Opinión: El discurso de Pepe Mujica en la ONU y el tango «Cambalache»

por Juan Luis Berterretche, 30 septiembre.- El elogiado discurso del presidente uruguayo Pepe Mujica en la ONU es un conjunto de obviedades
explícitas y algunos mensajes retrógrados solapados.

Comienza afirmando que de muchacho quiso cambiar el mundo soñando con «una

sociedad libertaria y sin clases» y de inmediato sugiere que esos sueños

eran errados, «hijos de mi tiempo» y de ellos solo le queda la nostalgia de

haber albergado tanta utopía. Y enseguida viene el primer mensaje ladino:

«no miro hacia atrás» porque se debe asumir el «hoy real». El «hoy real» que

es la aceptación de los dictados del neoliberalismo. Y concluye con un

precepto malicioso «no vivo para cobrar cuentas o reverberar recuerdos»; que

es la base argumentativa de su propuesta pública de liberar «los viejitos»

torturadores de la cárcel de Domingo Arena. Y una de las razones esgrimidas

por los gobernantes y parlamentarios frenteamplistas que defienden y

mantienen con tenacidad la impunidad para los criminales de la dictadura.

Volvió a repetir sus endebles anatemas contra el consumismo que ni rozan sus

verdaderas causas. Y utilizó esa condena para introducir otro mensaje

reaccionario: es el consumismo no consumado el responsable de «la

frustración, la pobreza y hasta la autoexclusión». No se trata, por

supuesto, de la imposibilidad de un sector de la población de cubrir sus

necesidades mínimas, menos aún la exclusión que la sociedad impone a los

habitantes pobres de los barrios suburbanos. Para él el problema no es de

desigualdad y exclusión social, sino de «autoexclusión» y de pobreza

auto-infligida.

«Cuenta regresiva contra la naturaleza»

Luego con descaro y cinismo condena un pecado del cual él es principal

responsable protagónico: «Prometemos una vida de derroche y despilfarro, y

en el fondo constituye una cuenta regresiva contra la naturaleza, contra la

humanidad como futuro.» Parecería que Mujica nada tuvo que ver con la actual

extensión de los plantíos de soja en Uruguay que es de 1 millón 275 mil

hectáreas, o 12.750 km2 -una superficie mayor que Líbano-, o el millón de

hectáreas apropiadas por las pasteras de celulosa para transformarlas en

«desierto verde» de eucaliptus. Sin embargo fue el propio gobierno del

Frente Amplio el responsable de iniciar «esa cuenta regresiva contra la

naturaleza» en el país. Esa escalada de guerra química contra la naturaleza

fue promovida por José Mujica cuando fue ministro de ganadería, agricultura

y pesca (MGAP) en la presidencia de Tabaré Vásquez. Fue en esos años que

Monsanto invadió sin control con sus semillas transgénicas y que las

pasteras de celulosa imperialistas se instalaron en el país. El ministerio

agrícola de Mujica tiene además el triste record de la mayor

extranjerización de la tierra en la historia de Uruguay. Proceso continuado

luego bajo la presidencia del propio José Mujica por el ministro Tabaré

Aguerre que opera abiertamente como apoderado de los intereses de Monsanto,

realizando gestiones en el marco de su visita a China, para que ese país

apruebe la autorización de la soja Tecnología Intacta RR2 PRO que Monsanto

pretende imponer en las zafras 2013-2014 del enclave sojero sudamericano.

Nos increpa con la denuncia genérica de que «arrasamos la selva, las selvas

verdaderas, e implantamos selvas anónimas de cemento». Mientras, bajo su

gobierno hace algunas semanas, se aprueba una leonina ley de minería,

dictada por la minera Aratirí, que va a transformar en Valentines, 14.505

hectáreas de campos de invernada y nacientes de agua, en enormes boquetes de

tierra arrasada, montículos de desechos de material estéril y manantiales

contaminados. A esto habría que agregar el posible inadecuado manejo de

almacenamiento o transporte de insumos (combustibles, lubricantes, reactivos

químicos y otros residuos) algo que está lejos de ser una anomalía en las

mineras a cielo abierto. O el desperdicio y envenenamiento del agua con el

faraónico mineroducto para transportar el concentrado de hierro en una

corriente de agua hasta la costa atlántica de Rocha. A aquellos ciudadanos

preocupados por el problema de la basura en Montevideo debemos recordarles

que en el mundo los residuos sólidos urbanos son apenas 2,5% de los residuos

totales, mientras la escoria de la minería es el 38% del total. Así que

vayan multiplicando la basura de las ciudades uruguayas por 15 para tener

idea de lo que va a amontonarse como sobrante de la minera Aratirí.

El discurso está salpicado de invocaciones en defensa de la naturaleza, de

la vida, de la especie humana, todo palabras vacías contradictorias con la

experiencia concreta de su acción gubernamental. Es entonces innecesario

abundar en más ejemplos del cinismo de un discurso que no condice con la

trayectoria práctica del personaje.

Solo restaría llamar la atención sobre una ausencia importante en la

oratoria de Mujica: ni una palabra sobre los grandes medios monopólicos de

comunicación. Ni su responsabilidad respecto a la promoción del consumismo,

ni su práctica sesgada frente a la información. Se ve que ahí hay un

compromiso sagrado de boca cerrada.

Es el capitalismo…

Pero creo que hay un aspecto que puede haber quedado nebuloso en medio del

palabrerío vacío del discurso y que es necesario destacar. Así como su

condena al consumismo está lejos de abarcar el origen real de ese desenfreno

atolondrado actual, toda la pieza oratoria es indigente desde el punto de

vista conceptual. ¿Las críticas del discurso a quién están dirigidas? ¿A una

degradación del planeta y la especie humana, que no tiene responsables

identificables? Por momentos parece que el consumismo es el culpable. En

otros trechos del discurso el truhan sería la globalización. Hay párrafos

que acusan a la codicia individual. Y otros que toman como reo a la guerra y

los presupuestos militares. Por el final aparece como malhechor la

civilización del despilfarro, la civilización del use-tire.

En todo el discurso Mujica evita hablar del sistema global de dominación. El

sistema capitalista que rige el mundo actual. La categoría Capital solo se

menciona una vez para elogiar y justificar el «capitalismo productivo,

francamente productivo, que está medio prisionero en la caja de los grandes

bancos». Poniéndolo en contraposición del capital bancario. Mujica siempre

ha defendido el capitalismo. En Punta del Este, al inicio de su gobierno,

frente a un público de empresarios dijo «comprender al capitalismo» y al

alentar las inversiones externas agregó «no tengo que pedirle al capitalismo

altruismo, está para multiplicar riqueza y reproducirse». Y en una reunión

con la central que agrupa todos los sindicatos del país, llamó a los

trabajadores a aceptar los «límites del capitalismo».

Ese «capitalismo productivo» con el que Mujica simpatiza, y se ha dedicado a

administrar, en el siglo pasado fueron las fábricas textiles o metalúrgicas

y hoy es un extractivismo imperialista depredador que domina el agro-negocio

y la minería a cielo abierto y contamina el país con sus funestos

procedimientos productivos. Y que lejos está de contraponerse al capital

financiero ya que es éste quien invierte en la especulación sobre las

tierras agrarias; quién financia la maquinaria agrícola y los insumos de la

agro-industria, que aporta el capital para los «pools de siembra» y que

luego especula en los mercados de futuro de commodities donde se compran y

venden las cosechas de transgénicos. Es también el capital financiero el que

sostiene el lucrativo negocio de la minería.

No es casual que Mujica se haya entrevistado en Nueva York con George Soros

y David Rockefeller. El primero es el mayor especulador financiero del

planeta y como tal con intereses en el extractivismo que asola Latino

América. Es inversionista de Monsanto. Y la fundación Rockefeller fue la

financiadora de la biotecnología de los transgénicos de Monsanto, empresa

que cuenta con un ministro de Mujica como lobbysta. Tanto Soros como

Rockefeller, interesados ahora en el futuro negocio de la liberalización del

consumo de la marihuana. Y los dos plenamente conscientes de que Mujica

lejos está de ser una amenaza para el capitalismo. Deben concluir que tienen

un socio un tanto bufonesco, pero confiable.

En definitiva, me quedo con Cambalache.

* Para los lectores no rioplatenses explico que Cambalache es un tango de

1935 con letra y música de Enrique Santos Discépolo. Donde se compara el

siglo XX con un negocio -cambalache- donde se compran y venden objetos

usados. Para quién quiera escucharlo aconsejo la versión de Julio Sosa en el

link: http://www.youtube.com/watch?v=T0kTiKCC3UI

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