Bolivia debate la «mentira» que hizo perder a Morales el referendo del 21F

Por Coco Cuba, La Paz, 20 feb (ABI).- Bolivia debatirá el martes el resultado y sus consecuencias del referendo que a su presidente, Evo Morales, negó la facultad de volverse a postularse al cargo en 2019, con llamados a manifestaciones de quienes creen que el resultado fue determinado por una «mentira» montada contra el mandatario y, por otro lado, de los que defienden a rajatabla el triunfo del No.

Camino a celebrar el aniversario 35 de restaurada la democracia boliviana, adherentes del Presidente se convocaban en La Paz y otras ciudades del país para denunciar, en las calles, que el escueto triunfo del «no» (51%), hace un año, fue sustanciado por una trama, tejida por la oposición local, medios, periodistas que la apuntalan y hasta poderes extranjeros.

Lo mismo, la oposición de derechas convocaba a salir a las calles contra la posibilidad de que Morales vuelva a postularse a la Presidencia, bajo el argumento de que la voluntad expresada en las urnas para que Morales no se postule a las elecciones de finales de 2019, no tiene vuelta.

La oposición de derechas a Morales pregona como verdad indiscutible que «el pueblo dijo «no»» a la nueva postulación de Morales el 21 de febrero, pero olvida al 49% restante que votó por el «sí», o lo excluye olímpicamente del concepto «pueblo».

Legisladores de oposición y sus voceros exaltan el principio jurídico de la «preclusión», para gritar a los cuatro vientos que se trata de un capítulo cerrado.

Mientras que el oficialismo boliviano, fundado en que encuestas precedentes al referendo del 21 de febrero de 2017 daban claro ganador del referendo al gobernante, defiende que la voluntad de parte de 51% que votó «no» fue torcida por una campaña mediática negativa, urdida contra Morales y basada en una «mentira» «monumental», que fue despejada por investigaciones judiciales posteriores.

Se trata de una trama que a días del referendo buscó hacer saltar por los aires la popularidad de Morales y que lo consiguió en parte.

Morales venía de ganar con 54% de los votos las elecciones de octubre de 2014 para gobernar hasta el 22 de enero de 2020.

Una mujer, vinculada sentimentalmente a Morales en 2007, fue utilizada para horadarle, al punto que hizo aparecer un presunto hijo de ambos y que ella gozaba, al calor de ese vínculo, de una suerte de favores de poder.

El curso de los hechos describe que el exjefe de los servicios de inteligencia bolivianos a principios de la década de los «90 del siglo XX, Carlos Valverde, devenido en periodista, fervorosamente opuesto a Morales y su gobierno progresista, salió a la luz pública para denunciar, días antes del plebiscito, que el gobernante había tenido un hijo fruto de una relación con la señora Gabriela Zapata y que ella traficaba influencias, en virtud de aquello, y que hasta servía contratos de una empresa china con el Estado.

Investigadas las cosas, se descubrió que la mujer había falseado la existencia del vástago, que nunca nació, cuando Morales, sorprendido en su buena fe esos días, aceptó, raptado por la duda razonable, someterse a la prueba de ADN luego la mujer, asesorada por abogados y financiada por opositores criollos y extranjeros, hizo aparecer a la luz de los medios un muchacho que resultó ser nieto de una tía suya, que tampoco resultó serlo.

Apenas la cadena de televisión estadounidense CNN, que hasta destacó a un enviado a La Paz, alzó los brazos del follón mediático alzado contra Morales, una juez desentrañó la trama, que la prensa internacional describía como un «culebrón» y estableció que, en todo caso, se trataba de la figura delictiva de trata de menores.

Pocas semanas después del referendo, cuyo resultado Morales acató, pese a ser la primera de 10 consultas que perdía en las urnas, por una diferencia de 60.000 votos, de un padrón electoral de poco más de 6,2 millones, el mismo Valverde salió por televisión a asegurar, de plano,  que el hijo, de cuya existencia había mostrado documentos formales, como el certificado de nacimiento, no había nacido.

Una pesquisa legislativa, realizada entonces por opositores y oficialistas, tampoco pudo hallar evidencias que Morales había incurrido en el delito de tráfico de influencias al colocar a Zapata como alfil en una empresa china de construcciones.

Un investigador argentino, Andrés Sal.Ari, hurgó meses más tarde entre periodistas y medios bolivianos que difundieron la denuncia de Valverde como hecho consumado y dijo haber encontrado, en un documental de 2 horas basado en entrevistas e investigación hemerográfica y en vídeos, que lo que lo que había volcado la preferencia política contra Morales fue la clínica del rumor que siguió a la denuncia infundada de Valverde y al fuego atizado por televisoras, radios y periódicos que traslucen su adversación al gobernante indígena de izquierdas que en una década de gobierno ha revuelto la historia de casi 180 años de frustraciones económicas y sociales de Bolivia.

Lo mismo, una empresa, Estudios y Encuestas, publicó en agosto pasado, en el diario El Deber, el de mayor tirada del país, que más de 50% de sus consultados reconocían haberse dejado influir por la trama mediática, que hizo efusión en las redes sociales.

La exministra de Transparencia, Lenny Valdivia, denunció con pruebas, en un libro, que Zapata mereció, no obstante su encierro, por legitimación de ganancias, al menos un millón de dólares, pingües para una mujer, devenida en próspero empresario, de 27 años, sin logros profesionales ni académicos ni tradición económica familiar, la otorgación de la visa a Estados Unidos.

El Gobierno ha apostillado a periodistas, medios, políticos y abogados que se emplazaron contra Morales, como el «cartel de la mentira».

En medio de polarización y afiebradas las redes sociales, donde incuban como verdades los hechos y dichos que no lo son, Bolivia intentaba digerir, después de rumiarla a lo largo de un año, la versión de Zapata, que guarda encierro, desde donde el domingo admitió que no procreó hijo alguno con Morales, que el gobernante no conocía su relación laboral con los constructores chinos,  y que sus dichos y acusaciones, que transversalizaron el clima de opiniones pública, se basaron en las instrucciones de los abogados y un equipo de políticos vinculados al acaudalado Samuel Doria Medina, jefe de la principal formación de oposición en el Legislativo.

«Mi conclusión de las palabras de la señora Zapata es que en la boca del mentiroso lo cierto se hace dudoso. No creo que esta señora pueda ser creíble por lo de antes», dijo el ministro de la Defensa Remy Ferreira.

Doria Medina y el abogado Eduardo León, que defendió a Zapata hasta desvelado el caso, que pareció impactar contra el sistema democrático y la inteligencia emocional de los bolivianos, salieron a denunciar a la mujer, tristemente célebre por su inopinado protagonismo en el caso, y a tildarla de «mentirosa».

En esa línea se condujo la oposición a Morales que descreyó a quien creyó a fe ciega hace un año.

Zapata, a quien defendieron a fe y fuego los opositores a Morales hace un año como hoy y cuya declaración en televisión, el domingo generó una gran expectación en los públicos bolivianos, se halla librada de la mano de Dios tras de rejas.

La Policía ha emplazado a 11.000 policías en todo el país para suprimir los riesgos de brotes de violencia.

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