norteamericanos en los lindes entre Pakistán y Afganistán, nada se resuelve mientras Islamabad sostenga y tolere la mezquitas y madrassas wahabitas, verdaderas fábricas de extremistas, que desde la época de la guerra contra la Unión Soviética en Afganistán, miles de esos centros se abrieron en Pakistán con fondos de Arabia Saudita.

En 2001, un informe del Banco Mundial estimó que no había menos de 20 mil madrassas, no todas ellas wahabitas, a las que asistían 2 millones de talib (estudiantes del Corán); el mismo informe revelaba que más del 20% de esos estudiantes estaban recibiendo entrenamiento militar.

Una de las madrassas más importantes del país es la Darul Uloom Haqqania, de cuyos seminarios emergieron, entre otros muchos jefes talibanes, nada menos que su fundador el mullah Mohamed Omar y su sucesor el mullah Akhtar Mohamed Mansur.

Afganistán la muerte en la calles

Mientras Pakistán intenta echar toda la culpa del accionar de las lashkar (brigadas) extremistas en su territorio a Afganistán, este país se encuentra sometido a constante ataques del Talibán, que ya no solo asolan el interior de las provincias, sino que sacuden, a su antojo, las calles de Kabul, e incluso aventurando a sus shahids (mártires) en los edificios de la seguridad afgana.

Como una respuesta a la muerte del mullah Abdul Salam Akhund, responsable del talibán en la provincia de  Kunduz, y el estratega del asaltó a la capital provincial en agosto de 2015, cuando fue alcanzado, junto a otros ocho combatientes, entre ellos el temible Qari Amin, por un dron norteamericano en la ciudad de Dasht-e Archi, provincia de Kunduz, este último domingo se han iniciado una serie de ataques, que por parte del talibán que pueden prolongarse durante días.

Este lunes un infiltrado talibán en la fuerza policial ejecutó a once policías en un puesto Lashkar Gah en la provincia de Helmand. El terrorista ejecutó a los 11 policías mientras dormían, para después escapar con armas y municiones.

En Helmand, provincia fronteriza con Pakistán, centro del cultivo de amapola para la producción de opio, al sur del país, se prologa una dura batalla desde mediados de 2016, con la participación de la temible Sara Khitta (Brigada Roja) compuesta por veteranos de Tayikistán, Turkmenistán, Uzbekistán, Azerbaiyán, Pakistán y Chechenia. Algunos de ellos son veteranos de los diez años de guerra (1999-2009) contra el ejército ruso en Chechenia. La prolongación de esta batalla ha obligado a Estados Unidos, a enviar al sector 1800 infantes de Marina y de la División Aerotransportada 101, sin contar el personal de la CIA que actuar en los dos lados de la frontera.

En la mañana del día miércoles primero de marzo, el Talibán realizó dos ataques simultáneos en un centro de reclutamiento policial, en la ciudad de Kabul, que dejaron casi 40 muertos y 55 heridos. La operación ya ha sido reivindicada en la red social Twitter por los hombres del mullah Haibatullah Akhundzada, el actual líder talibán.

El ataque fue perpetrado por un terrorista suicida que hizo estallar un coche bomba en un pasaje que daba a los fondos de la repartición, en el distrito seis de la capital, lo que dio oportunidad a otros cuatro atacantes para entrar disparado. El tiroteo entre los atacantes y las policiales duró más de cinco horas.

El segundo ataque se llevó a cabo contra la principal agencia de inteligencia afgana, la oficina del Directorio Nacional de Seguridad en la zona policial número 12, en el este de la capital, que dejó un muerto y cinco heridos.

A lo largo de 2016 las bajas entre las fuerzas de seguridad afganas sobrepasaron los 7500 hombres, según el Inspector Especial General para la Reconstrucción de Afganistán (SIGAR), que también informa que el talibán ya controla un 43 % del país.

La crítica situación afgana y la creciente actividad extremista en Pakistán han puesto a su extensa línea fronteriza en alerta roja, tan roja como el fuego.

*Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC.

 

Daesh abandona la ciudad siria de Palmira

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