5 héroes cubanos: Con cintas amarillas Cuba reclama justicia

Por Manuel E. Yepe.-René González es uno de los 5 héroes antiterroristas luchadores por la
paz arrestados en EE.UU. el 12 de septiembre, hace 15 años, y
posteriormente, en 2001, sentenciados a infames condenas, acusados de
infiltrar las bandas de extremistas cubanos auspiciados por la CIA y
otras organizaciones dedicadas a promover la subversión en Cuba desde
el sur del estado de la Florida

Él ha sido el único que ha cumplido su injusta sanción y, luego de una
complementaria reclusión domiciliaria en territorio de Estados Unidos,
le ha sido permitido regresar definitivamente a su patria. No
obstante, todos han decidido mantenerse firmemente identificados como
“los Cinco” hasta tanto, juntos todos, disfruten de libertad en Cuba y
celebren el cumplimiento del deber patriótico y humanitario.

Desde Cuba, René González ha convocado a sus compatriotas a  una
jornada masiva de recordación por el aniversario, en la que los
participantes porten cintas amarillas o las coloquen en árboles y
otros lugares visibles con motivo del decimoquinto aniversario de su
injusto encierro.

Retoma así la letra de la canción “Tie a Yellow Ribbon Round the Old
Oak Tree (Ata una cinta amarilla en el viejo roble)” de Irwin Levine y
L. Russell Brown  e interpretada por Tony Orlando, que ocupó en 1973
los primeros lugares en la preferencia popular. En la canción, un ex
recluso le comunica a su novia que, si desea reanudar relaciones con
él, coloque una cinta amarilla en determinado árbol frente a su casa.
Al paso por el sitio acordado, el ex reo descubre que cien cintas
amarillos habían sido atadas en el árbol.

El mensaje sencillo y directo de René tiene un significado común para
los pueblos de las dos orillas del Estrecho de la Florida: “dejen a
los cinco cubanos volver a casa porque unos y otros los queremos de
vuelta con los suyos”.

Menos de 12 horas después de que René lanzara esta idea ya los cubanos
de toda la isla buscaban no solo cintas amarillas sino todo lo que
tuviera este color para adornar a toda Cuba con este color. Un
amarillo que, además, es para la Santería el color de Ochún, deidad
que, a su vez, es para los católicos la Virgen de la Caridad del
Cobre, patrona de los cubanos y parte de la identidad nacional cubana
cuyo día se celebra el 8 de septiembre.

Esta será una manera nueva de expresar algo que se ha manifestado en
las interrelaciones entre cubanos y estadounidenses por infinidad de
años: por difíciles que sean las circunstancias no puede haber
animosidad entre los dos pueblos. Son relaciones  amistosas en los
niveles más cotidianos que se muestran en cosas como la afición por el
beisbol, las recíprocas influencias en la música popular y en muchos
otros aspectos de la vida cotidiana en ambos lados del Estrecho de la
Florida.

El heroísmo de los cinco antiterroristas cubanos sirvió para que las
autoridades políticas y policiales estadounidenses contaran con
evidencias irrebatibles acerca de las acciones criminales que se
urdían en el sur de la Florida.  Pero, por el control del ambiente
policial y político que tienen en el estado de la Florida las
organizaciones de extremistas anticubanos protegidas por la CIA,
sucedió que, en vez de ser arrestados los asesinos, lo fueran los
luchadores por la paz denunciantes.

Luego vino una tortuosa manipulación de los procesos judiciales que
condujo a absurdas condenas de hasta tres cadenas perpetuas sin que se
hubiera probado en todo el proceso judicial un solo muerto, herido o
hecho de violencia imputable a los acusados.

A ninguno de los pacifistas cubanos se le pudo probar siquiera el
delito de espionaje, por cuanto se evidenció en los juicios que ellos
no habían buscado ni obtenido ninguna información que pusiera en
peligro la seguridad de Estados Unidos sino información relacionada
con los preparativos terroristas de las organizaciones extremistas de
emigrados cubanos.

Como no podían ser acusados de algo suficientemente grave para cumplir
los objetivos políticos que se proponía la fiscalía, los cargos más
importantes formulados contra ellos se limitaron a la acusación de
“conspiración para cometer delito” para lo que no se requerían
evidencias concretas que jamás existieron.

Para evitar la reacción de la población estadounidense contra tan
escandaloso fraude legal, se aplicó en los mayores consorcios de la
información una rígida política de censura a la divulgación de los
actos judiciales y las condenas impuestas, que es precisamente el
silencio que pretende contribuir a quebrar la jornada de las cintas
amarillas a la que ha llamado René González.

Septiembre de 2013.

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