Se viene el “ESTADO JUDÍO DE ISRAEL”, OTRA VUELTA DE TUERCA DEL NAZI-SIONISMO. El gobierno de Israel aprobó un proyecto de ley que margina a las minorías. Impulsan una ley del “Estado judío”

Israel/ Resumen Latinoamericano/ 24/11/2014.-  “En Israel hay igualdad para todos, pero el derecho nacional está reservado para el pueblo judío”, dijo el premier.

El borrador fue aprobado con los votos de los tres partidos de derecha y ultraderecha –Likud, Israel Beitenu y Hogar Judío–. Elimina el árabe como lengua oficial y define a Israel como Estado judío por encima del Estado democrático.

El Consejo de Ministros del gobierno que preside Benjamin Netanyahu votó el primer borrador de un polémico proyecto de ley para definir a Israel como Estado judío. La iniciativa fue aprobada con los votos de los tres partidos de derecha y ultraderecha –Likud, Israel Beitenu y Hogar Judío– y que rechazado por el partido de centro Yesh Atid, la ministra de Justicia, Tzipi Livni, y la titular de la cartera de Deportes y militante del Likud, Limor Livnat. “En el Estado de Israel hay igualdad individual para todos los ciudadanos, pero el derecho nacional está reservado sólo para el pueblo judío”, dijo el primer ministro en la apertura de la turbulenta sesión del Consejo. El proyecto de ley, propuesto por cuatro diputados ultranacionalistas, recibió 15 votos a favor y 7 en contra en una sesión en la que Netanyahu enfrentó a los gritos a Livni y a varios ministros del partido Yesh Atid, que dirige el titular del Ministerio de Finanzas, Yair Lapid.

Además de pretender definir a Israel como Estado judío por encima de su tipificación actual como Estado democrático, el proyecto daría prioridad al antiguo derecho israelita como fuente de inspiración legislativa y define el hebreo como única lengua oficial del país (ahora lo es también el árabe). El ministro de Finanzas describió la iniciativa como “una ley fatal” redactada únicamente para las primarias del Likud.

El proyecto de ley forma parte de la política del Likud y de Israel Beitenu desde la Legislatura anterior. Desde hace meses es debatido para incluirlo en una fórmula de consenso apoyada por todos los partidos en el gobierno. Por un problema burocrático en el proceso de legislación, la propuesta que aprobó ayer el Consejo de Ministros es en realidad una fusión de dos proyectos de ley individuales de la ultraderecha, primer borrador que fue girado al Parlamento (Knesset) donde será debatido nuevamente.

Una vez que el texto llegue a la comisión que lo tratará, Netanyahu espera moderar los elementos notoriamente nacionalistas a los que hace alusión el proyecto, de forma que el carácter judío de Israel sea equiparable –y no superior– a su carácter democrático, lo que podría leerse como una muestra de respeto a las distintas minorías, en su inmensa mayoría de origen árabe. El proyecto es visto con recelo por las minorías, que temen el avasallamiento de sus derechos civiles en el futuro.

“No habríamos llegado aquí si Livni se hubiera comportado de otra manera”, protestó el primer ministro al justificarse por tener que aceptar los proyectos de ley individuales, en lugar de que el gobierno consensuara uno más moderado. Comentaristas y juristas señalaron que, incluso si llega a ser aprobada por el Parlamento en su versión más dura, lo cual parece improbable, se tratará de una ley estéril, porque ni ahora ni en el futuro estará garantizada su constitucionalidad, y cualquier cambio demográfico conduciría a su anulación. Y recordaron que otras leyes ya incluyen con claridad la “judeidad” de Israel.

Los detractores señalaron que el carácter judío de Israel fue definido en la Declaración de Independencia de 1948, que señalaba “el establecimiento del Estado judío en la Tierra de Israel, que será conocido como Estado de Israel”. En base a esa declaración, que realza la igualdad para aquellos ciudadanos no judíos, se crearon cincuenta años después las Leyes Básicas del Estado, consideradas como una protoConstitución. Para Daniel Friedman, ex ministro de Justicia en el gobierno de Ehud Olmert, esta legislación declarativa no tiene la capacidad de resolver disputas sustanciales o sociales.

“En el mejor de los casos, no tendrá el más mínimo beneficio, y en el peor llegará hasta a causar un gran daño”, explicó el especialista al recordar la ley de unificación de Jerusalén en 1980, que hizo que una veintena de países que tenían sus embajadas en la Ciudad Santa la abandonaran y retirasen así su reconocimiento como capital. Para Friedman, Israel ya tiene suficientes leyes que describen el carácter del país, como la que alienta la inmigración de cualquier judío del mundo en base a su origen (Ley del Retorno) o la del himno y la bandera, que reflejan claramente los símbolos nacionales.

A su vez, advierte que frente a la explosiva situación actual, con protestas y enfrentamientos desde hace dos semanas en las calles de Galilea por la muerte de un palestino-israelí alcanzado por disparos de la policía, la ley podría causar un grave daño a las relaciones entre la mayoría judía y las minorías. “¿Qué le dirán a su familia, que es un ciudadano de segunda?”, interpeló a Netanyahu el publicista Menahem Ben, al recordar a Zidan Sayef, policía druso que murió hace unos días en combate con los terroristas que atacaron la sinagoga del barrio de Har Nof. Los drusos pertenecen a una de las minorías del país cuyos jóvenes prestan el servicio militar como cualquier joven.

 
 
Puntilla al mito de la «democracia israelí»
Editorial diario vasco GARA
Todos los Estados son libres de determinar y embellecer sus «nombres oficiales» a su antojo. Venezuela, por ejemplo, pasó a denominarse oficialmente República Bolivariana de Venezuela, Irán tomó el nombre de República Islámica de Irán. Jordania, con una denominación que sugiere propiedad familiar, hizo lo propio con el del Reino Hachemita de Jordania. Sin embargo, la nueva declaración que ayer aprobó el gobierno de Netanyahu y que pretende transformar la designación del «Estado de Israel» por la del «Estado judío de Israel» va bastante más allá que un simple e inocuo cambio de nombre. Además de obviar el status oficial de la lengua árabe, de hacer de la religión y de la jurisprudencia judías una fuente de inspiración para los legisladores, confirma la discriminación de las minorías no judías y entierra definitivamente el mito de que Israel es una «sociedad democrática, igualitaria y ejemplar».En un momento en el que las tensiones entre israelíes y palestinos están al rojo vivo y cada día más voces anuncian la posibilidad de una tercera Intifada, quienes pretenden llevar al rango de ley que Israel es un Estado-Nación del pueblo judío, con una «democracia sólo para judíos», quieren echar más leña al fuego para conseguir nuevos réditos políticos. La judeidad del Estado reemplaza definitivamente a su carácter democrático, en teoría recogido en la Declaración de Independencia de Israel. La discriminación hacia los árabes se eleva hasta la categoría de principio fundacional del Estado y la supuesta «democracia de Israel» se convierte de facto y de iure en una mayoría, por ahora, de judíos que hace lo que quiere con los árabes y los explota hasta límites insospechados.

Israel suele presentarse ante el mundo como la «única democracia de Oriente Medio». El quebranto de la dignidad y la libertad de las personas, la anexión de nuevos territorios en los que a sus habitantes no se les reconocen derechos civiles, la ocupación y el apartheid, nunca son compatibles con la democracia. Con esta nueva decisión, el sionismo israelí quiere quitar de su camino los «últimos obstáculos democráticos». Pero, con ello, se retrata ante el mundo: un sionismo así es puro fascismo.

 

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