Argentina. Los Montoneros que enfrentaron al Sistema. Lealtad al cambio social

 
“Gracias a la lucha de los organismos de derechos humanos y a que este gobierno tomó la causa de la justicia en sus manos ya tenemos a la mayoría de los represores juzgados y presos. Ya es hora de debatir seriamente entre nosotros qué nos pasó, qué errores cometimos para llegar a tan terrible derrota. De lo contrario tanta muerte habrá sido en vano. Si no podemos sacar una enseñanza de nuestros errores, de nuestra derrota, ¿qué enseñanza iremos a dejar a las futuras generaciones?”
Aldo Duzdevich, autor del ensayo “La Lealtad. Los montoneros que se quedaron con Perón”. 

 

Perón y “la conducción indiscutible”

 

Por Jorge Falcone, 7 de septiembre 2015, Día del Montonero.- El 25 de mayo de 1973 Héctor Cámpora asumió la presidencia de la Argentina poniendo fin a la dictadura iniciada con la autoproclamada Revolución Argentina. En medio del festejo, un hecho marcó el inicio del penoso desencuentro entre Perón y la Tendencia Revolucionaria: el Devotazo, bajo la consigna «a cada guerrillero lo espera su fusil», ensayó la legitimación de la violencia, a riesgo de comprometer al nuevo gobierno democrático. Ello significó un punto de inflexión para algunos militantes que empezaron a cuestionar dicha orientación. Tales hechos hicieron recrudecer la discusión interna, pero sería el asesinato de José Ignacio Rucci el hecho que aceleraría la fractura. Muchos de los jóvenes que otrora adhirieran a los postulados de la Actualización Política y Doctrinaria para la Toma del Poder (el subrayado es nuestro pero el concepto pertenece al Líder) prefirieron resignar las armas y formar la JP Lealtad y Montoneros Soldados de Perón.

 

El genocidio que a posteriori diezmaría a una generación de argentinos adquirió una envergadura equivalente a la acumulación de fuerza popular organizada que amenazara al poder durante las luminosas jornadas de los primeros setentas. El saldo del mismo en el imaginario popular no sólo obturó por mucho tiempo un necesario debate capaz de echar luz sobre aquel período, sino que propició una cultura del desencanto que en ciertos sectores militantes hasta llegó a poner en tela de juicio qué intereses vino a defender el más grande estadista argentino del Siglo XX.

 

Cundieron pues testimonios como el atribuido al Dr. Antonio J. Benítez – ministro de Cámpora, de Perón y de Isabel – que habría presenciado, durante la presidencia de Perón, reuniones de gabinete en las que se mostraban diapositivas de personas de ideología marxista y se elaboraban listas de futuras víctimas o se decidía en ese momento su asesinato. «Al parecer, reuniones de este tipo solían realizarse en el comedor de la Casa Rosada«, sostiene el periodista Eduardo Gurucharri, en su biografía del mayor Bernardo Alberte. Y añade: «Benítez refiere que López Rega y el comisario Villar exhibieron fotografías y nombraron personalidades políticas que deben ser depuradas de la infiltración marxista. Entre los nombrados están el propio Duhalde, el abogado Mario Hernández y Alberte. Benítez dijo que Perón se limitó a escuchar, sin aprobar ni desaprobar a quienes aludieron a la necesidad de operar por izquierda«.

 

Pero a la hora de intentar una mirada crítica responsable sobre aquellas circunstancias, emergen hechos estratégicamente más graves y menos conjeturales que el anterior: Aquel mismo 25 de mayo de 1973, el general Jorge Carcagno fue designado Comandante General del Ejército por el presidente Cámpora. Terminaba de esta forma más de una década de conducción institucional por parte de oficiales de caballería. La comandancia de Carcagno estuvo a tono con las líneas políticas trazadas por Cámpora en los primeros meses de gobierno del FREJULI. En ese sentido, los hechos más destacados de la gestión Carcagno – que duró apenas siete meses – fueron el operativo conjunto de acción cívica entre el Ejército y la Juventud Peronista, conocido como Operativo Dorrego; la expulsión de las misiones militares francesa y norteamericana en Buenos Aires; y el discurso pronunciado en Caracas, durante la Xº Conferencia de Ejército Americanos, que significó una ruptura con las tradicionales posiciones del Ejército Argentino y un acercamiento a los planteos del gobierno revolucionario peruano encabezado por el general Velazco Alvarado. Aquella conducción de Carcagno calificaba a las empresas trasnacional como enemigas del pueblo y no así a los grupos subversivos, como se nos llamaba entonces. Eso cambia con el desplazamiento de Carcagno, a fines del 73, cuando por decisión del propio Perón toma la conducción el general Anaya. Algo muy profundo se quiebra entonces en el movimiento popular. Aquello que había contribuido a constituir una fuerza ascendente comenzaba a ser destruido. Aquí fincamos muchos uno de los peores errores estratégicos del período, toda vez que, si bien era verificable el cerco faccioso que iba padeciendo nuestro país, un frente nacional sustentado en la fuerza popular movilizada y una milicia de signo nacional probablemente hubieran logrado conjurar el baño de sangre posterior corriendo una suerte muy distinta que la que condenó al aislamiento el valeroso intento del Gral. Valle en 1956.

 

Hoy resulta incontrastable que la causa del último golpe cívico – militar genocida estuvo lejos de ser la conducta de las organizaciones armadas de la época, y consistió lisa y llanamente en la decisión unánime de los sectores dominantes de frenar a sangre y fuego el creciente reclamo de participación en el PBI por parte de una clase trabajadora cada vez más radicalizada e independiente de su dirigencia.

 

Escarmientos y capitulaciones bajo la carga de un pasado traumático

 

El exterminio de una generación de argentin@s y consecuente desmantelamiento de la conciencia crítica continúa operando sobre la sociedad con el efecto retardante de la radioactividad al cabo de la Bomba Atómica. Así, mayoritariamente cooptada por afanes cortoplacistas la franja de sobrevivientes, resulta sumamente complejo para los jóvenes con ansias de transformar la realidad desmontar un espejismo fomentado en términos excluyentemente binarios.

 

En consonancia con la crisis del neoliberalismo en la región, el tercer año del Siglo XXI nos encontraría ante la pretensión de un saneamiento institucional, una resignificación del sentido de la política, y un intento de avanzar hacia mayores cotas de inclusión social. Los motorizadores de la etapa – que hoy atraviesa cierto clivaje – serían sobrevivientes de aquella generación malograda, por entonces militantes universitarios que rompieron por derecha con la Tendencia Revolucionaria del peronismo y se acercaron al sector “Lealtad”. Verbigracia, no cargan con el oneroso antecedente de quienes fueron capaces de interpelar al propio líder en una concentración de masas cuando su gobierno adoptó un claro sesgo represivo.

 

En tanto, por señalar apenas un par de ejemplos, mientras desde hace más de doce años celebramos la instauración de los Derechos Humanos como Política de Estado, en “el lado oscuro de la sociedad” los mecanismos de autorregulación de este capitalismo dual, cada vez más aceitados, arman la mano del pobre integrado contra el pobre que no corrió tal suerte, sea este amigo o pariente, y en “el lado luminoso” se fomenta la coexistencia pacífica entre la economía agraria de mercado (sojeros) y la pequeña y mediana producción familiar, cuando es claro que uno de los nuevos paradigmas de este capitalismo global consiste en someternos a partir de doblegar nuestra soberanía alimentaria.

 

La memoria entonces constituye un espacio en disputa tan importante como el salarial. Los hechos que venimos revisando, lejos de ser inocuos, son instituyentes: Hoy en Argentina casi nadie debate el poder.

 

La experiencia popular, sin embargo, recomienda aprender del odio de clase oligárquico y su conciencia del enemigo histórico: Al jefe montonero Marcos Osatinski lo dinamitaron el 21 de agosto de 1975 en Barranca Yaco, donde el 16 de febrero de 1835 fue asesinado el General Juan Facundo Quiroga.

 

Crisis civilizatoria, capitalismo global y nuevas oligarquías

 

Mientras los medios de comunicación alienan a mucha gente y neutralizan gradualmente su pensamiento crítico, en el país y el mundo ocurren ciertas cosas muy parecidas a un Protocolo de Extinción.

 

Ya no se trata sólo de que una clase social prevalezca sobre la otra, sino de tomar conciencia de que la humanidad toda, esclava del paradigma desarrollista del progreso ilimitado, peligra en su totalidad, como lo diagnostican numerosos científicos que vaticinan que a este tren de explotación de nuestros recursos naturales el planeta no duraría más de dos siglos. La latitud geopolítica que ocupamos remite a uno de los más codiciables reservorios de riqueza alimentaria de un mundo severamente hambreado. Como ocurre en estas horas con la Venezuela bolivariana en pos del petróleo, el poder imperial vendrá sin piedad por nuestras riquezas. Los grandes movimientos nacionales del Siglo XX han cumplido su ciclo ofreciendo lo mejor de sí, el compromiso perentorio de una nueva alternativa popular consiste en ajustar su diagnóstico de la crisis civilizatoria, estudiar el nuevo perfil del colonialismo (que tanto viene comprometiendo nuestra soberanía, sobre todo a partir de los negocios con China), definir a la nueva oligarquía volcada a los agronegocios y el extractivismo (en marzo Bariloche fue sede de un reservado cónclave, que reunió a los hijos de los empresarios más poderosos del país. Mientras algunos de sus padres participaban de la cena organizada para recaudar fondos para la campaña del PRO y Mauricio Macri, en la Rural, los herederos disfrutaron de una jornada durante la cual analizaron la proyección de sus negocios, bajo el eufemismo «pensar el mañana». Según reveló el periodista Alejandro Bercovich en el diario Bae Negocios, del encuentro participaron 70 empresarios. Entre ellos, Urbano Ratazzi; Juan Pablo Bagó; Santiago Blaquier; Nicolás Braun (hijo del dueño de La Anónima); Alejandro, Patricio, Juan Martín y Marcos Bulgheroni; Eduardo Elsztain; los creadores de Olx.com y DeRemate.com; también el propietario de mercardolibre.com; Gustavo Grobocopatel; y Luis Pescarmona; entre otros), estudiar al nuevo sujeto social del cambio que – superada la era metalmecánica e imperando la telemática – seguramente ya no será exclusivamente la clase obrera industrial que protagonizara las transformaciones del pasado, y – obviamente – poner en debate las viejas ideas sobre la toma del poder.

 

Pese a tan alarmantes indicadores, en el marco de la cumbre del G-20 en Cannes (Noviembre 2011) y al encabezar un encuentro del sector empresario sobre «Seguridad Alimentaria», la presidenta Cristina Kirchner señaló que actualmente existe «un anarcocapitalismo, en el que nadie controla a nadie» (ǃ) y planteó que para cambiar la situación actual del mundo «es necesario volver al capitalismo en serio«.

 

No parecen ir en el mismo sentido las advertencias de la máxima referencia moral de Occidente: En un largo discurso pronunciado este año durante el II Encuentro Mundial de Movimientos Populares, que nuclea a organizaciones laborales y sociales de sectores menos favorecidos de varios países el Papa Francisco denunció que el «sistema» económico dominante a nivel mundial. «Ya no se aguanta, no lo aguantan los campesinos, no lo aguantan los trabajadores, no lo aguantan las comunidades, no lo aguantan los pueblos, y tampoco la hermana Madre Tierra». Por eso, consideró «imprescindible que junto a la reivindicación de los legítimos derechos, de los pueblos y sus organizaciones sociales, se construya una alternativa humana a la globalización excluyente».

 

En conclusión, no existe mayor consecuencia que la de quienes nunca dejaron de luchar ni a sol ni a sombra y en todos los frentes contra un sistema manifiestamente “enemigo de la humanidad”.

 

Es hora de que una nueva generación que se suma a la militancia despojada de las tensiones del pasado tome debida nota del escenario en que le tocará heredar esta bicentenaria lucha por la liberación nacional.-

 

JORGE FALCONE

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