Presentaron en Buenos Aires un libro sobre la vida política del actor Norman Briski

Por Guillermina Roca Iturralde / Resumen Latinoamericano.- “Este libro es mi testimonio vital para que sepan de primera mano una experiencia colectiva”, señaló el actor y dramaturgo Norman Briski el pasado viernes, durante la presentación de su autobiografía “Mi política vida. Una entrevista a fondo con el periodista Carlos Aznárez”, en la sala Cortázar de la Biblioteca Nacional. Briski estuvo acompañado por Aznárez, coescritor del libro, Osvaldo Saidón, Alejandro “Paty” Richardet y Roberto Perdía. Cada uno de ellos tuvo su momento para expresar, a su manera, la relación de Briski con el teatro, con la militancia y con la lucha del pueblo ayer y hoy.
Previamente se proyectó un audiovisual sobre la experiencia del grupo “Octubre” realizado por María Torrellas. Durante la presentación, el grupo de teatro popular “Miguelitos” interpretó segmentos de la obra “Maquinando” (“La toma” y “La vecina”) sobre la historia de la gráfica Patricios que fue ocupada y recuperada por sus trabajadores.
Recurriendo en su análisis a Mario de Andrade, Nietzsche y Bergson, el psicoanalista Osvaldo Saidón concluye que “Mi política vida” no es una historia, si no un transcurrir que se realiza todo el tiempo en una conversación que evoca, haciéndolo sentir al lector participe de la escena, al evitar el característico diálogo de la entrevista periodística de reiteradas preguntas y respuestas donde sólo es un observador excluido. “Una biografía que nos muestra como editó su tiempo a través de rapidísimas, excitantes y peligrosas anécdotas., donde hay momentos en que cada frase es un evento. El libro así toma un ritmo una velocidad que se convierte en una herramienta que nos convoca para pensar políticamente: ¿qué hacer a partir de mañana?, reflexionó Saidón.
Alejandro “Paty” Richardet amigo, militante y también amante del teatro describió a Briski a través de una anécdota que los dos recordaban con felicidad, donde hubo actuación, risas, discusiones con la policía, cánticos y mamados. Una historia que terminó de charla en el despacho del comisario”. Briski llegó un día a Diamante, Entre Ríos, con su teatro móvil, una camioneta que hacía de escenario, y se unió a Richardet y su grupo que representaban los conflictos que sucedían en el pueblo y los ponían en escena. Hablaban con los verdaderos actores, y de esas historias reconstruían el conflicto y las probables soluciones desde la perspectiva de los de abajo. “No es verdad que yo fui a inventarle algo al pueblo, él es antes que yo, hay que ser honestos porque si no que clase de socialismo vamos a tener” agradeció Briski.
Por su parte, Roberto Perdía, basándose en el dicho de que un libro es mitad de quien lo escribe y mitad de quien lo lee, citó fragmentos de “Mi política vida…” en el orden y manera que quiso porque era su mitad: “estaba el teatro y el equipo Octubre y allí el arte subversivo no es nada. El teatro tendría que ser revulsivo y si por eso alguien decide escupir la puerta de un banco me doy por hecho”. Siguió: “Pienso que donde hay humor hay revelación, la risa significa todo”. Perdía aseguró que Briski acerca una reflexión que es accionar, en un mayor entrelazamiento con el sujeto social oprimido, y concluyó con un “si quieren aplaudir, apláudanlo a él”.
“Toda nuestra vida estuvo signada por aventuras de la política, de crear y construir el poder popular donde no lo hubiera. Al entrevistarlo a Norman, cuento también pasajes de mi propia historia” dijo Carlos Aznárez. El periodista y coescritor del libro evocó tiempos pasados, donde su amistad con Briski se entrelazaba con broncas y pasiones, pero siempre reivindicamos la firmeza de no caer en el posibilismo, seguir disgustados con el reformismo, reivindicar la patria socialista y la pasión militante con que se entregaron muchos compañeros que hoy no están”. Evocó así a varios de los desaparecidos y asesinados del Grupo Octubre, como Carlos Cañón, Raúl Iglesias, Lalo Fontenla, y también a dos integrantes fundacionales de esa experiencia teatral, que fallecieron y eran “puntales inolvidables”: Carlos Sforzini y Carlos Oves. “En el libro, Norman buscó en todo un acercamiento a lo social, a la gente que como él, empezaron también a cuestionarse cosas, como es el propio poder, y a desarrollar una tarea que la combinó permanentemente con el humor, cosa que no es fácil mantener”, certificó Aznarez.
Cuando llegó el turno de Briski, el actor emocionado preguntó: “¿no hay un médico en la sala?”, y después de la risa explicó que cuando se toma como método ver cuánto se puede revivir lo que se ha vivido, se mueven muchas cosas por el cuerpo. “Lo ponen a uno en una individuación demasiado sensible porque los que no están, están, y los que están es mucha la alegría que me dan” declaró el actor. Después se tomó el tiempo para expresarles a cada uno de los compañeros que compartieron la mesa con él un personal agradecimiento, como así también a su compañera de vida.
“Mi política vida… De mis tantas vidas ésta es la que más pregunta. Como si yo fuese un motor de los mandatos del primer esclavo… Estamos estudiando, che, todos los tiempos son los tiempos de una causa, de nuestras convicciones, de expresar, de accionar y hay otras visiones de gente joven que está entendiendo mucho y que debemos escuchar porque sabemos que nos cuesta inventar la nueva” remató Briski.

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