Mensaje desde Argentina a un compañero vasco recién liberado

por Carlos Aznárez, 18 de octubre.-Este pasado 17 de octubre recuperó su libertad después de ocho años de dura prisión, un querido compañero vasco. Se llama Jagoba Terrones, y tuve el honor de conocerlo y poder disfrutar de sus conversaciones durante varios años en que me tocó vivir en el aguerrido pueblo de Berango, muy cerca de Bilbao. No es casualidad que Jagoba vuelva a casa justamente en una fecha que tiene hondo calado internacionalista, ya que con él siempre hablábamos del tema. Por un lado, en Argentina, los trabajadores y trabajadoras que no olvidan, celebran el Día de la Lealtad, en homenaje a una gigantesca gesta obrera y popular ocurrida en 1945. En Bolivia, el presidente Evo Morales proclamó este 17 como el día de la Dignidad Nacional, recordando las jornadas de lucha que terminaron con el gobierno fascista de Sánchez de Lozada, y por último, en el mundo, se recuerda el Día Internacional para la erradicación de la Pobreza.
Lo dicho: todo está enhebrado y nada es casualidad. Lealtad, dignidad y lucha contra la pobreza, han cruzado toda la vida de este joven que hoy, por fin, regresa para abrazar a su compañera, a su hijo que no pudo ver crecer como hubiera deseado, y a los cientos de vecinos de su pueblo que salieron a festejar su regreso al terruño, victorioso, íntegro. Después de haber sufrido la dispersión, el aislamiento, las palizas en los traslados, tan habituales para los prisioneros políticos que habitan cárceles españolas o francesas.
Jagoba Terrones es un luchador independentista vasco, con una lealtad inimaginable a sus ideas, y por reivindicarlas desde su puesto de combate, que no era otro que la organización Gestoras pro amnistía, de defensa de los derechos de los presos y presas,  en noviembre de 2001, fue detenido en un macro-operativo de 200 policías comandado personalmente por ese falso «defensor de los derechos humanos» llamado Baltasar Garzón,  que lo terminó enviando a la cárcel junto a varios militantes de la misma entidad humanitaria. Jagoba pasó varios años entre rejas, luego fue dejado en libertad condicional pagando una fianza de miles de euros, y finalmente, cuando se realizó el juicio, otra vez a la cárcel por largos ocho años.
Jagoba Terrones, es un hombre con una dignidad a prueba de balas, ya que en los momentos más difíciles, y en Euskal Herria no faltan oportunidades, siempre se mantuvo sereno, responsable, y sobre todo, desplegando una ternura del mismo tamaño de la que predicaba ese guerrero de la libertad que fue y es Ernesto Che Guevara.
La lucha contra la pobreza jamás fue ajena a todas las batallas que a lo largo de su juvenil militancia dio Jagoba. Porque, desde su concepción de querer una nación  soberana y socialista, estaba definiendo que se jugaría entero por un mundo sin explotadores ni explotados, donde la pobreza dejara de ser una herramienta de los poderosos para esclavizar a los más humildes.
Jagoba, querido compañero, no sabes cómo me alegra que otra vez puedas volver a caminar por las calles de tu pueblo, descubriendo en cada gesto o en cada sonrisa de tus amigos de cuadrilla, el cariño que siempre te han tenido los que en todos estos años te esperaron ansiosamente, sin bajar ni un solo día la guardia, exigiendo tu libertad y la de los otros presos y presas.
Pero también, en esta inmensa satisfacción (en la que evoco agradecido aquellos días en que eras casi un tío para mi pequeña hija), adivino que la única tristeza que puede sobrevolar tu Ongi etorri (bienvenida, en euskera) es el dolor por dejar tras tuyo, en las prisiones  a otros 600 compañeros y compañeras, que como tú, siguen sin aflojar, sin retoceder ni para tomar impulso.
Te escribo emocionado de poder imaginarte rodeado de abrazos y felicitaciones, de consignas y de pintadas alusivas (aunque las borren, volverán a reaparecer cuando menos se lo imaginen), pero sobre todo, lo hago desde un país, donde lentamente, comienza a ser derrotada esa enorme mentira (entre mediática y oportunista) que rodea a quien, despótico y cruelmente represor, te envió a la cárcel, avaló torturas, y escribió doctrina contra los que luchan. Hoy, con tu regreso y tu sonrisa, con tu puño en alto, sin darte cuenta, ayudaste a meterle otro golazo a Baltasar Garzón, el que últimamente vive de escrache en escrache.
A la distancia, brindamos por vos, hermano entrañable.

ver video de la recepción en su pueblo

 

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