Estado español: Por la III República, pero ¿qué República?

por Marat, 3 de junio 2014.-Éramos muchas las personas que estábamos en la Puerta del Sol ayer a las 8 de la tarde.
Como en Madrid, en otros muchos lugares de España, y no sólo de España, sino también de otros países con emigrantes españoles, los concentrados reclamábamos una III República, mucho más  allá del Referéndum que la haga posible, que conectara con la legitimidad política de la II. Si algo me pareció relevante, por encima de las banderas tricolores, los gritos de consignas y el numeroso  gentío. fue su gran diversidad humana. Personas jóvenes, mayores, de mediana edad, hombres y mujeres. Una representación de lo que es la población española estaba ayer lunes allí, sabiendo porqué estaba y lo que quería.

A pesar de que en la Puerta del Sol éramos muchos (20.000 según la policía, que siempre rebaja las cifras hasta poner al cuerpo y a la Delegación del Gobierno en el ridículo de quien ve lo opuesto a lo que los demás vemos), mi memoria de las fotografías en blanco y negro de la concentración en la misma plaza que trajo la II República me dice que entonces eran muchos más los españoles que la llenaban junto a las riadas humanas de las calles adyacentes que ayer no iban mucho más allá de Sol.

El deseo de República ha crecido enormemente en España en los últimos años, más por errores de la Monarquía que por aciertos de las fuerzas republicanas o por la revisión de la transición de la dictadura a la reforma de una democracia menor de edad, por mucho que la demanda de esa revisión se haya extendido por importantes sectores de la población, aunque estos sean más bien los más concienciados políticamente y algunos otros más críticos e instruidos.

Es lógico que así sea. Un cambio político sólo se produce cuando el régimen que va a ser sustituido está agotado. Decía Hegel que “la lechuza de Minerva sólo levanta el vuelo al anochecer”. Mi pregunta es sí ya ha caído la noche sobre la Monarquía española o aún tiene resuello y dispone de fuerzas -no políticas, sino las que de verdad deciden, el poder oscuro de quienes mueven los títeres tras las bambalinas de nuestro pequeño teatrillo nacional de calle-. O dicho de otra manera, si la voluntad del soberano, la ciudadanía, porque en un asunto como éste sí que la palabra adquiere pleno sentido y no es sólo cosa de sus representantes, aunque estos deban jugar una partida que algunos de ellos no quisieran jugar, tiene la fuerza suficiente para imponer la voz de la calle sobre el régimen de partidos de la neorestauración instaurada en la transición.

En cualquier caso, la función debe llegar hasta el final. Las fuerzas republicanas y la ciudadanía más consciente de la necesidad de dar una salida al agotamiento del modelo político instaurado en la transición deben presionar hasta hacer caer la Monarquía o lograr la convocatoria de un Referéndum sobre el sistema de jefatura de Estado.

Los acontecimientos van a producirse a una velocidad sideral en la que difícilmente podrán medirse los pasos dados y calcular previamente sus efectos, al menos por parte de las fuerzas del cambio. Serán dos o, a lo sumo, tres semanas vertiginosas con laberintos y trampas en los que gran parte de la población podría marearse y perderse, si la conexión de los partidos y organizaciones republicanas con ésta no es suficientemente estrecha y diaria. La movilización permanente durante todo el período por parte de las organizaciones republicanas, sus bases y la población más comprometida con un cambio de régimen es decisiva pero también la organización y la creación de un programa nítidamente republicano que responda a demandas no meramente cosméticas y «democráticas» sino claramente progresivas e igualitarias es clave para romper los planes de sucesión monárquica sin sorpresas.

La posibilidad de que el proceso republicano se estrelle es enorme. De entrada, los partidarios de la III República no han elegido ni el momento, ni el escenario, ni el calendario. Ha sido la propia Casa Real y, sin duda, poderes fácticos (empresariales, militares, de la comunicación,…), que desbordan el estrecho espacio de lo político conformado por el PP y el PSOE fundamentalmente, los que han marcado el campo de juego y los tiempos cuando menos se esperaba.

Por otro lado, una hipotética III República debiera dar respuesta a las aspiraciones de soberanía de pueblos de España que no se sienten bien integrados en la misma o que se alejan ya de ella porque no se reconocen en el nosotros español. Sólo una III República que reconociera esta realidad y el derecho de autodeterminación de los pueblos que conforman el Estado español podría dar satisfacción a esos anhelos. Difícil brete para un nuevo Estado español en el que son muchos quienes dejarían de prestarle su apoyo si ello conllevara la posibilidad de secesión de buena parte de los territorios que hoy aún conforman ese complicadísimo compendio que hoy llamamos España. Pero no hay otra que asumir esta realidad porque ella se impone lo queramos el resto o no. Volver a tejer complicidades donde antes otros gobiernos rompieron puentes no es sencillo pero debe intentarse a partir de la búsqueda del consentimiento de todas las partes.

En ese sentido las declaraciones de ayer de President de la Generalitat, señor Mas y de la portavoz de ERC, Anna Simo, sobre que la abdicación del Rey la posibilidad de una nueva forma de Estado en España no les concierne porque ellos están en un proceso soberanista ya sin España es mear fuera del tiesto, y no entender que si un amigo no catalán necesitan los deseos de independencia en Cataluña es precisamente a los republicanos españoles. Mucho más cauto se mostró el Lehendakari Urkullo, aludiendo a la posibilidad de que la abdicación abriese paso a atender desde el Estado español unas reclamaciones del pueblo vasco que no han sido escuchadas hasta ahora. Parece que hace algún tiempo el seny catalán emigró a otras tierras.

Pero las fuerzas conservadoras, como el capitalismo, nunca han puesto todos los huevos en el mismo saco. Eso, en bolsa, se llama diversificación del riesgo. Las teorías de la reproducción de las élites, me refiero fundamentalmente a las económicas, que son las que de verdad deciden, no dejan de lado este hecho ni su capacidad de tramar redes sociales -las del mundo real- con una amplia diversidad de intereses que les permitan disponer de suficientes cartas en juego y alternativas, de modo que su poder siempre continúe intacto bajo cualquier gobierno o forma de Estado. No siempre lo logran pero llevan una más que evidente ventaja sobre las fuerzas progresistas o las izquierdas que, hoy más que nunca, cuando las ven venir ya es demasiado tarde.

Es llamativo que un personaje como el defenestrado Pedro J. Ramírez sea, a pesar de su babeante práctica del besamanos a la Monarquía, un republicano confeso. No es el único. El ya fuera de juego, por asuntos de una biología que sólo le permite mirar desde la retaguardia como el cascarrabias liberal que es, Antonio García-Trevijano, siempre ha sido un republicano “avant la lettre”. Republicano a su modo porque su única democracia es una antipartidos en la que él mismo actuara como gran monarca sin corona de la misma. Eso no le impidió una amistad con el señor Anguita que nunca le ha hecho ascos a colaborar con cualquier tipo de la ideología que sea que le dé un poco de jabón y alabe sus virtudes republicanas y su liderazgo moral. Las últimas simpatías de este autoproclamado referente hacia otro nuevo referente “ex nihilo” much más joven, que le ha dejado ya para tomar sopitas, avalan lo que digo.

Ayer mismo, el derechista ex director del único periódico netamente monárquico, el ABC, con el permiso del pelotillero aúlico Marhuenda, se ha pronunciado a favor de un referéndum monarquía-república. Me refiero a Luis María Ansón.

Saben que si no es hoy será mañana pero que la República volverá a España levantada por un movimiento popular que vea en ella algo más prometéico que una mera forma de Estado. Y es a eso a lo que temen. Y como lo temen, se adelantan a los acontecimientos y colocan peones en todos lados. Porque ¿cómo llamarían ustedes a la elevación a la categoría de descubrimiento del siglo de una fuerza política que no existía hace 4 meses y que ha sido llevada en volandas hasta el Parlamente de Estrasburgo? La profecía autocumplida de convertir en fenómeno mediático a un partido y a alguien que no lo son, mediante la mención del nombre de ese partido y la aparición de su Mesías cada día trescientas veces y hasta en la sopa, y de continuar elevándolo tras las elecciones europeas al estrellato mundial, tal cual si hubiera ganado las europeas, anuncia claramente una operación recambio a toda velocidad por parte de las élites del poder económico, que siempre son las que están tras el mediático. Ni Felipe González y el PSOE fueron encumbrados tan rápida, tenaz y descaradamente.

Es así que, si la derecha republicana vende la monarquía como una forma de lucha contra la corrupción, la “izquierda” nacida en el tubo de ensayo del laboratorio político se empeña en vendernos una República en la que lo decisivo para luchar por ella es la soberanía y la democracia, como si por ser República tuviera que ser necesariamente más democrática, fuera del hecho importante pero insuficiente, de que el cargo de Presidente de la República no es hereditario.

No es extraño este tipo de discurso cuando al partido preexistente al actual Podemos, Izquierda Anticapitalista, el tema de la República le importaba muy poco hace apenas 4 años. Y lo sé de fuente tan directa como yo mismo. Aquí nadie me engaña ni he elegido mal la fuente a través de un enlace de Internet equívoco.

Para dicho partido la República, salvo entre algunos de sus jóvenes, que habían llegado a la militancia política en un ambiente social crecientemente republicano, era el recuerdo de la II, con el sempiterno discurso sobre el POUM y su revolución en la guerra frente al malvado estalinismo de una República burguesa, que lo fue pero en cuyo enunciado la palabra trabajadores estaba muy presente, lo mismo que en la acción política del gobierno del Frente Popular, quizá también gracias a la propia guerra.

La III República, si se busca como una institución aparentemente neutra, conciliadora de todos los intereses, por encima de la defensa primordial de la gran mayoría de la población, que es de clase trabajadora, por encima del control social de la economía, tendrá muy poco interés para muchos de quienes somos y nos sentimos republicanos.

Si el viento que impulse las velas hacia esta III República, que está por ver si lograremos, nace de nuevo de pacto entre los sectores de poder económico que han venido sosteniendo a la Monarquía y los nuevos productos políticos emergentes, más una parte de los que llevan años defendiendo esta forma de Estado alternativa, nacerá muerta porque no representará a la mayoría sino a a las oligarquías económicas que están detrás de los partidos que, en un momento u otro, son peones del capital. No será, en definitiva, más que una segunda transición pactada y de esa ración ya comimos en el pasado bastante.

Me niego a aceptar ese chantaje, pretendidamente unitarista, que busca silenciar, como hace tres años comenzó a hacerlo, todo discurso que no va por el centro de la corriente mayoritaria, que previamente ha sido diseñada para serlo. Eso de llamar divisionistas a quienes no siguen al abanderado, que diría George Brassens, me parece directamente fascista.

III República sí pero república de trabajadores de España.

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